Operación asfixia

Gaza. Infancia sitiada

Voces de todo el mundo se han elevado para condenar las atrocidades del ejército israelí en la Franja de Gaza, empeñado en realizar un bloqueo cuyas víctimas son principalmente niños, mujeres y ancianos. De acuerdo con una investigación realizada por Amnistía Internacional, el argumento esgrimido por Israel en el sentido de que busca impedir ataques a su territorio por parte de organizaciones como Hamas no justifica el sufrimiento, la ruina y la destrucción que ha impuesto en los territorios ocupados.

 

LONDRES.- El ataque perpetrado por las fuerzas israelíes el 31 de mayo en contra de una flotilla de ayuda humanitaria a los palestinos, que provocó la muerte de al menos nueve activistas y causó un escándalo internacional, dejó al descubierto un problema aún mayor que afecta a la región de Oriente Medio y a todo el mundo: la asfixia que está generando el bloqueo de Israel a Gaza.

Este flagelo ha sido investigado a profundidad por Amnistía Internacional (AI), que dio a conocer las consecuencias del bloqueo. En un informe que intitula Asfixiante: El bloqueo israelí de la Franja de Gaza, publicado el 18 de enero pasado y actualizado en las últimas semanas, denuncia que más de 1 millón 400 mil hombres, mujeres, niños y niñas palestinos están atrapados en la Franja de Gaza. Este territorio de sólo 40 kilómetros de largo por 9.5 kilómetros de ancho se caracteriza por la escasez de energía, la poca o nula disponibilidad de agua potable y el deterioro de la salud.

De acuerdo con este documento, el desempleo masivo, la pobreza extrema, el hambre y el aumento en el precio de los alimentos causado por la escasez dan lugar a que cuatro de cada cinco habitantes de Gaza dependan de la ayuda humanitaria.

Además, destaca que desde que entró en vigor el bloqueo de Gaza, en junio de 2007, han permanecido cerrados los cinco pasos fronterizos bajo control israelí ubicados entre Gaza e Israel o Cisjordania. Las autoridades egipcias mantienen cerrado la mayor parte del tiempo el otro paso fronterizo terrestre, el de Rafah, situado en la frontera entre Gaza y Egipto.

“Los cierres impiden todo movimiento de entrada y salida de palestinos en Gaza, salvo en un reducido número de casos humanitarios excepcionales. El bloqueo prohíbe las exportaciones y restringe la entrada de productos básicos, como alimentos y combustible”, agrega el documento. 

En el texto se consigna que gran parte de los alimentos disponibles proceden de agencias de ayuda humanitaria de la ONU y otros organismos, o se introducen de contrabando a través de túneles que cruzan bajo la frontera entre Egipto y Gaza para después ser vendidos a precios exorbitantes a quienes residen en Gaza.

Según Amnistía Internacional, en muchos casos el bloqueo impide que la gente reciba atención médica urgente y que desempeñe trabajos para ganarse el sustento.

La situación empeoró desde principios de 2009, a raíz de la operación Plomo Fundido, cuando los habitantes de Gaza se vieron sometidos a una devastadora ofensiva militar por parte de Israel.

 

Aislamiento

 

El conflicto bélico en la Franja de Gaza transcurrió del 27 de diciembre de 2008 al 18 de enero de 2009 y fue lanzado por Israel con el pretexto de que llevaba a cabo la operación para impedir que Hamas y otros grupos armados palestinos disparasen cohetes de efecto indiscriminado contra Israel. Por lo menos mil 383 palestinos perdieron la vida, entre ellos cientos de civiles, y los heridos se contaron por millares.

Miles de viviendas quedaron destruidas o sufrieron graves daños, al igual que los sistemas de suministro de electricidad y agua. Los daños a la infraestructura básica de Gaza fueron inmensos: Edificios civiles, incluidos hospitales y escuelas, resultaron severamente afectados o fueron destruidos por completo.

A un año y medio de esa devastadora operación militar, Gaza continúa en gran medida aislada del mundo exterior, y como Israel impide la entrada de materiales de construcción, los habitantes de Gaza no pueden reconstruir sus vidas destrozadas.

“La población de Gaza comparte con todas las demás personas el derecho a una vida digna, sin sufrimientos indiscriminados y prolongados. No debe ser sometida a esta continuación del castigo colectivo que el bloqueo lleva consigo”, destaca en el informe el coordinador de asuntos humanitarios de la ONU para los territorios palestinos ocupados, Maxwell Gaylard.

Para AI no valen los argumentos esgrimidos por las autoridades israelíes, quienes afirman que el bloqueo es una respuesta a los ataques de grupos armados palestinos, en concreto los cohetes de efecto indiscriminado, desde Gaza contra el sur de Israel.

En el reporte de este organismo se indica: “Cualquiera que sea la justificación que aducen, al restringir la entrada en Gaza de alimentos, suministros médicos, material educativo y materiales de construcción, las autoridades israelíes imponen un castigo colectivo a toda la población de Gaza, compuesta en su mayoría por niños y niñas, en vez de dirigirse contra los responsables de los ataques con cohetes o de otra índole. 

“La situación se agrava más debido al persistente cierre por el gobierno egipcio del paso fronterizo de Rafah y, más recientemente, por la construcción de un muro de acero a lo largo de la frontera en Rafah para combatir el contrabando transfronterizo que se ha convertido en la tabla de salvación de Gaza.”

Lo cierto es que según la investigación de AI, cuya sede se encuentra en Londres, el bloqueo en la Franja de Gaza y la operación Plomo Fundido han dejado al menos 20 mil personas desplazadas de sus hogares; muchas de ellas viven ahora en tiendas de campaña o hacinados con familiares en casas ya abarrotadas.

Por lo que toca a la salud en ese territorio palestino, AI consigna que desde la conclusión de la ofensiva militar en Gaza, el sector sanitario no ha podido restablecerse.

Agrega que “a partir del bloqueo hay escasez de equipos y suministros médicos. Los funcionarios de fronteras israelíes han regresado, sin ninguna explicación, a camiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cargados con equipos médicos destinados a hospitales de Gaza”. 

También denuncia que tras el cierre de los pasos fronterizos impuesto por los israelíes, personas con afecciones que no pueden ser tratadas en Gaza han tenido que solicitar permiso para salir del territorio a fin de recibir tratamiento en hospitales extranjeros o en nosocomios palestinos de Cisjordania.

“En muchos casos las autoridades israelíes demoran o niegan el otorgamiento de estos permisos”, continúa el informe y precisa que debido a esos retrasos, en 2009 murieron 28 pacientes mientras esperaban la autorización, 14 de los cuales aguardaban cruzar a Israel por el paso fronterizo de Erez.

 

En ruinas

 

Otra de las consecuencias que produce el bloqueo a Gaza es la parálisis del sector educativo que afecta a más de la mitad de la población, cuya edad no supera los 18 años.

“Las actividades cotidianas de los niños y niñas, como asistir a la escuela, se ven gravemente afectadas por el persistente bloqueo. Al comenzar el curso escolar 2009-2010, muchos alumnos de Gaza tuvieron que estudiar sin libros de texto ni material de escritura, mientras camiones cargados de material escolar eran retenidos por Israel en el paso fronterizo de Kerem Shalom. Durante la operación militar israelí de 2008-2009, 280 de los 641 centros escolares de Gaza sufrieron daños materiales y 18 quedaron destruidos”, subraya el documento de la ONG.

Además, denuncia que el bloqueo y la operación Plomo Fundido han destruido o dañado gravemente edificios, maquinaria o existencias de 700 empresas privadas de los sectores agrícola, industrial y de servicios. 

“El bloqueo, que ahoga el comercio palestino al limitar las importaciones y prohibir prácticamente las exportaciones, hace que la reconstrucción de los negocios –y las vidas– dañados sea casi imposible”, destaca.

Antes de 2000, el sector privado de Gaza daba empleo a más de 110 mil personas, pero el rápido colapso económico ha conducido a una espiral de pérdida de empleos. En diciembre de 2009, la tasa de desempleo en Gaza era superior a 40%. 

Otro de los problemas del bloqueo es que Israel amplió la zona temporal de seguridad dentro de territorio palestino a lo largo del borde oriental y septentrional de la Franja de Gaza. El “tapón” abarca 30% de la tierra de uso agrícola.

“Los agricultores y otros palestinos que entran en esta zona corren el riesgo de ser blanco de los disparos del ejército israelí. Los militares israelíes también disparan a menudo contra los pescadores palestinos para hacer cumplir la prohibición de pescar a más de tres millas náuticas de la costa de Gaza, lo cual es sólo un indicio del persistente control de Israel sobre las fronteras y el espacio aéreo de Gaza”, continúa el informe. 

La pesca era un sector económico importante en Gaza que proporcionaba puestos de trabajo e ingresos a las familias locales, “pero desde 2000, cuando se permitía a los palestinos pescar hasta una distancia de 20 millas náuticas de la costa, las autoridades israelíes han reducido progresivamente la zona en que permiten faenar a los pescadores palestinos”, y en la actualidad sólo se autoriza la pesca hasta las tres millas náuticas. 

Como potencia ocupante, Israel “tiene el deber, en virtud del derecho internacional humanitario, de garantizar el bienestar de la población de Gaza sin discriminación, respetar los derechos humanos de la población, incluido el derecho a la salud, a la educación, al trabajo y a un nivel de vida adecuado, lo cual incluye el derecho a la alimentación y a una vivienda adecuada”, enfatiza el reporte de AI, que calificó el bloqueo de Gaza como “un castigo colectivo en virtud del derecho internacional”.

“Al impedir la entrada de los materiales y el apoyo que se necesitan con urgencia para la rehabilitación y reconstrucción tras la operación Plomo Fundido, el gobierno de Israel sigue agravando el sufrimiento de la población civil de Gaza y viola sus obligaciones jurídicas vinculantes”, concluye el informe.