LONDRES.- El gobierno británico teme que las crecientes críticas a British Petroleum (BP) por ocasionar la mayor catástrofe ambiental en el Golfo de México afecten las históricas relaciones comerciales y diplomáticas entre Gran Bretaña y Estados Unidos.
Fuentes de la Cancillería (Foreign Office) expresaron el domingo 6 al periódico The Daily Telegraph que la “ferocidad” de las críticas a BP, tanto desde el gobierno de Washington como de la población en general, “preocupan en gran medida” al nuevo primer ministro británico, el conservador David Cameron, quien durante su campaña electoral dijo que se proponía dar prioridad a la relación diplomática con EU.
“Varios políticos estadunidenses indicaron que a la petrolera británica debería prohibírsele obtener futuros contratos con el gobierno de Washington”, advirtió el matutino londinense, muy leído en las esferas de poder del Reino Unido.
Como BP es el mayor abastecedor de petróleo y gas de las fuerzas armadas estadunidenses, con jugosos contratos que representan al menos 2 mil millones de dólares al año, esa prohibición beneficiaría en gran medida a sus rivales estadunidenses ExxonMobil y Chevron, que están haciendo ahora cabildeo para convencer al gobierno de Barack Obama de imponer a BP la más severa penalización.
“(El derrame de petróleo) no nos ayuda en nada”, declaró una fuente del gobierno británico al Telegraph, aunque se negó a confirmar si el tema fue tratado por Cameron y Obama en sus más recientes comunicaciones telefónicas.
Por su parte, el ministro de Negocios británico, el liberal demócrata Vince Cable, anunció a los medios locales que la crisis “tendrá efectos indirectos” en la economía de Gran Bretaña, y podría afectar el valor de los fondos de pensión debido al impacto en las acciones del índice FTSE, que cotiza en la Bolsa de Londres.
Como sea, el gobierno británico ha empezado a adoptar previsiones tras el desastre y, entre otras cosas, decidió que aumentará la inspección de las perforaciones petroleras en el Mar del Norte por lo ocurrido en el Golfo de México.
El pasado 8 de junio, el titular del Ministerio de Energía y contra el Cambio Climático, Chris Huhne –proveniente del Partido Liberal Demócrata–, declaró que urge revisar las medidas que se aplican en la industria del petróleo y el gas en aguas británicas para garantizar la seguridad y proteger el medio ambiente de la región.
Tras el derrame de crudo en el Golfo de México como consecuencia del accidente en la plataforma Deepwater Horizon de BP, el gobierno indicó que el número anual de inspecciones medioambientales por exploraciones de hidrocarburos se duplicará y que un nuevo grupo de expertos informará acerca de la habilidad del sector para prevenir y responder a eventuales fugas.
Huhne afirmó además que el desastre en el Golfo de México “es devastador”, y agregó que su responsabilidad es garantizar que la industria de hidrocarburos mantenga los estándares de seguridad más altos en el país.
“Está claro que nuestro régimen regulador de seguridad y medio ambiente funciona. Es uno de los más robustos del mundo, y el récord de la industria en el Mar del Norte es sólido”, enfatizó el ministro.
“Pero el incidente de Deepwater Horizon nos hace pensar muy atentamente, y teniendo en cuenta que se ha comenzado a explorar en las profundidades marítimas al oeste de las Shetland, hay razón suficiente para incrementar nuestra vigilancia”, concluyó.
El mismo día de las declaraciones de Huhne, BP informó en un comunicado que logró recoger el equivalente a 7 mil 541 barriles de petróleo en las últimas 12 horas gracias a la campana colocada sobre el punto de salida del crudo.
Según la empresa, en las 24 horas anteriores se habían captado otros 11 mil 100 barriles de petróleo, pero aseguró que en ese momento ya había logrado alcanzar el ritmo de 15 mil barriles diarios.
No obstante, según los expertos, del tubo roto salen al menos 20 mil barriles de petróleo diariamente.
La BP planea sustituir la actual campana con otra aún más grande, pero la solución definitiva puede surgir sólo después de la excavación de nuevos pozos, operación que concluirá en agosto.
Por su parte, las viudas de los 11 trabajadores de la BP que murieron en la explosión de la plataforma Deepwater Horizon pidieron al Congreso obligar a la compañía a pagar fuertes multas, pero defendieron la continuidad de la explotación petrolera off-shore.
Aunque la administración de Obama estableció una moratoria a la explotación de petróleo en el mar, Courtney Kemp, quien perdió a su marido en el accidente del 20 de mayo, dijo que las familias de los trabajadores necesitan que las plataformas continúen operando.
“Pero apliquen duros castigos a las compañías que decidieron ignorar las medidas de seguridad”, planteó la mujer en un testimonio ante la Comisión de Energía de la Cámara, que viajó a Chalmette, Luisiana, para escuchar a la gente del lugar.
Natalie Roshto, la viuda de otro de los trabajadores, señaló que su marido “estaba muy orgulloso de su trabajo, ya que sabía que con él podía dar a su familia seguridad económica para el futuro”.
Las acciones de BP se han desplomado en casi 40% desde el accidente de Deep Horizon el pasado 20 de abril, mientras que el operativo de limpieza ha costado a la empresa al menos mil 250 millones de dólares.
Sin embargo, y considerando que la compañía registró ganancias por 14 mil millones de dólares en 2009, una caída respecto a los 25 mil millones que obtuvo en 2008, hasta ahora no parecen muy elevados los gastos por el accidente.
Las ganancias de 2009 fueron generadas por ingresos de 239 mil millones de dólares, e incluso luego de la reciente caída de sus acciones, la capitalización de BP en el mercado se situó en 107 mil millones.
Esta empresa se inició como Anglo Persian Oil Company en 1909, antes de adoptar el nombre de British Petroleum durante 1954, en un gesto patriótico adoptado justamente un año después de la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra.
En 2000 se fusionó con Arco, el gigante petrolero estadunidense, y dos años más tarde adquirió el grupo alemán Aral y el fabricante de lubricantes Castrol.
Hoy en día, BP incluye además a los grupos comerciales estadunidenses Ampm y a la cadena de cafeterías británica Wild Bean Cafe.
Sus cifras son gigantescas. Opera en 80 países, vende productos y servicios en más de 100, emplea a más de 80 mil 300 personas, y cuenta con 22 mil 400 gasolineras y 16 refinerías en el mundo.
El 44% de los propietarios de BP son inversionistas del Reino Unido, y 39% de Estados Unidos.
Sin embargo, pese a su éxito económico, British Petroleum se ha visto frecuentemente rodeada por controversias y escándalos.
En 2006, el Congreso de Estados Unidos acusó a BP por el estado “inaceptable” de oleoductos en Alaska, luego de verse forzada a cerrar las operaciones en Prudhoe Bay tras un derrame.
Un año más tarde, el Departamento de Justicia estadunidense le impuso una multa de 373 millones de dólares, 50 millones de los cuales estuvieron vinculados a la explosión de una refinería en Texas que, en 2005, provocó la muerte de 15 personas e hirió a 170.
Sólo por manipulación de precios en el mercado de propano tuvo que pagar una sanción por 303 millones de dólares.
Y en octubre de 2009 se le multó con otros 87 millones de dólares por no haber corregido las amenazas de seguridad en la refinería de Texas que, cuatro años antes, había sufrido la fatal explosión. l








