Contra todos los pronósticos, Antanas Mockus se posiciona como el principal candidato para la presidencia de Colombia en las elecciones del próximo domingo 30. Este profesor de filosofía de origen lituano que padece mal de Parkinson estuvo a punto de hacerse sacerdote y se casó en un circo a lomos de un elefante, encontró la veta que le permite cosechar votos: la bandera de la honestidad en el quehacer público. No es para menos: después de ocho años de gobierno de Álvaro Uribe, los colombianos están cansados de las corruptelas que marcaron esa administración.
BOGOTÁ.- Poco después del mediodía del martes 18 las principales cadenas de radio de Colombia empezaron a transmitir dos nuevos mensajes grabados por el candidato presidencial del Partido Verde, Antanas Mockus Sivickas.
El primero, de 10 segundos, dice: “Ciudadano: le garantizo que si gano, el próximo gobierno será meritocrático. Nada funcionará con palancas, sólo por méritos”.
El segundo dura el doble y plantea: “La presencia de soldados y policías en los campos es necesaria, pero necesitamos jueces y fiscales en cada municipio”.
El tono de los spots radiofónicos con la voz de Mockus, muestra en toda su dimensión la originalidad con que este filósofo y matemático de 58 años de origen lituano le ha dado un giro radical y le ha agregado una alta dosis de expectativa a la campaña presidencial colombiana que el próximo domingo 30 elegirá al relevo de Álvaro Uribe Vélez, quien gobierna el país desde agosto de 2002.
Expertos en campañas políticas, así como ciudadanos consultados por periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión, coinciden en que los 17 millones de electores colombianos habilitados para votar están cansados de los graves hechos de corrupción que ocurrieron a lo largo de casi ocho años del gobierno de Uribe.
Y la lista de las corruptelas es larga y destacan:
La llamada “parapolítica”; es decir, la relación ilegal entre políticos y paramilitares, por la que están en la cárcel un centenar de legisladores.
La “yidispolítica”, como se le conoce a la entrega de dádivas a congresistas para que, de última hora, votaran en 2005 a favor de la primera reelección de Uribe, hecho que hoy tiene a dos de ellos en la cárcel y a un exministro sometido a juicio.
Las “chuzadas” del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS); esto es, las intervenciones telefónicas y el seguimiento ilegal que realizó este organismo en contra de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, de periodistas y de opositores al gobierno. Como consecuencia de estos ilícitos se encuentran sometidos a juicio penal cuatro exdirectores del DAS, mientras que otros importantes funcionarios del gobierno están en la mira de la justicia.
Los “falsos positivos”; es decir, la ejecución de más de mil 200 presuntos guerrilleros muertos en combate con las fuerzas de seguridad, provocaron que la justicia emitiera órdenes de captura contra 800 miembros del ejército y la policía.
A esto se suman el aumento de la delincuencia común, el acecho de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el creciente desempleo, la deficiente red vial nacional y los problemas diplomáticos con Ecuador y Venezuela.
Esta situación contribuyó a disparar la campaña presidencial de Mockus, quien adelanta que en el futuro la política colombiana será guiada de manera ética. Entre sus asesores destaca un numeroso grupo de mujeres que han trabajado con él en los últimos 15 años. Acuñaron frases que pronunciadas por Mockus se convierten en lemas para atraer a los votantes, la mayoría jóvenes de clases media y alta de las principales ciudades del país:
“Debemos construir el respeto por la ley”; “La ley es para cumplirla”; “Rebelarnos contra el todo vale”; “Los recursos públicos son sagrados”; “Con educación se puede todo”; “La plata pública es difícil de conseguir, cuidémosla”, y “Hagamos un gobierno que cuide los recursos públicos”.
Lemas como éstos resumen buena parte de la filosofía de Mockus; son pronunciados en forma insistente por él en todos los escenarios de campaña. Y los repitió de nuevo en un debate realizado en la noche del martes 18 por el canal de televisión Caracol, en el que también participaron los candidatos Juan Manuel Santos, Noemí Sanín, Gustavo Petro, Germán Vargas Lleras y Rafael Pardo, aspirantes a la primera magistratura de Colombia.
“El Profe”
El candidato del Partido Verde ha dado muestras públicas de que su intención de cuidar las arcas públicas va en serio. A finales de abril dijo que su movimiento sólo aceptaría 4 mil millones de pesos (2 millones de dólares) y devolvería otros 3 mil millones que según la ley electoral le corresponden para sufragar los gastos de su campaña.
Asimismo, en reiterados discursos ha dicho a sus simpatizantes que si el domingo 30 gana en la primera vuelta presidencial con una mayoría superior al 50% de los votos, el país ahorraría los recursos que invertiría en la segunda vuelta y con ello podría construir por lo menos 20 escuelas bien equipadas.
El contenido de estos mensajes caló en el electorado, a tal punto que en pocas semanas, y contra todos los pronósticos, Mockus dio un vuelco a las encuestas, que al comienzo de su candidatura no le favorecían. La aspiración de El Profe, como le dicen sus simpatizantes, despegó a mediados de marzo último, cuando venció en la consulta interna del Partido Verde a los exalcaldes Luis Eduardo Garzón y Enrique Peñalosa, quienes le dieron vía libre a su candidatura presidencial y desde entonces no se separan de él.
Una vez consolidada su candidatura, el pasado 8 de abril, Mockus empezó a ser medido electoralmente. Ese día, el Centro Nacional de Consultoría (CNC), una de las principales encuestadoras de Colombia, realizó un primer sondeo en 32 ciudades, en el que el filósofo y matemático apareció con 22% de intención de voto, muy por debajo del 37% del exministro de Defensa, Juan Manuel Santos, candidato del partido de la U y reconocido heredero del presidente Uribe.
Pero una semana después, el discurso de Mockus empezó a surtir efecto y su candidatura subió a 29% de intención de voto, al tiempo que Santos bajó a 36%. Esta segunda encuesta mostró que a los simpatizantes de Mockus no les importa lo que su candidato anunció el pasado 9 de abril: que padece la primera fase del mal de Parkinson, enfermedad degenerativa que afecta las neuronas de una parte del cerebro.
“Mis médicos están tranquilos –declaró Mockus a través de tres cadenas radiofónicas–. Les he preguntado si esto puede ser impedimento para desempeñar mis acciones como presidente y me han dicho: ‘siga, que usted está bien’. El neurólogo me ha comentado que tengo por delante 12 años de buena salud, durante los cuales puedo desempeñar cualquier tarea intelectual. Entiendo la preocupación ciudadana, que espero no me crucifique por tener una enfermedad que me afecta en lo físico, no en lo mental”.
El ascenso vertiginoso de la llamada “Ola Verde”, que los principales columnistas no dudaron en bautizar como “el fenómeno Mockus”, se consolidó aún más el 6 de mayo, cuando el CNC dio a conocer una nueva encuesta en la que el candidato del Partido Verde ascendió al primer lugar. Allí obtuvo 38% de la intención de voto, al tiempo que Santos alcanzó 34%. El mismo sondeo también preguntó por la eventual votación en segunda vuelta, en la que Mockus alcanzó 50% de los sufragios frente a 43% de Santos.
Traspiés
No obstante, en la campaña de Mockus no todo ha sido color de rosa. Este hombre menudo, de barba y sin bigote, que saluda juntando las manos en señal de oración, que habla continuamente de la necesidad de pagar las culpas, que estuvo a punto de hacerse sacerdote, que responde con transparencia a todo tipo de pregunta, ha caído en varias celadas que le han tendido sus detractores, tanto en algunos medios de comunicación como en la campaña de su principal opositor, Juan Manuel Santos.
Y le han costado en términos de opinión porque ha quedado la sensación de que en algunos temas Mockus es ingenuo políticamente y en otros queda la duda de si conoce a fondo la Constitución y las leyes, pese a que ya en dos ocasiones fue alcalde de Bogotá y en otras dos fue candidato presidencial.
Así ocurrió cuando el periodista Rafael Guarín, de una emisora regional, le preguntó si extraditaría a Álvaro Uribe en caso de que, en su calidad de exjefe del Estado, fuera condenado por la justicia de otra nación. El comunicador se refería al proceso judicial que se realiza en Ecuador contra varios destacados funcionarios colombianos, entre ellos Santos y varios oficiales de las Fuerzas Armadas, por la operación militar que en marzo de 2008 terminó con la muerte de Raúl Reyes, el número dos de las FARC, y de otras 25 personas en un campamento guerrillero en territorio ecuatoriano.
Mockus titubeó y luego dio a entender que cumpliría con la Constitución y eventualmente extraditaría al exmandatario, pero que preferiría no hacerlo. Luego entendió la gravedad de su argumento, dio un paso atrás y reconoció que no conocía bien el trámite de las extradiciones y mucho menos si él como jefe del Estado es quien tiene la última palabra para el envío de un nacional al extranjero.
La pregunta relacionada con la extradición de un expresidente se ha vuelto importante en los debates electorales colombianos, porque una respuesta al respecto en la campaña de 1998 determinó en buena medida el triunfo de Andrés Pastrana sobre Horacio Serpa.
En aquella oportunidad, durante un debate, le preguntaron a Serpa si extraditaría al entonces mandatario Ernesto Samper. Serpa dijo que lo haría para cumplir la ley. En cambio, Pastrana, el más fuerte opositor de Samper, acusado por haber recibido dinero del cártel de Cali para financiar su campaña en 1994, respondió de manera radical que no lo extraditaría. Esa respuesta, dada una semana antes de las elecciones, prácticamente definió su triunfo.
Mockus fue blanco de críticas en varios medios de comunicación, y por primera vez el candidato verde se vio contra las cuerdas para explicar que no había querido decir lo que dijo.
Pero no fue la única vez.
En una nueva entrevista, realizada el viernes 7 en el programa de televisión Yo, José Gabriel, Mockus entró en una nueva polémica al responder una pregunta sobre si creía en Dios. El candidato no dijo que no creía, pero precisó que era agnóstico. Esa frase fue aprovechada en los siguientes días por las otras campañas para vender la idea de que Mockus, el potencial presidente de Colombia, es ateo, algo difícil de entender en un país mayoritariamente católico.
De nuevo, el candidato utilizó otros foros y en entrevistas con medios de comunicación aclaró que sí es creyente, aunque asuma la religión de otra manera. Fue tal el enredo que hasta el arzobispo de Bogotá, el cardenal Pedro Rubiano, le lanzó un salvavidas y dijo públicamente que le constaba que Mockus es católico.
También fue objeto de críticas una mañana en la que, durante una entrevista radial, confesó que en más de una ocasión ha deseado a la mujer de su prójimo.
Con estos patinazos en un país donde la política es definida como el arte de mentir, no han sido pocos los columnistas de renombre que advierten que la eventual elección de Mockus como presidente significaría para el país un salto al vacío. Uno de ellos, el más férreo crítico de un eventual gobierno de Mockus, el renombrado escritor Plinio Apuleyo Mendoza, escribió la columna Bobitos si no, en el diario El Tiempo, en la que, entre otras cosas, planteó: “Los jóvenes electores deberían saber que las simples propuestas de pedagogo no bastan para manejar un país. Por ejemplo, los problemas de una justicia infiltrada no se resuelven con la seráfica recomendación de Mockus de ‘acatar a los jueces’. ¿Qué sabe él de la guerra jurídica, de los problemas de seguridad, del déficit fiscal, del desempleo, de la deficiente infraestructura vial y de las amenazas que nos provienen del entorno regional? Es un misterio”.
Ante la creciente andanada en su contra, Mockus ha tranquilizado a la opinión pública con un discurso que incluye mano dura contra las FARC, continuidad en las políticas de seguridad aplicadas por Uribe y confianza en las actuales directrices económicas. Pero también ha insistido en introducir profundos cambios en el esquema de enseñanza educativa y en la apropiación de recursos excepcionales para mejorar las condiciones sociales.
Para convencer a sus seguidores de que la educación es su prioridad, Mockus llega siempre a las concentraciones públicas con un enorme lápiz amarillo en sus manos.
Por lo pronto, el candidato verde se esfuerza en demostrar que el suyo es un gobierno posible. Por eso ahora prefiere no hacer referencia a los episodios del pasado que lo erigieron como un político diferente, pero que hoy pueden obstaculizarle su aspiración. Para él quedó en el pasado haberse quitado los pantalones delante de decenas de estudiantes de la Universidad Nacional en 1993, haberse casado por lo civil sobre el lomo de un elefante en un circo, rodeado de payasos y acróbatas; haberle lanzado agua a la cara a Horacio Serpa en el debate presidencial de 1998, o haberse metido con ropa a una fuente de agua limpia para pedir perdón a sus electores debido a que renunció a la alcaldía de Bogotá en 2000 para aspirar a la presidencia del país.
Mockus sabe que la opción de ser presidente es real y que tal vez esta sea la última ocasión que la tiene tan al alcance de la mano. l








