Gestiones de la Cancillería en Kabul: Un rescate a contrarreloj

Un equipo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, encabezado por Jennifer Feller, trabaja arduamente para tratar de auxiliar a ciudadanos afganos que quieren huir de los talibanes. Es un grupo reducido de personas que analiza a marchas forzadas miles y miles de solicitudes a las que intenta dar respuesta antes del 30 de agosto, fecha en que Estados Unidos y sus aliados deben abandonar el aeropuerto de Kabul. Por lo pronto, su trabajo ya dio frutos, como la llegada de un primer contingente de refugiados, entre quienes venían las muchachas del Afghan Dreamers, exitosamente dedicadas a la robótica.

Después del exitoso rescate de los 130 nacionales de Afganistán que huyeron ante el regreso de los talibanes al poder, un escaso grupo de funcionarios de la cancillería mexicana ha trabajado a contrarreloj para analizar cerca de 2 mil 500 solicitudes de protección humanitaria de afganos, con la intención de emitir salvoconductos que permitirían a “centenares” de ellos venir a México.

Entre los miles de perfiles que entre cuatro y seis funcionarios evalúan en la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores y en la Embajada de México en Irán, destacan muchas mujeres y niños, así como colaboradores de medios extranjeros, ya sean de Estados Unidos o de agencias de noticias europeas, que buscan en México una salida similar a la que tuvieron los colaboradores afganos de The New York Times.

Algunas de ellas ya recibieron sus salvoconductos y están en proceso de viajar rumbo a México; se espera que lleguen en el transcurso de las próximas dos semanas en distintos vuelos comerciales.

Resolver los casos pendientes es urgente: tras el colapso brutal del gobierno afgano los talibanes han tomado el control de las fronteras terrestres, por lo que el aeropuerto militar de Kabul es la única puerta de salida de Afganistán. El recinto se encuentra todavía controlado por el ejército de Estados Unidos, que en medio del caos administra la evacuación de occidentales.

Los afganos sólo pueden entrar en el aeropuerto y volar hacia el exterior con documentos oficiales emitidos por un gobierno extranjero y que garanticen que serán recibidos en el país correspondiente. Esta situación durará hasta el próximo martes 31, cuando los estadunidenses dejarán de tener el control del aeropuerto. Después de ese día, no se sabe qué sucederá.

“De aquí al 31 hay una enorme presión, hay un sentido de urgencia”, señala Jennifer Feller Enríquez, directora general de Planeación Política y G20 en la Subsecretaría de Relaciones Exteriores. Añade que después de ese día “puede que sigan saliendo los vuelos, puede que los suspendan durante unos días y luego los retomen, pero esta incertidumbre es la que nutre la desesperación de la gente”.

Feller está a cargo de analizar los expedientes, fundamentar la opinión de la cancillería sobre si el caso aplica para recibir protección –es decir, justificar por qué la o las personas corren un riesgo de vida o muerte con el regreso de los talibanes–, ponerse en contacto con quienes cumplan con los criterios y supervisar el proceso desde su salida de Afganistán hasta su llegada a México.

Dice que cada expediente implica un amplio trámite burocrático –deja un espacio de dos centímetros entre el índice y el pulgar para señalar el volumen de las carpetas– y, tras refrendar que “estamos viendo caso por caso”, señala que “recibimos solicitudes desde el primer momento, pero se han multiplicado en los últimos días”.

Feller recibe a Proceso en su oficina de la cancillería. Pide al fotógrafo que la retrate sin que se vean sus ojeras, pues afirma que en la última semana ha dormido tres horas por noche, en promedio. Apenas el pasado 10 de agosto, la integrante del Servicio Exterior Mexicano regresó a México, después de 11 años en diversas embajadas, para asumir su nuevo cargo; dice que su familia llegó la semana pasada, pero no ha tenido tiempo de convivir con ella.

“Ha sido una labor titánica, porque no queremos dejar de lado ninguna posibilidad de ayudar; este trabajo se hace aquí con los consejos de la Embajada en Irán, que tiene poquito más sensibilidad sobre la situación, y a cada caso le damos una respuesta. Si por alguna razón no podemos ayudar, tratamos de orientar sobre cuáles son sus oportunidades. Creo que tenemos una enorme conciencia de que esto es una crisis urgente, la gente está desesperada, entonces les hemos tratado de dar opciones”, dice.

A la pregunta de cuántas personas se dedican a sustentar los casos en la cancillería, la funcionaria responde que “somos muy poquitas, alrededor de cuatro personas”, incluido el personal de la Embajada en Irán. Posteriormente corrige: dice que son seis personas para analizar y generar expedientes sobre los 2 mil 500 casos.

“Estamos trabajando codo a codo, sin jerarquías de por medio. Todos estamos poniendo todas nuestras fuerzas, nuestra capacidad en esto”, afirma.

Feller estima que cerca de una tercera parte de los casos analizados cumple con los requisitos de protección en México y adelanta que varias ya están en proceso de viajar al país; prefiere no adelantar números, “por la incertidumbre que reina” en Afganistán, donde un atentado terrorista en las afueras del aeropuerto cobró más de 130 vidas el jueves 26.

Rescates exitosos

Entre los pasados martes 24 y miércoles 25 llegaron a México las primeras 130 personas rescatadas de Afganistán, mediante gestiones del gobierno mexicano y de la cancillería que fueron reconocidas de manera unánime, tanto en México como en el exterior, y tanto entre el equipo del canciller Marcelo Ebrard Casaubón como entre sus detractores.

De hecho, Ebrard usó los rescates como un impulso a sus aspiraciones presidenciales, mermadas por el colapso de la Línea 12 del Metro capitalino y la aparente inclinación del presidente Andrés Manuel López Obrador por su rival actual, Claudia Sheinbaum Pardo: rodeado por su plana mayor, Ebrard convocó a la prensa para atestiguar cómo recibió en persona a los refugiados afganos, resaltando que “están en su casa” y evocando la tradición de México en materia de exilio.

Los integrantes de su proyecto político retomaron abundantemente las imágenes del canciller y difundieron sobre todo el artículo que The New York Times publicó sobre la operación de rescate de sus colaboradores, el cual cubrió de elogios a Ebrard y lo calificó como una “gran figura de la política mexicana”.

Los primeros refugiados en llegar fueron Fatemah Qaderyan, Lida Azizi, Kawsar Roshan, Maryam Roshan y Saghar Salehi, cinco mujeres jóvenes –y la pareja de una de ellas–, quienes forman parte del primer equipo de robótica femenil de Afganistán, llamado Afghan Dreamers, que Qaderyan fundó en 2018, con apenas 16 años de edad.

Las jóvenes cobraron fama internacional en 2019, cuando lograron viajar a Washington –venciendo obstáculos enormes– para participar en un concurso de robótica, en el que ganaron una medalla de plata; a este primer hito siguieron otros premios, y las jóvenes se convirtieron en figuras de la lucha por los derechos de las mujeres en el mundo árabe.

Con el avance de los talibanes hacia el poder, una organización civil cobijó a las cinco jóvenes y pidió ayuda a varios Estados para que les dieran refugio. La subsecretaria Martha Delgado Peralta narró que las mujeres lograron salir por vía terrestre y de ahí pasaron por cinco países hasta llegar a México, la tarde del martes 24.

El pasado 12 de agosto, el periodista Azam Ahmed, otrora corresponsal de The New York Times en México y Afganistán, se comunicó directamente con Ebrard en búsqueda de ayuda: el rotativo quería sacar a sus colaboradores afganos del país, pero enfrentaba un caos en la burocracia migratoria estadunidense; era, según Ahmed, “gente buena que está intentando salir”.

Ebrard consultó el asunto con López Obrador y, tras recibir luz verde, movió “la maquinaria de la cancillería”, recuerda Feller: encargó a la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Carmen Moreno Toscano, que tomara cartas en el asunto para dar protección de urgencia a los periodistas; ella, a su vez, puso su equipo a trabajar con la Consultoría Jurídica para determinar qué figura aplicaría, y decidieron que las personas podían entrar con una visa de protección y asistencia humanitaria.

Acto seguido, se pusieron en contacto con la Embajada de México en Irán, y Moreno se comunicó con la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, para instruir al Instituto Nacional de Migración sobre la emisión de visas por razones humanitarias.

En total se movilizaron en escasos días la jefatura de Oficina de Ebrard, la Consultoría Jurídica, la Subsecretaría de Relaciones Exteriores, la Dirección General para África y Medio Oriente, las direcciones de Comunicación Social, de Protocolo y de Recursos Humanos; “implicó movernos muy rápido al interior y al exterior con las entidades de la administración pública federal”, recuerda Feller.

Y es que en el terreno la situación se degradaba a toda velocidad, recuerda Feller. Cuando Ahmed y Ebrard correspondieron, el gobierno afgano seguía en manos de Ashraf Ghani, quien era todavía presidente en funciones; los talibanes conquistaban provincias, pero se pensaba que tardarían varias semanas o incluso varios meses en controlar el país entero. “Al final fue cuestión de días”, recalca la funcionaria.

La cancillería finalmente pudo entregar salvoconductos a los periodistas, quienes con el apoyo de organizaciones y funcionarios extranjeros presentes en Kabul lograron volar hasta Catar, a donde llegaron el 19 de agosto. Ahí la situación también se puso caótica, pues el gobierno estaba desbordado por la llegada de miles de personas en aviones provenientes de Kabul.

La embajada de México en Catar realizó las gestiones con el gobierno para tener a su disposición el avión militar de ese país, que aterrizó en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México la madrugada del miércoles 25.

Incertidumbres

Los periodistas y sus familias, así como las jóvenes de Afghan Dreamers, tienen ahora una visa humanitaria de 180 días prorrogables; pueden usar ese tiempo para respirar y ver hacia el futuro: o pedir asilo en México u otro país –Estados Unidos y Canadá, probablemente–, o considerar un regreso a Afganistán.

“Sin la garantía de que nosotros los íbamos a recibir no hubieran podido salir de Afganistán; el esfuerzo, las gestiones para que ellos fueran al aeropuerto y lograsen abordar un avión fueron de las organizaciones en el terreno; sin el papel de México en esto, sin el otorgamiento de la protección humanitaria, no se les hubiera permitido salir del país”, sostiene Feller.

A raíz de estas operaciones de rescate y su amplia cobertura mediática, llegaron centenares de solicitudes de ayuda al gobierno de México.

“Hay un poco de todo, pero medios de comunicación son muchos, porque obviamente también el hecho de que se haya difundido la cuestión de The New York Times­ hizo que otros medios se comunicaran, pero tenemos otros casos; con el grupo de las mujeres del equipo de robótica evidentemente hay expectativas en organizaciones de mujeres”, dice.

Feller indica que la cancillería ha aclarado en reiteradas ocasiones a las personas que les piden ayuda que México no tiene personal ni estructura en Afganistán; las canaliza hacia representantes de los gobiernos de la OTAN o de organizaciones en el terreno –como la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas, la Organización Internacional de las Migraciones o la Cruz Roja– para que consigan una autorización que les permita entrar en el aeropuerto mientras se evalúan sus casos.

Por lo pronto advierte que en los próximos días las condiciones seguirán muy inestables. “Sabemos que siguen saliendo vuelos, pero se desbordan las capacidades de todos lados: están desbordadas las capacidades en el aeropuerto, están desbordadas las capacidades de los países que ayudan, como Catar o Emiratos Árabes Unidos, como Kuwait; vemos que los talibanes están empezando tratos con Turquía… entonces todo es muy incierto”.