Aquella frustrada visita de Zedillo

Félix Fernández. Anécdota

Caso excepcional, Félix Fernández fue futbolista y escritor a la vez. El menor de 10 hermanos, todos universitarios, encontró en la literatura un refugio a su timidez.

El exguardameta del Atlante y de la selección conversó con Proceso vía telefónica los primeros días de mayo. Habló sobre el uso que los gobernantes y políticos suelen hacer del conjunto nacional.

Cuando era jugador, en esos momentos de soledad, debajo de los tres postes, “cuando la pelota estaba en el tiro de esquina del otro lado de la cancha, yo empezaba a crear frases y pensamientos que solamente me surgían en ese momento. Si no las anotaba, volaban con el viento”, cuenta.

Así se hizo escritor. “A fin de cuentas el futbol es una metáfora de la vida”. La pelota, dice, bota en cualquier rincón del universo. “Es para todos”. Cualquier idea, personaje, anécdota, puede nacer o terminar en futbol; incluso la política.

En ese sentido, Fernández, quien formó parte del representativo nacional que participó en el Mundial de Estados Unidos en 1994, relata su propia historia:

“Recuerdo perfectamente que cuando estábamos muy cerca del mundial, en la última etapa de preparación, fue asesinado (Luis Donaldo) Colosio. Entonces Zedillo fue nombrado candidato del PRI para sucederlo y necesitaban posicionarlo rápidamente. Nosotros todavía estábamos concentrados en las instalaciones del club América, y se empezó a manejar la información de que sólo Zedillo iba a tener permiso de visitar a la selección.

 “Yo empecé a brincar un poco, agitando las aguas, porque entonces era muy mal visto apoyar o hablar de un partido político que no fuera el oficial. Hablé con (Miguel) Mejía Barón y le dije: ‘¡Perdóneme!, pero cómo es posible que se le abran las puertas a éste y se le cierren a los otros. Si se le abren a uno se le abren a todos’. Afortunadamente entonces se tomó conciencia y se impidió que fuera Zedillo como candidato”, recuerda el exseleccionado sobre ese caso que él considera un triunfo.

Sin embargo, su rebeldía y sus acciones determinaron que habría un partido de revancha. El desquite. “Yo tuve serios problemas en ese entonces por apoyar a (Cuauhtémoc) Cárdenas. Lo admiraba y abiertamente lo decía. Incluso estuve en el mitin de cierre de campaña en el Zócalo. Y empecé a tener problemas serios, sobre todo después del mundial, por seguir apoyándolo. Al grado de que me mandaban recaditos. Y bueno, yo dejé de jugar después del mundial, para no hacer la historia larga…”, comenta, aún desencantado, el autor de Guantes blancos.

Con voz titubeante, cuarteada súbitamente la nitidez por su garganta, acepta que dichos mensajes coincidieron con el final de su carrera.

“Los recaditos eran de que me callara. No venían del medio del futbol, pero llegaron a través de gente del medio del futbol. Me llegaban por un lado, por otro… No me callé y no me arrepiento en lo más mínimo de eso.”

Lo intimidaron. Tuvo miedo. “Fue muy incómodo. Y es que no se podía externar abiertamente que tú apoyaras a alguien que no fuera del partido oficial. Estamos hablando de hace poco más de 15 años y parece que es la prehistoria. No podría concebir que hoy un jugador apoye a un candidato de oposición y sea, no digo que amenazado, pero sí advertido. Porque en sí no eran amenazas de: ‘Te va a pasar esto’, sino: ‘Oye, me manda decir tal persona que por favor ya le bajes, que dejes de hablar de política, de apoyar a tal partido’. Y venía por varios lados. De compañeros que eran muy influyentes, de directivos, de gente de prensa”.

Para Félix Fernández, el futbolista mira con desinterés el acercamiento de los políticos. “Para hablar coloquialmente, les da mucha güeva. Desde siempre. Hasta que, tal vez, en el momento en que se retiran ven por ahí la posibilidad de laborar en la política. Pero no hay muchos casos”. 

El deportista, dice, no es ingenuo. Sabe cuando lo están utilizando. “Pasa que es un tema muy fino y complejo. Por eso prefieren hacerse a un lado”.

En la relación política-deporte en México, sostiene el ahora analista deportivo, se maneja un doble discurso. “Los deportistas han sido muy utilizados, quizá seducidos, para buscar aprobación u ocupar puestos de elección popular. Todo mundo se quiere tomar la foto con el ganador. Colgarse de la esperanza que representan los deportistas antes de una competencia. Lo que yo pido es que se tomen también la foto cuando pierdan, cuando regresen por la puerta de atrás. Y no sólo pasa con la selección, pasa con los deportistas olímpicos. Buscan a los personajes más mediáticos”.

 

Cortina de humo

 

A lo largo del tiempo este deporte ha estado encadenado a la política, esclavo de sus fines más perversos. Con el futbol como bandera, se ha intentado encubrir o exaltar gobiernos y gobernantes.

En entrevista con Proceso, Fernando Segura Trejo, especialista en deporte y doctor en sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, hace un análisis de la manipulación con fines políticos que los gobernantes realizan con los conjuntos deportivos.

Históricamente, cada celebración de una Copa del Mundo, como cada edición de Juegos Olímpicos, según el académico, ha sido motivo para resaltar el nacionalismo y explotarlo como herramienta de promoción u ocultamiento.

El mundial de 1934 concentró su imagen en propaganda para exaltar el fascismo. Italia contó con la presencia de Benito Mussolini en el palco de honor en todos sus partidos, y fue a él a quien dedicaron la victoria.

Los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 enmarcaron un desplante del nazismo por mostrar su grandeza y resaltar la pretendida superioridad del cuerpo ario por sobre cualquiera, si bien Jesse Owens les infringió un duro golpe que perdura en el tiempo.

En México 1970, Brasil salió campeón bajo una feroz dictadura y se pasó por alto. Los militares exaltaron la alegría producida por la escuadra verdeamarela, mientras flagelaban y desaparecían seres humanos.

Argentina, en 1978, construyó para legitimarse un campeonato a no más de 500 metros de distancia del Auschwitz sudamericano –la Escuela Superior de Mecánica de la Armada–, por donde desfilaron cerca de 5 mil torturados durante la más cruenta de sus dictaduras.

En ese mismo país, desencadenada una de sus mayores crisis económicas y políticas en 2001, no fue sino hasta la eliminación de su selección, en la primera ronda del mundial 2002, cuando se sintió la debacle social.

Esto, dice Fernando Segura Trejo, muestra la importancia que le han dado “los gobiernos autoritarios” a los grandes acontecimientos deportivos para “ocultar sus miserias”.

En Sudáfrica 2010 el escenario de manipulación no es muy distinto, afirma el sociólogo: “Varios gobiernos en turno, incluido el mexicano, ruegan por que su selección avance y cree un clima festivo. Los medios de comunicación se encargan de generar expectativas y exaltar lo que los gobiernos quieren en caso de ‘éxito’”. 

El proceso de manipulación que ejercen los políticos a través del deporte, opina Segura Trejo, “consiste en una sutil presión”, haciéndose visibles, relacionando su imagen con la de los jugadores nacionales en el imaginario colectivo.

“Sería ingenuo pensar que se trata nada más de gestos de aliento. Existe un mensaje y es claro. Para los gobiernos es sumamente importante que a los equipos nacionales les vaya bien. El futbol, en algunos casos, es cuestión de Estado.”

En el caso del gobierno actual en México, “podría funcionarle” como cortina de humo, un remanso de paz ante las críticas por la guerra contra el narcotráfico y sus tragedias.

Explica el sociólogo: “En México se crea una esperanza en torno a la selección. Se espera que pase de grupo. Eso sería tomado como un logro, porque permitiría inyectar un aire de patriotismo al país en momentos en que la violencia lo ha desbordado todo. Aunque el gobierno trate de minimizar el número de víctimas civiles en su guerra, algunas alegrías en el futbol lo ayudarían un poco”.

Si México llega a cuartos de final habría una euforia generalizada. E insiste: “Eso es lo que el gobierno espera”.

Acota el académico que la gente “no es tan ciega” como los gobiernos “pretenden”. Aunque México llegara al soñado quinto partido, “los discursos exitistas duran un tiempo; los gobiernos pueden exaltar un éxito deportivo, pero no pueden ocultar lo que sucede detrás. La violencia no pasa inadvertida”.

Si bien el deporte puede jugar a favor de los gobernantes, el fracaso deportivo les resulta un gol en contra.  u