Al director sólo le interesan el presente y el futuro del país en función de su pasado. Esa es la preocupación de su obra, acentuada ahora en El baile de San Juan, filme que le financian las comisiones del Bicentenario de la Independencia, tanto la federal del país como la de España. Para un cineasta nacional, opina, “México es el único tema que vale la pena”.
¿De dónde venimos los mexicanos? Esa es la interrogante que el cineasta Francisco Athiè se ha planteado en sus largometrajes (Lolo, Fibra óptica y Vera), sobre todo en El baile de San Juan, actualmente en posproducción.
La historia, escrita por él mismo, cuenta con el apoyo financiero de Alemania, España, Francia y México. Es parte de los proyectos fílmicos de la Comisión Federal del Bicentenario y, además, recibe sostén de la Comisión Nacional para la Conmemoración de las Independencias de las Repúblicas Iberoamericanas (España).
La acción transcurre en la capital de la Nueva España en la última década del siglo XVIII. Entonces, la urbe estaba habitada por aventureros locales, pobladores nativos y europeos de toda laya. Los personajes centrales son Jerónimo Marani, coreógrafo de la corte; Giovanni, su hijo mestizo, y Victoria, hija de la familia más encumbrada de la ciudad. Estos dos se enamoran y se mueven en medio de intrigas cortesanas, reivindicaciones populares, dogmas virreinales y sueños libertarios.
La guerra de Independencia está tan sólo a unos años de dar inicio.
Al realizador le importa mucho llegar “a las raíces” del país:
“No me interesa qué es México ni hacia dónde va México, sino de dónde venimos, porque hay quienes dicen claramente que somos indígenas y que los europeos nos conquistaron, y otros mencionan que éramos unos salvajes y que los europeos nos civilizaron, y las dos partes ignoran a los africanos. Yo siempre me he preguntado quién tiene la razón, entonces investigué de 2004 a 2007, tres años, y descubrí que ni somos indígenas ni españoles, sino un mestizaje, un concepto fundamental en este momento en el mundo, y allí fue donde el proyecto descargó.”
Las compañías e instancias productoras son Arroba Films, Foprocine, Imcine (México), Huit Et Plus Productions (Francia), Iroko Films (España) y Die Versilberte Eitelkeit (Alemania).
El elenco es internacional. Actúan la francesa Arielle Dombasle, el italiano Marcello Mazarella, los españoles Antonio Rupérez y Pablo Paz, y los mexicanos Pedro Armendáriz Jr., Cassandra Cianguerotti, José María de Tavira, Juan Llaneras y Edna Necoechea, entre otros.
Escribir e investigar
Athiè, nacido en la Ciudad de México el 12 de enero de 1956, tardó tres años en escribir el guión:
“El chiste era escribir e investigar al mismo tiempo. No podía escribir sin investigar y no podía investigar sin escribir. Como no soy escritor de novelas, no necesitaba tener toda la investigación para escribir el texto. Conforme iba avanzando me encontraba con elementos y decía: ‘Aquí, si escribo ficción, no va a funcionar, necesito una realidad’. Entonces, era paralelo el asunto.”
En su película anterior, Vera, mezcló la antigua cultura maya con la moderna cultura tecnológica, y hay, asimismo, una búsqueda del origen.
“Al percatarme del problema de las raíces, se me ocurrió que debía trabajar un proyecto en donde objetivamente se buscara qué eran esas raíces. Al terminar Vera, por un golpe de suerte, encontré un libro en torno al virreinato que hablaba de la herejía de San Gonzalo, una herejía que había sucedido a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Hablaba justamente de cómo se habían reunido los indígenas, los africanos y los europeos para hacer una especie de baile que molestaba a las autoridades religiosas.
“El volumen me pareció muy importante. Entonces empecé a investigar. Hay que hablar de las raíces como cuando uno habla de la tía, del abuelo, en fin. Para mí las raíces son efectivamente la raíz indígena, que no necesariamente es sólo la azteca; la raíz europea, que no necesariamente es la española, y la raíz africana, que ha sido negada, rechazada.”
En el año 2004 entró a un seminario de historia donde se encargó un trabajo de investigación sobre el asunto, “y descubrí unos materiales maravillosos”.
Por ejemplo, que la raíz europea que tiene México no sólo es española, también es francesa, italiana y alemana:
“Los españoles eran la casta dirigente, la casta política. Eventualmente los virreyes se casaban con mujeres francesas, las cuales trajeron consejeros, cocineros y relojeros franceses, en fin. Los alemanes estaban muy desarrollados en las minas y México se descubre como el primer desarrollador y descubridor de minas en el mundo. Entonces, necesitábamos a los ingenieros alemanes para que las minas produjeran. Estos hombres dan el dinero para crear el Palacio de Minería que conocemos.
“Los alemanes ya no tienen las grandes minas en Europa. Llegan a México y son los terratenientes, los dueños de las minas, son los que traen la tecnología.”
Recuerda que el reino de Valencia trajo a Manuel Tolsá, “el artista renacentista por excelencia en México, y por barco llegaron sus esculturas que fueron el origen de la pintura mexicana”.
El coreógrafo Marani
–¿Cómo incluye todos los datos investigados a El baile de San Juan?
–Cuando empecé con la investigación, un día me topé con un texto del maestro Alberto Dallal, quien hablaba del coreógrafo Marani de la época. Empecé a considerar que podría ser uno de los personajes, y por razones familiares fui a San Luis Potosí y me encontré con otro libro, se titula El libro de las casas, de una chica extranjera, rusa o polaca, que también habla de él, y empecé a ver qué pasaba con Marani. Medité sobre él y hallé algunas circunstancias de su vida. Claro, puse elementos de ficción, no seguí su biografía tal cual, pero efectivamente la línea narrativa central se volvió el maestro Marani, su hijo Giovanni y las circunstancias dentro de la vida mexicana.
Cuenta que Marani era originario de Florencia, había trabajado en la corte de Valencia, vino a México invitado por ella para crear las coreografías del teatro Coliseo:
“Se volvió un hombre importante culturalmente, pero por sus ideas nunca fue aceptado. Por ejemplo, se le ocurrió crear la coreografía de la Conquista, cosa inédita en la época. Marani tuvo varios hijos, yo sólo tomo a Giovanni. Les puso nombres italianos, pero todos eran de madre mexicana, entonces el problema que estos chicos enfrentaban es que su madre era mexicana. Al ser criollos o mestizos, no podían ser los directores del teatro porque para ser director del teatro había que tener raíces absolutamente europeas, de preferencia española. En esa época estos mestizos, de gran talento y preparación, estaban copados, y esa es la segunda parte de la historia. Giovanni no podía avanzar porque era un mestizo de madre xochimilca, de raíz indígena.”
En la película Giovanni se presenta socialmente como europeo y de él se enamora una hija de la mejor familia de la Ciudad de México porque cree que es italiano, “y allí empieza el conflicto”.
Miedo a la raíz
–¿Por qué esa búsqueda de la raíz mexicana en sus cintas?
–De entrada, no entendemos de dónde venimos, y un país para que funcione, como todo humano, debe saber de dónde viene, qué es y a dónde va. Hemos intentado ser todo, pero le hemos tenido un miedo terrible, pero terrible a las raíces, porque es muy difícil aceptar que se tiene raíz indígena, europea y africana. Hay quien se declara totalmente indígena o totalmente europeo, pero ninguno se declara negro.
–¿Qué opina de que se utilice como insulto la palabra indio?
–Es un insulto, pero hay otro peor: ‘¡Pinche negro!’. Por eso me apasionó esta película, porque este conflicto existe en todo el mundo, en Europa, Medio Oriente, Estados Unidos, en fin.
“La realidad es que en México fue el primer experimento mestizo en la historia de la humanidad. Hemos estado en el ombligo de los eventos históricos, pero también no nos hemos sabido aceptar. No tenemos la responsabilidad real de decir: ‘Sí, somos mestizos’.”
–¿En El baile de San Juan hay una crítica al respecto?
–No hay una crítica. Es una invitación a una época, y si como cineasta tengo muchísima suerte y el público tiene muchísima suerte como público, discutirán esto. El largometraje no es didáctico, no enseña. Un filme no es una respuesta, son varias preguntas.
–La música es muy importante, ¿verdad?
–Sí, porque es El baile de San Juan. Cuando decidí incluir la escena de la Conquista, no sabía qué música iba a poner, por fortuna hay mexicanos más locos que yo, entre ellos el violinista Samuel Máynez Champion, quien en 2002 encontró en Rusia una partitura que había estado extraviada, una obra que Antonio Vivaldi escribió sobre la Conquista de México y el emperador azteca Moctezuma, titulada Moctezuma II, pero no correspondía a la historia real y Máynez convirtió ese libreto en algo más interesante. Estaba mal y le puso diálogos en náhuatl, incluso con parlamentos en maya de Marina y con españoles, y recreando un poco la época, el momento.
“Me contactó con él la investigadora Luz María Robles, también con el maestro Eloy Cruz, que es un especialista de la música popular del siglo XVIII mexicano.”
–¿Fue complicado recrear la época?
–Cuando menos ha sido muy divertido. Buscamos lugares parecidos a México en España. En México, el siglo XVIII quedó destruido, no hay referencias, no hay dibujos, no hay textos, nada, al menos durante la investigación que yo realicé.
También filmó en Francia, Italia y México.
–¿Cómo es que entra El baile de San Juan a los proyectos del Bicentenario en México?
–Cuando empecé no se me había ocurrido el Bicentenario. En 2007 ya teníamos todo el financiamiento de la película, habíamos pensado empezar la filmación en Europa en 2008 y venir a México en 2009 a terminar. Decidimos comenzar en el verano de 2008 en España, filmamos, todo iba muy bien, en octubre iríamos a rodar a Francia, y en ese intermedio se desató el desastre económico mundial. El banco de apoyo en Francia definitivamente decide no dar más dinero, y el banco de apoyo de España decide no dar más dinero, entonces en México nos quedamos con un serio problema de alrededor de 1 millón y algo de euros que no podíamos pagar para el rodaje que ellos iban a aportar.
“Pero los proyectos nacen con estrella o no, y justo en ese momento se abrió esto del Bicentenario y presentamos la película. No es de 1810 o 1910, pero argumentamos que era importante hablar de las raíces antes que hablar de los cumpleaños, y afortunadamente el alegato fue aceptado.”
Espera terminar El baile de San Juan a finales de agosto próximo para estrenarlo en México en octubre. Y convencido finaliza:
“Como México, efectivamente, no hay dos. Estoy absolutamente convencido de que México es el único tema que vale la pena para un cineasta mexicano.”








