Sin dinero para concluir la casa de Rivas Mercado

Cepeda. Honrar la historia

Una mala decisión de los diputados dejó a medias esta construcción emblemática de la Ciudad de México. Con malestar, Ana Lilia Cepeda, presidenta de la Fundación Conmemoraciones 2010, A.C., señala que dejar caer en el vacío la obra implica una responsabilidad histórica descomunal, pues la casona de la colonia Guerrero fue protagonista de sucesos de primer orden durante el siglo XX.

 

Escenario de diversos acontecimientos históricos y culturales de finales del siglo XIX y principios del XX, y quizá ella misma protagonista de algunos, la casa del arquitecto porfiriano Antonio Rivas Mercado no ve la hora en que su rescate y remodelación llegue a buen término.

Su reapertura se había planeado originalmente para septiembre de este año, en el marco de las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, pues se consideró que las obras de restauración llevaban un buen curso. Pero un cambio en los mecanismos con los cuales la Cámara de Diputados asigna recursos a los proyectos culturales, la dejó sin un peso de presupuesto.

Ahora, las obras se hallan detenidas. Y lejos de avanzar, los pocos recursos conseguidos por otras vías se han tenido que destinar a la protección contra el deterioro causado por la intemperie, la lluvia y el sol…

En el recinto, ubicado en la calle de Héroes 45, en la populosa colonia Guerrero, Ana Lilia Cepeda, presidenta de la Fundación Conmemoraciones 2010 (organización civil que emprendió el rescate de la casa donde nació y vivió la promotora cultural Antonieta Rivas Mercado), expresa a Proceso su asombro, desencanto y molestia por la falta de apoyo de las autoridades a este proyecto que, en su opinión, no sólo recuperará un emblemático edificio, sino que contribuirá a detonar económica y socialmente esta colonia.

En alusión a la reciente exhumación de los restos de los héroes insurgentes que se encontraban en la Columna de la Independencia, construida también por el arquitecto Rivas Mercado, y a la insistente campaña mediática Orgullosamente mexicano, Cepeda dice que se ha reunido con instancias de los gobiernos federal y local para evitar que la casa se pierda. 

Sostiene:

“Ser ‘orgullosamente mexicano’ no es por mandato, es con base en la recuperación y conocimiento de nuestra historia, de nuestro origen y de honrar el pasado con conocimientos. Escuché una frase que me parece buenísima ahora que exhumaron a los héroes: ‘Lo que hay que exhumar son las ideas’.

“Y esta casa justamente fue habitada por un arquitecto que, si bien fue del porfiriato, también fue nacionalista, es de los pocos personajes de la época del rompimiento del sistema, de esta transición entre el porfiriato y la Revolución. Él se queda en México teniendo cinco hijos, dos de ellos mujeres pequeñas, no abandona el país, aquí vive la Revolución, aquí la ve pasar. Fue director de la Academia de San Carlos y nunca abandonó su puesto, arriesgándose con un gran carácter y con un gran temple.”

Si se “exhumaran” las ideas y los ideales, continúa, se entendería que esta casa, construida por Rivas Mercado en 1898 para habitarla con su familia y establecer ahí su estudio, fue el lugar donde se concibieron y desarrollaron diversos proyectos culturales que aún perviven en el país, como la creación de una sinfónica nacional, ideada en su momento por Antonieta Rivas Mercado. Por ahí pasaron personajes como el escritor Andrés Henestrosa o el pintor Diego Rivera, y se proyectó también la creación del teatro Ulises.

“Nos parece que dejar caer un proyecto tan importante como éste en el vacío, es una gran responsabilidad histórica. Porque si bien estamos en el año del Bicentenario, basta hacer un alto en el camino para darnos cuenta de todo lo que tenemos por recuperar, no nada más en un año, en una fecha que nos determina o en un momento histórico, sino de manera continua y permanente. Esa es la forma de honrar nuestra historia.”

Explica que este proyecto sería un detonante para la colonia Guerrero, no sólo porque sus habitantes se sienten identificados con la casa, e incluso asegura que se comenzó el rescate a instancias de varios jóvenes vecinos que leyeron la novela A la sombra del ángel, de Kathryn S. Blair (véase recuadro), basada en la casa y la vida de los Rivas Mercado, sino también porque se está planeando como sede del programa de orquestas y coros juveniles de la Ciudad de México, que al día de hoy carece de un espacio propio.

El programa se creó a semejanza del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, del cual egresó el joven y afamado director de orquesta Gustavo Adolfo Dudamel. El coordinador del programa, Ariel Hinojosa, visitó la casa Rivas Mercado para determinar si el espacio es apto. En su opinión requiere sólo de algunas adecuaciones.

Explica Cepeda que se demolerá un edificio construido en el terreno de la casa, que no tiene valor artístico o histórico. Ya se cuenta con la autorización del Instituto Nacional de Bellas Artes. Ahí se edificaría un nuevo espacio ex profeso, con salones de música y un auditorio. Y en el de la casa se mantendrá el proyecto original de crear un pequeño museo de sitio, una galería de exposiciones y otro auditorio más pequeño.

En el patio se piensa construir un lugar para exponer de manera permanente la cabeza original de la Victoria Alada (ángel) que remata la Columna de la Independencia, la cual se rompió al desplomarse como consecuencia del terremoto de 1957 y ahora se encuentra en el Archivo Histórico de la Ciudad de México.

 

Discrecionalidad

 

A cargo del arquitecto Gabriel Mérigo, el rescate de la casa Rivas Mercado estaba avanzado. Primeramente se reestructuró el edificio y luego se comenzó a trabajar en la recuperación de sus elementos decorativos. Se recuperó la cantería, que cuenta con 11 tipos distintos; la herrería, que está lista para ser pintada; y se reconstruyeron los tapetes creados con mosaicos de 85 diseños diferentes por Rivas Mercado para los distintos salones y habitaciones. Pero las obras debieron pararse con el riesgo ahora de ir perdiendo lo que se había recuperado.

Los primeros recursos, expone Cepeda, se obtuvieron a través del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), de los llamados “etiquetados” por la Cámara de Diputados durante la LX Legislatura. El mecanismo fue someter el proyecto a concurso mediante una convocatoria abierta a la cual se inscribieron diversas propuestas de recintos y museos de todo el país. El proyecto de rescate del edificio obtuvo el primer lugar y se le asignaron 10 millones de pesos.

Al cambiar la legislatura, la actual Comisión de Cultura, presidida por la panista Kenia López Rabadán, modificó el mecanismo. Ahora, lamenta Cepeda, los recursos se otorgan de manera “discrecional”, de acuerdo con el número de diputados y por fracción parlamentaria, ya no hay una convocatoria pública abierta ni se conocen los proyectos a los que se destinan fondos.

Así, “al contentillo de la partidocracia”, según consignó el investigador Eduardo Cruz Vázquez (La Jornada Semanal, 20 de junio), se repartieron 3 mil millones de pesos.

Cepeda expresa su enojo pues dice que antes todos los concursantes conocían los proyectos, era un mecanismo “sano, democrático, abierto, en el que no cabía duda”, y ahora no se sabe cómo se asignan los recursos” ni se les dan a proyectos con viabilidad. El proyecto volvió a presentarse a concurso, pero lo más que obtuvo fue 1 millón 100 mil pesos que recién fueron entregados, por lo cual debieron parar por completo la obra. Ahora están a la expectativa de que se les reasignen recursos de los proyectos que obtuvieron el apoyo sin ser viables.

“¡Se paró todo un año! Nos parece de veras lamentable porque esta casa estaba en riesgo de demolición –que no se nos olvide–, cuando tiene elementos arquitectónicos y decorativos tan importantes como los pisos. No hay otra casa con estos tapetes en México… entonces sí nos parece delicado, muy grave. Nosotros hemos hecho un esfuerzo loable, pero creo que se necesita de un acompañamiento institucional, porque es un bien de la ciudad. El compromiso de la fundación es que una vez recuperado, se regresará como patrimonio de la ciudad al gobierno, porque es una casa emblemática.”

Considera que si se logra instalar en ese recinto al programa de orquestas y coros juveniles, se crearán vínculos con la comunidad, con lo cual se contribuirá a reestructurar el tejido social y “darle una esperanza a los jóvenes”. En su opinión, Venezuela es el mejor ejemplo de un programa que ayuda a reincorporar a los jóvenes a la vida familiar y social de “una manera muy noble, como es la música”:

“Si lo logramos, será fantástico. Ha habido un impulso de la iniciativa privada y de los gobiernos local y federal, pero necesitamos que haya realmente un compromiso con el proyecto. Esto es algo concreto, tangible y que va a trascender. No es la iluminación en la Catedral, de la cual no nos van a quedar ni los foquitos, se los van a llevar, en cambio esto sí va a quedar, por eso estamos un poco desesperados y enojados.”

Recuerda entonces que en la época de Porfirio Díaz se hicieron grandes obras para los festejos, pero se planeó todo con 10 años de anticipación. “Aquí de repente sacan un proyecto como el Arco del Bicentenario”, que terminará siendo una torre de luz en Reforma, “que me parece fuera de lugar”. Advierte:

“En la época de Díaz se tapaban los ojos para no ver la bomba sobre la que estaban sentados, para no ver la crisis, pero yo creo que ahora la mayoría de los mexicanos, no todos, pero la mayoría, tenemos conciencia de la situación política y social por la que estamos pasando, entonces no se trata de sacar obras de relumbrón en el último momento. Hay que buscar proyectos que se vinculen a la sociedad, que le regresen algo a la comunidad, que la integren, que ayuden a tejer, a reconstruir el tejido social.”  l