Expertos en el tema futbolero desmenuzan el fracaso de la Selección Mexicana y, como pocas veces, por separado, apuntan hacia un mismo lado. Según ellos, el origen del desastre en Sudáfrica se ubica a nivel de cancha y vestidor, en decisiones estrictamente de estrategia y tiene un único responsable: Javier Aguirre. Aquí los razonamientos.
JOHANNESBURGO.- El fracaso de la selección nacional en el Mundial 2010 se gestó desde el primer partido, en el que no pudieron ganarle a un equipo tan débil como Sudáfrica, a lo que se suma que Javier Aguirre jamás encontró una oncena titular y experimentó durante todo el torneo.
Además estuvieron la irregularidad de los jugadores, sobre todo aquellos que el director técnico se empecinó en utilizar pero que no respondieron, y un ambiente negativo en el seno de la concentración, originado en parte por el desgaste de pasar más de dos meses juntos.
Entrevistados por Proceso, el analista de Televisa Deportes, Roberto Gómez Junco, el comentarista Francisco Javier González de TDN y Estadio W, así como los exjugadores y directores técnicos Carlos Reinoso y Óscar Ruggeri consideran que estos son algunos de los pecados que impidieron que el equipo tricolor avanzara al famoso quinto partido, como lo prometieron futbolistas, entrenador y directivos.
“Seguimos teniendo nuestro tamaño, que es mediano”, suelta Francisco Javier González.
“Terminó siendo decepcionante por las expectativas generadas y, sobre todo, porque se demostró que los alcances de este equipo eran mayores. Para esto alcanza en el futbol actualmente”, reflexiona Roberto Gómez Junco.
“Creo que pasa por eso de la concentración; el futbolista mexicano carece de ella. Se ve que tienen que trabajar muchísimo en eso”, sentencia el argentino Óscar Ruggeri, exjugador del América, al que después entrenaría, al igual que al Guadalajara y a Tecos, además de ser campeón del mundo con Argentina en 1986.
“Mientras no se llegue al quinto partido, no puede decirse que la participación fue buena”, dice a su vez Carlos Reinoso, el chileno más brillante que ha jugado en el futbol mexicano, donde ha dirigido a una docena de equipos.
Gómez Junco refiere que México fue un equipo de muchos contrastes. Después de que en la gira por Europa la selección derrotó a Italia, las expectativas de los mexicanos aumentaron, sin embargo el equipo no pudo ganar un partido fácil ante Sudáfrica, por lo que en el mismo arranque del Mundial se complicó la participación. Luego, tras vencer a Francia, la soberbia les impidió jugar bien ante Uruguay para al menos tratar de evitar encontrarse con Argentina en los octavos de final otra vez.
“El fracaso se gesta a partir de no ganarle a Sudáfrica, ese fue el partido fundamental, era para ganarse ante un equipo relativamente sencillo que ni los jugadores en la cancha ni los técnicos afuera fueron capaces de resolver. Pocas veces en un Mundial recibes tales facilidades y apenas empataron. Después viene la actuación memorable ante Francia, y sonaba como la victoria más importante en copas del mundo: ganarle a un grande de Europa, aunque luego supimos lo desmembrados que estaban los franceses. No sé si eso generó cierta soberbia y creyeron que con Uruguay podían inventar y jugar bien por arte de magia. No era fácil ganarle, pero había que intentarlo.
“Desaprovecharon la oportunidad de eludir a Argentina, que sí era importante, no porque le tengas miedo, sino porque siempre tienes que buscar cómo allanar el camino, por eso lo contrastante de este equipo”, asegura el analista.
Más allá de lo que pasó en el campo, Gómez Junco señala que es importante destacar la actitud de Aguirre un día antes del partido con Argentina, lo que habla de un ambiente negativo en el seno de la concentración.
“Creo que Aguirre terminó muy desgastado. Su actitud en la conferencia de prensa denota una molestia, un dolor, un rencor tremendo contra los aficionados y los medios, pero también me parece que internamente no terminó a gusto, con sus jugadores sí, pero hubo algo más que no le gustó y que propició esa actitud. Fue un Javier Aguirre irreconocible. Ya había llegado a un punto que no tiene regreso”, explica.
Desconcentrados
Francisco Javier González considera que el desempeño del tricolor sigue siendo un reflejo de lo que pasa en el futbol mexicano, donde en los torneos locales se premia la mediocridad, a lo que habría que agregarle los errores de los jugadores. En el caso concreto del juego ante Argentina, señala que el error arbitral habría que separarlo de los que cometieron los jugadores, que no pudieron recuperarse del primer gol.
“Necesitamos más competitividad, una liga menos dadivosa, que no premie la mediocridad dos veces al año. Eso rebota en los mundiales. Este resultado es consecuencia de muchas cosas que hay atrás. El fracaso o el éxito no es casual, pero además hay un adagio que dice: ‘Ante el error personal no hay táctica que valga’. Osorio, impactado emocionalmente, regala la pelota para el segundo gol. No se recuperó en el resto del partido, cometió cinco o seis errores más que no trascendieron ante ese, tan enorme. En un Mundial todo depende de un parpadeo. Recibir un gol ya te da una gran posibilidad de perder el partido, según la estadística; si recibes un segundo por un error individual en la defensa de parte de uno de tus jugadores experimentados que está en la liga alemana, el mensaje para los jóvenes es: ‘Muchachos, nos estamos hundiendo’”, señala González.
Se nota que en la selección no estaban de buenas: “A Javier lo veo cansado, agobiado. Un Mundial erosiona mucho las relaciones entre técnico, jugadores y directivos, más si no se consigue el objetivo, pero para tener buenos resultados hay que estar bien y de buenas, y México da la impresión de que estaba bien, pero no de buenas”, reitera.
Ambos comentaristas califican de imperdonable que Javier Aguirre no haya tenido un 11 ideal y sólo hiciera un par de cambios por partido, de acuerdo con el rival, sobre todo porque ninguna otra selección trabajó durante tanto tiempo como la mexicana.
“En esos dos meses hubiera trabajado con 15 elementos y luego anunciado a sus 11 titulares. Sigo sin entender que llegue y use a 11 hombres que por primera vez juegan juntos. Hay quien menosprecia ese factor; para mí es fundamental. Los grandes equipos son los que han mantenido a 11 hombres durante mucho tiempo y México estuvo muy lejos”, asevera el exjugador.
“Hasta se sacrificó la liga en aras de la Selección Mexicana. Un equipo requiere de tiempo y mucha repetición para dominar, pero no se llegó con esa ventaja. Nadie pudo haber llegado con más conjunto que México, pero Aguirre nunca encontró su cuadro. ¿Cuál era su 11 titular? Si ves las selecciones que van a rondas importantes, están usando a 13 o 14 jugadores base, no más. Aquí nunca se encontró una alineación sobre la cual ya sólo hacer cambios de acuerdo al rival”, cuestiona el líder de TDN.
Lo peor, en opinión de González, fue la inestabilidad de los jugadores, sobre todo cuando el propio Javier Aguirre, después de caer 1-0 contra Uruguay, señaló que les faltó actitud.
“Los jugadores son muy inestables y difícilmente repiten una gran actuación. Contra Francia todos desconocimos al equipo por concentrado, por tomar la pelota y saber qué hacer con ella, por intensos, por no cometer un solo error, y no sólo porque Francia fue un mal rival, sino porque se nota cuando un equipo hace bien las cosas, pero luego los jugadores disminuyeron su rendimiento. Aguirre dijo que faltó actitud ante Uruguay. Me parece imperdonable. Estamos jugando una Copa del Mundo, ¿cómo que faltó actitud? Si no es aquí, entonces, ¿cuándo hay que tener actitud?
“Tal vez obedece a nuestra forma de ser como mexicanos, a la falta de competitividad de nuestra liga o a nuestra mentalidad de no tener la mira siempre puesta en un objetivo y pegarle siempre hasta que se logre. ¿Cómo que jugueteamos con los uruguayos? O que Osorio le quiere hacer un sombrerito a Diego Forlán, que no lo conocía ni en foto. No puedes jugarle a sentirte más. Esos errores mentales le afectaron mucho al equipo y eso no es de entrenamiento ni de repetición, es de voluntad, de actitud en cada jugada, pero que a México le cuesta mucho trabajo”, lamenta González.
Exjugador de la selección argentina que en México 86 se coronó campeona del mundo, y entrenador en México del América y Guadalajara, Óscar Ruggeri también comparte la idea de que los futbolistas mexicanos carecen de concentración, por lo que no podrán trascender aunque jueguen muy bien ante grandes equipos y tengan buenos elementos.
“Ya con México eliminado, hay que empezar a trabajar ya, ver qué base de jugadores se pueden quedar para los próximos años y con eso empezar a buscar partidos, pero sobre todo trabajar mucho en la preparación mental. Son grandes jugadores, a Argentina siempre le juegan de igual a igual, pero yo creo que pasa por eso de la concentración. El futbolista mexicano carece de eso. Son grandes jugadores porque me tocó tenerlos a Salcido, a Maza Rodríguez, a Guille Franco en San Lorenzo, a Medina, pero México padece de una falta de concentración porque hay errores (como fallar goles) muy grandes que te dejan fuera y también hay errores defensivos. En eso se ve que tienen que trabajar muchísimo”, propone.
–¿Por qué los delanteros carecieron de puntería? –se le pregunta a Carlos Reinoso.
–Porque no hay delanteros. En el futbol mexicano son todos extranjeros en esa posición. Al haber cinco por equipo, por más que hagan torneos sub 15 o sub 17 siempre van a tener esa barrera. Si los directivos al menos quitan uno, son 18 delanteros mexicanos que tendrían oportunidad. Del extranjero contratan unos muy malos, debería haber un control de calidad, que el que llegara de delantero al menos sea seleccionado de su país. Soy extranjero naturalizado mexicano, pero ese tema para mí es una solución. Parece ya un lugar común porque todos lo dicen, pero lo han subestimado.
Francisco Javier González tiene su propia respuesta a la misma pregunta: “Habría que revisar la tabla de goleo individual local. Los primeros seis o cinco de cada torneo son extranjeros. Ahí tienes la respuesta. A la hora de la alta competencia con qué respondemos, si en casa no tenemos quien haga los goles. Hay que hacer delanteros y ponerlos a jugar. Una selección nacional es el reflejo de su futbol, tenemos muy poca producción. Necesitamos cuatro o cinco Cuauhtémoc para escoger cuál está en mejor forma y que compitan por el puesto, pero en el futbol mexicano hay mucha escasez de eso”.
Ruggeri es aún más lapidario. Presume la producción de delanteros argentinos, pero insiste en que la fórmula es preparar a los jóvenes. Dice que si se comienza ahora, México podrá comenzar a generar jugadores para el futuro.
“Tenemos una calidad que no la tiene nadie. Todos nuestros delanteros son goleadores. Milito, El Kun y Palermo están en el banco y son goleadores porque son titulares Messi, Higuaín y Tévez, pero en Argentina se ha trabajado muy bien con los juveniles en esa posición. Y en México, pues que ya empiecen ahora con los que dentro de cuatro años saben que pueden ir a Brasil. La mayoría de sus jugadores están en el exterior, eso da la idea de que en cualquier momento México tiene que pegar ese golpe (llegar al quinto partido), pero que preparen a los jóvenes. No es suerte. No alcanza con eso. A la suerte se le acompaña con contundencia. En las que llegó Argentina, las hizo. México manejó la pelota pero le falta gol”, asevera El Cabezón.
“Madurez” inútil
A pesar de la experiencia y madurez que como entrenador en clubes españoles adquirió Javier Aguirre durante siete años, no le alcanzaron con la selección nacional y se entercó en utilizar jugadores veteranos de su confianza en lugar de privilegiar a los más jóvenes, de los cuales siempre presumió.
“El prestigio que más estuvo en juego fue el de el mismo Aguirre. Se la jugó con Franco y con Óscar Pérez porque confió en ellos. Pérez le respondió, tuvo una actuación aceptable. No lo culpo por lo que termina siendo un fracaso, pero el portero tiene que ser el mejor y antes que él hay cinco. Se nota que le faltó conocimiento del futbolista mexicano. Es incomprensible que Javier Hernández no haya sido consolidado como centro delantero titular desde el arranque del torneo, pero decidió que este jugador no le gusta y hasta metió dos goles. No sé cuántos hubiera metido si juega como titular. Se equivocó optando por los veteranos cuando él mismo manifestaba que había jóvenes con un potencial tremendo. Tenía que ser el Mundial de Ochoa, el de Guardado”, fustiga Gómez Junco.
De acuerdo con el analista, también es condenable que Aguirre nunca dejara de experimentar con los jugadores, y aunque reconoce que tanto el entrenador como su auxiliar Mario Carrillo son excelentes estrategas, opina que terminaron perdiendo la brújula.
“Crees que ves algo que nadie más ve, te olvidas de lo elemental o se te ocurre que hay que meter a Adolfo Bautista. Inventas formaciones y le dices a uno: tú ya no eres central, eres mediocampista; a otro: tú ya no eres lateral, eres central. En este torneo no puedes inventar sobre la marcha. Se inventó, se experimentó mucho y se pagó un precio. La incertidumbre entre los jugadores, de saber hasta media hora antes si juegan o no, pasó una factura. Vi a algunos desconcentrados, lejos de su nivel óptimo, quizá porque el técnico no fue capaz de darles la confianza necesaria. Ahí el único responsable es Aguirre”, enfatiza.
A su vez, Francisco Javier González señala que si bien en cada proceso mundialista se insiste en concentrar al equipo durante meses, ya quedó demostrado que eso no funciona porque desgasta a los jugadores.
“Se ha pensado siempre que un técnico tenga tanto tiempo a un equipo es bueno, pero un jugador que está fuera de casa 60 días lo empieza a resentir. (Óscar) Tabarez (entrenador de Uruguay) lo dijo, que aprendió de la larguísima concentración de 1990. La concentración larga no funciona. México lo hace cada cuatro años y uno asume que el jugador es profesional y va a resistir, pero hay días de mucho tedio, no hay mucho que hacer y los días son largos.”
–¿Cuál es la responsabilidad de los directivos en este fracaso?
–A esta selección no le faltó un solo detalle para poder hacer una buena preparación: los clubes cedieron a los jugadores, tuvieron todo el tiempo, la mejor gira de preparación, un lugar de concentración muy bueno, buena logística. Los directivos siempre son responsables hasta cierto grado, pero en esta gestión no hay ningún error imputable a ellos, que siempre son el tiro al blanco cuando algo así sucede. Lo hicieron bien, apoyaron al técnico y le dieron todo lo que pedía. l








