Violencia endémica

JOHANNESBURGO.- La violencia es la segunda causa de mortalidad en Sudáfrica. De acuerdo con un estudio realizado por cinco académicos –Mohamad Seedat, Ashley Van Niekerk, Rachel Jewkes, Shahnaaz Suffla y Kopano Ratele–, publicado en la edición de agosto de 2009 de la prestigiada revista médica británica The Lancet, la tasa de fallecimiento por homicidio doloso en Sudáfrica es de 139.5 por cada 100 mil personas, mientras que la tasa mundial global es de sólo 86.9.

También es muy alta la cifra de mujeres sudafricanas asesinadas, pues se eleva a 24.7 por cada 100 mil; es decir, seis veces superior al promedio global mundial, que es de 4.0. La mitad de las víctimas muere a manos de sus parejas. La población negra, la más numerosa y pobre del país, es la más afectada por esa violencia.

Son varones jóvenes de entre 15 y 29 años quienes más mueren víctimas de homicidio; la cifra asciende a 184 por cada 100 mil habitantes, otro récord mundial. Los investigadores precisan que en algunos townships negros esa tasa puede duplicarse. Las dos terceras partes de estos crímenes se cometen de noche en shebeens (cantinas) o en centros de diversión; 40 % de los delincuentes usan navajas y 30% armas de fuego.

Los niños no escapan a la violencia y en ese campo también Sudáfrica rompe récords. La tasa de homicidios entre menores de edad es de 14 niños por cada 100 mil habitantes y de 11.7 niñas por 100 mil. En los países en desarrollo la tasa promedio es de 6.1 niños de ambos sexos por cada 100 mil habitantes y de 5.1 en las naciones más prósperas.

Los académicos sudafricanos analizan con particular atención la violencia intrafamiliar. Afirman que más de 40% de los hombres entrevistados en distintas ciudades del país reconocieron haber cometido actos de violencia física contra su pareja, mientras que entre 40% y 50% de las mujeres manifestaron que fueron víctimas de actos violentos.

Una encuesta realizada en clínicas de Soweto revela que 20% de las mujeres hospitalizadas habían sido victimas de violencia sexual de sus parejas y 68% sufrió humillaciones de todo tipo.

El informe publicado por The Lancet deja entrever una pequeña luz de esperanza en cuanto a los homicidios, pues de acuerdo con datos oficiales descendieron 30% desde 2008. Las ONG sudafricanas al igual que los autores del documento sospechan, sin poder comprobarlo, que la situación mejoró pero no tanto como lo muestran las estadísticas “infladas” de la policía.

En cambio, las autoridades policiales reconocen que las violaciones de mujeres son aún muy numerosas. Las organizaciones que se dedican a la defensa de las mujeres aportan cifras precisas: 3 mil 323 violaciones al día. Sin embargo, los autores del informe publicado por The Lancet no se atreven a proporcionar cifras, pero reconocen que sólo se denuncia una mínima parte de esos crímenes.

Investigaciones basadas en entrevistas con violadores aportaron datos impactantes: 73% de ellos dijo que había cometido este crimen antes de cumplir 20 años; 50% confesó que había perpetrado varias violaciones, y entre 9% y 14% reconocieron que habían participado en violaciones tumultuarias.

 

Violaciones a granel

 

Datos recopilados por la policía de la provincia de Gauteng, a la que pertenece Johannesburgo, demuestran que 40% de las víctimas de violación tiene menos de 18 años; 15% menos de 12 años, y que 84% de ellas fueron agredidas por hombres conocidos: parientes, vecinos, amigos.

Las escuelas de barrios pobres son lugares potencialmente peligrosos para las niñas que pueden ser violadas por profesores, por personal de servicio o por sus propios compañeros. A lo largo de su estadía de tres semanas en Sudáfrica, la reportera quedó impresionada por el número de notas periodísticas que denunciaban casos de muchachas que fueron víctimas de abusos en recintos escolares.

En 2001 Human Rights Watch publicó un informe detallado sobre el tema, titulado Aterradas en la escuela: Violencia sexual contra niñas en las escuelas de Sudáfrica, en el que denunciaba las terribles consecuencias del fenómeno sobre las adolescentes sudafricanas: contagio de sida y de enfermedades sexualmente transmisibles; embarazo, traumas profundos y deserción escolar.

Las ONG consultadas por la reportera destacaron que la situación no había mejorado sustancialmente en los últimos nueve años, y que sus investigaciones revelaban que 39% de las adolescentes eran víctimas de violación.

Los autores del informe publicado por The Lancet subrayan que la miseria moral y afectiva en la que viven desde hace décadas centenares de miles de niños en townships negros explican en parte esa violencia endémica: entre 35% y 40% de los menores de edad han visto cómo golpean a sus madres y 35% de ello son huérfanos mal atendidos por sus familias.

Ponen énfasis en otro récord que detenta Sudáfrica: una de las más altas tasas en el consumo de bebidas alcohólicas en todo el mundo. Casi la cuarta parte de los hechos de violencia los cometen hombres ebrios y 15% de los niños están totalmente descuidados por sus padres alcohólicos.

Otra de las causas que detonan la violencia es el altísimo número –3.5 millones– de armas ilegales que circulan en el país. La ONG Gun Free South Africa, creada en 1995, desempeña un papel determinante en la lucha contra la posesión de armas de fuego. Obliga al gobierno a enfrentar el problema, teje lazos con otras ONG y comunidades en todo el país y junto con ellas lanza campañas para promover el desarme. En varias ocasiones logró que la policía declarara amnistías de 24 horas que permitieron la entrega de todo tipo de pistolas y fusiles. Pero los esfuerzos de estas organizaciones se ven obstaculizados por grupos de cabildeo de fabricantes de armas muy influyentes en el país.

Si bien reconocen que el gobierno sudafricano ha realizado algunos esfuerzos para atender a las víctimas de la violencia, los académicos insisten en que aún no se han implantado políticas eficaces para prevenirla. De vez en cuando, sostienen, se impulsan proyectos tan ambiciosos como demagógicos que terminan por ser archivados. Y recalcan que son sobre todo las ONG las que enfrentan con valor el problema que gangrena la Nación del Arco Iris.  l