Tránsito libre para drogas, armas, indocumentados…

Sánchez Martínez. Malas andanzas

Un rancho de 200 hectáreas perteneciente a la familia de Greg Sánchez Martínez, ubicado en la frontera con Guatemala, es desde hace tiempo utilizado para el tráfico de drogas, armas e indocumentados por bandas que operan en ambos países. De acuerdo con algunos testimonios, ha servido también para la explotación de refugiados y para entablar vecindades y estrechas amistades con gente involucrada en actividades ilícitas… 

 

 

COMITÁN, CHIS.- La propiedad abarca más de 200 hectáreas que colindan con Guatemala, se le conoce como rancho Puerto Rico y pertenece desde los años setenta a la familia de Gregorio Sánchez Martínez, candidato a la gubernatura de Quintana Roo por la coalición PRD-PT-Convergencia que el pasado martes 25 fue detenido bajo las acusaciones de lavado de dinero, delincuencia organizada y delitos contra la salud. 

El rancho Puerto Rico, por donde según reportes oficiales grupos de la delincuencia organizada trafican drogas, indocumentados y armas en los dos sentidos de la frontera, está enclavado en plena zona selvática del municipio chiapaneco de Marqués de Comillas, dentro de un área considerada por el gobierno federal como de “seguridad nacional”. 

Debido a esto último, el Ejército construyó allí una carretera conocida como “La Fronteriza”, que rodea la zona donde opera el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y bordea la línea que separa a México de territorio guatemalteco. 

Mientras que funcionarios entrevistados por Proceso afirman que esta y otras propiedades fronterizas contiguas de diversos ganaderos, dadas sus dimensiones, no pueden abarcarse en las tareas de vigilancia, un reporte de la Secretaría de Gobernación indica que autoridades militares, migratorias y de la Policía Federal ubican esta franja territorial como una de las más “recurridas por los grupos de delincuencia organizada para introducir ilegales, drogas y armamento”. 

El documento de cinco hojas, al cual tuvo acceso este reportero, asegura que los dueños del rancho Puerto Rico y otros adyacentes han colaborado con las autoridades para denunciar las actividades de la delincuencia organizada en el área, pero debido a que los propietarios de los ranchos enfrentan la “imposibilidad de vigilar el perímetro de sus propiedades”, por la extensión de las mismas, “el fenómeno los desborda”. 

En los ochenta, esta zona fue utilizada como campamento para refugiados del conflicto armado que durante más de 30 años desangró al pueblo guatemalteco comenta Herbert Castellanos, funcionario del Museo del Jade en la capital chiapaneca y experto en historia de la región. 

En aquella época, cuando no existían vías de comunicación, la familia Sánchez Martínez proporcionó ayuda y asilo en sus tierras a centenares de guatemaltecos, e inclusive ofreció respaldo a la Secretaría de Gobernación –la cual construyó una pista de aterrizaje para trasladar víveres– y a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, instituciones que, en esos terrenos, establecieron un campamento junto con representantes de la ONU para brindar apoyo a quienes huían de la violencia transfronteriza.  

En la actualidad, por estos caminos operan grupos armados del crimen organizado –como Los Zetas– con una capacidad de fuego que ha puesto en jaque en varias ocasiones a las fuerzas del orden del vecino país, dice el teniente Padilla, un oficial del Ejército a cargo de uno de los tres puestos de control carretero que tropas del XV Regimiento de Caballería Motorizada tienen establecidos a lo largo de la vía que viene de Comitán hacia esta zona de la frontera. 

 

Un sueño

 

Antonio Sánchez Meraz era un michoacano que emigró a Petatlán, en la Costa Grande de Guerrero, donde un día soñó con una espesa selva donde podría levantar un rancho que diera sustento a sus 14 hijos. 

Durante un viaje a Veracruz, un amigo suyo escuchó el sueño que tuvo Antonio y entonces le recomendó mirar hacia Chiapas, donde el gobierno del entonces presidente Luis Echeverría (1970-1976) tenía el proyecto de poblar una amplia extensión de selva que hacía frontera con Guatemala. 

Eran tierras “ociosas” que, por cuestiones de “seguridad nacional”, al gobierno federal le urgía fueran ocupadas. Así fue como la familia Sánchez Martínez arribó a Chiapas, refirió Daniel Sánchez, el mayor de los hermanos, quien contó este episodio meses atrás a un par de reporteros. 

El mayor de los hermanos de Greg, conocido por ser el vocalista y líder de una banda de música grupera denominada Los Leopardos, explicó que su padre comenzó a dedicarse a la explotación de la madera, lo cual ayudó para que sus hijos estudiaran en Comitán.  

Luego de que don Antonio falleció, fue Daniel quien se hizo cargo de esta y otras propiedades de la familia en Chiapas. 

“Es él quien está más al tanto del rancho, es quien se da sus vueltas, aunque hace varias semanas que no viene”, comenta Nicolás González, un tabasqueño robusto de bigote poblado que se presenta como el encargado del rancho Puerto Rico. 

Por estas tierras que bordean la carretera y que son atravesadas por un afluente del vecino río Santo Domingo, cuyo caudal se origina en Guatemala, Nico dice ser el responsable de pastorear el ganado y estar al tanto de las siembras de palma, mango, limón y piña que, por órdenes de la familia Sánchez Martínez, cultiva en una extensión de 50 hectáreas. 

Luce un sombrero vaquero que se acomoda cuando observa el horizonte desde el conjunto de cuatro casas de madera que forman el área central de la propiedad, y con una mano señala los pequeños cerros donde, a escasos 800 metros, comienza el territorio guatemalteco. 

Dice que por las noches nunca sale porque los soldados que patrullan la zona le han advertido que es peligrosa. La seguridad en los poblados vecinos, como Nuevo Huixtán y Chajul, está a cargo de la  policía municipal, la cual fue alertada el pasado mes de marzo porque del lado de Guatemala se reportó un enfrentamiento entre narcotraficantes que dejó por lo menos 11 muertos. 

Algunos de los que pudieron sobrevivir escaparon hacia territorio mexicano por terrenos de los ranchos asentados en la línea divisoria, recuerda Faustino López, miembro del comisario ejidal de Chajul. 

El choque ocurrió durante unas carreras de caballos en una pista localizada por tierra a menos de una hora, en un poblado llamado Agua Zarca, dentro de territorio guatemalteco. 

Faustino López, campesino de origen tzeltal, rememora que horas después de la masacre circuló la versión de que había varios ganaderos mexicanos coludidos con el narcotráfico presentes en ese evento, donde inclusive se dijo que habían participado caballos de la familia Sánchez Martínez, aunque ninguna autoridad mexicana lo confirmó.  

 

Relaciones cuestionadas

 

El hecho es que, desde hace varios años, no han dejado de circular versiones sobre presuntos vínculos de integrantes de la familia Sánchez Martínez con el crimen organizado, además de que el menor de los hermanos de Greg, Feliciano, se encuentra preso en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México acusado de secuestro.  

Fue justamente Feliciano Sánchez Martínez quien, en una entrevista periodística concedida en prisión a la revista Luces del Siglo, reconoció que un ganadero y empresario de transportes que presuntamente vendía órganos humanos y tenía nexos con el narcotráfico, Roberto Mazariego Figueroa, había sido amigo y vecino de la familia. 

Detenido en 2002 tras un accidente de tránsito en el que se manejó la versión de que transportaba en hieleras órganos humanos para su venta, Roberto Mazariego fue encarcelado durante cinco años por los delitos de tráfico de indocumentados y operaciones con recursos de procedencia ilícita (averiguación 179/2002 iniciada por la Subprocuraduría de Investigación en Delincuencia Organizada de la PGR).

Un poco después de su liberación, Roberto Mazariego, alias Chucho Blanco, se concentró en servir de “padrino financiero” de la campaña del entonces candidato del PRD a la alcaldía de Benito Juárez, Greg Sánchez Martínez, pues ambos eran amigos desde la juventud.          

Esta información fue publicada por la revista quintanarroense Luces del Siglo, que también se refirió a los presuntos negocios que ambos mantenían desde la época en que Greg se desempeñaba como funcionario de Migración en esta zona fronteriza de Chiapas. 

Dice la publicación que desde entonces, años antes de emigrar a Cancún, Greg estaba presumiblemente al tanto de las actividades de tráfico de ilegales de su amigo. 

Cuando Chucho Blanco fue encontrado muerto a las afueras de Comitán, en enero de 2010, su cuerpo estaba cercenado envuelto en una sábana con un mensaje al lado que textualmente decía: 

“Tenía tiempo que esperaba este momento mexicano hijo de la gran puta. Parece que ya se les había olvidado que ustedes mataron a mi hijo serote (sic). Por lo pronto se te llegó tu día. POR VENDER ORGANOS DE MENORES DE EDAD.” 

Tras la muerte de Roberto Mazariego, las autoridades explicaron que semanas antes había sido secuestrado por Los Zetas, quienes pedían 3 millones de dólares por dejarlo en libertad, en medio de una disputa relacionada con el narcotráfico, pues se aseguraba que en terrenos de su propiedad aterrizaban avionetas con droga. 

 

La explotación

 

La última vez que Greg pasó por el rancho Puerto Rico fue en agosto pasado, cuando pernoctó camino a Guatemala para acudir al evento donde el gobierno guatemalteco entregaría un reconocimiento póstumo a su padre Antonio por la labor que desarrolló en favor de los refugiados en los años de la guerra civil. 

Al respecto, Joel Pérez, miembro de la Junta Ejidal de Maravilla Tenejapa –comunidad próxima al rancho Puerto Rico–, manifestó al reportero que el gobierno guatemalteco pasó por alto el hecho de que muchos de los refugiados que se quedaron a radicar del lado mexicano eran explotados por la familia Sánchez Martínez y por otras, que los trataban como esclavos en sus tierras, les pagaban cantidades mínimas o de plano no les cubrían su jornal.  

Este indígena recuerda que hace varios años, en los momentos previos al alzamiento zapatista, era común que los terratenientes de la zona “esclavizaran indígenas”, algunos de ellos atemorizados por su condición de “ilegales” en territorio mexicano. Pero el alzamiento zapatista, afirma, sacó a relucir esa situación. 

Sin embargo, ahora las comunidades padecen otro flagelo, mucho más peligroso, que es la violencia del crimen organizado que utiliza esta zona fronteriza como área estratégica para sus operaciones. 

E inclusive familiares de Greg se niegan a hablar al respecto. Así,  cuando este reportero buscó a Daniel Sánchez Martínez, vocalista y líder de Los Leopardos, telefónicamente aceptó ser entrevistado y pidió que se le buscara más tarde.

Pero horas después había apagado su celular y así lo mantuvo varios días. Cuando se le volvió a contactar, argumentó que no tenía tiempo porque andaba “arreglando problemas en el tribunal agrario”…