El asesinato del candidato priista a la gubernatura de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, tiene tintes ominosos. No sólo por la saña y la exhibición de poder que implica un homicidio así, sino por la naturaleza política de ese golpe del narco y porque ocurre en la “zona roja”, como ya se le conoce al corredor Nuevo León-Tamaulipas, donde los mayores cárteles del país, el del Golfo y el de Sinaloa, se enfrentan a uno de los más sanguinarios: Los Zetas. Y ahí sí, ni la PGR le entra. Aunque en este caso sí lo hará.
El asesinato del candidato priista a la gubernatura de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, perpetrado el lunes 28, ocurrió en el momento más álgido de la pugna que en esa entidad libran el cártel del Golfo y Los Zetas, grupo armado que según la DEA y la Secretaría de Seguridad Pública federal (SSP) ya es considerado un cártel bien establecido en el corredor Tamaulipas-Nuevo León y que sigue integrando a exmilitares mexicanos y guatemaltecos en su estructura.
A pesar de sus fisuras internas y del encono que priva desde 2003 por la detención de Osiel Cárdenas Guillén, su reconstructor, el cártel del Golfo es el segundo grupo criminal más poderoso del país, después del cártel de Sinaloa, que domina en todo el litoral mexicano del Pacífico.
El asesinato del candidato del PRI se presenta en un escenario trastocado por la falta de control militar, los desatinos de la política anticrimen del gobierno federal, la corrupción imperante en las filas policiacas y los choques armados que protagonizan el cártel del Golfo y Los Zetas, bandas que tras más de 12 años de alianza se están disputando los principales territorios del Golfo de México.
Luego del escándalo ocasionado por el asesinato de Torre Cantú, el presidente Felipe Calderón hizo un llamado más a la unidad y pidió a la sociedad sumar fuerzas contra el crimen organizado, pero fue poco enfático al referirse al candidato priista, a pesar de la saña con la que fue ejecutado.
Es más, ni el escenario de violencia que vive Tamaulipas ni el uso de armas de alto poder en este crimen –por citar algunos elementos trascendentes –fueron suficientes para que el caso fuera atraído e investigado en el ámbito federal por la Procuraduría General de la República (PGR), que pintó su raya al erigirse sólo como autoridad coadyuvante de la indagatoria. Sin embargo, el viernes 2 por la noche la dependencia informó que atraería el caso al considerar que las pruebas desahogadas hasta entonces así lo ameritaban, abriendo la AP PGR/DGCAP/ZC/-IV/093/2010
La misma tarde del crimen, la PGR informó a través de una tarjeta informativa que había enviado a Tamaulipas a varios agentes del Ministerio Público federal y peritos para colaborar en la investigación que lleva a cabo la procuraduría estatal.
La nueva alianza
La creciente violencia que enfrenta el noreste del país no es ignorada por la PGR, institución responsable de investigar los delitos cometidos por la delincuencia organizada.
Desde febrero de este año, la DEA
–agencia antidrogas estadunidense– dio a conocer que la alianza pactada por el cártel del Golfo con el de Sinaloa fracturó la relación del primero con Los Zetas, que por más de una década estuvieron aliados en los negocios de las drogas, el secuestro, la extorsión y otra veintena de delitos graves. También advirtió que dicha ruptura traería como consecuencia una mayor división de las policías, de por sí pulverizadas por la corrupción, debido a las pugnas por la protección de sus intereses criminales.
La advertencia de la DEA se cumplió: ahora Tamaulipas y Nuevo León tienen a sus policías “completamente cartelizadas”. Poco después de que la agencia de Estados Unidos adelantó el escenario de violencia en ese corredor, la SSP federal confirmó a través de sus órganos de inteligencia que, en efecto, la ruptura de Los Zetas con el cártel del Golfo era un hecho, lo que traería como consecuencia la disputa de ese territorio entre esas organizaciones, que desde 1997 eran aliadas en el tráfico de drogas.
De acuerdo con una ficha informativa elaborada por la PGR, la descomposición que se advierte en el corredor Tamaulipas-Nuevo León obedece a la nueva configuración de los cárteles de la droga, producto de los reacomodos entre las dos más importantes organizaciones que operan en México: el cártel del Golfo y el de Sinaloa.
Con base en información de la DEA, la PGR sostiene en la ficha referida que en Tamaulipas no sólo se confirmó la ruptura entre Los Zetas y el cártel del Golfo, sino que en éste privan los desacuerdos por el control entre Eduardo Costilla, El Coss, y Ezequiel Cárdenas Guillén.
Para la DEA, el antagonismo interno del cártel del Golfo parece irreconciliable y por lo tanto “es una fuente generadora de violencia e inestabilidad”. Como dice la agencia estadunidense en un informe sobre el reacomodo de los cárteles: “Los vínculos entre los personajes históricos del cártel del Golfo, Eduardo Costilla y Ezequiel Cárdenas, se han resquebrajado con quienes dirigen a Los Zetas, entre ellos con Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, y Miguel Treviño Morales, El Z-40”.
Continúa: “Los vínculos entre estas bandas dedicadas al tráfico de enervantes sólo estaban sustentados en débiles acuerdos”, y añade que la endeble relación se fracturó desde enero pasado debido al asesinato de una persona clave de Los Zetas: Víctor Peña Mendoza, El Cóncord 3, identificado por la DEA como brazo operador de Treviño Morales.
Debido a la separación de Los Zetas de la organización que los vio nacer entre 1996 y 1997, un nuevo reacomodo de cárteles se presentó en el país, lo que derivó en nuevas alianzas y también en batallas por el control territorial. A esas causas se atribuye la ola de asesinatos y levantones que a diario se viven en Tamaulipas y Nuevo León, que según el secretario general del PRI, Jesús Murillo Karam, ya rebasó a los gobernadores de todos los estados, pues afirma que éstos carecen de instrumentos para combatir al crimen organizado.
Según el director de inteligencia de la DEA, Anthony Placido, los estallidos de violencia que padecen ambas entidades constituyen un nuevo episodio. Él atribuye las confrontaciones a la independencia de Los Zetas, a los que imputa la intención de controlar la frontera con Estados Unidos.
“Tengo entendido que hay una guerra nueva entre los cárteles del Golfo y Los Zetas, que anteriormente eran una misma organización y ahora están separados… Entendemos que están luchando por el control de la plaza”, dice Placido.
–¿Es una amenaza relevante para Estados Unidos la confrontación de los cárteles del Golfo y Los Zetas? –pregunta el reportero.
–México es un foco de preocupación. Es muy pronto para conocer las consecuencias, fuera de México, de esos dos grupos rivales. Es difícil colocar un orden porque no estamos comparando manzanas con manzanas, pero mi atención está puesta en México porque por ese país llegan tres de las cuatro drogas más importantes usadas en Estados Unidos, y ello se debe a su proximidad geográfica.
Según la SSP y la PGR, que sustentan su versión en los informes de la DEA, la presunta causa de la escisión entre Los Zetas y el cártel del Golfo tiene su origen en los acercamientos que sostuvieron miembros del cártel de Sinaloa con Eduardo Costilla a fin de establecer una posible alianza.
Cuando surgieron los primeros datos sobre una eventual asociación entre ambos cárteles saltaron las dudas, debido principalmente a que en más de 50 años de existencia esos grupos fueron rivales. Sin embargo, desde Washington la DEA confirmó la alianza Golfo-Sinaloa y adelantó lo que más tarde confirmaría la SSP: que había nuevos enroques en las estructuras del narcotráfico mexicano.
En efecto, en un intento de fortalecer su liderazgo dentro y fuera del Golfo de México, Los Zetas se aliaron con la organización Carrillo Fuentes, los hermanos Beltrán Leyva y el cártel de Tijuana.
Por su parte, el cártel del Golfo perdió su brazo armado (Los Zetas), pero estableció una alianza con el cártel de Sinaloa, los hermanos Valencia afincados en Michoacán y La Familia michoacana, organización esta última que se expande desde hace tres años y que, según la SSP, domina 10 entidades del país con el apoyo de las policías locales.
Desde que se consolidó la alianza de los cárteles del Golfo y de Sinaloa no han cesado los choques entre ambos grupos y Los Zetas. En marzo de este año, por ejemplo, el área de inteligencia de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) dio a conocer que en el municipio de Camargo, Tamaulipas, Los Zetas habían habilitado un centro de adiestramiento para sicarios.
Eso fue confirmado debido a que ese lugar presuntamente fue atacado a balazos por gatilleros del cártel del Golfo. Según los reportes oficiales, el enfrentamiento duró un par de horas y en él murieron dos personas. De acuerdo con un video publicado en la página electrónica YouTube, la balacera fue parte de la guerra que sostienen Los Zetas y el cártel del Golfo.
Otro epicentro de la ola de asesinatos es el estado de Nuevo León, feudo de Los Zetas. Ahí las matanzas son tan frecuentes que al corredor formado por esta entidad con Tamaulipas ya se le conoce como “la zona roja”. Tampoco la policía nuevoleonesa puede contener la violencia, ya que toda la estructura policiaca está infiltrada por el narcotráfico, según reconoce la SSP.
Bienvenidos a “Los Zetas”
Aun cuando ha sufrido bajas por detenciones y asesinatos, el cártel del Golfo mantiene casi intacta su estructura, de acuerdo con un informe de la SSP elaborado por su área de inteligencia y titulado Radiografía de las organizaciones de narcotraficantes.
Con base en ese informe, cuya copia tiene Proceso, puede establecerse que los personajes que reconfiguraron el cártel del Golfo bajo el liderazgo de Osiel Cárdenas Guillén son los mismos que han ejercido el poder criminal desde 1997 a la fecha.
Con excepción de Osiel Cárdenas, detenido en 2003 y extraditado a Estados Unidos, el resto de los cabecillas del cártel sigue operando:
Sobre Enrique Rejón Aguilar, El Mamito, el informe de la SSP apunta: “Es uno de los integrantes (del cártel del Golfo) más violentos y formó parte del Ejército mexicano”. Ezequiel Cárdenas Guillén es hermano de Osiel. Eduardo Costilla Sánchez (El Coss) es identificado por la PGR y la SSP como cabeza de la organización; junto con él operan Héctor y Gregorio Sauceda Gamboa, Zeferino Peña Cuéllar (Don Zefe), Carlos Landín Martínez (El Puma) y Alfonso Lam Liu.
Por su parte, el cártel de Los Zetas es encabezado por Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, y de acuerdo con el informe federal citado, su segundo de a bordo es Miguel Ángel Treviño Morales, El Z-40.
Los Zetas no han dejado de reclutar a militares mexicanos para suplir sus bajas y reforzar sus filas. De igual forma, tienen una importante cantera criminal en el ejército de Guatemala, cuyos desertores son incorporados al cártel, según consta en la causa penal 19/2006, en la que el declarante guatemalteco William Mendoza González, conocido como El Dandy, refiere cómo fue “enganchado” por Los Zetas.
Cuenta en su testimonio ministerial que luego de salirse del ejército guatemalteco permaneció como un mes en su casa, al cabo de ese tiempo, un amigo (guatemalteco), también exkaibil y al que había conocido en el Primer Grupo de Fuerzas Especiales del Ejército de Guatemala, Eduardo Morales Valdez, le dijo que si quería ir a trabajar a México como encargado de dar seguridad a un empresario, sin explicar más que recibiría tres mil pesos quincenales y luego de algunos meses de trabajo le aumentarían el sueldo.
Como me pareció atractivo el ofrecimiento dijo que sí (sic), contestándole su amigo que él le avisaría cuándo partirían (a México) y que mientras le confirmaba la fecha iba a buscar a más exmilitares guatemaltecos porque así se lo había pedido el empresario al que le iba a dar seguridad.
Que aproximadamente dos días después, Eduardo Morales Valdez acudió al domicilio de su amigo, en Santa Amelia, para decirle que en ese momento quería que fuera a la casa de un sujeto al que conocía como El Ponchado, al parecer de apellido Stwinlisky, para ver lo del trabajo en México. Haciéndole así, se dirigieron al domicilio de El Ponchado, ubicado en el barrio de Santa Fe, municipio de Poptún, departamento de Petén, Guatemala.
En ese domicilio se encontraban doce exkaibiles, quienes se incorporaron al grupo Los Zetas el doce de mayo del 2009. Para llegar a México partieron de Petén, Guatemala, hasta llegar a la frontera con Tenosique, Tabasco, en México; al llegar a la garita donde está la aduana de México, las autoridades aduanales nos dieron permiso por setenta y dos horas para pasar a México, como normalmente ocurre con la gente que desea conocer o comprar ropa. Luego un sujeto pasó por nosotros para llevarnos al puerto de Veracruz, donde permanecieron varios días.
Luego nos llevaron a Tampico, Tamaulipas, donde fuimos recibidos en una fiesta en la que nos dieron la bienvenida con una gran manta que decía “Bienvenidos a Los Zetas”. Nos dijeron que querían probar nuestra disciplina militar y más tarde nos dijeron que el negocio se trataba de trabajar con droga, matar a narcotraficantes rivales y mantener el poder a cualquier costo…








