Afición herida

El folclor y los rituales que envolvían a las Chivas comenzaron a desdibujarse desde que el popular conjunto se trasladó al moderno estadio Omnilife. Hoy, los aficionados se sienten lastimados porque, dicen, se acabaron las tradiciones que los unían al equipo; ya ni siquiera pueden ir a los entrenamientos a ver a los jugadores y, para colmo, Chivas está en la lona y es difícil que remonte.

 

Las Chivas Rayadas del Guadalajara encaran el clásico nacional contra América este domingo 24 en medio de una crisis deportiva: el desdén de los aficionados, que prefieren dejar vacías las tribunas del estadio Omnilife, pero sobre todo por la pérdida de identidad que aleja cada vez más al equipo de la tradición y los rituales del folclor tapatío.

Ni la promesa de camiones gratuitos ni la rebaja en los precios del boletaje llaman la atención de los aficionados. Así pasó en el partido del sábado 16 contra Necaxa, al que sólo acudieron 17 mil espectadores, lo cual refleja que el club está perdiendo su identidad entre las clases populares.

A esta situación se suma que las nuevas instalaciones ya no tienen el toque que antaño unió a los jugadores con la afición, asegura el estudioso del deporte Rogelio Luna Zamora.

“El estadio Jalisco estaba muy vinculado a un circuito cultural que refleja el folclor tapatío. Todo lo que rodeaba a los partidos era parte de un ritual: los puestos de tortas, la birria de chivo, las guasanas, las banderas, los que pintan el escudo en la mejilla de los niños…

“En contraste, el nuevo estadio no cuenta con una zona de fritangas ni nada del viejo mosaico cultural. Además, este estadio está fuera de la ciudad e implica otro tipo de transporte. En el antiguo estadio la gente acostumbraba ir al mayor número de encuentros, pero en las nuevas instalaciones esa dinámica se rompió”, relata Luna Zamora.

Adscrito al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la UdeG, el investigador comenta que los aficionados están resentidos. Y sentencia: “El traslado del equipo al nuevo estadio fue el cerrojazo a una cadena de afrentas”.

Según Luna, experto en estudios de identidad y cultura emocional, la directiva que encabeza Jorge Vergara demolió el antiguo club Chivas Colomos, cambió la mascota por un mecanizado Chiva fighter e intentó modificar los colores del escudo. “Esto –dice– ya es la cereza en el pastel. Tendrá que pasar tiempo para que la gente olvide el resentimiento”.

A todo esto se suma el calvario para llegar al inmueble, por la ausencia de un nodo vial. En el entorno urbano sólo hay una calle de ingreso y otra de salida, lo que provoca tremendos conflictos viales. En vísperas de la inauguración del estadio, este semanario informó que un automovilista tardaría de dos a tres horas para entrar al inmueble y otro tanto para salir (Proceso 1760). Ese pronóstico se cumplió.

Los taxistas incluso se niegan a llevar a los aficionados; muchos de ellos, los más aguerridos, abordan camiones para acercarse al estadio y luego recorren a pie hasta dos kilómetros para entrar a las instalaciones. Los dueños de palcos, molestos por los embotellamientos y las complicadas vialidades, espaciaron sus visitas.

En mayo de 2008, la reportera Gloria Reza documentó que el diseño del recinto deportivo, ubicado en el predio zapopano de El Bajío, a un costado del Periférico Poniente, tiene fallas de construcción severas, aun cuando la anterior administración local condonó a Vergara impuestos por más de 14 millones de pesos del ayuntamiento (Proceso 1647).

Además, el también dueño de la empresa Omnilife pasó por encima de leyes y reglamentos e incumplió un convenio legal para la construcción del nodo vial. Ello a pesar de que el 21 de agosto de 2007 se había comprometido a costear un paso a desnivel para entroncar el acceso al estadio con el Anillo Periférico, así como a construir los carriles laterales de la misma vía que corren de oriente a poniente.

El 20 de octubre de 2009, el cabildo zapopano ratificó el acuerdo, pero el empresario volvió a incumplir. El pasado 19 de julio, Vergara entregó al gobierno de Héctor Vielma un cheque certificado por 40 millones de pesos, pero aun así la infraestructura sigue pendiente.

 

Murió la tradición 

 

En las inmediaciones del estadio Omnilife ya no hay ningún puesto ambulante. Atrás quedaron los días en que en el Estadio Jalisco los aficionados rojiblancos degustaban birria de chivo, tacos, lonches,  semillas de calabaza, cacahuates tostados, tortas ahogadas, frituras y la gran variedad de antojitos tapatíos. 

La tradición culinaria fue borrada por la avalancha de alimentos y bebidas europeas como pizzas, baguettes o arracheras.

En el moderno estadio una torta ahogada vale entre 20 y 25 pesos;  una rebanada de pizza con refresco, 75 pesos; una baguette, 50. Los aficionados tienen que acoplarse al nuevo estilo y comer en los locales de snack y bebidas; como si estuvieran en un mall estadunidense.

Sergio Ascencio, exbloguero de futblogtotal.com, resume la situación: “Era una tradición acudir con la familia o con amigos. Muchos aficionados iban a pie al Estadio Jalisco, era parte de la idiosincrasia. Hace años todavía Chivas jugaba los domingos al mediodía, lo que permitía que los aficionados de los pueblos cercanos acudieran al encuentro y se regresaran ese mismo día. 

“Hoy, ya no pueden venir al nuevo estadio. Los aficionados chivas somos tradicionalistas, sobre todo los de la Perla Tapatía. Por eso, lo que está pasando nos llena de tristeza.”

Y eso se refleja en el Estadio Jalisco y sus inmediaciones. Ahí, el equipo aportaba 50% de las entradas en cada partido, lo que hoy no sucede. Los comerciantes locales –torteros, birrieros y “cubeteros”– se quejan también porque, dicen, las ventas bajaron 60%; las pérdidas también afectan a los “viene-viene”, los lavacoches y los vecinos que rentaban sus cocheras los días que había partido.

Aun cuando el estadio Omnilife es moderno y cuenta con tecnología vanguardista, dio al traste con el ritual que caracterizaba al club. Ya no se toca el tradicional himno de mariachi y los seguidores de Chivas extrañan la voz del conocido locutor Rafael Almaraz Hernández.

Hoy, ni siquiera se permite la porra altisonante de la afición que se oía cuando el portero visitante despejaba el balón; hoy, cuando los aficionados están a punto de lanzar sus clásicos improperios, en el sonido local se escucha una fanfarria o el grito de “Chivaaaas”, para aplacar a la fanaticada.

Marco Velasco, seguidor de los rojiblancos, se queja: “Los aficionados no estamos asistiendo a los partidos porque es costoso, en tiempo y en dinero. Sales a las nueve del partido, pero tardas tres horas para salir y llegar a tu casa. No puedes ni cenar, porque no hay dónde. En el Jalisco por lo menos te quedabas a cenar un lonche y así te desahogabas. Acá sales y directo a tu coche. ¡No hay nada!

“No nos gusta tampoco el esquema de butacas numeradas. En el boleto ya viene el lugar que te va a tocar; ya no podemos ir en familia, porque nomás te venden de cuatro boletos y a veces somos ocho o 10; y cuando lo hacemos forzosamente quedamos separados.”

Además, como sólo hay una calle para entrar y salir los altercados son frecuentes. El domingo 3, en el clásico Chivas-Atlas, a pesar de la presencia de 450 policías y de que no había lleno, las barras de los seguidores de los dos equipos se enfrascaron en una batalla campal. Los uniformados detuvieron a 44 personas.

Ese día, el futbolista de chivas Marco Fabián tuvo el susto de su vida: cuando abandonó el estadio fue agredido en la salida de avenida Aviación. Iba con su padre. Al reconocer su auto, los atlistas los rodearon y comenzaron a sacudirlo, incluso le rompieron cristales a pedradas. Tuvo que arrancar y como pudo se refugió en la Universidad Cuauhtémoc.

David García Deyra, seguidor de Chivas desde hace tiempo, comenta que los aficionados están molestos porque el club “se está haciendo elitista”. Hoy, dice, la afición ya no puede asistir a los entrenamientos; los directivos se muestran titubeantes y la campaña actual es mala.

–¿Olvidaron los directivos que Chivas es un equipo de las clases proletarias? –pregunta el reportero al académico Rogelio Luna.

–Sí. Y no sólo de ellos. Hasta la gente de clase media, media alta, se sentía parte de la fiesta de los puestos de tortas, de la camiseta, la bandera. A la hora de bajarse del camión había todo un aspecto interesante de elementos del folclor y la cultura tapatía. Con el nuevo estadio todo es diferente, inocuo, frío, inexpresivo. 

–¿La gente se resignará y terminará yendo al nuevo inmueble? ¿Es noble el aficionado de Chivas?

–Buena pregunta. Para que eso suceda tendrían que hacer muy buen papel, ganar y dar juegos espectaculares. Vamos a esperar un año, entonces veremos qué tan noble es el aficionado chiva. 

Otro problema en el estadio Omnilife son los riesgos telúricos, pues está construido en una zona con dos fallas geológicas donde la edificación de inmuebles está restringida. Así lo advirtieron en 2008 el ecologista y exfuncionario de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (Semades) Miguel Enrique Magaña Virgen, y el investigador del Centro Universitario de Ciencias Biológicas de la UdeG, Jaime Eloy Ruiz Barajas (Proceso Jalisco 186).

A esto hay que añadir las múltiples irregularidades administrativas. El estadio no cuenta con licencia definitiva de operación, sino sólo con permisos provisionales. 

Estadio moderno, pero vacío

 

Hace un año, el reportero Raúl Ochoa, informó que Vergara y tres empresarios “compraron el predio (donde se asienta el estadio) en 1999. Pagaron por él 86 mil millones de viejos pesos, equivalentes a 86 millones de pesos actuales. La transacción se hizo a espaldas de los habitantes de la comunidad indígena de San Juan de Ocotán, en El Bajío (Proceso 1721).

El entonces alcalde zapopano Juan Sánchez Aldana cobró al club Guadalajara una fianza menor a la debida, de acuerdo con documentos obtenidos mediante la Ley de Transparencia. Y aunque el reglamento de la Dirección de Obras Públicas asienta que debió depositarse “20% del valor de las obras”, por lo que Vergara debió pagar 226 millones de pesos, el empresario sólo dio una fianza de 35 millones 373 mil 485 pesos (Proceso Jalisco 186).

El lleno que registró el estadio Omnilife, con capacidad para 45 mil espectadores, durante el encuentro Chivas-Manchester United el 30 de julio último fue una excepción. Aun así hubo un caos vial que duró casi 10 horas. Pero fuera de esa ocasión, en los encuentros el estadio luce semivacío.  

Cuando las Chivas se enfrentaron a Pumas y Monarcas, por ejemplo, en cada encuentro hubo alrededor de 20 mil asistentes, y el clásico tapatío Chivas-Atlas, que terminó en empate a dos goles, apenas convocó a 25 mil espectadores.

En el encuentro del sábado 16 contra el Necaxa, en el cual Chivas se impuso 1-0, hubo camiones gratuitos que salieron del Estadio Jalisco, Colón y Periférico y de Vallarta para trasladar a los aficionados, pero sólo mil personas aprovecharon el aventón. Al día siguiente, el diario Público informó que en las tribunas hubo alrededor de 17 mil rojiblancos.

La directiva ya no sabe qué hacer para atraer a los seguidores de las Chivas. En el partido inaugural contra Manchester United el boleto más barato fue de 700 pesos, y en los demás juegos su precio osciló entre 150 y 600 pesos. En el encuentro contra Necaxa hubo entradas de 70 a 400 pesos.

Para Sergio Ascencio, hacen falta directivos como Néstor de la Torre o Rafael Lebrija para que alienten al equipo. En la cancha también hacen falta figuras como Javier Chicharito Hernández. Él fue el último “referente-ídolo”; hoy Chivas no tiene ese tipo de “jugador estandarte”. 

“El equipo está perdiendo esa mística, esa identidad que siempre lo tuvo con los brazos en alto; quizá también esté pagando el haberse ido a jugar la Semifinal de la Libertadores al estadio Azteca”, agrega Ascensio.

Todo esto se refleja en los resultados de los encuentros deportivos, que han sido pésimos. A partir de que perdió la final de la Copa Libertadores, Chivas se fue en picada. Si bien en el torneo anterior el conjunto obtuvo 15 puntos en los primeros cinco partidos, hoy se tardaron 12 fechas para obtenerlos, pues en seis encuentros no pudo ganar.

No fue sino hasta el  5 de septiembre cuando derrotó a unos descoloridos Estudiantes Tecos, luego repitió la fórmula, aunque con apuros, frente al Necaxa, al cual ganó con apuros 1-0 en el encuentro del sábado 16.

El panorama es poco halagador para el Guadalajara si quiere llegar a la liguilla. Tiene 15 puntos y ocupa el cuarto lugar del Grupo 1 y es el undécimo en la tabla general. Luego del clásico con el América este domingo 24, tendrá que enfrentar a Toluca, Santos Laguna y Monterrey. En cinco semanas Chivas se enfrentará a los cinco primeros lugares de la tabla general.   l