El condón perverso

La doctora Ehlers. Controversia

JOHANNESBURGO.- La doctora Sonnet Ehlers nunca hubiera podido imaginar la polémica en la que se vería envuelta, y menos aún que sus más ardientes detractores serían feministas.

Esa muy distinguida médica sudafricana, de 56 años, pretende poner a disposición de las mujeres un preservativo antiviolación cuya eficacia, afirma, es abrumadora.

Su anhelo era que ese condón bastante peculiar saliera a la venta o se distribuyera gratuitamente en vísperas del Mundial 2010, pero llovieron tantas críticas sobre su invento que es todavía incierto su destino inmediato.

El preservativo ideado por la doctora Ehlers lleva el nombre muy explícito de Rape-aXe (hacha contra la violación) y se parece a un tampón hueco hecho de látex y plástico que las mujeres deben colocarse en la vagina. La doctora asegura que no causa molestia alguna.

El poder defensivo del Rape-aXe está escondido en delgadas varillas de plástico tan hábilmente cortadas que se pueden convertir en espinas. El violador no siente nada cuando penetra por la fuerza a su víctima, pero al primer movimiento para atrás de su pene, éste queda atrapado por decenas de espinas. El dolor resulta tan fuerte que la reacción del agresor es, primero, emprender una pronta “retirada” y, luego, tratar de deshacerse del condón.

Pero ahí radica la segunda trampa concebida por la médica: mientras más se esfuerza el violador por arrancarse el preservativo, más se incrustan las espinas y más se arriesga a desgarrar la piel de su órgano viril. Sólo le queda una solución: tomar un taxi para el hospital más cercano, donde será sometido a una breve operación, ciertamente salvadora pero también delatora. Después de su “liberación” tendrá que rendir cuentas ante la policía.

Según la médica, las espinas están concebidas de tal manera que no provocan desangramiento, lo que excluye cualquier riesgo de transmisión del sida. Sonnet Ehlers explica que no encontró voluntarios para experimentar su condón, pero que realizó pruebas fidedignas con réplicas perfectas de órganos sexuales masculinos y femeninos. Es categórica: Si el hombre “apresado” se presenta en el hospital, no sufrirá lesiones permanentes. En cambio, si se empeña en liberarse sólo puede haber secuelas.

Ehlers lleva años atendiendo a mujeres violadas, pero empezó a reflexionar seriamente sobre “medios de disuasión” en 1995, después de una conversación con una muchacha víctima de violación. Cuenta Ehlers en su página web:

“La joven estaba a la vez traumada y encolerizada. De repente me dijo: ‘¡No sabe cómo me hubiera gustado tener dientes en esa parte de mi cuerpo’. Le prometí inventar algo para luchar contra esa atrocidad. 

“Dos o tres semanas más tarde asistí a una escena extraña: cerca de un teatro –sigue relatando–, vi a dos médicos que intentaban ayudar a un hombre cuyo pene estaba atrapado en el zíper de su bragueta. No podía moverse y aullaba de dolor. Para mí fue una revelación. Así me nació la idea de crear algo que impidiera que el violador pudiera correr o moverse, algo de lo que sólo se pudiera librar en el hospital.”

Su reflexión duró 10 años. Nació el concepto de Rape-aXe, pero la médica no encontraba los materiales adecuados para fabricarlo. En 2005 contactó a un ingeniero británico que la alcanzó en Sudáfrica. Ambos elaboraron el primer prototipo del condón antiviolación con asesoría de ginecólogos y sicólogos. 

La doctora Ehlers empezó a promover públicamente su arma antiviolación en 2006 y de inmediato se topó con reacciones negativas de feministas. Empezó entonces la polémica. 

Pero la decisión del presidente Jacob Zuma de pedir a la comunidad internacional que le ayude a juntar mil millones de preservativos para el Mundial 2010, y las declaraciones alarmistas de los responsables del muy oficial Central Drug Authority sobre “los daños sexuales colaterales” del Mundial 2010: llegada de 40 mil prostitutas de países africanos y de Europa oriental, y mayor cantidad de agresiones sexuales y violaciones, dieron de pronto gran relevancia al Rape-aXe.

Al tiempo que numerosas mujeres se precipitaban sobre la página web de Sonnet Ehlers para informarse sobre el condón, feministas y organizaciones sudafricanas de ayuda a las mujeres violadas reiteraron sus denuncias contra “esa arma medieval”.

Extrañamente se oyen muy pocas voces masculinas en ese debate. ¿Estarían demasiado traumados por el Rape-aXe los sudafricanos para expresarse sobre el tema o consideran que protegerse contra la violación es exclusivamente un asunto de mujeres?

Heather Jones, académica del muy renombrado Oberlin College y autora de un largo ensayo sobre el Rape-aXe, parece privilegiar la primera hipótesis. Cuenta en su texto que cuando describió el condón antiviolación a un grupo de colegas masculinos, todos instintivamente hicieron el mismo gesto de la mano para proteger sus partes íntimas.

En todo caso las discusiones femeninas en pro y en contra del Rape-aXe son bastante acaloradas.

“¿Acaso se nos propone regresarnos al siglo XV y a los cinturones de castidad?”, exclama indignada Lisa Vetten, del Centre For The Study of Violence and Reconciliation (Centro de Estudio de la Violencia y de la Reconciliación), muy importante ONG sudafricana. “Me aterra que se proponga que las mujeres interioricen –en todos los sentidos de la palabra– la idea de correr permanentemente el riesgo de ser violadas y que tengan que ponerse el condón cada vez que salen a la calle…”, agrega. 

Al unísono con Vetten, la mayoría de las activistas antiviolación califican el Rape-aXe de invento “bárbaro, vengativo, repelente, demente y sumamente peligroso”.

Chantel Cooper, quien encabeza la asociación Rape Crisis, de Ciudad del Cabo, subraya los límites de ese condón con argumentos bastante concretos:

“La doctora Ehlers parece no darse cuenta de que existen muchas formas de violación además de la vaginal, y nos obliga a mencionar violaciones orales, anales, con objetos de todo tipo. ¿De qué servirá el Rape-aXe en estos casos? 

“Más grave aún, en nuestro país se dan muchas violaciones colectivas. ¿Pensó la doctora Ehlers en la reacción de una banda de violadores que verán al primer agresor pegando alaridos con el sexo atrapado por los ganchos del Rape-aXe? Se precipitarán sobre su víctima, la violarán todos, la torturarán y luego la matarán. Sin hablar de los violadores individuales, que primero investigarán con algún objeto si corren peligro. No es difícil imaginar la violencia de su reacción si descubren que estaban amenazados con semejante trampa.”

Sicólogas recuerdan que el Rape-aXe no evita el trauma de la penetración no consentida, pero reconocen que protege a las víctimas contra el embarazo o la contaminación por el sida.

En cartas de lectores enviadas a los diarios, algunos hombres manifiestan el temor de un uso perverso del Rape-aXe por una esposa o amante celosa, o por una mujer chantajista…

Chantel Cooper y las feministas sudafricanas no descartan esa posibilidad, pero subrayan que la verdadera perversión del condón de Ehlers es “negar un hecho capital: el combate contra la violación nunca se ganará con actos defensivos individuales”, pues éstos relevan “la responsabilidad colectiva”. Antes que nada, puntualizan, se requieren “una labor educativa de gran envergadura” y “reformas sociales profundas”. 

Argumenta Charlene Smith, periodista sudafricana comprometida en campañas contra abusos sexuales: “La solución no es proponer semejantes condones a las mujeres, sino bregar sin descanso contra la visión esencialmente masculina de la sexualidad en nuestra sociedad y hacer evolucionar el sistema judicial, que dista de considerar la violación como un crimen grave”. 

Varias sociólogas y sicólogas se dicen convencidas de que un uso generalizado del Rape-aXe agudizará el terror ancestral que la castración inspira a los hombres y su miedo a las mujeres, generando aún más violencia entre géneros. 

En un primer tiempo Sonett Ehlers se quedó totalmente desconcertada por los ataques de sus congéneres, pero recuperó fuerza y ahora contraataca con energía.

Acusada de odiar a los hombres, replica que sólo odia la violación. La médica no cuestiona la necesidad de acabar con los valores machistas que aún imperan en Sudáfrica, pero considera que “mientras no se logre esa proeza” es preciso ofrecer medios de autodefensa a las mujeres. No niega que existan otras formas de violación, pero insiste en que no invalidan la protección que puede brindar el Rape-aXe en caso de violación vaginal.

Las acusaciones que más hirieron a Ehlers fueron las que giraron alrededor del costo del preservativo. Algunas de sus contrincantes la acusaron de querer enriquecerse con la tragedia de las mujeres. Otras enfatizaron que sólo mujeres con cierto poder adquisitivo comprarían su condón, lo que expondría aún más a las de escasos recursos a la “furia violadora” de los sudafricanos. 

Ehlers se dijo dispuesta a ofrecer gratuitamente sus condones siempre y cuando hubiera patrocinadores que asumieran el costo de su producción.

Más allá de las ventajas o de los peligros del Rape-aXe, la polémica resucitada en vísperas del Mundial 2010 volvió a arrojar luz sobre el espeluznante récord de violaciones en Sudáfrica.

Los datos oficiales hablan de 50 mil violaciones al año, pero el gobierno mismo reconoce que esa cifra dista de reflejar la realidad. El Instituto Nacional para la Prevención de los Crímenes y la Rehabilitación, que depende del Estado, estima que se denuncia solamente una de cada 20 violaciones. Partiendo de ese dato y de sus contactos diarios con las víctimas, las organizaciones de defensa de las mujeres sudafricanas afirman que se viola a una mujer cada 26 segundos en su país, lo que representa un promedio de 3 mil 323 violaciones por día. En Estados Unidos las ONG registran una violación cada ocho minutos y en Francia reportan 25 mil por año.

Más impresionantes aún, las estadísticas sudafricanas revelan que son las adolescentes entre 11 y 15 años las más afectadas por las agresiones sexuales. Y por si eso fuera poco, a principios de este siglo se dio una ola de violaciones atroces de menores de edad, incluyendo una nenita de nueve meses. Motivo de esa barbarie: un rumor según el cual las relaciones sexuales con vírgenes era la mejor prevención contra el sida.

Esos excesos intolerables no pueden ser sacados del contexto histórico, político, racial y económico de Sudáfrica, y en gran parte son consecuencia del desquiciamiento que causaron 40 años de apartheid, insisten todos los expertos consultados por la reportera.