El letargo de la marcha mexicana

El parque Odori, en el corazón de Sapporo, acogió el jueves 5 la prueba de 50 kilómetros de caminata, la última aparición de este deporte en el programa olímpico.

Pero el postrer banderazo de la marcha olímpica de 50 kilómetros no fue lo esperado, al menos para los tres andarines mexicanos participantes: José Leyver, el mejor posicionado, cerró en el lugar 15; Horacio Nava, con cuatro Juegos Olímpicos a cuestas, cruzó la meta en el casillero 44, mientras el tercer integrante, Isaac Palma, abandonó la prueba a las dos horas y 35 minutos por descalificación, cuando el pelotón líder ya había recorrido 30 kilómetros sobre el improvisado circuito.

Durante años México fue referente y potencia mundial en este deporte, en pleno apogeo de la llamada escuela de caminata del polaco Jerzy Hausleber, indiscutido forjador de los grandes marchistas nacionales.

En la historia de los Juegos Olímpicos los andarines mexicanos contribuyeron con 10 de las 73 preseas que ostenta la delegación nacional, y es, además, el tercer deporte que más medallas ha aportado a la causa tricolor, después de clavados (15) y boxeo (13).

En este contexto, sólo tres cincuenteros ascendieron al podio olímpico: Raúl González (oro) en Los Ángeles 84, Carlos Mercenario (plata) en Barcelona 92 y Joel Sánchez (bronce) en Sídney 2000, cuyo nombre quedará en el recuerdo como el último andarín mexicano en colgarse una presea olímpica en la referida distancia.

Luego de la medalla de bronce lograda por Joel Sánchez, la marcha nacional entró en un largo periodo sin trascendencia ni avances significativos en las citas mundialistas y olímpicas, hasta que Lupita González quebró la racha adversa en Río 2016 con la obtención de la presea de plata en la caminata de 20 kilómetros femenil. González, sancionada por dopaje, fue la gran ausente de este deporte en Tokio 2020.

Con autoridad y prestancia, Raúl González conquistó la medalla dorada en 50 kilómetros en Los Ángeles 84, el 20 de agosto de ese año, con récord olímpico de por medio tras cruzar la meta en tres horas, 47 minutos y 26 segundos, marca que permaneció imbatible durante 25 años.

De hecho, el mejor registro de un marchista mexicano de todos los tiempos corresponde a Raúl González, hasta el día en que la modalidad de 50 kilómetros de marcha realizó su última presentación, en Tokio 2020, el jueves 5.

Ahora, 37 años después de aquella hazaña, la histórica marca de González, que también ganó la presea de plata en 20 kilómetros, quedará para siempre en las reseñas del deporte nacional.

Por diversas razones, entre divisionismo e intereses de los protagonistas –el extinto Noé Hernández, medallista de plata en Sídney 2000 en 20 kilómetros, eligió como entrenadora a su esposa–, la caminata mexicana perdió relevancia en el mundo, y con ello los marchistas se distanciaron de los grandes logros en copas del mundo y Juegos Olímpicos.

Más allá del declive de este deporte en el país, el 7 de diciembre último se anunció abruptamente la exclusión de los 50 kilómetros de marcha del programa olímpico de París 2024.

La distancia más larga del programa de atletismo en Juegos Olímpicos será reemplazada por una competencia mixta, dijo el director deportivo del Comité Olímpico Internacional, Kit McConnell.

De acuerdo con McConnell, con la extinción de la modalidad de 50 kilómetros de caminata, el propósito ahora es buscar “la paridad” de género por primera ocasión en la historia del atletismo olímpico, al tiempo de confirmar la continuidad de las pruebas femeninas y varonil de 20 kilómetros, especialidad en la que México también llegó a ser líder mundial en la rama varonil.

De esa manera, la prueba de 50 kilómetros apareció por última ocasión en los juegos de Tokio.

En adelante, dicha modalidad irá reduciendo paulatinamente la distancia hasta llegar al propósito planteado: los 30 kilómetros, a cambio de una competencia mixta, entre algunas de las novedades que presentará el programa olímpico de París, que ya está a tres años de distancia…

La caminata de 50 kilómetros, una de las pocas pruebas que se realizan fuera del estadio, junto con el maratón, figuró por primera vez en el programa olímpico en Los Ángeles 1932, y México presume a tres medallistas olímpicos en esta distancia.