Son personajes de corazón indómito que se fortalecen con los infortunios y para quienes el alud de tragedias se convierte en desafío. En Sudáfrica los hay memorables. Deportistas natos que doblegan epidemias, que se imponen a prejuicios, que derrumban verdades, que crispan la normalidad y que, siempre a contracorriente, vislumbran nuevos horizontes.
Evelina Tshabalala es maratonista, alpinista y seropositiva. Es una de las mujeres más valientes de África, ejemplo e inspiración para los demás. A los 15 años se convirtió en madre, y para darle una mejor calidad de vida a su hijo se mudó a Ciudad del Cabo donde se contrató como empleada doméstica.
Comenzó a correr como una forma de evadir los problemas. Sobresalió tanto que en poco tiempo ya estaba corriendo maratones. Aunque la búsqueda de patrocinadores y medios para llegar a las pruebas fue una lucha constante, al cabo de tres años Evelina ya competía en ultramaratones y ganó medalla de bronce en el campeonato nacional sudafricano; luego, fue lugar 25 en el maratón de Londres.
Sus peores tragedias llegaron en 2003. Frente a sus ojos, su padre fue brutalmente tiroteado. Algo peor que aún la hace palidecer: su segundo hijo, Emmanuel, se ahogó en un ataque epiléptico. Afectada en su salud y en su desempeño como corredora, Tshabalala decidió hacerse una prueba de VIH. “Me dije a mí misma: sea cual sea el resultado, tendré que afrontarlo. Si sale bien o si sale mal seré fuerte.”
Y lo ha sido. Desde el primer día habló sin tapujos de su condición con parientes, amigos y con toda la comunidad que la rodeaba en un continente en donde un portador de VIH sufre abandono, desprecio y aislamiento. “Soy mas fuerte que la gente común. Hago cosas que la gente normal no puede hacer”, asegura.
Ha escalado varios de los picos más altos del mundo: el Kilimanjaro, el Monte Elbruz y el Aconcagua. “Lo hice para que todos en Sudáfrica estuvieran orgullosos de mí. Todo estaba congelado. Grité los nombres de mi madre, mi padre y el de Emmanuel. Llevé la bandera de Sudáfrica hasta la cima del Kilimanjaro y cuando conocí a Nelson Mandela me dijo: ‘estoy muy orgulloso de usted’”.
Evelina Tshabalala nunca se ha rendido. Es una luchadora que ha conquistado la celebridad. Es la heroína de su comunidad. Sus fanáticos más leales son los niños. Se ha vuelto común que los fines de semana organice carreras con ellos, sobre todo con los más pobres.
La atleta de 49 años, ha sido tema de numerosos artículos en periódicos, revistas y documentales que cuentan pormenores de su vida. Fue la portada del Wall Street Journal, algo que pocos africanos pueden presumir. “Soy un ejemplo a seguir porque soy la prueba de que la vida no se acaba cuando tienes VIH”, plantea.
Oscar Pistorius
Nació sin peronés. Sus padres tomaron la dura decisión de amputarle ambas piernas, de las rodillas hacia abajo, cuando apenas tenía 11 meses. Hoy, a la edad de 23 años, está considerado “el hombre más rápido sin piernas”.
Pistorius es un fenómeno del atletismo sudafricano. Posee el record mundial en la categoría T44 en los 100, 200 y 400 metros planos. Maravilló a quienes lo vieron ganar oro en esas tres pruebas durante los Juegos Paralímpicos de Beijing 2008.
Cuando aún era un niño, le dijo a su padre que deseaba ser jugador de rugby y competir ante los países potencia en este deporte. No sólo practicó esa disciplina, también jugó waterpolo y tenis hasta que se lesionó una rodilla. Entonces, los médicos le recomendaron que se dedicara al atletismo.
A los 17 años participó en una carrera de 100 metros que finalizó en 11.51 segundos cuando el record mundial era de 12.20. Ocho meses después, compitió en los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004. Los resultados provocaron conmoción: plata en los 100 metros y oro en los 200 metros implantando nuevo record (21.97 segundos) que lo convirtió en el primer hombre amputado en bajar de los 22 segundos.
En el campeonato sudafricano de 2005, Oscar corrió los 400 metros en la categoría normal y finalizó en sexto lugar. La Federación Internacional de Atletismo (IAAF) le extendió una invitación para participar en el Grand Prix de Helsinki y el Campeonato Mundial en Manchester. Fue la primera vez que recayó ese privilegio en un atleta discapacitado.
En 2007 obtuvo medalla de plata en el campeonato nacional africano en contra de “corredores normales”, logro que lo proyectó hacia la posibilidad de que representara a Sudáfrica en los Juegos Olímpicos de Beijing. Esto generó reclamos sobre si con sus piernas artificiales Pistorius obtenía una “ventaja injusta” sobre sus rivales.
La IAAF modificó sus reglas de competencia y prohibió el uso de cualquier artefacto tecnológico con resortes, ruedas u otro elemento que ponga en desventaja a los atletas que no lo usan. Aunque el organismo aclaró que los cambios nada tenían que ver con Pistorius, éstos fueron realizados después de que un grupo de científicos que monitorearon sus resultados de pista opinó que el atleta gozaba de ventajas sobre quienes no usan extremidades protésicas.
En febrero de 2008, la IAAF consideró que Oscar “no era apto para competencias normales”. Tres meses después, la decisión fue revertida por el Tribunal de Arbitraje Deportivo. Aunque se le permitió competir en Beijing, no formó parte del equipo nacional sudafricano. En los 400 metros logró su mejor tiempo: 46.25 segundos, pero para calificar necesitaba hacerlo en 45.55 segundos. Tampoco fue seleccionado por el Comité Olímpico Sudafricano para los relevos 4×400, ya que había otros cuatro corredores con mejores marcas.
Oscar ha roto sus propios récords mundiales en 27 ocasiones. Ambiciona correr en Londres 2012, pero no tiene planes de abandonar la delegación paralímpica, la cual lo formó como el gran atleta que es. “No es que tus discapacidades te hagan discapacitado, sino tus capacidades son las que te hacen capaz”, explica.
François Pienaar
De la mano de Nelson Mandela fue el artífice de la estrategia política del entonces presidente que concibió el rugby como una herramienta para lograr la unión entre blancos y negros.
Pienaar no es sólo uno de los jugadores de rugby más destacados de Sudáfrica, sino uno de los mejores capitanes de la selección nacional por su liderazgo y compromiso; fue quien guió a los Springboks, la selección nacional, para que ganaran la Copa del Mundo de 1995.
Debido a que durante años estuvo ausente de las competencias internacionales, el equipo batalló antes y durante el Mundial. El racismo tenía al país dividido. El rugby, deporte considerado de blancos, era el foco del odio de los negros. Por si fuera poco, en el transcurso del torneo algunos jugadores clave se lesionaron y el equipo tuvo que soportar condiciones climáticas muy adversas.
Mandela le pidió a Pienaar que ganaran el torneo. En la final, Sudáfrica se enfrentó a los poderosos All-blacks de Nueva Zelanda, uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Fue un triunfo histórico: Sudáfrica levantó la copa después de una victoria cardiaca en tiempo extra.
Después del partido, un reportero le pregunto a Pienaar: “¿Qué se siente tener el apoyo de 63 mil aficionados en el estadio Ellis Park?”. Él contestó: “Hoy no tuvimos el apoyo de 63 mil aficionados, sino el de 43 millones de sudafricanos”.
Una de las imágenes más conmovedoras del deporte mundial fue cuando Pienaar recibió el trofeo de manos de Nelson Mandela, quien después escribió: “Fue bajo el liderazgo inspirador de François Pienaar que el rugby se convirtió en el orgullo de todo el país. François unió a una nación”.
Chester Williams
Fue el segundo jugador negro de la selección nacional de rugby, después de Errol Tobias, quien fue admitido a comienzos de los ochenta. Para los estándares del rugby mundial, Williams es un jugador pequeño (1.74 metros y apenas 84 kilogramos); no obstante, por su calidad de juego fue reclutado por los Springboks durante el régimen del apartheid, una época en la que los jugadores “de color” no eran bien recibidos en un deporte considerado “de blancos”.
Apodado La perla negra, Williams es conocido como uno de los jugadores estrella del equipo que ganó la Copa del Mundo de Rugby en 1995 en la que jugó de forma extraordinaria, sobre todo en los partidos ante Australia y Samoa Oriental.
En la película Invictus, que narra la historia de cómo Nelson Mandela aprovechó la victoria de Sudáfrica en favor de la armonía racial en el país, el director, Clint Eastwood, proyecta muchas imágenes de Chester como el jugador al que los niños y jóvenes negros idolatraban e, incluso, cómo su imagen fue promocionada por una línea aérea que colocó una fotografía gigantesca en uno de sus aviones.
Sin embargo, en 2002 Williams publicó su autobiografía en la que narró con dolor cómo había sido ignorado por su propia raza e insultado por varios de sus compañeros del equipo.
La contribución de Chester en el rugby sudafricano fue que logró cambiar la imagen de que era un deporte de blancos y se convirtió en una figura que inspiró a decenas de jugadores en áreas rurales.
Caster Semenya
Ni siquiera había corrido la final de los 800 metros en el Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín 2009 –en la que a la postre conquistó el oro– y la IAAF ya había ordenado que a esta mujer se le hiciera una prueba de género para comprobar que –a pesar de sus características físicas marcadamente varoniles y de sus elevados niveles de testosterona (tres veces por arriba de lo normal)– no se trataba de un hombre.
Las sospechas sobre el sexo de Semenya se desencadenaron no sólo por su aspecto, sino porque en el campeonato juvenil africano de ese mismo año redujo en siete segundos su marca personal en los 800 metros para dejarla en 1:56.72. En Berlín, se coronó con tiempo de 1:55.45, lo que provocó que otras participantes dudaran de su condición femenina.
La manera en que la IAAF manejó el asunto levantó una reacción negativa: atletas, prominentes sudafricanos, líderes civiles, comentaristas, políticos y activistas consideraron que se trataba de una acción racista, violatoria de la privacidad y derechos humanos. En una entrevista Semenya declaró: “Dios me hizo como me hizo, y yo me respeto tal y como soy”.
En septiembre pasado, el diario británico The Daily Telegraph publicó que los exámenes realizados muestran que tiene una anomalía cromosómica, no tiene útero ni ovarios pero sí testículos internos. La IAAF sigue revisando los resultados para emitir un fallo oficial que defina si Semenya puede seguir compitiendo como mujer. Hasta ahora se le ha negado el derecho a participar en distintos certámenes.
En noviembre de 2009, el ministro del deporte sudafricano informó que se acordó con la IAAF que Caster Semenya mantendría su medalla y el premio económico. En medio del alborto, la atleta recibió un gran apoyo en Sudáfrica donde es considerada “celebridad de causa”.
Gary Player
Está entre los mejores ocho golfistas del mundo. Los 166 torneos internacionales que ha ganado en el transcurso de seis décadas, así como sus nueve triunfos en el Champions tour lo convirtieron en una leyenda. En 2000 fue nombrado deportista del siglo en Sudáfrica.
Player es el tercer golfista en número de victorias. Está empatado en el cuarto sitio con nueve triunfos en el Major Championship con Arnold Palmer y Jack Nicklaus.
Este golfista sudafricano, de 73 años, ha jugado regularmente en torneos de la PGA desde finales de los años cincuenta. En 1961 fue líder al acumular 24 campeonatos. Es el único jugador que ha ganado el British Open en tres décadas diferentes.
Desde hace 25 años tiene una fundación para niños que se encarga de construir escuelas en Johannesburgo a las que asisten más de 500 alumnos desde preescolar hasta segundo de secundaria.
Basil D’Oliviera
Jugador de cricket al que su piel apiñonada lo condenó como una persona “de color” durante el apartheid. Impedido a jugar en la primera división de Sudáfrica, emigró a Inglaterra en 1960 y cuatro años después adoptó la ciudadanía británica.
En 1966, fue convocado a la selección inglesa. Su desempeño fue admirable por lo que 1967 fue distinguido como uno de los mejores jugadores del mundo.
Víctima de la política segregacionista, pese a que D’Oliviera se había ganado un lugar en el equipo inglés que enfrentaría a Sudáfrica, no fue seleccionado para evitar un escándalo político provocado por llevar a un sudafricano catalogado como “de color”.
El jugador inglés Tom Cartwright amenazó con no asistir. D’Oliviera tuvo que ser convocado. El entonces Primer Ministro sudafricano, John Vorster, reaccionó con violencia: “D’Oliviera es no bienvenido en Sudáfrica”, dijo. La comunidad internacional del cricket marginó a Sudáfrica de toda competencia en 1970.
Casi en sus años de retiro, Basil D’Oliveira fue llamado otra vez a la selección inglesa de cricket y, por fin, pudo participar en un torneo sudafricano. En 2003, cuando Sudáfrica fue sede de la Copa Mundial de Cricket, nombró a D’Oliviera embajador del evento.
Lucas Radebe
Creció al lado de cinco hermanas y seis hermanos en uno de los barrios más salvajes de Johannesburgo. Ahí aprendió a jugar futbol descalzo pateando una pelota hecha de calcetines amarrados. A los 25 años, el Leeds United de Inglaterra lo firmó. Fue difícil adaptarse al frío y a la comida de Europa; año y medio después se compró un boleto de regreso a Sudáfrica.
Cuando tuvo enfrente a sus padres, quienes estaban muy orgullosos de su fichaje y desde su niñez se habían preocupado por ofrecerle la mejor educación para que tuviera mejor calidad de vida, no pudo quedarse en casa.
Meses más tarde, George Graham fue nombrado entrenador del Leeds y lo hizo capitán. En 2001, el club llegó a las semifinales de la Champions League, torneo en el que Radebe tuvo un desempeño espectacular.
Excapitán de la selección de Sudáfrica, Radebe se ha distinguido por organizar encuentros a beneficio de personas discapacitadas y niños enfermos, así como por realizar campañas para combatir el SIDA en su país.
En 2002, cuando Mandela era presidente, realizó una gira por Inglaterra y al visitar la ciudad de Leeds vio a Radebe y les dijo a los funcionarios que lo acompañaban: “Este es mi héroe”, refiriéndose al defensa sudafricano.
Radebe recuerda: “Me quedé pensando: ¿Yo? ¿Su héroe? Él es un héroe de verdad… Sudáfrica no sería libre e independiente sin sus sacrificios y liderazgo”. u








