Los restos de Morelos: Versión de los Ramírez

Morelos. ¿En Francia?

En el libro Ignacio Ramírez. El Nigromante. Memorias Prohibidas (Planeta 2009), escrito por su bisnieto Emilio Arellano, se cuenta sobre el destino de los restos de José María Morelos, El Siervo de la Nación. Dice que el 19 de julio de 1823 se inauguró “la que sería la primera Rotonda de los Hombres Ilustres, en la cripta bajo el Altar de los Reyes de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México”, con el fin de que descansaran en ella los restos del prócer, pero como había sido excomulgado y juzgado por el tribunal de la Santa Inquisición, “el clero se opuso con amenazas a su inhumación”.

Aún no se promulgaban las Leyes de Reforma, por lo cual los panteones eran controlados por la Iglesia católica. Para evitar que ésta profanara la tumba de Morelos, sus restos fueron cambiados por los del también insurgente Pedro Moreno. Juan Nepomuceno Almonte, hijo de Morelos, guardó los restos de su padre “en una caja de metal, con un solo candado, que yacía en un baúl forrado de terciopelo rojo con remaches de plata”. Nunca se desprendía de esa caja aun cuando viajara al extranjero, y cuando no la llevaba, la ocultaba en un piso falso en su recámara:

“Después de la Intervención francesa, ya derrotado, considerado traidor a México y al pueblo, al que tantos servicios prestó su padre, Juan Nepomuceno Almonte recibió la visita de un grupo de masones mexicanos –Los Enviados– en París. Lo urgieron a que permitiera el descanso final de su padre, en el lugar que él determinara. Almonte se negó terminantemente y ocultó la caja de terciopelo rojo.”

Cuenta Arellano que la viuda de Almonte, Dolores Quesada, adquirió una propiedad en el cementerio Père-Lachaise, de París, donde descansaría el hijo de Morelos. Y que en una carta interceptada por el gobierno de Benito Juárez el propio Amonte narró: 

“Se depositó aquí al gran hombre, con el único santo y seña de una cruz atravesada por la M de María que representa el padre y la madre. En la discreción estará la seguridad, dos niveles abajo y a la derecha encontrarán, no esperen obviedad en la cuestión”, en lo que se considera una alusión al héroe insurgente.

Se presume, según testimonio de Los Enviados, que el mismo Almonte, al llegar a Francia, adquirió la cripta y sepultó los restos de su padre. Pero él mismo no descansa ahí, pues por ser tan “desordenado, desconfiado y mezquino”, guardó el título de propiedad de la tumba con otros documentos, incluidos sus memorias y testamento, de tal suerte que su propia viuda no pudo encontrarlos y terminó por sepultarlo en la Iglesia de San Felipe, en París. Se dice que incluso debió tramitar un intestado, “lo que confirma la versión antes relatada respecto a la pérdida de los documentos”.

Por esos años, un tío de la familia Ramírez, José Prefecto Mateos, fungió como secretario y magistrado en el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. Él y el abogado de la familia Juárez, Ramón Rodríguez, persona muy respetada, afirmaron que la viuda de Almonte, por medio de su representante legal en México, nunca pudo recuperar unos inmuebles de su propiedad en la Ciudad de México, en la calle de Venegas, porque su difunto esposo ocultó las escrituras públicas al salir del país.

El bisnieto de El Nigromante considera responsables de la salida de los restos de Morelos del país a los clérigos Clemente de Jesús Munguía, Pelago Antonio de Labastida y Dávalos y otros “de esa época oscura de la historia nacional” por impedir darle sepulcro aquí. Incluso cita una carta que el clero dirigió a Maximiliano, catalogada por Celia Gutiérrez Ibarra, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en la cual se pedía la abrogación de la ley de cementerios, expedida por Benito Juárez el 31 de julio de 1859 y puesta en vigor por los regentes del imperio mexicano Juan Nepomuceno Almonte y el general Mariano Salas (documento 321, Catálogo INAH).

“En dicha carta, fechada el 31 de marzo de 1865, el clero afirmaba que los cementerios eran lugares ‘benditos’ que se profanaban al sepultar en ellos a herejes, cismáticos, apóstatas y excomulgados. También decía que estos últimos debían ser separados de judíos protestantes y musulmanes… Esa fue la razón, aparentemente, por la que Almonte nunca pudo enterrar a su padre en ningún cementerio o iglesia en territorio nacional.”

Y menciona finalmente dos versiones sobre el destino de los restos de Morelos. La primera, contada por Guillermo Prieto a la familia Ramírez, señalaba que “los señores Lacunza y Gómez de la Cortina, miembros de la Academia de Letrán, de manera discreta refirieron que la marquesa Calderón de la Barca, amiga del señor Almonte, relató que cada 22 de diciembre, entre 1835 y 1841, Almonte asistía secretamente, y por la noche, con varios veteranos de la insurgencia a una capilla de la iglesia de La Profesa, antes Compañía de Jesús, a celebrar, en honor del insigne Morelos, misas de cuerpo presente.”

Se considera que en ese templo estaban los restos de Morelos, enterrado bajo el nombre de un familiar de los Almonte, en una capilla en la cual había una imagen de la virgen de Guadalupe y un altar dedicado a san Felipe de Jesús, del cual fue devoto Almonte.

“Antes de promulgarse las leyes de Reforma, el clero tapó la entrada a los túneles subterráneos de La Profesa para ocultar en ellos una gran cantidad de valores y dinero que nunca pudo recuperar. La entrada a las criptas no se salvó de esa acción. La marquesa de Calderón de la Barca presentó a Juan N. Almonte con amistades europeas que años después le permitieron intimar con Napoleón III, emperador de Francia. Se trataba del barón de Ciprey, M. de Mercier, monsieur Brincourt y monsieur Devereux, quienes al final del imperio mexicano, en 1865, aconsejaron a Almonte exiliarse en Francia, donde murió. Almonte exhibió los restos de algunos familiares. En 1865 Almonte estuvo una semana en Carácuaro, después de que sacó los restos de su padre de Palacio Nacional. María Ramona Galván era pariente de la madre de Lino Ramírez (padre de El Nigromante), María Josefa Galván.

El Nigromante recibirá un homenaje in memoriam en su natal San Miguel de Allende, Guanajuato, del 19 al 22 de junio próximos. (JAT) l