El equipo de la esperanza

La selección de Sudáfrica

El jugador más importante de la selección nacional de Sudáfrica, Steven Pienaar, tiene un tatuaje en una pierna: está dedicado a un amigo de la adolescencia que murió baleado y es un recordatorio permanente de su vida en el gueto donde creció, sobrevivió y del que escapó. 

Nombrado jugador del año por el Everton de la Liga Premier de Inglaterra, Pienaar marcó 7 goles en 37 partidos de la temporada 2009-10. Los rumores en la prensa inglesa indican que es pretendido por el campeón Chelsea, el subcampeón Manchester y el Tottenham.

“Cuando pienso en el pasado, a veces me pellizco, porque muchas cosas pudieron haber ocurrido cuando estaba en Sudáfrica. Soy afortunado de que pude hacer algo con mi talento y Dios creó el camino para mí. Aún no lo puedo creer, porque sólo han pasado 10 años desde que vivía en Westbury. Eso aún sigue en mi cabeza”, le dijo Pienaar en una entrevista al reportero Dan Roan, de la cadena BBC.  

Pienaar creció en Westbury, un suburbio de Johannesburgo del que se marchó a los 13 años gracias al futbol. Su talento hizo que lo invitaran a la escuela de la Federación Sudafricana de Futbol (SAFA, por sus siglas en inglés). Después de haber participado en la selección juvenil fue despreciado porque, según los especialistas que lo evaluaron, le faltaban estatura y carácter. Hasta los equipos de la liga local lo ignoraron. 

En el Ajax de Ciudad del Cabo Pienaar se graduó como futbolista y, con sólo 18 años, partió a Europa fichado por otro Ajax, el de Holanda, donde fue campeón en 2002 y 2004. Fue exportado al Borussia Dortmund, de Alemania, que en 2007 lo prestó al Everton, donde su fuerza creativa en el campo le extendió un contrato por tres años. 

“Fue muy difícil ser criado por una madre soltera en una zona llena de pandillas. En un suburbio sudafricano todos los días se viven tiroteos, drogas por todas partes, pero corrí con suerte. Tuve una madre muy fuerte que quería lo mejor para nosotros, creía en sus hijos y se aseguraba de que nos alejáramos de las calles y de las cosas malas”, asegura Pienaar, un cristiano devoto convencido de que si no hubiera sido futbolista estaría en la cárcel o muerto. 

Aunque no es muy alto (1.76 metros), el mediocampista compensa su estatura con rapidez, fuerza y espíritu. Es un corredor incansable, jugador inteligente que sabe leer los partidos para ubicarse en el campo. A sus 28 años carga con la esperanza de millones de sudafricanos que anhelan no convertirse en el primer país anfitrión del mundial que es eliminado en la primera ronda. 

Steven Pienaar lleva el mismo apellido que el mítico jugador de rugby, François Pienaar, a quien durante la Copa Mundial de Sudáfrica de 1995 Nelson Mandela le encomendó la responsabilidad de ganar como una estrategia política para unificar al país. El Pienaar del futbol es negro; el del rugby, blanco. 

“Será un momento muy especial no sólo para los jugadores, sino para Sudáfrica y el continente, porque será un día que marque la historia, como cuando Nelson Mandela salió de prisión. Para nosotros es especial, porque es el primer mundial en tierras africanas y vamos a hacer historia”, sentencia.  

Sudáfrica forma parte del grupo A, con México, Francia y Uruguay. Su selección ocupa el lugar 83 en la clasificación de la FIFA. Nunca antes ha sido sede del mundial un país con una posición tan baja.

El equipo conocido como los Bafana Bafana ha participado en dos mundiales
–Francia 98 y Corea-Japón 2002– en los que ha disputado seis partidos; es decir, nunca ha calificado a la ronda de octavos de final. Puede presumir que derrotó a Eslovenia en 2002 y que acumula empates con Dinamarca y Arabia Saudita en 98 y con Paraguay en 2002, pero perdió con Francia en 98 y con España en 2002.

Para evitar hacer “un papelazo”, la SAFA apostó por el entrenador que en 1994 hizo campeón del mundo a Brasil: Carlos Alberto Parreira, de 67 años, a quien durante el proceso rumbo a Sudáfrica 2010 contrató hasta en dos ocasiones. 

Dieciséis meses después de que Parreira tomó el mando, renunció a la dirección técnica (20 de abril de 2008) porque su esposa enfermó y tuvo que regresar a Río de Janeiro para estar a su lado. El banquillo fue ocupado por su compatriota Joel Santana, quien se convirtió en el entrenador número 15 de Sudáfrica en los últimos 17 años. 

Con Santana la selección perdió en un periodo de cinco meses (de junio a octubre de 2009) ocho de nueve partidos internacionales (en Copa Confederaciones dos veces, con España y Brasil. En amistosos, con Alemania, Serbia, Irlanda, Noruega e Islandia). 

Aunque se consideraba suicida tomar la decisión de removerlo a ocho meses del Mundial, los críticos cuestionaban su táctica inflexible, los cambios tardíos y su poca habilidad para sacar lo mejor de los jugadores, sobre todo de Teko Modise, la estrella de la liga local. 

En su favor hablaba la credibilidad que obtuvo Sudáfrica en la Copa Confederaciones por la hazaña de haber caído en semifinales 1-0 con Brasil, apenas a dos minutos del final, y porque, aunque perdieron, los jugadores forzaron los tiempos extra con España para romper un empate a dos en el partido por el tercer lugar. 

Haber precipitado al equipo a su peor momento futbolístico desde 1994 le costó la cabeza. El 19 de octubre, después de haber dirigido a los Bafana Bafana durante sólo 18 meses (10 victorias, 14 derrotas y 3 empates en 27 partidos), Santana fue cesado. 

El regreso de Parreira fue duramente criticado por personajes del futbol sudafricano, incluidos exentrenadores, quienes consideraron que había llegado la hora de contratar a un técnico local. Con un conjunto joven e inexperto, el brasileño había encarado a principios de 2008 la Copa Africana de Naciones de la que fue eliminado en la primera ronda. 

Pero nadie se atrevió a criticarlo cuando en marzo de 2008 los Bafana Bafana vencieron a Paraguay 3-0 en un amistoso. Fue la primera vez en 10 intentos que lograron derrotar a un equipo sudamericano desde que, en 1992, después de la era del apartheid, Sudáfrica fue admitido en la FIFA.

Parreira ha sido cuestionado porque su sistema no convence, porque no es atrevido, porque prefiere el resultado antes que el espectáculo y le roba el talento natural a los jugadores. Cierto, ganó con Brasil en 94 dirigiendo a una generación de estrellas, como Romario, Bebeto, Dunga o Branco, pero sus detractores no le perdonan que en Alemania 2006 dejó a la verdeamarelha en cuartos de final.

En Sudáfrica 2010 Parreira igualará la marca de Bora Milutinovic, quien ha dirigido a cinco diferentes selecciones en mundiales, pero habría que matizar que en Francia 98 fue despedido en la primera ronda después de dos derrotas al frente de Arabia Saudita. También falló en España 82 con Kuwait y en Italia 90 con los Emiratos Árabes. No consiguió ni un punto. 

“Está claro que nadie nos otorga muchas posibilidades, pero en el futbol no hay nada escrito, por eso es el deporte más popular del planeta. Tenemos que ser el equipo sorpresa. Los Bafana Bafana no serán un blanco fácil. No ganaremos el mundial, pero todo es posible”, asegura el técnico brasileño.

Algunas de las claves para evitar el tan temido “papelazo”: tener el balón a ras de pasto y moverlo con velocidad; que los jugadores defiendan con el balón en los pies, lo hagan correr, y que eviten el cuerpo a cuerpo; las ventajas de jugar en casa y “la mejor preparación” gracias a una concentración de más de un mes con entrenamientos en Brasil y Alemania.

“Hay que considerar la Copa Confederaciones como un punto de partida. Los jugadores estuvieron juntos durante un tiempo y se les vio en muy buena forma. Eso pasará antes del mundial. Tenemos que creer en los jugadores, mantener la confianza y sacar provecho de nuestras virtudes. La posesión del balón es importante: retener el esférico, hacerlo circular por el césped, jugar un futbol de posesión. Está clarísimo que cuando hacemos eso somos mucho mejor equipo. Si le añadimos a nuestros laterales desdoblándose en ataque, es todavía mejor. En nuestro sistema necesitamos laterales que desborden. Me encanta ver a nuestros laterales apoyando y desdoblándose; no atacas sólo con un delantero, atacas como un equipo”, sentencia Parreira.  

De la lista preliminar de 30 convocados, 10 jugadores militan en el extranjero, nueve en algún club europeo y uno en Israel, en el Maccabi Haifa: Tsepo Masilela, lateral izquierdo. Ni siquiera había firmado con algún club profesional y el entonces seleccionador de los Bafana Bafana, Ted Dumitru, lo hizo debutar en el equipo nacional, algo nunca visto en el futbol sudafricano. Por la otra banda corre Siboniso Gaxa, del equipo de la liga local Mamelodi Sundows, quien apenas ha vestido la camiseta 23 veces. En la Confederaciones fue titular indiscutible. Son los laterales que le encantan a Parreira.

La SAFA anunció que por cada gol que marquen, sus seleccionados serán premiados con 124 mil dólares, decisión que fue cuestionada por los aficionados, a quienes les parece un gasto obsceno e innecesario porque consideran que representar al país es la principal recompensa que pueden recibir.

“No por muchos millones que la SAFA vaya a meterles en los bolsillos los jugadores van a marcar más goles. Esto no tiene que ver con el dinero. Los jugadores estarán motivados por su orgullo y determinación de hacerlo bien ante nuestros aficionados”, declaró Parreira.

A ojos del entrenador era más importante que la SAFA consiguiera un rival con más calidad que Bulgaria, Colombia y Dinamarca para poder medir el verdadero nivel de su equipo. Brasil se negó a jugar un amistoso y con Argentina tampoco se logró nada. 

La fortaleza física de sus jugadores no es algo que le robe el sueño a Carlos Parreira, pero sí el estado del delantero del West Ham de Inglaterra, Benni McCarthy, otro de sus elementos insignia. El seleccionado se lesionó en febrero y ha tenido poca actividad (sólo participó en 5 de 38 partidos de liga). Y debido a sus malos hábitos alimenticios presenta un notorio y preocupante sobrepeso.

Benedict McCarthy nació en Ciudad del Cabo pero creció en Hanover Flats, un área conocida por el desempleo y azotada por la violencia de las pandillas. Comenzó su carrera a los 17 años en la liga local y también destacó en la selección juvenil. 

Tras un efímero paso por el futbol holandés y español, el Celta de Vigo lo prestó al Porto, de Portugal, donde en la temporada 2001-02 jugó bajo la dirección de José Mourinho, con quien McCarthy se convirtió en la bujía del equipo que terminó tercero en la tabla (y tuvo pase directo a la Copa UEFA), anotando 12 goles en 11 partidos. Dos temporadas después, McCarthy ganó el botín dorado con 20 tantos en 23 encuentros. En 2006 fue vendido al Blackburn de la liga inglesa donde, a pesar de que fue opacado por jugadores de la talla del paraguayo Roque Santa Cruz, anotó 52 goles en 140 partidos. 

Junto con Pienaar y McCarthy, Aaron Mokoena, del Blackburn de Inglaterra, es uno de los tres futbolistas que han vestido más veces la camiseta de su selección. Unos meses después de cumplir 18 años recibió su primera convocatoria y se convirtió en el jugador más joven en debutar con los Bafana Bafana. 

Conocido como Mbazo (El Hacha) por su forma agresiva de jugar, Mokoena es el sudafricano que más partidos ha disputado por su país: 100. Y ha jugado para clubes europeos como el Ajax, de Holanda, y el Bayer Leverkusen, de Alemania. 

MacBeth Sibaya es uno de los Bafana Bafana de más edad (32 años). Debutó con ellos hace ocho años en la última participación mundialista de Sudáfrica en Corea-Japón 2002. Se hizo famoso cuando militaba en el Jomo Cosmos de su país, antes de pasar varias temporadas en el extranjero con el Rosenborg noruego, el Keruleti húngaro y su actual equipo, el Rubin Kazan, de Rusia. Pese a su vasta experiencia (tres participaciones en la Copa Africana de Naciones) y a sus dotes de liderazgo, la aparición de jóvenes talentos lo ha obligado a pelear por un puesto en el once titular. 

Otro de los jugadores descubiertos por Ted Dumitru es el extremo Siphiwe Tshabalala quien llegó a la selección con 20 años. Dio sus primeros pasos futbolísticos con los Kaizer Chiefs locales. A pesar de su juventud tiene experiencia internacional en la Copa Africana de Naciones 2006 y 2008. En marzo pasado, en un amistoso contra Paraguay, anotó el gol del empate: un fantástico disparo de unos 30 metros. 

Katlego Mphela fue el líder de goleo del equipo en la Copa Confederaciones, con cuatro tantos. Dio el salto a la selección con 19 años, cuando jugaba para el Estrasburgo de la liga francesa. A pesar de que este año tuvo una temporada insulsa con el club sudafricano Mamelodi Sundowns, es un delantero peligroso, con un fino olfato de gol y con capacidad para perforar la defensa más férrea. 

Para los aficionados sudafricanos es un placer ver jugar a Teko Modise, de los Piratas de Orlando, mediocampista en quien depositan sus esperanzas de éxito porque consideran que le da una dimensión diferente al juego de la selección, por su rapidez y creatividad. Desde que se hizo un hueco en la alineación de los Bafana Bafana, hace menos de dos años, se ha convertido en una figura clave a la ofensiva, al igual que Kagisho Dikgacoi, cuya agresividad y capacidad para robar balones le han granjeado admiradores en todo el país. Es uno de los seleccionados más trabajadores en la oncena de Parreira, y aunque su posición natural está en el medio campo, es muy peligroso cuando se incorpora al ataque. 

Si Chester Williams fue el único integrante negro de la selección sudafricana de rugby que ganó el Mundial en 1995, Matthew Booth es el único jugador blanco del equipo nacional de futbol. Después de muchos años de no ser convocado, ahora está en los planes de Parreira, sobre todo por su dominio del juego aéreo: su 1.98 de estatura (es el más alto de la plantilla) es justo lo que necesita Sudáfrica para encarar los problemas que experimenta a la hora de defender centros y jugadas a balón parado. 

A nadie sorprendió que Itumeleng Khune recibiera su primera convocatoria con los Bafana Bafana en la Copa Confederaciones, después de haber jugado sólo ocho meses en primera división. Es uno de los guardametas más prometedores que ha generado el futbol sudafricano en los últimos cinco años. Aunque todavía carece de experiencia al máximo nivel, ante las incontables lesiones de Rowen Fernández está llamado a ser el titular del “equipo de ensueño”, como llaman los sudafricanos a quienes los representarán en el primer Mundial del continente negro. 

Ante esta selección jugará México el próximo viernes 11 de junio.  u