Actor global

Luis Inácio Lula da Silva

Durante la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil se ha posicionado como potencia emergente y busca influir en la arena internacional. Prueba de ello es el acuerdo nuclear firmado entre Irán, Brasil y Turquía que podría destrabar el estancamiento de las negociaciones con Washington y Bruselas, que amenazan con endurecer las sanciones contra el gobierno de los ayatolas. En plena era de globalización, Lula se encuentra en su elemento: diplomacia, negociaciones, acuerdos, convenios…

SAO PAULO.- Gracias a su activismo como mediador en conflictos internacionales, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se ha ganado un amplio prestigio dentro y fuera de su país, e incluso la posibilidad de obtener el Premio Nobel de la Paz.

Este antiguo trabajador metalúrgico es ahora un líder de amplio espectro ideológico que ha logrado posesionar a Brasil, la principal economía latinoamericana, como jugador en las grandes ligas de las discusiones mundiales. Promueve el debate Sur-Sur, el fortalecimiento de América Latina y África y el ingreso de las grandes economías emergentes a los centros donde se toman las decisiones.

El mandatario cuenta con una estrategia para que las empresas brasileñas se conviertan en trasnacionales, pues de esta manera el país tendría la suficiente fuerza política y económica para cumplir un viejo anhelo: la obtención de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

En su gira iniciada el sábado 15, Lula actuó como mediador –junto con Turquía– para destrabar el problema creado por el programa nuclear de Irán, que mantiene la tensión entre este país, Estados Unidos, la Unión Europea y la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

Su desempeño en estas lides ha sido tan bueno que el 2 de abril de 2009 durante la cumbre del G-20, el presidente Barack Obama dijo del mandatario carioca: “Este es el hombre, lo adoro”.

Ese comentario cayó como bomba entre la oposición brasileña, pero la tendencia era ya imparable. Lula fue elegido Líder del Año 2009 por los diarios Le Monde, de Francia, y El País, de España. La revista Time lo ubicó entre los 15 políticos más influyentes del mundo, y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU le otorgó el premio Campeón Mundial contra el Hambre.

De manera paralela a su actuación internacional, Lula juega sus cartas en Latinoamérica. La oposición de Brasil lo fustigó por sus declaraciones sobre la muerte de Orlando Zapata, ocurrida el 24 de febrero último tras una huelga de hambre. El mandatario se encontraba en La Habana y coincidió con el presidente Raúl Castro, quien dijo que Zapata era un delincuente común y no un preso de conciencia. Lula abonó el escándalo cuando comparó a Zapata con los delincuentes comunes de Sao Paulo.

En el ámbito centroamericano, el presidente brasileño continúa sin reconocer al gobierno de Honduras encabezado por Porfirio Lobo hasta que declare una amnistía para el exiliado presidente derrocado Manuel Zelaya, que ocupó la embajada brasileña en Tegucigalpa tras haber sido destituido por un golpe de Estado el 28 de junio de 2009. Y el tema puso en jaque también la realización de la cumbre América Latina-Unión Europea realizada en Madrid, dado que España invitó a Lobo.

“Si va Honduras, 10 países de la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur) no iremos”, dijo el asesor especial en asuntos internacionales de Lula, Marco Aurelio García, uno de los principales dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT). Finalmente, prevaleció la exigencia sudamericana.

 

Un Nobel para Lula

 

La mediación que Lula ha realizado ante Irán, junto con el primer ministro turco, Tayipp Recep Erdogan, ubican al brasileño entre los candidatos al Premio Nobel de la Paz, comenta a Proceso Cristina Pecequilo, experta en geopolítica de la Universidad Paulista (Unip) y del Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS). 

“Si este acuerdo nuclear con Irán avanza, Lula y Erdogan serían candidatos al Nobel, teniendo en cuenta que se lo dieron a Obama el año pasado sin una sustancia objetiva”, asegura Pecequilo.

Para Brasil, un Premio Nobel repercutiría tanto como un mundial de futbol: ha ganado cinco copas pero no cuenta con ningún galardón otorgado por la academia sueca.

En noviembre pasado Lula estuvo bajo los reflectores, pues en sólo una semana recibió en Brasilia al presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, al palestino, Mahmoud Abbas, y al israelí, Shimon Peres.

El viaje que en marzo pasado realizó Lula a Medio Oriente inauguró su nueva función ante esa región. “Brasil quiere ser un interlocutor novedoso, porque siempre intermedian los mismos, Estados Unidos y la Unión Europea y vamos de fracaso en fracaso”, dijo Lula, quien asistió en Ramallah a la apertura de la calle Brasil por parte de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). 

Aunque el presidente de Brasil acudió al Museo del Holocausto, el canciller israelí, Avigdor Lieberman, de la extrema derecha, se ofendió porque el sudamericano se negó a visitar el túmulo del fundador del sionismo, Theodor Herzl. 

Incluso el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, le pidió a Lula que intercediera ante Siria en las negociaciones por los territorios de las Alturas del Golán reclamados por los sirios. Fue así que el canciller Celso Amorim se encontró con el presidente sirio, Bashar Al Assad, en Damasco, y le llevó el mensaje israelí.

“La mayoría de los especialistas considera que Brasil se expone innecesariamente en un área que no es de nuestra competencia natural. Sin embargo, la política externa de Lula ha ganado en importancia. Diría que esta exposición es natural. Y hasta habló de la cuestión nuclear en Israel. Lula abogó por el desarrollo pacífico de la industria nuclear en Israel, sabiendo que defendía lo mismo para Irán, el enemigo más fuerte de los israelíes”, comenta a Proceso el experto en relaciones internacionales Pio Penna Filho, profesor de la Universidad Nacional de Brasilia (UNB) y de la Universidad de Sao Paulo (USP). 

La política exterior brasileña, agrega, además de reflotar el concepto del eje Sur-Sur, mantiene los mismos conceptos de la escuela del Palacio de Itamaraty: nunca cerrar las puertas. “Irán reconoce a Brasil con capacidad de negociación, Siria también. Brasil defiende el diálogo con todos y nunca cerró las puertas. Incluso con la Sudáfrica del apartheid, Brasil nunca cerró del todo la posibilidad de una interlocución con los actores mundiales”, explica.

Lo que la diplomacia brasileña esperaba finalmente ocurrió: el sábado 15 de mayo Lula viajó a Teherán, en la primera visita de un mandatario brasileño a ese país. El principal objetivo era llegar a un acuerdo con Ahmadinejad para destrabar el impasse con el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Estados Unidos impulsa sanciones porque sostiene que Teherán proyecta construir la bomba atómica y oculta información a la Agencia Nacional de Energía Atómica (AIEA). Fue el viaje más observado por la comunidad internacional.

 

Dudas

 

El canciller Amorim reveló que en la semana previa a su viaje a Teherán, Lula recibió una carta de Obama con la posición de Estados Unidos, y antes de tocar suelo iraní Lula recibió una llamada telefónica de Nicolas Sarkozy.

A la visita oficial brasileña se sumó el tercer actor en el acuerdo con los iraníes: el primer ministro turco Erdogan. Luego de 18 horas de negociaciones, la noche del domingo 16 se dio un acuerdo entre Brasil, Irán y Turquía. En éste, los iraníes se comprometieron por escrito a enriquecer hasta 20% de mil 200 kilogramos de uranio en un tercer país; en este caso, Turquía. El enriquecimiento a un 20% asegura el uso civil de la energía nuclear; con 80%, alcanza el nivel requerido para la bomba atómica.

 “Fue un triunfo de la diplomacia. Con diálogo, la diplomacia y la paz salen vencedoras.”, afirmó Lula.

Inmediatamente en el frente interno repercutió el acuerdo nuclear. “Lula anotó un gol en Medio Oriente. Además de haber logrado goles en África y en América Latina”, dijo la candidata presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, quien pasó a liderar las encuestas esta semana por sobre el opositor José Serra, de cara a los comicios del 3 de octubre. 

“Hay que esperar para ver si Lula no estaba en posición adelantada”, planteó el expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), del Partido de la Social Democracia Brasileña, de Serra.

Pese a que en el nuevo acuerdo Brasil y Turquía defienden el derecho de Irán a desarrollar sin discriminación su programa atómico con base en el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Rusia sospechan que la bomba iraní está en camino. Justifican sus reservas en el hecho de que el régimen de los ayatolas surgido de la Revolución Islámica de 1979 mantiene entre sus políticas la destrucción del Estado de Israel.

“Brasil adoptó posiciones independientes contra la política de la arrogancia de Estados Unidos”, dijo el máximo líder iraní, el ayatola Alí Jamenei. Turquía y Brasil ocupan asientos no permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Estados Unidos debe contar con nueve votos para imponer sanciones a Teherán.

Irán tiene siete días para comunicar por escrito a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) que está dispuesto a enviar al exterior su uranio para tenerlo de vuelta enriquecido en un año. También debe aceptar que este proceso será monitoreado por observadores de la AIEA y de su propio gobierno.

“Los iraníes percibieron que no estamos para satanizarlos”, afirmó el asesor especial en política exterior del presidente Lula, Marco Aurelio García, uno de los impulsores de la política brasileña Sur-Sur.

“Todavía somos escépticos porque el dicho de Irán dista del hecho; sin embargo, reconocemos los esfuerzos realizados por Turquía y Brasil”, dijo el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs. 

El canciller francés, Bernard Koucher, quien mencionó “cierta ingenuidad brasileña”, elogió el movimiento diplomático y el presidente ruso consideró que el acuerdo era “una victoria personal” de Lula. China respaldó el convenio y se mantiene opuesta a las sanciones, dijo el portavoz de la cancillería de Beijin, Ma Zhaoxu.

 El acuerdo turco-brasileño-iraní reflotó el clima de negociación entre Irán y el grupo 5+1 (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, más Alemania), que había fracasado.

La experta en geopolítica Pecequilo asegura que Lula tiene todo para ganar porque “el viaje fue un éxito y pese a que falta mucho para consolidar un acuerdo nuclear, el gran mérito fue colocar a Brasil en una mesa de discusión a la que antes no asistía”.

“Brasil –puntualiza Pacequilo– es visto como un broker honesto, pero nadie es ingenuo en este proceso. Esa decisión contra las sanciones se debe en gran medida a China, que no está dispuesta a renunciar a su comercio con Irán por algún nuevo embargo financiero. Y también con las disputas internas entre la Casa Blanca y los sectores más conservadores del Departamento de Estado.”