Se pregonan como adivinos, curadores del mal de ojo e intérpretes de los sueños. Pero son más que eso. Cada día adquieren más importancia incluso como líderes políticos, como depositarios de la cultura popular e interlocutores de las autoridades locales y las ONG que hacen trabajo social en África. Tanta importancia han adquirido, que la máxima autoridad médica de la FIFA se plegó a su presencia: brujos y chamanes, los sangomas, acompañarán a algunas oncenas africanas en el mundial… y utilizarán la magia que conocen en forma de plantas y brebajes.
JOHANNESBURGO.- “¡Sólo los sangomas pueden salvar a los Bafana Bafana!”
Algunos sudafricanos lo dicen en broma, pero muchos lo exclaman por convicción; depende de la clase social a la que pertenecen: mientras más humildes, más convencidos.
Los sangomas son chamanes sudafricanos. Tienen mucho en común con sus homólogos mexicanos. Curan la mente y el cuerpo con muti, hierbas medicinales a veces mezcladas con sustancias de origen animal, y también lo hacen comunicándose con los ancestros.
Hay muti muy poderosos, que protegen a los guerreros y multiplican sus fuerzas por diez. Estas hierbas son la última esperanza de los aficionados de los Bafana Bafana, consternados por la mala racha de éstos. Muchos incluso piensan que fueron víctimas de hechicerías y que necesitan un exorcismo.
Científicos occidentales prestan una atención cada vez más respetuosa a las plantas medicinales africanas. A los médicos de la FIFA les preocupan tanto que organizaron un debate sobre el tema durante la tercera Conferencia Internacional de la Medicina del Futbol que se realizó el 20 y el 21 de febrero pasados en Sun City, un lujoso centro recreativo cerca de Johannesburgo.
El cónclave reunió a unos 300 médicos del deporte y fisioterapeutas internacionales, entre los que se encontraban los médicos de los 32 equipos participantes en el mundial de 2010.
Muy pronto les llovieron preguntas y alusiones descorteses a los galenos de los seis equipos del continente anfitrión: Sudáfrica, Argelia, Camerún, Costa de Marfil, Nigeria y Ghana. Se habló de brujos, marabuts, amuletos, “ritos primitivos” y, sobre todo, de “pociones mágicas” a base de hierbas desconocidas… Michel d’Hooghe, presidente de la Comisión Médica de la FIFA, sintetizó esa inquietud:
“Nos alarma el hecho de no saber nada sobre todos estos productos. Nos preguntamos si no contienen sustancias dopantes indetectables. Si nos es imposible controlar estas hierbas, no podremos ufanarnos de tener bajo control toda la medicación del futbol.”
Las discusiones fueron acaloradas. Exasperado, Ntlopi Mogoru, médico de los Bafana Bafana, decidió echarle leña al fuego. Admitió: “Ciertas plantas que crecen en Ghana pueden asemejarse a esteroides y, efectivamente, son indetectables”.
En semejante contexto, la decisión final de d’Hooghe dejó estupefactos a los representantes de países no africanos. El alto funcionario de la FIFA optó finalmente por respetar a las culturas autóctonas. Aprobó la presencia de sangomas entre los equipos médicos africanos y el uso del muti. No puso reparos a que los jugadores se comunicaran con sus ancestros antes de enfrentar a sus adversarios. Sólo apeló, en forma solemne, a la responsabilidad y a la conciencia de los médicos africanos.
La batalla sobrenatural
¿Fue embrujado Michel d’Hooghe? ¿Recibió instrucciones de Joseph Blatter? ¿Temió ser acusado de racismo o de discriminación en un país aún traumado por el apartheid? Es un misterio…
Sisi Mabaso se ríe a carcajadas cuando se entera de los temores de los médicos blancos y del repentino cambio de actitud del presidente de la Comisión Médica de la FIFA. Para ella no cabe la menor duda: fue una buena jugada de los ancestros…
Sisi Mabaso es una sangoma respetada del Kwa Mai Mai Market.
Ubicar al Mai Mai no es fácil. Visitarlo tampoco, y comunicarse realmente con los sangomas es aun más arduo. Pero gracias a nuestro guía zulú las puertas se abren poco a poco.
Mai es una palabra swahili –idioma hablado en Tanzania y Kenia– que significa agua, pero en el sentido figurado se refiere a la protección invisible de los guerreros contra las armas de sus enemigos.
El Kwa Mai Mai Market es un universo secreto, pobre y fascinante ubicado en una zona tétrica al sur del centro histórico de Johannesburgo. Se esconde bajo puentes de concreto donde convergen vías rápidas y está rodeado de terrenos baldíos. Ahí sobrevive gente sin techo.
Un centenar de tiendas rudimentarias, todas iguales con sus muros de ladrillos y sus techos de lámina ondulada, se alinean a lo largo de dos callejones rectos. El mercado está separado de su entorno por altos muros y tiene vigilancia en la entrada. Cada local cuenta con rejas externas, pero los de los sangomas parecen fortalezas porque también tienen rejas adentro.
Lo que da un aspecto alucinante al lugar no es su arquitectura humilde, típica de los townships negros, sino lo que cuelga en las fachadas de muchas tiendas y lo que se amontona dentro y fuera de los locales: pilas de pieles de tigres, leopardos, gatos salvajes y cabras; esqueletos de todo tamaño (de aves, vacas y borregos); increíbles ramos de plumas multicolores; lagartos gigantescos que se van secando, tambores, flechas, escudos, bastones pintados o cubiertos de perlas; misteriosas raíces de distintos árboles…
Las tiendas de los sangomas están atiborradas. Decenas de frascos llenos de hierbas, conchas, insectos resecos, huesos, dientes, piel de serpiente, polvos y granos se amontonan en estantes polvosos al lado de misteriosos utensilios rituales de madera o cubiertos con perlitas multicolores, calabazas, adornos y ropa de ceremonia. Colas de animales cuelgan de los techos junto con cinturones, amuletos, escobitas, telarañas y cuerdas.
Un olor extraño se infiltra en cada poro del visitante. No es desagradable: es indefinible, igual que la fuerza emanada de estos tenderetes, de la mirada de los sangomas, de todo ese mundo arraigado en lo más hondo de la cultura africana.
Para recorrer el Mai Mai y tomar algunas fotos es preciso ser presentado con su administrador en forma ceremoniosa. Luego Bheki, el guía, nos lleva con un sangoma que sólo habla zulú y se muestra poco cooperativo. Bheki insiste. El sangoma cierra los ojos y se hunde en una larga meditación. Abre de nuevo los ojos y se disculpa: desde el más allá los ancestros dieron a entender que no lo autorizaban a conversar con forasteros.
En el tenderete contiguo nos atiende una sangoma fornida y risueña que también pide permiso a los ancestros para hablar con nosotros. Pero se topa con la misma negativa.
Todo cambia con Sisi Mabaso. Es la interlocutora que los ancestros escogieron para hablar con la reportera. Resulta ser una conversadora inagotable, pero se vuelve enigmática cuando se le pregunta sobre el destino de los Bafana Bafana en el torneo de futbol:
“Si los ancestros así lo deciden, los Bafana Bafana nos sorprenderán. A pesar de todas las críticas, los muchachos tienen a todo un pueblo a su lado. Somos una fuente inagotable de energía para ellos. Además, sus sangomas les dan cuidados especiales.”
Cuando se le pide mayor precisión, su rostro se ilumina y sus ojos miran fijamente un plato de peltre lleno de trozos de corteza de árbol. “Imphepho”, dice. Y entonces cuenta:
“Se hierve el imphepho en agua y se toma como té. Provoca violentos vómitos que liberan y fortalecen el organismo y la mente. También se debe untar todo el cuerpo con esa agua de imphepho para volverse invulnerable. Es una de las armas secretas de los Bafana Bafana.”
Truena su risa. No se sabe si se burla o dice la verdad. ¿Tiene importancia? El partido que más le preocupa a Sisi Mabaso es el del 11 de junio contra el Tricolor. Como quien no quiere la cosa, pregunta si hay sangomas en México. La reportera le habla de los poderosos brujos de Oaxaca, de la cultura de los huicholes.
Sisi se ve muy asombrada cuando se entera de que ningún chamán mexicano hará el viaje a Sudáfrica para proteger y fortalecer al equipo nacional. Riéndose, empieza a soñar en voz alta con el partido inaugural entre los Bafana Bafana y el Tri, convertido en una justa mágica entre sangomas y brujos de Oaxaca. “Hay demasiado materialismo en la FIFA, en el equipo mexicano y en el mundo en general”, concluye filosóficamente.
Mediación social
Es para protegerse de la influencia occidental que gran parte de la población negra sudafricana vive apegada a sus tradiciones. Los sangomas siguen desempeñando un papel muy importante en sus comunidades rurales y, aunque en menor medida, en los townships sobrepoblados que rodean las grandes urbes.
La mayoría de los sangomas son mujeres. Los ancestros las eligen desde el más allá. Violentos dolores físicos o tormentos mentales recaen sobre las futuras sangomas, que se enteran así de su misión. Tienen que obedecer. Consultan a una sangoma consagrada y luego empieza su iniciación, que puede durar varios años. Ritos con sacrificio de animales y aspersiones de sangre caracterizan las distintas etapas de la iniciación y la coronación final.
Las sangomas viven en contacto permanente con los ancestros, que las guían para cumplir sus múltiples misiones. Son, antes que todo, curanderas y tienen un amplio conocimiento de las hierbas medicinales. Sisi Mabaso insiste en que la medicina africana no disocia el cuerpo de la mente y considera cualquier dolor físico como un grito del alma. Los sangomas siempre atienden al mismo tiempo el cuerpo y el espíritu y se dicen capaces de apaciguar tormentos espirituales, angustias, miedos y demás torturas psíquicas.
Poseen dones adivinatorios, pueden contrarrestar brujerías y mal de ojo, encuentran ganado extraviado y objetos perdidos, interpretan los sueños. El respeto y la confianza que inspira su conocimiento profundo de las relaciones humanas les permite intervenir en la vida política y social de las comunidades: actúan como mediadoras para resolver pleitos entre aldeanos y vecinos, reconcilian a parejas, padres e hijos y hermanos, aconsejan a los líderes del pueblo, y cuando surgen hostilidades negocian acuerdos de paz con sus colegas de otras aldeas.
De hecho, las sangomas son interlocutoras de primer orden con las autoridades locales y las ONG que se involucran en el trabajo social, y participan cada vez más en las campañas contra el sida, un mal que causa grandes estragos en Sudáfrica.
Por si eso fuera poco, son depositarias de la cosmología y de los mitos de su cultura, que perpetúan contando las leyendas y la historia de los distintos pueblos que conforman el rico mosaico cultural sudafricano.
Como en todas partes, aquí hay charlatanes. Los tabloides del país aprovechan con morbo las historias de falsos sangomas o, peor, de violadores disfrazados de brujos. Pero estos delincuentes no afectan la reputación de los sangomas y, si bien sólo una parte de la población negra los consulta, todos creen en su fuerza y los consideran parte vital de su identidad.
Hay sangomas en todo el continente africano. Se llaman bangaga en lengua lingala del Congo, waganga wa kenyeji en swahili, idioma de Tanzania, ling’aka en shizoli, lengua de Zambia, Abapfumu en idiomas kinyarwanda de Ruanda y kirundi de Burundi, bayé foué en baoulé, lengua de Costa de Marfil… En cada país tienen un nombre distinto, pero cumplen las mismas funciones.
Quizá Michel d’Hooghe, el muy cartesiano presidente belga de la Comisión Médica de la FIFA, terminó por entender la importancia de estos magos. ¿O realmente lo iluminaron los ancestros convocados por los sangomas de los Bafana Bafana? u








