Ante la desastrosa participación de la selección de futbol de Francia en el Mundial de Sudáfrica, los políticos de ese país se rasgan las vestiduras y apelan al “respeto” y al “honor de la patria”. Sin embargo, detrás de sus críticas subyace la hipocresía y, peor aún, el clasismo y el racismo que la derecha aprovecha para insinuar que los hijos de inmigrantes –como lo son la mayoría de los jugadores de la selección– no son capaces de respetar a la nación francesa. Más aún, la crisis del equipo francés es sólo un síntoma de lo que afecta hoy a la sociedad de ese país: el individualismo, el cinismo, el deslumbramiento por el poder del dinero.
París.- “En el futbol la presencia del equipo adverso lo vuelve todo muy complicado”, solía decir Jean-Paul Sartre con mueca irónica. Erwan le Duc, director de la página web de deportes del vespertino Le Monde, recuerda esa ocurrencia del filósofo existencialista y precisa:
“El Mundial perdió a sus bufones (…) Con los azules ni siquiera se necesitó la presencia de contendientes, ya que se empeñaron en destruirse solos (…) Es un fracaso total. Se debe dar la vuelta a la página, o más bien arrancarla”.
Nadie se atreve a aludir a una eventual maldición azteca en la muy racional patria de Sartre y Descartes. Sin embargo, todo mundo reconoce que se aceleró el descenso al infierno de la selección francesa después de la patética derrota de los azules ante el tricolor el jueves 17.
Tal descenso culminó cinco días después, el martes 22, con su consternante partido contra los Bafana Bafana y su salida del Mundial por la puerta trasera en medio de merecidas burlas tanto en su propio país como a nivel internacional.
A la vez incrédula y divertida, la prensa mundial y francesa reseñó la vergonzosa telenovela de estos jugadores multimillonarios y pretenciosos que se insultaron, se rebelaron contra su entrenador y la Federación Francesa de Futbol y acabaron por lanzarse en una surrealista huelga de entrenamiento dos días antes de su partido contra la selección sudafricana.
El jueves 24 los azules tomaron el avión de regreso a Francia. Los esperaban un odio que jamás despertó equipo alguno en la historia del futbol galo, polémicas, violentos arreglos de cuentas, una especie de catarsis nacional de la que fueron los detonantes y que ahora los rebasa. A algunos de ellos los esperaba también el presidente Sarkozy, quien los convocó en el Palacio del Eliseo para pedirles cuentas.
Enfatiza Jean Marcel Bourguereau, periodista y bloguista del semanario Le Nouvel Observateur, en una nota fechada el lunes 21: “Lo peor es que esta catástrofe nos presenta la imagen de la sociedad francesa de hoy. La victoria del equipo nacional en 1998 cumplió el mismo papel al ofrecernos la imagen de una sociedad Black, Blanc, Bleur (integrada por franceses antillanos o de origen africano, blancos y de origen árabe) mitificada. Hoy la selección refleja la sociedad de 2010 en la que imperan el individualismo, la incivilidad, el cinismo, el poder absoluto del dinero, las trampas feas”.
Sigue el experto: “En 1998 el entrenador Aimé Jacquet se apoyaba sobre hombres como Didier Deschamps, Lilian Thuram o Laurent Blanc que eran buenos jugadores al tiempo que lucían por su inteligencia y en ciertos casos por su cultura. Pero lo que pasa hoy es tan sólo el reflejo de síntomas más generales…”
Tanto Bourguereau como otros analistas franceses denuncian la hipocresía de los políticos que llevan una semana proclamándose ofendidos por “la vulgaridad y el desenfado” de los azules.
Los periodistas insisten en que el primer hipócrita es, sin duda, el presidente Nicolas Sarkozy, quien tomó la palabra en forma solemne desde Moscú, donde se encontraba en visita oficial, para calificar de “inaceptable” el hecho de que el jugador Nicolas Anelka hubiera tratado a su entrenador de “hijo de puta”.
Bourguereau se pregunta si el jefe de Estado tiene amnesia: en 2008 Sarkozy se dio el lujo de insultar a un francés que rehusaba apretarle la mano, diciéndole “Lárgate, pobre pendejo”.
El semanario satírico Le Canard Enchaîné no se queda atrás. Una de sus plumas más acerbas, Eric Emptaz, no resistió la tentación de crucificar a su tocayo Eric Woerth, actual ministro del Trabajo y exministro de Finanzas, quien exigió “un balance sin indulgencia” de la actuación de la selección nacional incapaz de ser “un ejemplo moral para la juventud francesa”.
En un arranque de lirismo, el político de derecha confesó inclusive: “Uno tiene ganas de amar a la gente capaz de la generosidad”.
Emptaz se pregunta: “¿Cómo se atreve Woerth a hablar de ética en el momento mismo en que la prensa revela que su esposa fue asesora financiera de Liliane Bettencourt, tercera fortuna de Francia, quien escondió durante años millones de euros al fisco francés?”
Tanto Bourguereau como Empatz recuerdan, guasones, que Carla Bruni Sarkozy aprobó la fraudulenta calificación de Francia para el Mundial 2010 y disculpó la “mano culpable” de Thierry Henri diciendo: “Pas vu, pas pris” (No lo vieron, no lo sancionaron, no pasó nada).
Clasismo y racismo
Como un solo hombre ministros de Sarkozy y diputados de derecha acusan a los azules de “deshonrar” a Francia. Uno de los más virulentos es Eric Besson, quien lamenta que el equipo galo “carezca de respeto mutuo”.
“¿Quién es Besson para hablar de respeto humano?”, se indigna Bourgereau.
No deja de ser pertinente su pregunta ya que bajo las instrucciones de Besson, exsocialista y actual ministro de Inmigración, Integración e Identidad Nacional, no pasa un día en Francia sin redadas contra indocumentados –incluyendo a menores de edad a la salida de sus escuelas–, sin detenciones en centros inhóspitos y sobrepoblados ni expulsiones manu militari de inmigrantes indocumentados e indefensos.
“¿Dónde hay respeto mutuo en una sociedad en la que Brice Hortefeux, ministro del Interior condenado por la justicia gala por insultos racistas contra los árabes, sigue en su puesto como si nada hubiera ocurrido?”, interroga el periodista del Nouvel Observateur.
Todo parece indicar que faltó también mucho “respeto humano” durante la reunión a puerta cerrada que sostuvieron los diputados del grupo de la Unión para un Movimiento Popular (UMP), partido de Sarkozy, por la mañana del mismo 22 de junio, unas horas antes del último partido de los azules en el Mundial.
Según revelaron algunos parlamentarios, insultos de bajísimo nivel fueron proferidos contra los jugadores. Lo más suave fue que tenían “garbanzos en la cabeza en lugar de cerebro”. Los más graves fueron de claro carácter clasista y racista, ya que muchos jugadores son de origen modesto y no son blancos.
Fue tan violento el desahogo de los diputados de derecha que, en la misma reunión, Fadela Amara, secretaria de Estado para Viviendas y Problemas Urbanos tuvo que levantar la voz:
“Si seguimos criticando en esa forma a los azules, le vamos a abrir una avenida a la ultraderecha del Frente Nacional”, advirtió. “Se tiende a ver a todo lo que pasa bajo el único ángulo étnico. Todo mundo aprovecha para condenar a los barrios populares. Se empieza a insinuar cada vez con más fuerza que los hijos de inmigrantes no son capaces de respetar a la nación. Creo que nosotros, los republicanos y los demócratas, vamos a perder mucho si nos dejamos encerrar en esa lógica etnicista para criticar a los azules”.
Por lo pronto, obedeciendo órdenes de Sarkozy –quien canceló su cita con la presidenta de Suiza para ver el partido de Francia contra Sudáfrica por televisión y se enfureció con su resultado–, Roselyne Bachelot, ministra de los Deportes, solicitó una amplia auditoria independiente para aclarar todo lo que pasó antes y durante el Mundial. Pidió también a Denis Masseglia, presidente del Comité Nacional Olímpico francés, su asesoría para cambiar drásticamente a la Federación Francesa de Futbol y llevar a cabo la “moralización financiera del futbol”.
Ese programa ambicioso dejó más que perplejos a los franceses que hoy tienen tan poca confianza en sus futbolistas como en sus políticos. Muchos, por cierto, empiezan a acusar a estos últimos de usar esa lamentable “tragicomedia futbolera” para tapar las medidas de austeridad que está poniendo en marcha el gobierno, en particular el muy explosivo proyecto de retraso de la edad legal de la jubilación.
Puras pérdidas
En el mundo de los patrocinadores de la selección francesa cunde la depresión. Uno de los más duramente castigados por la derrota de los azules es el poderoso canal de televisión privado TF1 que desembolsó 87 millones de euros (106 millones de dólares) para adquirir los derechos de transmisión del Mundial. Según estudio prospectivo difundido a principios de junio, el grupo televisivo podría perder un mínimo de 10 millones de euros (12 millones de dólares) en la aventura.
Los directivos del banco Crédit Agricole y la cadena de restaurantes de comida rápida Quick, que compraron a precio de oro la imagen de Nicolas Anelka para promoverse, están al borde del ataque nervioso. En la noche del domingo 20 al lunes 21 todos los carteles publicitarios del campeón desaparecieron de Francia.
Los más altos jerarcas de Gas de Francia (GDF), quienes pagan entre 2.5 y 4 millones de euros anuales (entre 3.5 y 5 millones de dólares) a la Federación Francesa de Futbol para lucirse con los azules, se dicen “aterrados” por el comportamiento de los futbolistas. A su vez los altos ejecutivos de Nike se dan de cabezazos en las paredes. No es para menos: gastaron 42.5 millones de euros (52 millones de dólares) para convencer a los azules de que abandonaran a Adidas.
Algunos patrocinadores se muestran bastante combativos. Amenazan con pedir cuentas a la Federación Francesa de Futbol con la que acaban de firmar contratos que los comprometen hasta 2014 para poder limitar sus compromisos.
La desesperación de estos empresarios no despierta la mínima compasión en la redacción de Le Canard Enchaîné, cuyos periodistas recuerdan que el Crédit Agricole no se mostró particularmente ético cuando jugó con los ahorros de sus clientes en inversiones bastante dudosas en Grecia. En cuanto a GDF, que es actual propietaria de lo que fue la empresa de gestión de agua Compagnie Lyonnaise des Eaux, ONG y clientes la han denunciado por privilegiar sus intereses en el mercado privado del agua a expensas de los servicios que debe ofrecer.
Los dueños de comercios ligados de una forma u otra al Mundial se consideran también víctimas colaterales de la estrepitosa derrota de los azules. Según expertos financieros del muy afamado Centro de Investigación sobre el Comercio, con sede en Nottingham (Gran Bretaña), citado por la revista económica francesa L’Expansion, la presencia de la selección francesa en cuartos de final del Mundial hubiera generado una ganancia de 92 millones de euros (112 millones de dólares) sólo para los propietarios de cafés de Francia en los que la gente gusta reunirse para ver los partidos por televisión.
Según los mismos expertos, los demás comercios –restaurantes, clubes nocturnos, agencias de turismo, tiendas de ropa y productos deportivos, puestos de periódicos y revistas de deportes, etcétera– van a perder 874 millones de euros (casi mil millones de dólares) con la eliminación de los azules.








