Bracerismo, “fracaso” de la Revolución

BRACERISMO, “FRACASO” DE LA REVOLUCION
Señor director:
A escasos días en que tendré que regresar a mi país después de 4 años de residir en este complejo avasallador que es Nueva York, recibí el ejemplar No 35 de Proceso y el número de Julio-Agosto de la revista del Centro para el Estudio de Instituciones Democráticas de California, mismas que por coincidir en un artículo referente a los mexicanos no-documentados me llevaron a hacer una serie de reflexiones que quisiera compartir con Proceso y sus lectores si usted lo permite
Estimo que lo fundamental en esta época del mundo y de México es plantear con cifras y proyecciones lo que puede suceder dentro de los próximos 25 años si no aceptamos el desafío de actuar en forma conjunta y honesta para la solución de nuestros problemas comunes Y no se trata de que todos demos o pongamos por igual, ya que en un mundo de desigualdades algunos tendrán que dar más o menos y otros tendrán que recibir o tomar más o menos
La situación de nuestros compatriotas que emigran a Estados Unidos en busca de trabajo no es sino una de tantas manifestaciones del fracaso de nuestra pseudo-revolución y de la política del buen vecino
Otros trágicos botones de muestra que están de moda los tenemos en el problema universitario, nuestra economía dizque mixta y nuestro sistema político unipartidista, al igual que en otra época lo han sido el problema agrario, el sistema nacional educativo, etc
Estoy convencido que la causa de nuestros problemas se ha buscado erróneamente hace más de 50 años en el comunismo internacional o en el imperialismo norteamericano, cuando es evidente que el origen de todo lo tenemos en una falta de identidad nacional, que a su vez es producto de creer que ya hicimos la revolución y de no hacer nada para disminuir a niveles razonables la corrupción oficial y privada y la deshonestidad política
Lo peor de todo es que ahora, desde el presidente de la República pasando por un buen número de intelectuales honestos, hasta los ex-presidentes y algunos grupos interesados, abrigan temores unos y esperanzas otros, de que la crisis mexicana pueda desembocar en otra solución de “dictadura democrática” pero el estilo castrense autóctono
Es imprescindible que nuestro planteamiento para los próximos 25 años se haga sobre la base de dar empleo y educación a todos los mexicanos y mexicanas que lo necesiten del total de alrededor de 125 millones que se proyectan para entonces Casa, alimentación, atención médica, rehabilitación social, etc vendrán como consecuencia natural de cumplir con objetivos básicos
Los primeros pasos tendrán que ser, en el orden político, la liberalización del registro de nuevos partidos y la representación proporcional tanto a nivel nacional como a nivel estatal y municipal; en el terreno económico, el impulso a la complementación y no competencia entre el sector público y la burguesía nacionalista que juntos deberán competir con el comercio internacional La participación de las compañías multinacionales que es desde luego necesaria pero no indispensable para el desarrollo nacional, deberá procurarse que sea a través de las empresas con participación mayoritaria del sector público y sujetas a escrutinio abierto y constante de la opinión pública y el Congreso de la Unión
En el terreno geo-político-social, México deberá redistribuir la población a través de estímulos fiscales y de servicios y si se hace necesario, deberá intentarse la reubicación del Distrito Federal y la limitación del número de habitantes por zonas geográficas
En nuestras relaciones con los Estados Unidos deberemos entender que hasta ahora muy poco hemos aprovechado las innumerables ventajas de esta vecindad, por la sencilla razón de que no es lo mismo tratar asuntos de política nacional (comercio, migración, no intervención, etc) a través del presidente de la República exclusivamente, que a través del Congreso, los gobiernos de Estados y Municipios y los diferentes grupos de activistas que tienen una verdadera influencia e independencia de actuación
Pero aquí como en todas nuestras fallas vuelve a aparecer nuestra mexicanísima corrupción y nuestra política de administración industrial y gubernamental basada en los intereses y caprichos personales y de grupo y no en el más amplio principio del bien general
Un cordial saludo
José Ramón Guillén