Después del asesinato de Colin Smith, El Rey de la Cocaína, una nueva camada de narcotraficantes de Gran Bretaña –más audaces, más violentos– controla la ruta de drogas hacia Europa, que utiliza Liverpool como puerto de entrada. Sus principales socios son Los Zetas y el cártel de Sinaloa, que optaron por la vía inglesa después de que las autoridades europeas reforzaron la vigilancia en la tradicional ruta de África y España. Así lo sostiene el periódico inglés The Observer en un reportaje que publicó el domingo 16 y que, con su autorización, Proceso reproduce.
LIVERPOOL.- Muy poco en la avenida Alderwood sugiere que una nueva batalla por el control del tráfico de cocaína en Europa se inició en este sombrío rincón del difícil suburbio de Speke. Entre las ventanas tapiadas y las cortinas metálicas de las tiendas, sólo el más inquisitivo de los visitantes se detendría frente al poco llamativo gimnasio donde antes se reunían los capos de la mafia local.
Fue aquí, justo después de las ocho de la noche del 13 de noviembre de 2007, cuando uno de esos padrinos, Colin Smith, salió por la puerta y fue ejecutado con tiros de escopeta. Smith, un cuarentón de incipiente calvicie, que manejaba un Ford Galaxy y vestía descoloridas camisas Lacoste, no era un residente ordinario de Speke. Se le conocía como El Rey de la Cocaína, el segundo narcotraficante más importante que ha producido Gran Bretaña, aliado de Curtis Warren, el único traficante de drogas que ha aparecido en la “Lista de ricos” del Sunday Times y que actualmente se encuentra tras las rejas en Jersey.
Smith amasó una fortuna personal de por lo menos 200 millones de libras esterlinas durante el tiempo en que coordinó la distribución de cocaína por toda Europa, para lo cual se valía de contactos directos con los cárteles sudamericanos. Su asesinato generó ondas expansivas en las redes internacionales del tráfico de cocaína, cuyos efectos aún continúan desestabilizando el comercio global de narcóticos.
Nadie ha sido acusado todavía de la ejecución de Smith, pero detalles de la investigación en curso revelan una historia de traiciones y venganzas dentro del hampa y una mortal lucha por el poder que abarca tres continentes.
Fuentes de la policía y del bajo mundo coinciden en que, durante los meses previos a su asesinato, Smith se había involucrado en una “irrespetuosa” disputa con prominentes miembros de la comunidad del boxeo.
Habitualmente, cuando las cosas “se ponían calientes”, Smith buscaba refugio en el gimnasio de la avenida Alderwood. No era un gimnasio ordinario. La policía cree que en esa época era el cuartel general de la mafia de Liverpool, el centro de operaciones del mayor circuito de tráfico de cocaína en Gran Bretaña. Su ubicación en las sombrías calles del barrio de Speke tampoco era una coincidencia. El aeropuerto John Lennon se encuentra a cinco minutos a pie. Los operarios de Smith constantemente estaban a bordo de aviones ejecutivos que pasaban volando por encima, con estruendo, para llevar órdenes por todo el continente sin utilizar jamás el teléfono. “Se le llama chamba fácil”, dijo un miembro de la mafia.
Según una fuente policial, “el gimnasio era su centro clandestino de reunión, controlado por su seguridad. Cumplía la misma función que la sala de juntas de una compañía multinacional, con Smith como jefe ejecutivo”.
Cuando aquella noche de noviembre Smith llegó a la casa de seguridad, no tenía la menor idea de que socios cercanos suyos, incluyendo a una figura del hampa conocida únicamente como El Ave de Presa, acababan de decidir que su liderazgo había llegado a su fin. De acuerdo con la policía, su asesinato fue “un relevo hostil”.
Las consecuencias de este relevo preocupan a la policía y a las agencias antidrogas, pues una nueva generación de mafiosos de Liverpool –despiadada, descarada y violenta– visualizó una oportunidad de negocios en México.
Durante los últimos 12 meses, los brutales y macabros métodos de los cárteles mexicanos de la droga han ocupado continuamente los titulares. En localidades como Ciudad Juárez, inclusive la llegada del Ejército ha sido incapaz de frenar la expansión de grupos como el cártel de Sinaloa o Los Zetas, que ahora han alcanzado una oscura hegemonía sobre el comercio ilegal de drogas en América Latina.
Según Neil Giles, subdirector de la Agencia contra el Crimen Organizado del Reino Unido (SOCA, por sus siglas en inglés), “los mexicanos son actualmente tan violentos, infunden tanto miedo, que los colombianos se encuentran literalmente sometidos. Tienen que continuar surtiendo a los mexicanos en la forma que sea”. Pero los cárteles parecen estar buscando nuevas rutas.
Agentes antinarcóticos mexicanos dicen que las recientes ofensivas del Ejército para frenar el flujo de cocaína hacia Estados Unidos han impulsado al cártel de Sinaloa y a Los Zetas a buscar nuevos mercados; de ahí que en Europa haya individuos afines dispuestos a apoyar una expansión global. De acuerdo con informes de las policías de ambos lados del Atlántico, Liverpool puede ser el objetivo número uno. El enorme volumen de contenedores que hace de Mersey uno de los puntos de tránsito más concurridos del mundo es un regalo para una sofisticada organización de tráfico de drogas.
“Los mexicanos están haciendo un cambio en sus operaciones. Los cárteles están empezando ahora a orientar el tráfico fundamentalmente hacia el Reino Unido, pero también hacia España. La cocaína está en contenedores y el principal puerto de entrada es Liverpool”, dijo un oficial mexicano.
La policía cree que el diálogo con los asesinos de Smith ya se ha iniciado. Los mafiosos de Liverpool, incluyendo al Ave de Presa y uno de sus cómplices, James Taylor, conocido como El Panqué, “sin duda están hablando” con el cártel de Sinaloa, lo mismo que con Los Zetas, calificados por la DEA estadunidense como las organizaciones de traficantes más peligrosas de México. Los Zetas controlan el acceso a los puertos de Venezuela, desde donde casi con seguridad la cocaína ya ha sido despachada directamente hacia Liverpool. En un tono de amenaza subyacente, la policía de Liverpool dijo a The Observer que el asunto de los cárteles mexicanos apuntando hacia el mayor sistema cerrado de dársenas en el mundo tiene “altas probabilidades de evolución”.
Para El Ave de Presa, El Panqué y sus socios, la naciente conexión mexicana sucede a un calamitoso fracaso en España. Después del asesinato de Colin Smith, los nuevos líderes de la mafia de Liverpool volaron hacia la Costa del Sol con la intención de imponer su ley y heredar una de las operaciones de tráfico de cocaína más lucrativas en el mundo. Pero en Marbella, los sucesores del Rey de la Cocaína no fueron bienvenidos.
Los intentos de arrebatar el control a los contactos de Smith en España se estrellaron contra una muralla de silencio y desdén. Los recién llegados simplemente fueron ignorados por los bien establecidos nexos de agentes e intermediarios de cocaína en el país: colombianos, españoles y scouses (nativos de Liverpool).
Era evidente que los intermediarios de Smith no estaban interesados. Y, aparte, había un conflicto abierto con un misterioso grupo llamado Los Limpiadores (Cleaners), integrado por exparamilitares del Ejército Republicano Irlandés (ERI) que se habían transformado en sicarios, y a quienes se creía responsables de más de una veintena de asesinatos relacionados con la droga en los alrededores de Merseyside. En un enfrentamiento que duró todo el verano de 2008, varios miembros de Los Limpiadores también fueron ejecutados. Uno de los choques con los irlandeses tuvo lugar en el Nikki Beach Bar, de Marbella, donde los clientes se arrojaron al suelo al escuchar el sonido de vasos que se rompían, seguido de balazos. El informe a un juez español, que se filtró posteriormente, afirmaba que El Ave de Presa y El Panqué pertenecían a “una organización mundial que se dedica principalmente al tráfico de drogas y a los asesinatos selectivos”.
Empezaba a quedar claro que la ruta española que daba acceso al flujo de cocaína sudamericana por la vía de África Occidental estaba cerrada. O, por lo menos, que sólo podría ser reabierta a un costo prohibitivo.
Según afirma Giles, “como traficante de cocaína obtienes mucho más dinero si controlas los envíos desde su producción hasta el mercado. Si pasas por un montón de intermediarios, la ganancia baja”.
En cualquier caso, las viejas rutas se estaban volviendo cada vez más difíciles para pasar la mercancía. La policía española y el creciente éxito de la SOCA en interceptar los cargamentos de cocaína que se movían a través de Iberia ya estaban causando alarma y replanteamientos en Bogotá y Caracas. La SOCA, por lo pronto, ha incrementado sus esfuerzos antinarcóticos en África. Giles estuvo la semana pasada en Ghana, advirtiendo a las autoridades que “se cuidaran de los latinoamericanos que traían regalos”.
La policía cree que finalmente El Ave de Presa y El Panqué regresaron a Merseyside el año pasado y que, convencidos de que su plan de alguna manera debía rodear España, decidieron explorar una posibilidad que el propio Smith, antes de su asesinato, había empezado a considerar. La idea era abrir una conexión directa con los mexicanos.
Fuentes del bajo mundo confirmaron a The Observer que, poco antes de ser asesinado, Smith estaba sosteniendo pláticas de alto nivel con el cártel de Sinaloa y con Los Zetas. Había tenido dificultades con el cártel colombiano de Cali y empezado a sondear nuevos clientes en los territorios sin ley del norte de México. Escarmentados por la experiencia en España, sus sucesores decidieron continuar las mismas conexiones.
“El socio de Smith (El Ave de Presa) es la única persona que tiene el dinero y la pericia para trabajar con ellos”, dijo una fuente del hampa.
Desde principios de este año se urdieron planes para llevar cocaína directamente a Liverpool. De acuerdo con fuentes tanto de la policía como de los bajos fondos de ese puerto, El Ave de Presa, Taylor y sus socios tienen la audacia, la astucia y la determinación para darle un giro totalmente nuevo al negocio de la cocaína en Europa: uno que será mucho más violento que el de las previas generaciones de pandilleros.
Al Panqué se le describe como un tipo temible, que representa a una nueva generación de matones que ha logrado escalar y opera de manera totalmente opuesta a los metódicos manejos de Smith. Su posición emergente dentro del comercio de cocaína de la ciudad significa la primera vez que uno de los llamados soljas –los maleantes encubiertos de los bajos estratos– ha alcanzado la cima de la mafia en Liverpool.
De acuerdo con un antiguo pandillero de ese puerto, “Smith era de la vieja escuela. Su palabra contaba y los pagos se hacían por adelantado y a tiempo. El Panqué no tiene don de gentes, se le ve como violento e impredecible y más interesado en disparar que en hacer seriamente dinero.
“Están fuertemente armados y ponen bombas de fabricación casera a las afueras de los bares. Si los mexicanos están haciendo negocios en Liverpool, han encontrado a su contraparte.”
Liverpool es un lugar donde todas las calles parece que se dirigen a las orillas del Mersey, el caudal de agua café que constituye la savia de la ciudad. Desde su ribera, las famosas dársenas de Merseyside se extienden 10 kilómetros hacia el norte, hasta un punto del horizonte en el que son engullidas por la neblina que se extiende sobre Crosby.
Probablemente no resulte sorpresivo que el río que ha dado forma a la ciudad también moldee su criminalidad. Una fuente policial recuerda que “los estibadores salían de las dársenas con lo que fuera que llegara en los barcos, y esto evolucionó en los años setenta y ochenta”.
En 1983 la heroína empezó a inundar Gran Bretaña a través de la vasta zona de muelles de Merseyside. Ahora, lo único que ha cambiado es el producto. El puerto de Liverpool maneja 623 mil 380 contenedores al año. Alrededor de 171 mil –468 al día– de estas unidades de 20 pies provienen de lugares como Sudamérica, China e India. La seguridad está a cargo de 30 policías portuarios, complementados por alrededor de 15 agentes de aduanas; todos sometidos previamente a un riguroso examen de antecedentes.
Según un oficial antinarcóticos mexicano, esto no sirve de nada. “El cártel de Sinaloa y Los Zetas están utilizando contenedores y ustedes no tienen una solución para ello. Una de dos: o revisan cada uno de los contenedores o lidian con la demanda de cocaína del Reino Unido”, dice simplemente.
Giles confirma que depositar la cocaína en contenedores de barco es el método preferido de los cárteles para las “importaciones al mayoreo”. Su modo de actuar favorito, dijo, es interceptar contenedores preidentificados antes de que lleguen a su destino legítimo. Las cantidades que se embarcan en cada uno son de entre 250 y 500 kilogramos, para reducir los riesgos en caso de que se le pierda la pista a la carga. Una alta fuente policiaca de Merseyside reconoce que “los contenedores simplemente pueden desaparecer. Ciertamente es más fácil que llevarlos a la costa en una lancha rápida”.
Hasta ahora no ha habido decomisos de cocaína en las dársenas del Mersey. Pero recientemente autoridades españolas encontraron en el puerto de Valencia 2 mil 513 kilos de cocaína proveniente de México, escondida en contenedores. Fuentes policiacas dicen que es muy probable que el recorrido tuviera alguna conexión en Liverpool.
En el hampa de Liverpool ya se reconoce ampliamente el nuevo estilo de violencia. Escenas filmadas por cámaras de circuito cerrado en Palm Sugar, un club nocturno de Liverpool, revelan la tendencia del Panqué hacia la agresión. Después de que un cadenero le negara la entrada, las imágenes lo muestran dándole un puñetazo en la quijada. Durante el caos subsecuente, se ve a Taylor arrojando sillas contra los elementos de seguridad, mientras los parroquianos gritan aterrorizados.
A unas cuantas semanas de su retorno de España se vio al Panqué riñendo con Nicky Ayers, un traficante convicto nativo de Liverpool. Hace 15 días Ayers, un hombre duro de 46 años, fue asesinado fuera de la casa de su hija, en el distrito West Derby de Liverpool. El Panqué fue interrogado por la policía de Merseyside, pero no incriminado. Las secuelas del asesinato de Smith
todavía penden sobre Liverpool y calan más hondo en las depauperadas calles que rodean al aeropuerto citadino.
Sin embargo, el detective en jefe de la Oficina de Inteligencia y Seguridad de la policía de Merseyside, el comisario Steve Naylor, quien ha dado seguimiento a las cambiantes lealtades dentro de las bandas de narcotraficantes de Liverpool, está seguro de que van a atrapar a los asesinos de Smith.
Naylor afirma: “Hemos identificado una serie de disputas. Las lealtades han cambiado. Cualquier información será tratatada con la más rigurosa confidencialidad”. Entretanto, la única certeza es que el ciclo de asesinatos va a continuar. Ahí vienen los mexicanos. (Traducción: Lucía Luna) l








