Julio comenzó con un desastre: la tormenta tropical Alex azotó con furia tres estados priistas del noreste, Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León. Pero la tragedia tiene nombres y apellidos. En el caso de la última entidad, funcionarios estatales y municipales son señalados como corresponsables de la imprevisión y, más aún, de los actos de corrupción que dieron como resultado numerosos muertos y heridos, miles de damnificados y daños materiales incalculables. Ecologistas y políticos de oposición afirman que las secuelas del meteoro habrían podido evitarse, pero el otorgamiento de permisos de construcción en zonas de alto riesgo puso en el paredón la vida y el patrimonio de los nuevoleoneses.
MONTERREY, NL.- Alex devastó Nuevo León pero no lo hizo solo. La corrupción, la omisión y la negligencia de los gobiernos federal, estatal y municipales también hicieron su parte.
Los daños ocasionados por la tormenta tropical que se abatió el jueves 1 sobre la entidad son incuantificables. Pero así como han comenzado a descubrirse cadáveres, casas y coches sepultados por aludes de lodo y rocas, empiezan a sonar los nombres de los funcionarios que permitieron que fuera repoblado el lecho del río Santa Catarina, que parte por la mitad el área metropolitana de Monterrey.
Frente al tamaño de la tragedia contrasta la actitud de Felipe Calderón, quien felicitó al gobierno de Nuevo León por su respuesta rápida, sin hacer ni un cuestionamiento sobre las causas de la destrucción de colonias completas fraccionadas de manera fraudulenta.
El mandatario panista no ha preguntado por qué fueron construidos vialidades y pasos a desnivel sobre el lecho del Santa Catarina ni por qué la Comisión Nacional del Agua (Conagua) permitió que se convirtiera en un millonario negocio de particulares.
El urbanista Ricardo García Martínez estima que en el lecho se hicieron, contra toda norma, construcciones en firme de unos 500 mil metros cúbicos que contribuyeron a acelerar el afluente e incrementar su poder destructivo.
Pedro Garza Treviño, delegado regional de la Conagua, asegura que no otorgó el permiso para que TV Azteca Monterrey instalara canchas en el lecho. Tampoco permitió, afirma, que la televisora construyera ahí un campo de golf.
En cambio, responsabiliza a Protección Civil estatal, que no actuó para desalojar esas instalaciones. En oficios que le han enviado durante años, ambientalistas ya le habían exigido a Garza que no permitiera ahí instalaciones fijas.
El jueves 8, al hacer el primer recuento de los daños de Alex en Nuevo León, Felipe Calderón realizó un recorrido aéreo por las zonas afectadas y se reunió con funcionarios estatales y federales.
Recordó que el huracán Gilberto –que en 1988 devastó la ciudad– dejó cerca de 300 muertos. Alex causó 15, por lo que felicitó al gobernador Rodrigo Medina, ya que actuó con prontitud.
El río como botín
Rodrigo Medina apareció en televisión en el programa Tribuna TV para hablar sobre los daños ocasionados por Alex. Era la noche del domingo 4. El gobernador hacía su presentación estelar en Televisa, canal que ha sido su aliado desde su campaña, para decir que los nuevoleoneses son imbatibles ante el peor de los escenarios.
Tenía un look a la medida: camisa blanca arremangada, pantalones de mezclilla ligeramente salpicados y botas llenas de lodo. Constantemente cruzaba las piernas y la cámara mostraba el calzado en primer plano. Su copete, tipo Peña Nieto, se veía intacto.
Durante los meses que ha durado el terror en Nuevo León por el récord de ejecuciones entre bandas del crimen organizado, no había dado la cara. Alex se convirtió en la peor tragedia en la historia reciente del estado; pero frente al fenómeno, el gobernador se la ha pasado en la televisión. Siete días después de la tormenta, él tampoco ha señalado a un solo responsable de la negligencia que acabó con media ciudad y provocó daños estimados en miles de millones de pesos.
Las lluvias hicieron que desapareciera la cabecera municipal de Anáhuac, en el extremo norte del estado. Unas 16 mil personas dejaron sus hogares cubiertos por dos metros de agua. En total 43 municipios fueron declarados zona de desastre.
A una semana del siniestro un balance indica que hay 68 mil 314 familias afectadas, 116 comunidades incomunicadas y 100 puentes y 7 millones 832 mil 784 metros cuadrados de pavimento resultaron afectados.
El río Santa Catarina es el rostro del desastre. Es un cauce natural que nace al poniente de Monterrey, en Santa Catarina, y fluye entre zonas pobladas a lo largo de 45 kilómetros, hasta convertirse en el río San Juan.
El gobierno anterior construyó una cortina conocida como Rompepicos, en la sierra De la Huasteca. El muro, de 50 metros de alto, contuvo una cantidad de agua que, según estimaciones oficiales, de haber pasado libremente hubiera destruido el centro de Monterrey.
El lecho del río está seco todo el año. Históricamente se ha llenado en 1909, 1935 y 1988. Como ese fenómeno tarda décadas en repetirse, hay quien se aprovecha; así lo hizo el exalcalde panista de Monterrey Felipe de Jesús Cantú, ahora diputado federal, cuando entregó el cauce en comodato a Parque Ecológico Siglo XXI, de TV Azteca, para que construyera instalaciones deportivas con estacionamientos, gradas y alumbrado.
No se guardaron las formas: el entonces secretario del ayuntamiento de Monterrey, Juan Pablo Hinojosa Canales, es hermano de Alberto Hinojosa, socio de la empresa Publimax, que opera Parque Ecológico Siglo XXI. El regalo disfrazado de comodato por 20 años se consumó el 27 de enero de 2003. Así se creó el Parque Río, con varias canchas de futbol de pasto sintético.
El 30 de agosto de 2006 la delegación de la Semarnat en Nuevo León recibió de Parque Río la solicitud para la construcción de un campo de golf de 18 hoyos en el lecho seco entre los puentes Félix U. Gómez y Revolución, en el centro de Monterrey. José Barragán Salas, director general del Parque, señalaba que el proyecto mejoraría el medio ambiente.
Sin embargo, el siguiente 28 de septiembre, la empresa envió a la Semarnat una carta en la que se desistía de la solicitud “por causas de fuerza mayor”.
De todos modos, sin permisos de la Conagua ni de la Semarnat, el campo de golf fue inaugurado en 2008.
Guillermo Martínez Berlanga, del Comité Ecológico Probienestar, señala que esas instalaciones fueron el detonante de la tragedia. Todas las estructuras de cemento y metal que se usaron para la construcción de las canchas contribuyeron a la destrucción de las vialidades Morones Prieto y Constitución, que flanquean el lecho del río y que son las principales de la capital nuevoleonesa. El material fue arrastrado y se impactó en la parte baja de las dos avenidas, apunta Martínez.
Las culpas
La Conagua era la responsable de impedir que se instalaran “estructuras fijas” en el lecho. El 20 de febrero de 2003 esa dependencia firmó un convenio con los municipios de Santa Catarina, San Pedro, Guadalupe y Juárez para entregarles en custodia las partes del cauce que les corresponden.
El titular de la gerencia regional era José Enrique Castillo Ibarra. En ese momento el alcalde de Guadalupe era Pedro Garza Treviño, ahora delegado de la Conagua.
En la cláusula segunda del convenio se señala a los municipios que ellos administrarán la zona que les corresponde, pero se les exige “la conservación y mantenimiento de los cauces para evitar invasiones por asentamientos humanos irregulares, así como por la construcción de obras que modifiquen las características hidráulicas”.
También se les pide evitar “la edificación de toda clase de obras y construcciones definitivas que puedan obstruir el flujo de las aguas o modificar su curso, o alterar en forma parcial o total las zonas hidráulicas existentes”.
Como testigo firmó el entonces gobernador sustituto de Nuevo León, Fernando Elizondo Barragán.
Los municipios del área conurbada han incumplido las exigencias de la custodia. Había canchas de pasto sintético a lo largo de todo el cauce. También decenas de carpas de comerciantes ambulantes afiliados a la CTM. Hasta había una pista de go karts donde hubo competencias internacionales. Nadie tenía autorización.
Entrevistado el jueves 8, una semana después de la tragedia, Garza Treviño se defiende. Tartamudea cuando se le pregunta por qué permitió que permanecieran instaladas las estructuras fijas en el lecho del río, lo que ocasionó los daños a puentes y vialidades.
Momentos antes de entrar a una reunión con Felipe Calderón, en Monterrey, el delegado de la Conagua dice: “Las canchas no obstruyen nada, el campo de golf no tiene estructuras que hicieran barrera. Lo que había de comerciantes bajo el Puente del Papa causó un mayor problema”.
Luego rectifica y responsabiliza del desastre a Protección Civil del estado y de los municipios: “No hay permisos para construir ahí instalaciones fijas, insisto. Se les hizo un llamado (a los dueños) y estaban bajo su riesgo. Y vamos a cancelar. Se les avisó de parte de nosotros y de Protección Civil, que es la autoridad que regula ese tipo de instalaciones”.
María de Jesús Mejía de Marqueda, presidenta de Probienestar, contradice a Garza al exhibir oficios que le envió a lo largo de los últimos seis años para pedirle que retirara las concesiones en el río. El funcionario ya estaba advertido de las consecuencias de una crecida.
El 14 de agosto de 2003 Mejía pidió a la Conagua que suspendiera el comodato que Monterrey entregó a Parque Ecológico Siglo XXI, con el argumento de que “los ecosistemas son patrimonio común de la sociedad y de su equilibrio dependen la vida y las posibilidades productivas del país”. Recibieron la petición y no hubo respuesta.
El entonces delegado estatal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), José Luis Tamez Garza, recibió la misma denuncia el 17 de agosto. Le agradeció su atención y le notificó que había sido abierto el expediente 2004/VI/187/19/39. También dijo que le había pedido a la Conagua que hiciera el correspondiente procedimiento de inspección y vigilancia. El asunto fue archivado.
Este año, TV Azteca Monterrey había presentado una solicitud para construir dos nuevas canchas –cada una con una inversión de 523 mil pesos–, al amparo de la concesión que le diera Cantú. La solicitud fue hecha a través de Max Construcciones de Arenas y Parques, integrada por Guillermo Eduardo Salinas Pliego, representante de Publimax, y Alberto Hinojosa Canales, de TV Noreste.
El titular de la Conagua anunció, tras la devastación de Alex, que todas las concesiones en el río serán revocadas. De esta manera se frustra también la intención del alcalde panista de San Pedro, Mauricio Fernández Garza, de construir, con inversión privada, un lago artificial para la práctica del esquí acuático bajo el Puente Atirantado.
El urbanista Ricardo García Martínez señala que los daños provocados por la crecida del río se deben a la negligencia y corrupción de las autoridades que hicieron construcciones y adecuaciones indebidas.
El cauce, adelgazado por las edificaciones, se convirtió en un acelerador para el agua, señala. Constitución y Morones Prieto deben reconstruirse elevadas para evitar que vuelvan a ser tragadas por el río.
“Por hacer negocio agarraron una sección del río y dejaron que el Rompepicos se ocupara de todo. Por lo menos se construyeron en firme unos 500 mil metros cúbicos, lo que le da más velocidad al agua y le ayuda a destruir las vialidades, además de que no se le ha dado atención a otros arroyos, como Topo Chico y El Obispo”, dice el especialista.
Luis Farías González, regidor regiomontano del partido estatal Cruzada Ciudadana, también apunta hacia la negligencia de las autoridades como causa de la tragedia. La corrupción, dice, es del gobierno de Rodrigo Medina y del alcalde de Monterrey, Fernando Larrazábal.
“Las autoridades municipales y federales han actuado con negligencia al haber dejado construir en el río, sabiendo que es un lecho que reclama sus espacios cada vez que hay un fenómeno natural como estos huracanes. Es una falta flagrante a cualquier regla de Protección Civil que permitió que se construyeran canchas”, señala.
Los daños implican responsabilidades civiles y penales aunque parece, dice, que ninguna autoridad se ha ocupado ahora de emprender investigaciones.
Dos caras de la tragedia
Alex dejó en Nuevo León 20 mil 447 viviendas dañadas. De ellas, 7 mil 738 estaban en zonas irregulares, según cifras del gobierno estatal.
Abundan las escenas de desolación en todo el estado. Quienes construyeron sus casas en el lecho del río El Obispo, en Santa Catarina, quedaron en la miseria absoluta. Lo mismo pasó con los que estaban afincados en el río Pesquería y otros afluentes.
En Santa Catarina un par de colonias populares atrajeron la atención del país. Son Las Sombrillas y Visión de La Huasteca. Formadas por casitas de concreto de interés social, fueron edificadas hace cinco años al pie del cerro Las Mitras.
Sus moradores se esforzaban por pagar, en mensualidades a 25 años, los 314 mil pesos en los que les fueron vendidas por la Constructora Olimora, que representa Luis Gerardo Treviño Leal.
La noche del jueves 1 el cerro se les vino encima. El aluvión sepultó los primeros pisos de las viviendas. Los coches quedaron bajo toneladas de piedras. Fue un milagro que no hubiera muertos ahí.
José Luis López y su esposa, Rocío Lugo, ocupaban el 1118 de la calle Paseo del Acueducto, de Visión de la Huasteca. La avalancha cimbró la casa. Pasaron la noche en vela. Al amanecer vieron que todo en la planta baja había quedado sepultado por el lodo: la cocina, la lavadora, el calentador de agua y un televisor de plasma de 13 mil pesos, que habían comprado a plazos para ver el Mundial de Sudáfrica.
“De haber sabido que esto podía pasar ni compro aquí. Pero nadie me dijo nada”, dice el hombre que señala que el alcalde fue para recomendarles que demandaran al fraccionador.
Los vecinos muestran los planos de sus casas y en ellos viene la firma de autorización de la secretaria de Desarrollo Urbano del municipio, Rocío Aracely Estrada Serrato.
Lo mismo se ve en la vecina colonia La Sombrilla, cuya construcción fue autorizada por la misma funcionaria. Todas las calles están cubiertas de piedras y arena. Es imposible ingresar a las casas por las puertas principales, cubiertas de escombros. Se entra por las ventanas del primer piso.
La colonia Cumbres, Cuarto Sector, es una de las zonas donde viven las personas acaudaladas de Monterrey. Las grandes residencias fueron edificadas en laderas empinadas. Los ricos quieren vivir como las águilas. Pero con Alex el pavimento se levantó. Decenas de coches quedaron enterrados y llantas arriba, arrastrados por la impetuosa corriente. Parece el set de una película de desastres.
Una de las calles más afectadas fue Jiménez de Quezada; ahí, en la casa marcada con el número 2821, habita la familia Ramos Rodríguez. La avalancha entró por la puerta principal de su casa y destruyó todo durante la noche. La pared del traspatio se rompió por la fuerza del agua y sólo así la casa pudo vaciarse.
La pérdida fue total. Nada quedó de lo que había sido una lujosa mansión. Los Ramos encuentran una de las causas del deslave en la construcción, en lo alto de la colonia, de un fraccionamiento que se llamará Monteleón y para cuya edificación se taló el monte. No saben de quién es pero sí que el desmonte quitó la barrera natural de árboles y las piedras y tierra se desprendieron y entraron de lleno en las casas.
Brenda Sánchez Castro, delegada de la Semarnat en Nuevo León, reprocha el uso que se le ha dado a la cuenca del Santa Catarina y alerta de las consecuencias del cambio climático en el planeta.
“Se ha entrado en una dinámica de conflicto entre el sector empresarial y el social en cuanto a la edificación de diferentes proyectos de infraestructura. A veces ha faltado reconocimiento de la función ambiental. Hemos recibido comentarios negativos, de ser enemigos del progreso, por manifestarnos contra proyectos que pueden ser de alto impacto”, dice.
La población debe reconocer, aceptar y comprender el valor que prestan los ríos y las cañadas. Esta ocasión, sostiene, puede ser un buen momento para que los ciudadanos entiendan lo necesario que es cuidar el ambiente.








