Durante los meses de diciembre de 1977 y enero de 1978, Octavio Paz y Carlos Monsiváis polemizaron largo en las páginas de este semanario, a raíz de la entrevista realizada por el periodista fundador de Proceso Julio Scherer García con el autor de El laberinto de la soledad (publicada en dos partes) con motivo del reconocimiento a Paz como Premio Nacional de Letras.
El 19 de diciembre de 1977 apareció el texto de Carlos Monsiváis, Respuesta a Octavio Paz, que comenzaba así:
“En los números 57 y 58 de la revista Proceso, el poeta Octavio Paz (…) dictamina, devela, aclara, corrige, regaña, nos informa sin reticencias el estado actual de nuestras corrientes ideológicas y de la sinrazón de un país que carece de proyectos ajenos al por él instituido o sugerido (…) no pretendo en estas notas sólo rectificar una muy rectificable apreciación de O. P. sino, sobre todo, consignar mis desacuerdos fundamentales con una línea interpretativa de la realidad mexicana, trazada, sustentada y legislada por Octavio Paz en dicha entrevista y a lo largo de años recientes.”
En el segundo párrafo expone:
“El talento de O.P. con ser universal no es omnisciente aunque él suela pretender dogmáticamente el monopolio de la discrepancia. Por lo menos, así lo expresa su insistencia en descalificar al adversario en turno, por el simple procedimiento de distorsionar, inventar o despojar de cualquier contexto a sus razonamientos.”
Más adelante, cita cuatro momentos de aquella charla con Scherer, destacando dos declaraciones de Paz: “La derecha mexicana ha dejado de pensar en términos políticos desde la muerte de Miramón… Es una clase que hace negocios pero que no tiene un proyecto nacional”, y “La izquierda mexicana sufre una suerte de parálisis intelectual. Es una izquierda murmuradora y retobona, que piensa poco y discute mucho. Una izquierda sin imaginación”.
Monsiváis justifica:
“Me he extendido en las citas de Paz porque de un modo u otro delimitan el territorio que él, en forma deliberada o no, propone como el único espacio intelectual. Si su punto de partida es la crítica a los regímenes llamados socialistas, su solución de continuidad para México asume la negación de La Izquierda , la minimización de La Derecha, los mandamientos obligatorios para El Escritor (…)
“Para una mentalidad autoritaria, tener razón en parte quiere decir tener razón en todo. Véase la visión de O. P. de la realidad mexicana actual (…) En 1977, es muy difícil sostener que la izquierda ‘sufre una suerte de parálisis intelectual’ (…) ¿A quiénes alude Paz con su imagen de ‘izquierda de murmuradores y retobones’? (…) ¿Murmuradores y retobones los detenidos y torturados y desaparecidos? Es casi penoso recordarle –a quien nos legó el gesto extraordinario de su renuncia diplomática después de la matanza de Tlatelolco y a quien abandonó junto con un equipo de escritores la revista Plural como acto de dignidad al consumarse el golpe pistoleril contra el Excélsior dirigido por Julio Scherer– que la izquierda por más limitaciones históricas que tenga, sigue siendo la alternativa más coherente y valiosa para el país.”
Dos semanas después, el 2 de enero de 1978, Paz respondió con el escrito Aclaraciones y reiteraciones, donde puntualiza conceptos, ahonda en los significados de aquellas declaraciones suyas a Scherer, para pronto abarcar otros derroteros y prodigarle algunos calificativos a su detractor:
“En el número 59 de Proceso aparece un artículo de Carlos Monsiváis en el que para emplear sus palabras, ‘consigna sus desacuerdos’ con mis opiniones. Me alegra que al fin abandone la murmuración y se decida por la discusión abierta. Procuraré responderle con brevedad. No será fácil. Si mi pecado es ‘la manía generalizadora’, el suyo es el discurso deshilvanado, hecho de afirmaciones y negaciones sueltas. Monsiváis no es un hombre de ideas, sino de ocurrencias (…)
“Servirse de los ‘detenidos, torturados y desaparecidos’ como arma de discusión para impedir la crítica intelectual como hace Monsiváis, es indecente (…) ¿En qué consiste pues su desacuerdo conmigo? En que no se atreve a decir que, si es cierto todo lo que dice, no hay socialismo verdadero en los países socialistas. Se refugia en las verdades a medias (…) A Monsiváis le irrita que hable de una izquierda murmuradora y que generalice. Puedo particularizar en su caso, a sabiendas de que la murmuración, precisamente porque no da la cara, es documentable.”
Culmina Paz su respuesta en el mismo tenor:
“Monsiváis publica semana a semana dos planas completas de ataques anónimos en La cultura en México, suplemento de Siempre! (…) Curiosa aportación a la literatura mexicana: Monsiváis dedica su talento y no sé cuántas horas a la semana a hurgar en los basureros del periodismo para pepenar, por ejemplo, en la revista Notitas Musicales, una declaración ridiculizable de una joven cantante, que él adereza con burla y sarcasmo baratos, naturalmente sin firma.
“¿Es esta ‘la defensa beligerante de las conquistas irrenunciables del socialismo’? Pura murmuración. Podría dar otros ejemplos de esta actitud: no lo haré porque mi intención no es lanzar cargos sino fijar posiciones. Por eso me alegra que, al menos en este caso, Monsiváis haya tenido el valor civil.”
Una semana después, el 9 de enero de 1978, en Rectificaciones y relecturas: y sin embargo lo dijo, Monsiváis diría:
“El número 61 de Proceso nos muestra a un Octavio Paz parcialmente insólito: susceptible de duda, dispuesto a matizar, proclive incluso a la rectificación (siempre y cuando nadie se dé por enterado). Por lo demás, su respuesta del número 59 es un doble escamoteo: desaparecen algunos juicios contundentes que originaron mi réplica (…) y se hurta el sentido de la polémica reduciéndola a una mala lectura de mi parte de sus textos sagrados. En la prestidigitación, se ayuda con los golpes escénicos predecibles: insultos de autocomplacencia estatal (‘murmurador’) o de carambola fonética (‘confuso, profuso y difuso’), sentencia (…) ‘Monsiváis no es un hombre de ideas, sino de ocurrencias’ (…) Me toca: ‘Paz no es un hombre de ideas, sino de recetas’ (…)
“¿No le convendría a Paz informarse antes de pontificar o, tratándose de política, dejarse ya de prescindir de la realidad para hablar de ella? Porque su definición ha quedado así: ‘La izquierda, esto es, los doctores de las Escrituras revolucionarias y más concretamente la sección Por mi madre, bohemios, es murmuradora’ (lo retobón se perdió en el camino). Algo similar le ocurriría si intentase probar su afirmación de la ‘parálisis intelectual de la izquierda’ (…) Al juzgarla de un tajo, Paz la simplifica e inventa con otra de sus generalizaciones victoriosas y se impide a sí mismo entenderla.”
Y finalmente:
“Para empezar y para concluir, Paz recurre a su pieza fuerte: la descalificación desdeñosa del adversario (…) Él es quien distingue entre el acaparador de ideas y el recopilador de ocurrencias, él es el mejor y el único lector y él define todas las reglas del juego. Su interpretación autoritaria desemboca, para nulificarme, en lo que maneja como acusación gravísima: el anonimato y la existencia misma de Por mi madre, bohemios (…) Mas, para su beneficio, le vuelvo a informar: Por mi madre, bohemios, no es sección de ataques anónimos: es recopilación de autoataques firmados (…)
“En estos ‘basureros’ que son las publicaciones del país –entre ellas Proceso o Uno Más Uno– ‘pepeno’ una versión de la realidad mexicana que me importa, no sólo de la joven cantante de Notitas Musicales sino también, aunque me simpaticen menos, diputados, senadores, mandarines de la cultura, secretarios de Estado, empresarios, arzobispos, jefes políticos, gobernadores, todos aquellos con espacio periodístico para desplegar su ignorancia e irracionalidad.
“Tal es el panorama cotidiano de millones de mexicanos y me importa muchísimo registrarlo, así mis sarcasmos le aporten tanto a la literatura mexicana como las generalizaciones simplificadoras de O. P. al conocimiento de nuestra realidad política. Al despreciar esos ‘basureros’, Paz parece encerrarse en sus ideas parmenídicas no requeridas de información o demostración (…) ¿De veras creerá que para contestarle se necesita ‘valor civil’? Ni yo para responderle ni él para replicarme hemos necesitado valor civil. En todo caso, paciencia de lectores.”
A la semana, el futuro Premio Nobel de Literatura daría por concluida la polémica en su artículo Repaso y despedida, texto que dividió en seis apartados que tocan la discusión con Monsiváis a partir de la entrevista de Scherer, sobresaliendo su conclusión de que “la izquierda tiene que recobrar su herencia legítima”: debilidad de los partidos políticos de oposición, letargo intelectual de la izquierda, proyectos políticos e históricos, La Virgen de Guadalupe, Los dos Méxicos y el escritor. Paz lo iniciaba así:
“El último artículo de Carlos Monsiváis (Proceso 62) nada nuevo añade. El propósito de estas líneas es, dejando a Monsiváis con sus dimes y diretes, fijar el sentido de lo que dije.”
Sin embargo, Monsiváis todavía le respondería en un extenso artículo más el 23 de enero de 1978, Recapitulación y conclusiones a cargo del lector:
“Si a Paz le importa ser entendido deberá recelar un poco más de sus generalizaciones. De lo contrario siempre requerirá de varios escritos para ‘fijar el sentido de lo que dije’.
“(…) Paz aboga por la recuperación de la herencia legítima de la izquierda. En su caso, el de un gran poeta y escritor, cabe esperar que ese camino de reexamen de sus primeras lealtades pase también por la autocrítica, pero que no se detenga en ella.”
De haber grabado ambos protagonistas sus respectivos artículos que redactaron para Proceso, la polémica Monsiváis-Paz habría durado aproximadamente poco más de una hora y media en total.








