SAN PEDRO GARZA GARCÍA, NL.- Seis meses después de haber iniciado su periodo como alcalde, el empresario Mauricio Fernández Garza celebró en abril pasado que en este municipio, que presume ser el más rico de México, no hubiera levantones, secuestros, extorsiones ni ejecuciones relacionadas con la delincuencia organizada.
Para entonces su política de seguridad y la integración de un “grupo rudo” y otro de inteligencia habían fracasado. El presidente municipal anunció la desintegración de ese grupo el 22 de abril, con el argumento de que ya había cumplido su función. Al arrancar julio se deshizo también del equipo de inteligencia para sustituirlo por una red ciudadana de denuncias.
El 30 de octubre de 2009, en su discurso de toma de posesión, Fernández Garza anunció una serie de medidas de seguridad, entre las que destacaba la creación de aquellos grupos. Además informó que Héctor El Negro Saldaña, operador de los Beltrán Leyva en el municipio, había aparecido muerto en el Distrito Federal, aparentemente antes de que la policía capitalina encontrara el cuerpo de ese y otros tres hombres en un vehículo.
Así, con el arranque de su administración empezó una espiral de conflictos y polémicas que hace tres semanas lo llevaron a acusar a la Procuraduría General de la República (PGR) y a la Secretaría de Marina (Semar) de querer incriminarlo, de ponerle “un cuatro” y de relacionarlo con un personaje al que él mismo había denunciado.
El domingo 11 Marina emitió el comunicado 168/2010 en el que informó de la detención, dos días antes, de Rafael Valdez Aviñaga, La Pantera, a quien identificó como integrante del grupo rudo de San Pedro Garza García.
De acuerdo con ese comunicado, la ubicación de La Pantera fue resultado de una “operación de inteligencia naval”. La Semar detuvo, junto con él, a León Magdiel Eliud Vallejo Granados y a Ana Luisa Morales Morales, quienes fueron puestos a disposición de la PGR.
Al día siguiente, Fernández Garza dio una conferencia de prensa en la que rechazó la pertenencia de Valdez Aviñaga al grupo rudo y acusó a la PGR y a la Semar de querer vincularlo a él con el crimen organizado.
También mencionó que fue él quien denunció en repetidas ocasiones a La Pantera como operador de los Beltrán Leyva. Destacó que su perfil era de alta peligrosidad e inclusive dio a conocer los antecedentes de Valdez como policía de élite de San Pedro.
La PGR y Marina no reaccionaron a las declaraciones del alcalde Fernández Garza, no se retractaron ni especificaron la forma en que se identificó al detenido.
Alcalde deslenguado
El sexagenario Mauricio Fernández es parte del clan de los Garza Sada, una de las familias más adineradas del país. Es coleccionista de arte, artista plástico y promotor cultural. Tiene inversiones en diferentes negocios y se calcula su fortuna en varios cientos de millones de dólares.
También es militante panista.
Sin embargo, lo que le ha merecido reportajes y entrevistas en medios nacionales y extranjeros surgió en ésta, su segunda gestión como alcalde de San Pedro, debido a las polémicas que él atribuye a “tener la lengua bronca”. Los reflectores lo siguen por su política de seguridad, sus críticas a la guerra de Felipe Calderón y, reiteradamente, a la sospecha de que tiene vínculos con los Beltrán Leyva.
En 2003, como candidato a la gubernatura, reveló que había recibido una oferta de financiamiento a su campaña por parte de un grupo delictivo sinaloense. Aseguró que la había rechazado.
Fue derrotado en las elecciones para gobernador.
El año pasado, en su campaña por la alcaldía, la revista electrónica Reporte Índigo divulgó una grabación de la que se infiere que Fernández Garza confiesa haber pactado con la organización de los Beltrán Leyva, a la que considera menos violenta que Los Zetas. Con todo, ganó con 26 puntos porcentuales de ventaja.
En entrevista con Proceso, Fernández Garza niega que tenga relación con los Beltrán Leyva e insiste en que la grabación divulgada se editó y sacó de contexto. Sobre la noticia anticipada de la muerte de El Negro Saldaña, afirma que se trata de una confusión y que la información ya era del conocimiento de las autoridades.
El 18 de marzo de este año, la Semar realizó un operativo en San Pedro Garza García en el que detuvo a Alberto Mendoza Contreras, El Chico Malo, al que identificó como jefe de plaza de los Beltrán Leyva.
Según la Marina, Mendoza Contreras trabajaba con Pedro Velázquez Amador, La Piña. El contraalmirante José Luis Vergara Ibarra, quien presentó a los detenidos, agregó que El Chico Malo también había colaborado con Ignacio Coronel y Juan José Esparragoza.
Fernández Garza salió al quite y, molesto, explicó que Mendoza Contreras era integrante de su cuerpo de inteligencia y que le daba información sobre las organizaciones delictivas, al igual que a la DEA, al Ejército y al gobierno estatal.
En la entrevista con Proceso, el alcalde abunda en que El Chico Malo le propuso un proyecto para integrar un grupo de 25 personas, cuyos requerimientos, por costosos, no podían ser satisfechos por el ayuntamiento. Aun así se integró el grupo.
“Yo tenía conocimiento de que era informante de la DEA y de los militares. Estaba entrenado en Estados Unidos y me lo presentaron. Me dijeron que podía darme información para entender lo que estaba pasando abajo, detectar grupos que quisieran entrar (a San Pedro). Esa era su chamba. Luego lo ligaron (a los Beltrán), pero yo desconozco su expediente.
“Lo acusaron no sé sobre qué base, pero yo nunca lo vi como perteneciente a una organización. Era alguien que tenía acceso a varias”, dice.
Afirma que en la comunidad judía, así como en la embajada estadunidense, conocían bien a Mendoza como informante.
Sostiene que el sistema funcionó tan bien que en seis meses presentó un saldo blanco en lo tocante a operación de la delincuencia organizada y que la información de Mendoza sirvió para eso y para expulsar a 60 policías coludidos con los Beltrán Leyva.
Plaza disputada
Un día después de la detención de Mendoza, Fernández Garza dijo que los líderes de la plaza eran La Piña y La Pantera e inclusive proporcionó sus antecedentes.
La Piña murió en Monterrey el 26 de mayo durante un enfrentamiento con el Ejército. En un comunicado la Secretaría de la Defensa Nacional lo identificó, en efecto, como jefe de plaza de los Beltrán en San Pedro.
Con su muerte, durante un año al menos tres supuestos jefes de plaza de esa organización criminal fueron anulados, pues el 24 de marzo de 2009 el Ejército detuvo a Héctor Huerta Ríos, La Burra, y el 18 de mayo del mismo año a Rodolfo López Ibarra, El Nito, con lo que se desató una lucha por el mando entre La Piña y El Negro Saldaña.
La Piña y La Pantera, según informó Fernández Garza en marzo pasado, habían ingresado en 2000 a la policía de San Pedro. Los dos se convirtieron en miembros de la Unidad de Respuesta Extrema, grupo municipal de élite de donde surgió una camada de sicarios. Ambos fueron dados de baja en 2005 por no haber aprobado los controles de confianza.
Fernández Garza afirma que es absurdo vincularlo con una organización criminal, toda vez que fue él quien dio a conocer las identidades de esos delincuentes. Revela que hace un par de semanas su escolta lo sacó de un restaurante al notar que La Pantera y sus hombres hacían movimientos cerca del sitio.
Salvo por la detención de cinco policías que presuntamente intentaron facilitar una emboscada a militares cuando hacían un traslado, las acciones contra agentes del ayuntamiento sampetrino han sido realizadas por marinos.
El 28 de marzo, la policía de San Pedro detuvo a Indalecio Monjarrez con unos 15 kilos de cocaína. Lo presentó en sus instalaciones y lo entregó al Ejército, quien lo trasladaría. Pero el convoy militar fue emboscado luego de que los policías municipales mandaran algunas señales con las manos y con las luces de una patrulla.
El ayuntamiento defendió a sus policías, aunque, en la entrevista con Proceso, Fernández Garza dice que fue un error hacerlo.
Semanas después, el 22 de abril, el alcalde anunció la disolución del grupo rudo. El 17 de junio, el general Gonzalo Adalid Mier, secretario de Seguridad Pública del municipio, renunció. Un día después “el blindaje” se acabó, al ocurrir las primeras dos ejecuciones en más de un año en el municipio.
No obstante, las ejecuciones en San Pedro suman apenas 14, de los más de 300 asesinatos relacionados con la delincuencia en Nuevo León.
En el exclusivo sector Valle Oriente, de San Pedro, el pasado jueves 15 fueron localizados cuatro cuerpos maniatados y con tiros de gracia de escuadras .9 milímetros y cuernos de chivo. En ese mismo lugar desde la segunda quincena de junio han aparecido otros dos cadáveres con huellas de tortura.
“Me pueden fastidiar”
Ante los hechos recientes y la vinculación oficial de La Pantera con los rudos, Fernández Garza considera que hay una ofensiva “absurda e inexplicable” en su contra.
Crítico de la guerra de Felipe Calderón, afirma que ésta no se puede ganar “a puro matar-matar”, pues se necesita inteligencia.
Luego de que funcionarios de diferentes alcaldías de la región han sido detenidos, Fernández indica que sólo a él lo cuestionan y no a sus colegas, cuyos ayuntamientos “están hasta las manitas”.
“Mientras el presidente Calderón llama a un acuerdo nacional y a que todos le entremos a esto, su gente me golpea. En lugar de ver que somos el único municipio sin actividad delictiva, me traen a trancazos, cuando mi único pecado fue pagar por información que no se obtiene con monjas”, dice. l








