El discreto encanto español

Puyol. El s

La selección de España tiene a un samurai de rizos rubios conocido como Puyol y a un goleador sin facha de serlo al que apodan Guaje. Empezó perdiendo y nadie dramatizó. La llamada Furia Roja avanzó sin espectacularidad y cuando se le etiquetó de víctima exhibió su repertorio, incluida su principal dolencia: la falta de gol. 

 

DURBAN.- En noviembre de 2006 Josep, el padre de Carles Puyol, murió aplastado en los campos de La Pobla de Segur, muy cerca de los Pirineos. Le cayó encima una excavadora. El peso de la noticia devastó a Carles.

Pero, al fin hijo de ganadero y criado en la cultura del esfuerzo y el sacrificio, el jugador de espíritu inquebrantable salió adelante. Supo venir de atrás como lo hizo en la cancha para marcar el gol con el que España consiguió llegar por primera vez a la final de un mundial. 

En un equipo con delanteros de calidad del tamaño de David Villa o Fernando Torres era casi impensable que un defensa anotara un gol; pero ante la Alemania multinacional plagada de jóvenes y experimentados jugadores, que para el partido ante los españoles perdió a su revelación, Thomas Müller, sólo un hombre con alma de samurai podía marcar la diferencia.

“Puyol es disciplinado, consagrado a su profesión. Eso le permitió sobreponerse al golpe de la muerte de su padre. Puyol buscó dar la sorpresa en el partido y lo consiguió. Los españoles son muy chiquititos y Alemania, un equipo con unas torres en la defensa, pero no esperaban las jugadas de estrategia ni que en el juego aéreo o en los tiros de esquina España fuera a tener opciones. En ese tipo de acciones están pendientes de los delanteros, pero no del defensa que llega de atrás y ahí estuvo Puyol”, explica Orfeo Suárez, jefe de editores del diario El Mundo.

 

Prensa sorprendida

 

La prensa española –que por primera vez en la historia de los mundiales no volvió a casa en la ronda de cuartos de final– analiza las fortalezas y debilidades de la selección que este domingo se enfrenta a Holanda en el último partido de Sudáfrica 2010. De las primeras encuentra muchas: manejo del balón, calidad de juego, equilibrio en el vestidor, un entrenador con sentido común, una generación estupenda de futbolistas. De la segunda apenas una: la falta de gol. 

Juan Gato, reportero de La Gaceta de Madrid –quien durante 15 años trabajó para As y otros cinco para Mundo Deportivo–, reconoce que llegaron escépticos, sin poder creer que aunque España ganó la Eurocopa 2008 podrían, en tan corto tiempo, ganar el Mundial.

“Aquí hay reporteros que llevan muchos mundiales y sólo veníamos como comparsas. Esto no tiene parangón con nada. Estar en la final de un mundial es inconcebible para un país como el nuestro. Llevamos cinco años en los que el futbol se ha disparado con una generación de jugadores brutales. La prensa pensaba no que veníamos de sparrings, pero tampoco que íbamos a llegar muy lejos. Hemos ido cogiendo confianza y autoconvenciéndonos durante el proceso porque hay calidad, veteranía y jugadores jóvenes, pero con la experiencia de ya haber ganado títulos internacionales con sus clubes.” 

Lo secunda José Manuel Cuéllar, reportero del diario ABC desde hace 28 años: “Su estilo de juego anunciaba que era un equipo muy superior a todos los demás. Lo que pasa es que tenemos una tradición de no haber llegado nunca a ningún sitio y eso siempre marca. No se sabía si se iba a responder al reto como pasó en la Euro”.

El éxito deportivo de España no obedece sólo a esta generación de 23 jugadores –de los cuales ocho son del Barcelona (“todos los goles tienen manufactura culé: Villa, Xavi, Iniesta, Puyol”, comenta Gato) y cinco del Real Madrid– sino además al trabajo “casi invisible”, dicen, del entrenador Vicente del Bosque, quien ha preservado la herencia de Luis Aragonés. 

“Si hay una cosa que funciona bien, él no la toca. En este equipo que empezó con Aragonés sólo ha hecho retoques mínimos, llenar lagunitas, pero el núcleo principal lo ha dejado”, señala Cuéllar. 

“Ha hecho algo importantísimo: parece que no está, pero toma decisiones muy importantes. Es un entrenador que hace las cosas lógicas hasta en algo tan simple como decidir quién juega. Es muy pausado, pero ha demostrado que es grandioso”, cuenta Miguel Ángel Guijarro, 22 años como periodista de futbol, que trabaja para la cadena radiofónica Punto Radio.

–¿Decisiones como no poner a Torres contra Alemania? –se le pregunta. 

–Sí. Lo bueno es que todo lo que hace le sale bien. Hay quien piensa que es bonachón, sometido a los que mandan dentro del vestuario y se ha demostrado que no. Muchos apostaban por Cesc (Fábregas) o (David) Silva si no jugaba Torres; pero otros, que no iba a atreverse por los galones que tiene, y lo dejó en el banquillo. Puso a Pedro, un chaval que apenas hace dos años estaba en la segunda o tercera división. Y le salió bien. 

“Este grupo tiene la herencia de Aragonés y su mano se nota. Hace unos días él criticaba el desempeño por la derrota contra Suiza y porque no se ha alcanzado el nivel sublime de futbol que tuvieron en la Euro. Los jugadores dicen que esas palabras en el fondo eran para motivarlos. El éxito es de ellos, pero han tenido la influencia psicológica de Aragonés”, añade Juan Gato. 

Vicente del Bosque, quien hizo campeón de liga (2001 y 2003) y de la Champions al Real Madrid de Los Galácticos (2000 y 2002), es inexpresivo. Nunca festeja los goles de su equipo. Le interesa siempre mostrarse ecuánime. Nunca pierde el control.

“Tiene mucho sentido común. La vida le ha enseñado mucho. Tiene un hijo con síndrome de Down y está muy implicado en causas de tipo benéfico para discapacitados. Es una persona culta que trabaja el autocontrol. No le gusta transmitir emociones. Siempre está equilibrado. Parte del éxito de esta selección también se debe a que el entrenador y los jugadores son personas normales, no como Ronaldo y sus novias, Rafa Márquez se casó con una famosa y ya sale con otra igual, Beckham y su mujer artista. 

“Aquí no hay nadie que conozcas. Sus mujeres no son famosas, sí discretas. Ellos no son personajes ostentosos, no tienen autos deportivos, no cumplen el rol habitual del futbolista fiestero que se exhibe, excepto Casillas que salió con una miss España y ahora con la reportera que hace las entrevistas en la cancha. Puyol y Xavi no tienen pareja. Nunca se han casado. Torres vive con quien ha sido su novia desde los 16 años. Ésta es la primera selección con ese ingrediente. No puedes buscar aquí una polémica personal porque todos se siguen moviendo en el entorno de sus amigos del colegio”, cuenta Orfeo Suárez. 

 

El colectivo

 

Miguel Muñoz, de la cadena radiofónica COPE, remata: “Aquí no hay un Messi o un Maradona. No hay jugadores que sobresalgan individualmente. Todos son muy buenos al mismo tiempo y con la misma calidad”.

–¿Qué se le puede reprochar a este equipo? –se le cuestiona a Guijarro. 

–Le reclamaría un poco más de puntería. Es lo único, porque hasta el juego que perdió con Suiza, incluso el triunfo contra Alemania, todos se definieron por un gol. Se sufrió cuando eran partidos de tres o cuatro goles. Su futbol es bueno, pero para la gente si no ve dos o tres goles parece que no has jugado bien. España toca la pelota, maneja el tiempo de los partidos. Sabe cómo atacar. Defensivamente es muy potente. Y Casillas bate todos los récords porque no le meten goles. 

“Sí, le falta más gol, pero en el toque y gusto por el balón han estado acertados. El nivel que tuvieron en la Euro ha sido elevadísimo. Cuesta repetirlo, sobre todo porque los equipos ya te conocen. No es normal lo que han hecho Suiza, Paraguay o Chile que se atrincheran atrás, ponen el autobús y es muy difícil jugar si te encuentras a un equipo que renuncia al futbol desde el principio. No hay juego bonito”, tercia Muñoz.

José Manuel Cuéllar espera que en el partido final Holanda no despliegue el mismo juego que Alemania, porque considera que ambos países tienen muchos recursos futbolísticos como para sólo buscar el contragolpe. 

“Los alemanes se encerraron con 10 tíos atrás y el pobre de Klose solito adelante. España ha sido serena y tuvo paciencia, buscó anotar. En esta clase de juego, en el que uno se encierra y el otro ataca siempre, te la acaban metiendo igual. Los partidos se ganan como jugamos nosotros, con ataque, manejando el balón, no defendiendo de manera taimada, haciendo un futbol miserable. Me sorprendió Alemania porque le he estado alabando su juego todo el Mundial y al final se han cagado. Holanda tampoco puede jugar así, tiene para otra cosa”, sentencia.

–¿Qué se le reclama a Fernando Torres, que no ha marcado ni un gol?

“Sólo eso”, contesta Guijarro. “Porque de las 10 cosas que tiene que hacer, nueve están bien y una mal. Todo el mundo se queda con el no gol. Hace movimientos como fijar a los defensas, que es muy importante para sus compañeros; abre espacios, genera situaciones de gol para sus compañeros. En el mundo del futbol no sólo se necesita marcar goles, sino trabajar para el equipo”, detalla. 

–¿Qué le permitió a este equipo dar el gran salto? –se le pregunta a Orfeo Suárez.

–Cambió la escuela del juego. De los 11 titulares contra Alemania siete eran del Barcelona, el mejor club del mundo. Eso es muy importante. Hay una serie de jugadores con esa escuela. El gran cambio en el futbol español y en la selección ha sido la mentalidad. Si ves la selección en paralelo a (Rafael) Nadal como tenista, a (Pau) Gasol como campeón de la NBA con los Lakers, a Fernando Alonso, primer campeón español en la Fórmula 1, hay una nueva generación de deportistas que tienen mentalidad muy ganadora, distinta. Nadie sabe exactamente cómo, pero España pasó de ser un país de la segunda línea europea en lo económico y social a querer tomar la cabeza. Y eso se refleja en el deporte. Es una generación distinta, con una mentalidad que no es la de antes, de que si era segundo o tercero ya estaba conforme. Si pierden la final van a estar muy cabreados los jugadores. 

Nadie habla de un fracaso cuando se les pregunta qué pasaría si España no puede alzar la copa de campeón en Sudáfrica. Aseguran que si el equipo rojo no entra a la élite de los países que siempre han ganado los mundiales, de todas maneras el resultado ya es histórico.

“Es importante. La final ya es un hito. Si no la ganamos no pasa nada. Habría una gran decepción porque somos los claros favoritos, pero hasta ahí”, dice Cuéllar. “Ya no nos conformamos con esto, queremos ganarla y si no, va a ser un palo porque estamos convencidos de que se puede; pero fríamente tienen que pensarlo y entender que es un éxito brutal. Ya se ha hecho historia”, explica Juan Gato.

“Las finales no se juegan, se ganan, decía (Alfredo) di Stéfano. Esta generación de futbolistas es ambiciosa. No es nada conformista. Un detalle puede definir el partido. Holanda no es cualquier cosa, pero los jugadores están convencidos de que van a ganar. Eso no lo ha tenido otra generación. Sería una decepción momentánea, porque se daría mucho valor a lo que se ha conseguido”, asevera Miguel Guijarro.

En tanto, Orfeo Suárez asegura que la crisis económica que atraviesa España, que ha golpeado sobre todo a la clase trabajadora, queda al margen de un eventual triunfo mundialista de la selección de futbol. Considera que la emoción que ha sacado a las calles a muchos españoles para festejar volverá a la normalidad unos días después, cuando haya que enfrentar la realidad, misma que contrasta con la fuente de sensaciones positivas que el deporte ha provocado en los últimos años. 

“Hoy la crisis es una realidad dura. En nuestro país siempre se están enfrentando y criticando mucho los políticos. No hacen cosas en común. La oposición y el gobierno no se ponen de acuerdo en ninguna medida y es un país desunido. La selección, que tiene jugadores de todas las regiones, ha demostrado que es un proyecto nacional con un trabajo común. Eso es una lección para los políticos. Los jugadores han dicho que nos han dado una lección de cómo luchar y salir adelante con un proyecto colectivo. El triunfo no es un anestésico. Es una sociedad madura que no va a olvidar sus problemas cuando vuelva a casa si no tiene trabajo ni dinero, por mucho que en el futbol se haya ganado”, concluye el periodista. l