Los suyos lo veían como un “duro” del catolicismo. Sus rivales, como un ultraderechista fanático y peligroso. En todo caso, en la vida pública de Antonio Leaño Álvarez del Castillo y en su muerte –el sábado 3– prevalecieron los privilegios del dinero, que le merecieron el perdón de la Iglesia católica y de sus archienemigos, ahora casi gemelos, de la UdeG…
Antonio Leaño Álvarez del Castillo, quien murió el sábado 3 en el Hospital Puerta de Hierro a los 94 años, cerró su largo ciclo sin ceder un ápice en su ideología ni en sus negocios.
Como dijo en su larga oración fúnebre su panegirista, Rafael Rodríguez López: “Militó en el sector combatiente del catolicismo sin ofrecer jamás la otra mejilla a los agresores”.
El mismo orador expresó: “Antonio, para nosotros, fue el auténtico legionario de Cristo, que siempre predicó la ley de Dios y nos previno de la religiosidad hipócrita de los falsos mesías y de los mercaderes de la salvación del alma que proliferan por acá”.
Fundador y rector vitalicio de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), cabeza de la asociación secreta Tecos, empresario inescrupuloso, radical antimarxista y anticastrista, antisemita, católico ultraconservador y proscrito por años hasta llegar al borde de la excomunión; enaltecedor de dictadores y gobernantes autoritarios, que van de Hitler a Somoza y Pinochet, pasando por Stroessner y Fujimori –estos dos últimos, doctores honoris causa en su universidad–, Leaño recibió el perdón de la Iglesia casi al final de su existencia.
A su muerte le llovieron las condolencias de grupos empresariales, de universidades privadas, a excepción de la Panamericana y del ITESO, pero incluida la Universidad de Guadalajara, antaño “socialista y popular”, causa y efecto de la creación de la derechista UAG.
Antonio Leaño fue presidente y rector formal de su institución educativa hasta los 70 años de su fundación, que se cumplieron el 3 de marzo de 2005. En su discurso de despedida recordó que la universidad fundada por él y otros “intrépidos jóvenes” es un monumento “al valor y a la generosidad de la sociedad tapatía de aquellos años treinta, de la que brotó la pasión, la heroica rebeldía y el respaldo total, aun con sangre, a los jóvenes que nos negamos a tener una universidad al servicio de la tiranía marxista-leninista”.
Aquella vez agradeció a su hermano menor, Juan José –expresidente de la Federación Mexicana de Futbol–, haber formado con él “una mancuerna en la que emprendimos y realizamos juntos labores de todo tipo”.
Y públicamente pasó el relevo a sus descendientes: “A ustedes, mis hijos, nueva generación de líderes universitarios, les deposito la estafeta de los ideales de nuestra querida universidad” –dijo, dirigiéndose particularmente a Antonio y Gonzalo Leaño Reyes, dos de los nueve vástagos que lo sobreviven, aparte de su viuda, Paz Reyes de Leaño.
Al primero le dejó la universidad como herencia al ascenderlo de vicerrector a rector, puesto inseparable de su entorno de negocios hechos al cobijo de la institución, entre ellos los grandes desarrollos inmobiliarios. A Gonzalo lo mantuvo en la dirección del periódico Ocho Columnas.
Catolicismo a su estilo
El 3 de marzo de 1935, el patriarca de los Tecos, su hermano Ángel, Carlos Cuesta Gallardo, José Luis Ruvalcaba Atilano y Fernando Banda, con la bandera de la libertad de cátedra, fundaron la Universidad Autónoma de Occidente, que luego se convertiría en la UAG, en oposición a la reforma del artículo tercero constitucional de 1934, que establecía una educación pública “socialista” y que de inmediato había adoptado la Universidad de Guadalajara, de la que el grupo se escindió.
El catedrático universitario y analista político Juan José Doñán recuerda que, aun cuando en sus orígenes la UAG “enarboló valores como la libertad de cátedra y de pensamiento, así como la no injerencia de partidos o gobiernos en la vida universitaria, pronto se convirtió en una institución facciosa, anticomunista, antisemita y profranquista, lo que llevó a sus dirigentes –entre ellos a Antonio Leaño– a hacer una purga, persiguiendo y echando de la UAG a toda aquella persona que no compartía su forma de pensar”.
Entre las víctimas de esa “depuración” estuvieron algunos jesuitas y el cofundador del PAN, Efraín González Luna, a la postre el primer candidato a la Presidencia de la Republica postulado por el blanquiazul.
“No obstante su ideología ultraconservadora –subraya Doñán–, el grupo dirigente de la UAG estableció y mantuvo, para su propio provecho político y económico, relaciones con los gobiernos ‘revolucionarios’ del PRI y, desde 1995, también con los ‘reaccionarios’ del PAN.”
Años después, a finales de 1944, a propuesta de Cuesta Gallardo, los fundadores y algunos exalumnos y alumnos escogidos de la llamada primera universidad privada del país crearon el grupo secreto de apariencia católica denominado Tecos, con todos los formalismos de una secta secreta, con un sistema de espionaje y un rito: juraban fidelidad a su causa delante de un crucifijo.
Según el jesuita José de Jesús Martínez Aguirre, uno de los fundadores de la UAG, la idea se le ocurrió a Cuesta Gallardo después de un viaje que hizo a la Alemania nazi y a la España franquista, donde estudió las organizaciones secretas.
Posteriormente, con la bendición del arzobispo José Garibi Rivera, maestros y alumnos que habían abandonado la UAG establecieron, en 1957, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, hoy Universidad Jesuita ITESO.
Al poco tiempo los Tecos allanaron las improvisadas instalaciones del nuevo instituto de educación superior y amenazaron de muerte a varios maestros, al considerarlo como competencia, dado el sello católico que pretendían monopolizar.
Por esa razón Garibi Rivera, quien posteriormente se convirtió en el primer cardenal mexicano, condenó la agresión e incluso amenazó:
“Sepan los directores o instigadores de tales atentados que no podrán acercarse a los sacramentos mientras no restituyan la honra y los bienes que han dañado con la calumnia y con el atropello”. Añadió que “la Universidad Autónoma de Guadalajara no reúne las condiciones para ser una universidad católica”.
Cerca del final de su arzobispado, a principios de los setenta, Garibi Rivera accedió sin entusiasmo –porque Leaño y su gente se oponían férreamente a las reformas del Concilio Vaticano II– a bendecir la Ciudad Universitaria Autónoma. Se iniciaba una época de no agresión, pero no de mejores relaciones.
Cuando agitó la escena mundial el rebelde y muy conservador obispo francés Marcel Lefevbre, los Tecos, con Leaño a la cabeza, se adhirieron de inmediato a su doctrina. Transcurrieron los arzobispados de los cardenales José Salazar López y Juan Jesús Posadas Ocampo.
Y entonces llegó el perdón. Aunque obstinado en su fe católica a su modo e interpretación, el 28 de octubre de 2008 a las 12:00 horas el alumno de Garibi, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, recibió del rector Antonio Leaño Reyes una medalla al mérito creada ex profeso para él y llamada Ciencia y Libertad en el Orden Eclesial en Grado Cardenalicio (Proceso Jalisco 208).
El pasado domingo 4, el mismo Sandoval Íñiguez celebró la misa de cuerpo presente en la basílica de Zapopan. Igual que en las honras fúnebres celebradas previamente en la sede de la UAG, donde Leaño fue sepultado en un mausoleo construido recientemente, había en el templo muchas mujeres con la cabeza cubierta. Muy al estilo lefevbriano.
Negocios y política
Tras la muerte de Leaño Álvarez del Castillo se volcó en esquelas fúnebres un sector de empresarios que tienen relación con la UAG y prácticamente todas las universidades, a excepción de las ya citadas. Además, la UdeG se hizo notar con un cuarto de plana, igual que el gobierno del estado y la mayor parte de los ayuntamientos de la zona metropolitana.
“A lo largo de medio siglo, particularmente durante la época de la Guerra Fría, la UdeG y la UAG mantuvieron una intensa enemistad, rubricada con hechos violentos, la cual comenzó a desinflarse años antes de la caída del Muro de Berlín (1989), aun cuando todavía en 1991 el entonces rector de la UdeG, Raúl Padilla, calificara públicamente a la UAG de ser un “centro de formación fascista”. (…) Lo menos que los Tecos de la UAG llegaron a decir de su contraparte fue que era un ‘criadero de comunistas’. Por su lado, los beligerantes de la UdeG decían que los autónomos eran un ‘foco de incubación reaccionaria’”, escribe Juan José Doñán en su libro Aí pinchemente: para un retrato de los tapatíos, de próxima aparición.
Gilberto Parra Rodríguez, quien fuera diputado federal por el PRD y presidente de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), comenta sobre las condolencias públicas de la UdeG que ésta “ha cambiado muchísimo y está al servicio de las políticas neoliberales, como lo ha estado la autónoma”.
Reconoce que saludar o dar el pésame es de elemental cortesía, “pero si se analiza el pensamiento ahora de una y otra universidad, y de los mismos universitarios, ya no hay diferencia. La actitud de unos y otros es igual de individualista, tienen la misma visión y la misma actitud de divorcio e indiferencia hacia los problemas sociales. Ya no hay un mínimo de solidaridad con quienes pagamos la educación pública, y eso que los egresados de la UdeG tienen un mínimo de posibilidades de ser empleados (sólo un 10%), son los excluidos del sistema”.
Una faceta de Antonio Leaño que muestra esta lejanía de los intereses sociales es la de sus redituables desarrollos inmobiliarios. Rubén Ávila Marín, defensor de comuneros de San Juan de Ocotán, colindantes con terrenos de la UAG en el municipio de Zapopan, señala:
–Don Antonio Leaño fue un empresario sin escrúpulos… Se apoderó de la Isla Navidad, que era propiedad del ejido La Culebra, en el municipio de Cihuatlán. Fue él quien desvió el río Marabasco hacia la laguna de Barra de Navidad para cambiar los límites de Jalisco y entregar esas tierras a Colima, donde podía maniobrar mejor para su beneficio.
“A la brava se quedó con la Hacienda de la Providencia, donde ahora es Puerta de Hierro y se elevan grandes torres. Desde hace años mantenemos una lucha contra los de la UAG porque quieren quedarse con 130 hectáreas de La Coronilla, del ejido de San Juan de Ocotán… Para los Leaño, la educación es secundaria. Los desarrollos inmobiliarios son su gran negocio.”
No menos temible es el resto del grupo Tecos. El abogado José Antonio Ortega Sánchez le atribuye torturas y seis asesinatos de disidentes de la secta ultraderechista de El Yunque.
Una nota del periodista Álvaro Delgado, publicada en la edición 1744 de Proceso, el pasado 4 de abril, asienta que en la averiguación previa SIEDDF/CGI096/2007, iniciada en la Procuraduría General de la República, “se acumulan evidencias que apuntan a la autoría intelectual de Antonio Leaño Álvarez del Castillo, rector vitalicio de la UAG, y a sus hijos Antonio y Gonzalo Leaño Reyes en al menos seis asesinatos”, de acuerdo con el testigo Lorenzo Lira García.
Éste acusó de tortura a un comando integrado, entre otros, por Ramón Velasco Sánchez, José Martín del Campo, Eduardo Miranda Ortega, Refugio Durán Muñoz y los hermanos Eduardo y José Antonio Fernández Salazar, éste último conductor de noticias en Televisa Guadalajara.
En otra información publicada en la misma fecha por Delgado se dice que en el juicio de nulidad matrimonial promovido en la Arquidiócesis de Guadalajara por Mónica Leaño Reyes contra su esposo Eric Coufal Díaz Garza, cónsul honorario de Austria, éste “describe conductas ‘criminales’ de Leaño Álvarez del Castillo y pide que se le excomulgue a él y a todo su clan”. l








