Un nuevo coleccionismo del arte mexicano

Reglamentar

El fallo a favor de Andrés Blaisten y otros coleccionistas de arte mexicano que se ampararon contra la Declaratoria de toda la obra pictórica de María Izquierdo como Monumento Artístico (Proceso 1750), genera una coyuntura muy positiva para reestructurar la relación que existe en México entre la administración gubernamental, las políticas culturales y el mercado del arte moderno y contemporáneo.

Esenciales y de gran utilidad en el devenir del sistema artístico, los coleccionistas tienen la capacidad de impactar en el bienestar económico de los creadores; en la recuperación, conservación y difusión del patrimonio; en la construcción del valor legitimatorio y comercial del arte; y en la definición de la imagen-marca de una ciudad o país.

En la escena internacional del arte contemporáneo, algunos coleccionistas han sido capaces de detonar la construcción de herencias culturales de gran influencia. Entre ellos, el publicista Charles Saatchi, quien, a principios de la década de los años noventa, al apoyar el posicionamiento de los lenguajes postconceptuales del grupo que ahora se conoce como los Jóvenes Artistas Británicos –Young British Artists (YBAs), entre los que se cuenta a Damien Hirst–, logró no sólo definir las tendencias creativas y comerciales del mainstream, sino también convertir a Londres en uno de los principales centros de la cartografía artística actual.

A pesar de la importancia que tienen los coleccionistas en la cadena de valor del sistema artístico, en México no existe una estructura legal que fomente su actividad y regule su cooperación con la administración gubernamental. Dividido en dos modelos por el impacto de la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, el coleccionismo del arte moderno se mantiene entre desprecios institucionales y obligaciones legales, mientras el coleccionismo del arte contemporáneo goza tanto de la admiración social como del apoyo museístico gubernamental. Diferencia lamentable, sobre todo porque mientras el primero ha optado por el riesgo del hallazgo y se ha especializado en el arte mexicano, el segundo se caracteriza por la acumulación de firmas internacionales de cotización segura.

En este contexto, el amparo que ganó uno de los principales coleccionistas de arte moderno mexicano, rescatador de autores como Alfonso Michel y María Izquierdo, y divulgador de la creación nacional a través de préstamos internacionales y del emplazamiento permanente de su acervo en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, genera un ambiente propicio para reestructurar y ordenar la relación que existe entre el coleccionismo y las políticas culturales.

Solucionar la reglamentación inconstitucional de la propiedad privada, diseñar una legislación acorde con la circulación que exige el sistema artístico global, normar las colaboraciones entre coleccionistas y museos, y fomentar la transparencia del coleccionismo mexicano son algunos aspectos que deben definirlo en el terreno artístico de hoy.  l