Mes y medio antes de que termine 2010, este año ya aparece como el más violento de las últimas décadas en Jalisco, pues hasta el cierre de la presente edición se habían registrado oficialmente 812 asesinatos, de los cuales al menos 410 estuvieron ligados al crimen organizado.
El miércoles 3, el titular de la Procuraduría General de Justicia del estado (PGJ), Tomás Coronado Olmos, admitió ante los medios de comunicación que en Jalisco se habían cometido hasta esa fecha 795 asesinatos y que alrededor de 393 de ellos fueron ejecuciones ligadas al hampa. A partir de entonces, en tan sólo cuatro días –del viernes 5 al lunes 8– la cifra aumentó considerablemente al cometerse 17 homicidios con indicios de estar ligados al narcotráfico.
Estos datos marcan un aumento en el número de personas asesinadas por ajustes de cuentas cercano a 400%, respecto de 2009, aunque según Coronado Olmos el alza es de solamente 256%.
La procuraduría estatal indica que el récord de ejecuciones en la entidad se le atribuye al municipio de Tecalitlán, con un incremento de mil 200%: en 2009 sólo se conoció de un homicidio de este tipo, pero en lo que va de 2010 ya se han registrado 13. En la misma región Sureste se ubica el municipio de Jilotlán de los Dolores, colindante con Michoacán, donde el pasado 28 de octubre fueron acribillados nueve policías (Proceso Jalisco 313).
Los otros municipios con mayor incremento de ejecuciones son El Salto, con 233%; La Barca, con 129%; Tlaquepaque, 79%; y Zapopan, con 71%.
Para el titular de la Comisión de Seguridad en el Congreso de Jalisco, el priista Sergio Chávez, esta explosión de violencia desbordó ya la capacidad de las autoridades estatales y ubica al estado por encima de Michoacán.
El presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Publica, Jorge Bicieg Ocampo, declaró a la prensa local que la situación obliga a los sectores sociales y al gobierno a convocar a un gran pacto social para revertir la inseguridad.
A su vez, el director del Servicio Médico Forense, Mario Rivas Souza, afirma que en sus 57 años de servicio no había visto en la entidad una escalada de violencia comparable: “Una cosa como la que ahora vemos, con gente descuartizada, con descabezados, con acribillados y con el uso de armas altamente peligrosas, como ahora se ve, yo no la recuerdo”.
En entrevista con Proceso Jalisco, el decano de los forenses del país, quien ha participado en 120 mil autopsias, se hace las mismas preguntas que aquellos que se enteran de los crímenes por los diarios: “¿Cuándo va a terminar todo esto? ¿Hasta dónde va a llegar?”.
Las autoridades no tienen respuestas, pero ofrecen datos. El procurador Coronado Olmos, en la rueda de prensa del miércoles 3, dijo que el año pasado se reportaron 84 ejecuciones y que se abrieron 460 averiguaciones previas, mientras que en 2010 ya van 695 expedientes.
El titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), Luis Carlos Nájera, atribuye la violencia que hoy se apodera del estado a bandas de narcotraficantes en encarnizada lucha por el control de la plaza.
Cuando menos 10 o 12% de los ejecutados son integrantes de corporaciones policiacas. En lo que va de la administración de Emilio González Márquez, la SSP estatal lleva 24 muertos y la PGJ cerca de una decena.
Psicosis
Poco después de las 21 horas del domingo 7, el director de Seguridad Pública de Tepatitlán de Morelos, Víctor Manuel Muro Ávalos, fue acribillado por dos sujetos cuando iba a abordar su auto en la colonia Del Carmen. Los responsables huyeron en sendos vehículos con rumbo a Guadalajara.
La PGJ dejó abierta la posibilidad de que este homicidio se relacione con la captura de dos presuntos integrantes del grupo delictivo La Resistencia por policías del municipio en un rondín de vigilancia sobre la carretera Pegueros-Tepatitlán.
A los detenidos se les investiga específicamente por el asesinato de Mario Mejía Ruvalcaba, exjefe de la policía de Mexticacán, el 13 de octubre en Los Altos, donde días después de la ejecución del oficial se descubrió un narcolaboratorio y se aseguraron 450 kilos de crystal.
A su vez, Muro Ávalos tenía varias denuncias por maltrato, amenazas y agresión a detenidos. Según medios de comunicación locales, el funcionario fue cesado en abril de 2008 como director operativo de la corporación de Tepetitlán, a consecuencia de una recomendación de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco.
La ola de violencia ha desatado una verdadera psicosis en la población. Muestra de ello son los mensajes que circulan en internet acerca del temor a verse en medio de una balacera y no saber cómo escapar.
No es raro el caso del vecino de la colonia Jardines del Valle, en Zapopan, que comenta con sus conocidos la necesidad de comprar un arma y prepararse “para lo que sea” ante las constantes amenazas e intentos de extorsión que ha enfrentado su familia. Estas intimidaciones provienen de desconocidos que le exigen pagar fuertes sumas de dinero o atenerse a las represalias contra él y su esposa.
Un grupo de padres de familia que formaron una patrulla escolar están atemorizados porque una mujer los amaga con lanzarles una granada de fragmentación porque está en desacuerdo con la forma en que controlan el estacionamiento de los vehículos en las afueras del plantel.
Y mediante un anuncio espectacular ubicado en la avenida Enrique Díaz de León, una compañía de seguros utiliza un macabro argumento de venta: la gente ya no se muere como antes.
En Guadalajara, desde hace varias semanas circula un correo con puntos básicos para situaciones de peligro extremo. En caso de balacera, se sugiere esconderse tras los vehículos, al nivel de las llantas, para buscar la protección de los rines. También puede servir ocultarse detrás de árboles, muros o pilares de construcciones sólidas.
Se recomienda no asistir solo a antros de moda ni ir sin acompañante a los sanitarios, ya que éstos se consideran lugares de alto riesgo; no correr ni llamar de otras formas la atención de los agresores.
Este asunto de seguridad pública y de seguridad personal ha sido retomado por diarios locales, como El Informador y Mural. El médico forense Alfredo Rodríguez y otros expertos entrevistados por el segundo diario sugieren mantenerse ocultos o por lo menos discretos en situaciones de emergencia.
Violencia de alta intensidad
La noche del viernes 5, Lorenzo Rodríguez, de 41 años, fue ejecutado cuando circulaba en una camioneta pick up por la colonia 5 de Mayo, de Guadalajara. El mismo día, Adrián González Villanueva, de 29 años, fue asesinado de 14 balazos en el tórax y las piernas. Los paramédicos que lo atendieron en San José del Valle, Tlajomulco de Zúñiga, no pudieron salvarlo.
El sábado 6, en Zapopan, fue acribillada la clientela del negocio de micheladas y tortas ahogadas que está en el cruce de Francisco I. Madero y Ágata, colonia Mariano Otero. Según testigos, dos vehículos se estacionaron fuera del local y sus ocupantes abrieron fuego sin causa aparente. Ahí murieron cuatro jóvenes. Los peritos del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses hallaron más de 30 casquillos de los calibres .40 y 7.62.
El mismo día, en el taller mecánico ubicado en el cruce de Santa Eustolia y 8 de Julio, colonia Nueva Santa María, de Tlaquepaque, tres personas murieron a manos de un grupo de sicarios.
El domingo 7, en el fraccionamiento Valle Real, una familia fue baleada en su auto Honda, en el cruce de la avenida Santa Margarita y Jardín Real, de Zapopan. El conductor, Héctor Vidal González, falleció, mientras que su esposa, Juriana Ramírez, sufrió graves heridas.
Esa noche, un sujeto bajó de una camioneta frente a la Secretaría de Desarrollo Urbano de Jalisco, en avenida Hidalgo, casi esquina con Chapultepec, y, según uno de los guardias de la dependencia, colocó tres latas de gas butano a la entrada y prendió una mecha. Aunque no provocó daños, el flamazo movilizó a cuerpos de rescate y corporaciones policiacas.
El lunes 8 por la tarde, una balacera frente a las instalaciones del hospital Ángel Leaño, de la Universidad Autónoma de Guadalajara, dejó un saldo de dos presuntos sicarios muertos, una transeúnte herida por una bala perdida, y un detenido. El enfrentamiento ocurrió durante un operativo de 300 elementos de la Marina y del Ejército que descubrieron un narcolaboratorio en Zapopan y aseguraron 40 kilos de crystal, con un valor estimado de 3 millones y medio de pesos en el mercado negro.
Todos esos hechos ocurren cuando las autoridades aún no explican satisfactoriamente lo que realmente pasó en la masacre de nueve agentes de la Policía Rural en una emboscada perpetrada en Jilotlán de los Dolores por más de 80 sujetos que portaban armas de grueso calibre y granadas calibre .40 (Proceso Jalisco 313).
Fuentes cercanas a la corporación aseguraron que en esa misma fecha otro convoy de la Policía Rural, integrado por ocho patrullas y decenas de efectivos que circulaban por la región Norte, estuvo a punto de ser atacado por más de 100 sujetos que se movían en cerca de 40 camionetas de lujo.
Las fuentes consultadas especificaron que los policías pidieron apoyo a las autoridades federales pero tuvieron que abortar el patrullaje de varios municipios que colindan con Zacatecas ante la falta de respaldo y por el riesgo que representaba la presencia del grupo hostil. Tuvieron que regresarse a Colotlán para evitar un desenlace trágico como el de Jilotlán de los Dolores. l








