Jóvenes palermitanos han iniciado una revolución. Decidieron acabar con una de las más nefastas tradiciones de Sicilia: el pizzo; es decir, el pago del “derecho de piso” que la mayoría de los comerciantes locales tributa a la mafia, a la Cosa Nostra. Poco a poco, organizando a los pequeños empresarios, educando a los niños y adolescentes, involucrando a los consumidores, superando los miedos ancestrales, los jóvenes sicilianos están decididos a decirle adiós al pizzo.
PALERMO, ITALIA.- Desde la carretera que viene del aeropuerto a esta ciudad se ve entre las montañas una pequeña casa blanca que ostenta un gran letrero: “NO MAFIA”. En esa casita hace 18 años, el 23 de mayo de 1992, el mafioso Giovanni Brusca, El Matacristianos, hizo volar con más de 300 kilogramos de explosivos al juez Giovanni Falcone, a su esposa y a tres de sus cuatro guardaespaldas.
Falcone había metido en aprietos a la Cosa Nostra al inaugurar la etapa que en Italia se conoció como de “los arrepentidos” –excolaboradores de la mafia que decidían ayudar a la justicia–, gracias a la cual logró el primer maxiproceso contra el crimen organizado. Por primera vez en la historia siciliana se condenó a 342 “hombres de honor”.
Aquí, en la carretera A29, con vista al monumento que recuerda la tragedia de ese día y frente a Capaci, localidad que se hizo famosa por el asesinato de Falcone, comienza el tour antimafia organizado por tres jóvenes pertenecientes a Addio Pizzo.
El 29 de junio de 2004 Palermo amaneció con cientos de carteles en postes y paredes, con un mensaje: “Un pueblo entero que paga pizzo es un pueblo sin dignidad”. Pizzo es el término siciliano con el que en toda Italia se conoce a la extorsión. Es el dinero que deben pagar los comerciantes a la mafia a cambio de protección. Quien se rehúsa a pagar es amenazado o simplemente su negocio es boicoteado.
Ese día nació en Palermo el Comité Addio Pizzo (Adiós Pizzo) formado básicamente por jóvenes que comenzaron a romper un tabú en su ciudad y en su región: por primera vez hablaban pública y colectivamente de este fenómeno que hasta entonces había sido silencioso. De eso no se hablaba. Quienes lo hacían, quienes se rebelaban contra esa realidad, eran orillados a cerrar sus negocios y, en casos extremos, eran ultimados.
Así le ocurrió a Libero Grassi, propietario de un negocio de telas y quien en numerosas ocasiones había sido amenazado por negarse a pagar pizzo. Grassi, además, publicó una carta abierta en el principal periódico de la isla, Il Giornale di Sicilia, en la que expuso los motivos por los que nunca cedería a las peticiones de la Cosa Nostra, y fue entrevistado en varios programas de radio y televisión. El 29 de agosto de 1991 fue asesinado al salir de su casa.
“Libero Grassi sufrió en su momento la indiferencia de su gremio. Lo dejaron solo y comenzó a hacer tanto ruido que la mafia terminó por asesinarlo”, relata Giuseppe Pecora, del Comité Addio Pizzo. “Por eso –dice– se tomó la decisión de hacer una campaña de concientización no sólo entre los comerciantes, sino también entre sus clientes, pues aunque ahora la mafia en Sicilia no mata a quienes se rehúsan a pagar, sí los bloquea haciendo que poco a poco la gente deje de comprarles; de ahí la importancia de comenzar con los consumidores”.
Adiós a la extorsión
De esa fecha hasta hoy se ha creado un círculo virtuoso de consumo entre 425 comerciantes que no pagan la extorsión. Propietarios de negocios de todo tipo, desde ferreterías, zapaterías, boutiques, librerías o cafeterías hasta despachos médicos y legales, así como restaurantes, tintorerías o empresas un poco más grandes, como supermercados, han decidido no pagar a la mafia el derecho de llevar a cabo su actividad comercial.
Si bien es cierto que las mayores ganancias de las organizaciones criminales en Italia provienen del tráfico de drogas (según el último reporte del Ministerio del Interior, en 2009 la delincuencia obtuvo 135 mil 22 millones de euros, de los que la mitad vino del narcotráfico), en regiones como Sicilia el cobro del pizzo es lo que les da el verdadero poder: significa que tienen el control del territorio.
De hecho, en noviembre de 2007, cuando en Palermo capturaron a Salvatore Lo Piccolo, sucesor de Bernardo Provenzano al frente de la Cosa Nostra, la policía encontró su “libro maestro”, donde llevaba las cuentas de una infinidad de comercios que pagaban, sólo a su familia, 3 millones de euros al mes.
Ese año también nació Libero Futuro, una asociación formada por jóvenes abogados y sicólogos dedicados a acompañar a los comerciantes opuestos al pizzo durante todo el camino de la denuncia, para que lo transiten libres de amenazas y miedos.
SOS Empresa, una asociación nacional de pequeños y medianos comerciantes que nació después de la muerte de Libero Grassi, calcula que en toda Italia las mafias ganan al año 9 mil millones de euros sólo por extorsiones, lo que sigue ocasionando gran daño a los negocios.
“Aunque el pizzo tradicionalmente ha sido utilizado para la manutención de las familias de los mafiosos que están en la cárcel, como una especie de solidaridad a quienes han sido arrestados, la causa más importante del pago del pizzo es el poder que se ejerce sobre el territorio; quiere decir que ellos son los patrones, que todo lo que cualquier ciudadano haga, ellos (los mafiosos) lo deben verificar. Es la base del poder”, señala Pecora, de Addio Pizzo.
Turismo antimafioso
El camino todavía es largo. Se calcula que sólo en Palermo hay 10 mil comercios; sin embargo, para los voluntarios de Addio Pizzo contar con 425 comercios afiliados es un avance importante, tomando en cuenta que la extorsión es la actividad más antigua de la mafia y la base de toda su estructura.
Otro avance es que, además de los comerciantes, a su organización se han sumado 135 primarias y secundarias que enseñan a los estudiantes el mal que hace a la sociedad el pago del pizzo, y que también se dedican a la formación de nuevos voluntarios.
De ahí la importancia que adquieren otras formas de lucha contra el pizzo, como la que han inaugurado Dario Riccobono, Francesca Vannini y Edoardo Zaffudo, tres jóvenes sicilianos que promueven el “turismo ético” en su región.
Además de tener establecido un itinerario para mostrar los lugares más representativos de los crímenes sangrientos de la mafia, se habla también de la lucha antimafia y, sobre todo, se invita a los turistas a visitar, comer, comprar y hospedarse en lugares donde no se paga pizzo.
Así, hace algunos meses nació Addio Pizzo Travel, una pequeña agencia manejada por esos tres jóvenes, para apoyar a quienes se han rebelado contra la criminalidad, pero también, como explica Francesca Vaninni, para mostrar que Sicilia es más que mafia y que aun con la crisis se puede trabajar por la legalidad.
“Nosotros en Sicilia lamentablemente vivimos en una lógica de las recomendaciones para poder trabajar; si no se pide un favor a alguien importante, difícilmente se puede obtener trabajo. Lo que nosotros queremos es trabajar en nuestro territorio y por nuestro territorio, tenemos el reto de poder vivir algún día de nuestro trabajo, este también es nuestro sueño”, afirma Francesca.
En estos itinerarios no falta la visita a las playas y a monumentos, como la catedral de Palermo, donde se habla de la relación que ha habido siempre entre mafia e Iglesia; se visita la Plaza de la Memoria, justo detrás del Tribunal de Justicia, donde se recuerda a los jueces asesinados por la mafia. Se puede ir a comer a algún terreno confiscado a la Cosa Nostra o a cenar a Cinisi, la localidad donde fue asesinado el joven locutor de radio Peppino Impastato, que en sus programas denunciaba a los capos de su pueblo.
Es un recorrido que muestra lo peor que ha habido en Sicilia pero también lo bueno que se ha aprendido de la lucha antimafia y, sobre todo, que garantice que ningún euro irá a parar a las manos de algún criminal.








