Shamsia Hassani: arte para cambiar el mundo

Si bien antes de la reciente toma de control de Afganistán por los talibanes Shamsia Hassani ya era reconocida internacionalmente como una artivista y excelente pintora comprometida con la dignidad y empoderamiento de las mujeres de su país, ahora, ante el peligro en que se encuentran por las prohibiciones y sanciones que impone la misoginia talibán, su obra ha adquirido una notable resonancia en redes sociales.

Valorada principalmente por su trabajo como graffitera, Shamsia ha desarrollado una propuesta en la que el arte es a la vez propósito, denuncia, resistencia y herramienta de transformación. Con una poética afectiva que fusiona descripción crítica y actitud resiliente, la artista convierte a sus personajes en una metáfora de libertad. Poderosas, con ambiciones y seguras, sus mujeres son muchas y al mismo tiempo son una misma. Son figuras ficticias y fantásticas en entornos reales que siempre tienen el mismo rostro, con enormes ojos cerrados y pestañas muy largas y tupidas. Sin boca, sin nariz, y sin embargo nada grotescas, sus mujeres sorprenden por esa potente expresividad que comunica emociones y sensaciones con los ojos cerrados.

Dignas y siempre dinámicas por el movimiento de sus actitudes corporales o de sus ropajes, las mujeres no necesitan una boca para expresarse. Acompañadas de un lenguaje simbólico en el que los instrumentos musicales refieren a su voz y la figura de un corazón a su afectividad, las mujeres de Shamsia, con distintos velos que cubren su cabello, cuello o rostro, se columpian, vuelan, ven por la ventana, abrazan un instrumento de cuerdas o se enredan en teclados de distintos tamaños, algunos tan pequeños que les rodean como un adorno el cuello, simbolizando que no necesitan la voz para comunicarse.

Las flores son otro elemento característico de su iconografía, principalmente los dientes de león, convertidos en símbolo de fragilidad por la facilidad con que vuelan sus semillas.

Nacida en Teherán en 1988, de padres afganos, Shamsia conoció desde pequeña la discriminación por nacionalidad. En Irán no pudo estudiar arte por ser extranjera, y no fue sino hasta su regreso a Afganistán, en 2005, que ingresó a la Universidad de Kabul para formarse como artista. Inteligente y atrevida como creadora, en 2009 fue seleccionada como una de los 10 principales artistas contemporáneos de Kabul y, convencida de que el arte callejero tenía la posibilidad de ser visto por un mayor número de personas, en 2010 inició su producción como graffitera. Desde su perspectiva, al intervenir las calles devastadas por la violencia con su obra, la memoria de los transeúntes se sustituye con el arte y sus colores.

Además del arte callejero, Shamsia ha desarrollado una propuesta interesante que denomina Dreaming Graffiti (Graffiti soñado). Para evadir la inseguridad que representa intervenir las calles, imprime fotografías en gran formato y las interviene como si fueran un graffiti. Admiradora de Banksy, también tiene un proyecto en el que interviene reproducciones de sus imágenes, estableciendo diálogos visuales. Entre sus obras pequeñas se encuentran billetes intervenidos con narrativas graffiteras.

Sumamente hábil para la comercialización de su obra, la artista cuenta con un portal en el que ofrece ediciones gráficas y dibujos con una estupenda organización de envíos. Además de Europa y Estados Unidos, en México también pueden recibirse.

Desde su perspectiva, el arte también es un medio para cambiar el mundo, porque cuando tiene contenido, cambia la mente de las personas, y son las personas las que cambian el mundo (https://www.shamsiahassani.net/).