A lo largo de su desempeño al frente de la oficina de actividades culturales que a instancias suyas fue modificada hace dos semanas como Diplomacia Cultural y Turística, el historiador y poeta Enrique Márquez, quien el miércoles pasado presentó su renuncia, contó a Proceso, en varias ocasiones, sus objetivos y planes. Las líneas centrales de ellos se exponen aquí, con una evaluación del periodista y exdiplomático Eduardo Cruz Vázquez, coordinador del Grecu (Grupo de Reflexión en Economía y Cultura), para quien la falta de recursos tanto para la diplomacia como para la cooperación llevó a México a uno de los “peores momentos” de su presencia en el mundo.
Una de las prioridades del proyecto de trabajo de Enrique Márquez Jaramillo, responsable hasta el pasado 18 de agosto de la Diplomacia Cultural en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), fue “poner orden en la casa”.
Así se llamó el primero de siete puntos en los cuales resumió el historiador y poeta los propósitos y lineamientos del programa de Diplomacia Cultural de México para el sexenio 2018-2024, dados a conocer en un cuadernillo de 18 páginas en enero de 2019, durante la primera Reunión Anual de Embajadores y Cónsules de la 4T.
En los hechos, el orden tardó en llegar a casa: requirió cambios institucionales que implicaban reformas al reglamento interno de la cancillería, como el propio Márquez lo explicó en entrevista con Proceso, en octubre de ese mismo año (Proceso 2243). Las reformas se hicieron legales hasta el 14 de junio de este 2021, al publicarse el nuevo reglamento en el Diario Oficial de la Federación.
Se trataba de crear la Dirección Ejecutiva de Diplomacia Cultural (en el nuevo reglamento quedó como Cultural y Turística), que no existía en la estructura orgánica de la dependencia encabezada por Marcelo Ebrard Casaubón. Aunque la aprobación tardó más de dos años, el historiador se ostentó desde el inicio de su gestión como director ejecutivo.
El periodista y exdiplomático Eduardo Cruz Vázquez, coordinador del Grupo de Reflexión en Economía y Cultura (Grecu) y editor de la publicación virtual Paso Libre, señaló en varias ocasiones en sus columnas de dicho medio y en entrevistas con Proceso, la ilegalidad de ese cargo en tanto no estuviera aprobado en el reglamento. El señalamiento tuvo eco en el embajador retirado Agustín Gutiérrez Canet, quien criticó que Ebrard hubiese creado de manera irregular el puesto.
Márquez apenas duró como tal un par de meses, pues presentó su dimisión el miércoles 18 de este mes (a través de su cuenta personal de Twitter), luego de que el conflicto por el cese del escritor Jorge F. Hernández como ministro para asuntos culturales en la embajada de México en España y el nombramiento de la escritora Brenda Lozano en su lugar escalara a una guerra sin tregua en redes sociales.
En este contexto, se recordó incluso la cercanía de Márquez y Ebrard; se ha hablado de que el historiador fue mentor del canciller desde tiempos en los que ambos, junto con Alejandra Moreno Toscano, colaboraban con el entonces regente del Distrito Federal Manuel Camacho Solís. Márquez era el “ideólogo de cabecera” de quien quiso ser candidato presidencial, y escribió en 1995 el libro Por qué perdió Camacho en la editorial Océano, según consignó en Proceso el reportero Raúl Monge. (https://www.proceso.com.mx/reportajes/2015/6/5/manuel-camacho-el-negociador-148012.html).
Ocurrencias
El programa original del escritor apostó por “una nueva diplomacia”, expresó a este semanario en marzo de 2019 (Proceso 2209). Sus objetivos: La gestión cultural institucional: el orden de la casa, La acción conjunta con la Secretaría de Cultura, La red de cooperación cultural comunitaria, Un nuevo camino para la programación, Nuestros migrantes y la cultura, El mundo en México y Somos también lo que pensamos.
Expresó en la entrevista que la comunidad demandaba hace tiempo un cambio en los términos de la promoción cultural de México en el mundo, pues la acción se había reducido al “espacio de la cooperación” (el área había cambiado su nombre de Dirección General de Asuntos Culturales a Cooperación Cultural y Educativa).
Con la Secretaría de Cultura se creó el Consejo de Diplomacia Cultural, instalado el 15 de mayo de ese año en el Palacio de Bellas Artes, que contó con la participación de la antropóloga Lourdes Arizpe, los cineastas Patricia Arriaga y Ernesto Contreras, la chef Gabriela Cámara, la coreógrafa Elisa Carrillo, la directora de orquesta Alondra de la Parra, la cantante Magos Herrera, el embajador Juan José Bremer (ahora representante ante la Unesco) y la extitular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes Sari Bermúdez.
Durante la ceremonia se dio a conocer la creación de un centro cultural en Honduras, con miras a impactar en Centroamérica, pero luego de una investigación “muy detallada, caímos en la cuenta de que podemos quedar atrapados en el tema mesoamericano y quedar exclusivamente en Centroamérica”, dijo después Márquez.
No fue el único golpe de timón. Sin haber estado siquiera sugerido en su proyecto sexenal o en sus programas de actividades, en abril de ese 2019 la SRE informó sobre una visita de trabajo a París, Francia, con miras a “lograr la maravillosa oportunidad” de traer a México una sede del Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou, que abriría en 2020, debido a que ciudades como Bruselas (Bélgica), Shangai (China) y Málaga (España) ya la poseían.
La propuesta causó sorpresa, desconcierto y enojo, como se reportó en su momento en la agencia Apro. Se habló de que el costo de esa franquicia ascendió en España a 2.07 millones de euros anuales, más 2.5 para el acondicionamiento del edificio. Contrario a la cancelación del proyecto en Honduras, aquí no se habló de un estudio que avalara la idea, y además puso en cuestionamiento la política de austeridad republicana del gobierno.
En una nueva entrevista, el escritor nacido en San Luis Potosí el 4 de marzo de 1950 y egresado de la carrera en ciencias políticas en El Colegio de México, con doctorado en historia por la Universidad de Perpignan, Francia (elem.mx), insistió en que la propuesta sería financiada por “sponsors” (patrocinadores) ligados al Consejo Franco Mexicano.
Incluso reveló que el plan, al cual no se había referido, surgió cuando la 4T aún no era gobierno, sino en la transición, durante una reunión entre Ebrard y Serge Lasvignes, presidente del Pompidou:
“A Marcelo le importa como cualquier otra acción; es momento de traer a México grandes iniciativas que, desde luego, no le vayan a costar al presupuesto federal.”
Al final no se volvió a hablar del magno proyecto.
En una nueva entrevista con este semanario (Proceso 2260), titulada Desarticulada, la promoción cultural en el extranjero, Márquez puso énfasis en que la política cultural a la cual aspiraba su proyecto “es un ejercicio de debates, no son ocurrencias, porque además ya nos hemos consolidado como una iniciativa de proyectos innovadores, o sea, esa credencial ya la tenemos”.
Reveló que su presupuesto era apenas de 10 millones de pesos, y cuando se le preguntó por qué a más de dos años de gobierno (febrero de 2020) estaban aún elaborando un diagnóstico sin tener una política cultural articulada, se dijo orgulloso de los resultados obtenidos hasta ese momento y compartió su Atlas de la nueva diplomacia cultural de México 2019-2020-2021, en el cual se presentó un resumen de algunas de sus acciones en el extranjero.
Al recordar la reforma que se estaba fraguando al reglamento interno, indicó que de los cambios dependería la definición de un perfil para los agregados culturales, así como de un programa pues había representaciones en el extranjero que determinaban sus acciones o proyectos, y el resultado era una “pésima promoción cultural”. Agregó que al llegar a la cancillería se encontró con que no había programas ni política cultural, porque la agenda “siempre seguía el ritmo principal marcado desde Los Pinos”.
Se le preguntó entonces su opinión sobre la gestión de diplomáticos de carrera, como Rafael Tovar, Jorge Alberto Lozoya, Andrés Ordóñez, Jaime Nualart, Alberto Fierro, Luz Elena Baños o José Luis Martínez, quienes le antecedieron en el cargo:
“No estoy hablando de la gestión de ellos, tanto que en mi discurso de acceso a esta responsabilidad reconocí en Rafael Tovar, y todos los que han pasado por esta dirección, un trabajo muy ameritado, constante, responsable. No estoy en esa tesitura.”
Contradicciones
En octubre de 2018 (Proceso 2188), los exagregados culturales Héctor Orestes Aguilar, Edgardo Bermejo y Eduardo Cruz Vázquez, y el investigador César Villanueva hicieron un balance de la promoción cultural de México al exterior, y señalaron que pese a su reconocida tradición, México necesitaba renovarse para reconstruir su imagen dañada por la corrupción, la violencia y el narcotráfico.
Así, presentaron una propuesta de política cultural con la creación de un Instituto México, a la manera de los institutos Camões de Portugal, Cervantes de España, Goethe de Alemania, Francés para América Latina (IFAL) de Francia, Dante Alighieri de Italia y el British Council (Consejo Británico) de Reino Unido, que promueven la cultura y la lengua de sus países en el mundo. También pusieron como ejemplo a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que cuenta con diversos centros de promoción cultural e impulso al español en diversos países.
Y coincidieron en la necesidad de aprovechar los millones de hispanohablantes en el mundo (sólo en Estados Unidos hay unos 40 millones). Con aparente entusiasmo, Ebrard dio la bienvenida a las ideas y ofreció ponerse en contacto con el grupo una vez que regresara de un viaje “para trabajar en la propuesta y avanzar…”. No lo hizo. La respuesta se la dio a Proceso Márquez, quien consideró que un instituto no resuelve los problemas, y si bien otros países lograron un sistema muy rentable para financiar su diplomacia, para México “ya es muy tarde”.
Según él, la enseñanza del español no era de interés. La cancillería tampoco apoyó el Proyecto Canoa, impulsado por el Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM en España, dirigido por Andrés Ordóñez, y los Institutos Cervantes, Caro y Cuervo de Colombia, y el Centro Inca Garcilaso de Perú, cuyo propósito es el de “coordinar y potenciar la proyección de nuestras culturas en las naciones cuyo idioma no es el español”.
En cambio, meses antes de las declaraciones de Márquez, el consulado general de México en Los Ángeles, California, dirigido por Marcela Celorio, apoyó el establecimiento de una sede del Cervantes en esa ciudad.
La propia cancillería reculó tiempo después al fundar el Instituto Digital César Chávez para “promover la defensa del español y su cultura entre las comunidades mexicanas” ante las “manifestaciones de supremacismo lingüístico y discriminación”, para lo cual suscribió un acuerdo de colaboración con el Cervantes, que dirige el poeta hispano Luis García Montero.
Como al inicio
Márquez renunció a la, ahora sí, Dirección Ejecutiva de Diplomacia Cultural tras una serie de polémicas decisiones en la SRE que iniciaron con el cese de Jorge F. Hernández, presumiblemente por su refutación en un artículo periodístico de las ideas de Max Arriaga, director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, y cercano a Beatriz Gutiérrez Müller, en torno a la lectura.
Para sustituir a Hernández se nombró a la escritora Brenda Lozano, autora de Brujas (libro que en su momento fue presentado por Alejandra Márquez, hija de Enrique Márquez, y otras contemporáneas). La designación provocó una andanada de críticas en las redes porque la narradora ha tuiteado y compartido mensajes en los cuales se burla de acciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, como la rifa del avión presidencial.
Ya como exfuncionario, el escritor respondió a las críticas contra Lozano, en un texto titulado En defensa de Brenda, publicado en un tuit:
“La guerra en redes sociales que ha activado Pedro Salmerón (actualmente director del Museo Regional de Guadalajara, del Instituto Nacional de Antropología e Historia), un furibundo militante que es escuchado por el poder, ha encontrado, desde el día de ayer, un significativo eco y no deja de ser un elemento que explica mi renuncia.”
En la mañanera del viernes 20, López Obrador dijo que si Lozano no está de acuerdo con su proyecto, “¿cómo nos va a representar?”, y que propondrá a Ebrard que se designe a una mujer poeta indigena en su lugar.
Al dar a conocer el libro Diplomacia cultural, la vida, en el cual recopila la experiencia de 23 autores en el campo de la política cultural hacia el exterior, Cruz Vázquez hizo ver que la 4T debe replantear su proyecto en esta materia, por las condiciones y las crisis impuestas por la pandemia, pero también por su histórica tradición forjada desde el periodo posrevolucionario (Proceso 2295):
“Vista en bloque, la diplomacia cultural mexicana de finales de los años veinte hasta 2018 es sumamente poderosa, independientemente del partido que la ejerció, y tiene protagonistas muy importantes, algunos ya fallecidos.
“Entonces no es un paquete fácil para la 4T sentar las bases de una nueva cooperación y diplomacia cultural que con el paso del tiempo –porque en esto hay que ser muy conscientes y justos, van a necesitar tiempo– sea capaz de superar el modelo que le fue dejado.”
Consultado tras la salida de Márquez sobre el pendiente de crear una política externa en cultura, señaló:
“Se perdió la oportunidad de fortalecer y diré, de convertir en las palancas de la diplomacia cultural, a los institutos y centros culturales que México tiene en el exterior, con infraestructuras y potenciales desperdiciados. No se vio que dicha diplomacia cultural era más prometedora y funcional fortaleciéndola como parte de la Amexcid (Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo), en virtud de la austeridad y los candados puestos a la cooperación.”
En su opinión, no se mostró la labor de los agregados culturales (20 de ellos por designación) como ejecutores de la política cultural, “se les mantuvo en la oscuridad”. Recordó la falta de recursos tanto para la diplomacia como para la cooperación, lo cual llevó a México a uno de los “peores momentos” de su presencia en el mundo.
Añadió que los consejos de Diplomacia y de Turismo fueron de relumbrón, no se dio a conocer su eficacia en el diseño de relaciones culturales y turísticas. El turismo se convirtió entonces en “un apéndice innecesario para la cancillería”.
Hoy cabe recordar la conclusión de su entrevista de octubre de 2020:
“No hay elementos para pensar que estamos ante una etapa innovadora, diferente, audaz, que sea realmente un corte de caja en relación con el pasado.”








