Antes lectura obligada en las escuelas de educación básica, por su supuesto fervoroso sentimiento patriótico, La suave Patria, el último poema de Ramón López Velarde, es en realidad una dura y áspera crítica al México de 1921, a la Revolución Mexicana, al caudillismo y a la violencia… incluso actual.
Esa es la interpretación que propone el poeta, ensayista y editor Víctor Manuel Mendiola en el libro de 55 páginas Cien años contra el fantasma del caudillo, publicado apenas en mayo pasado por la Universidad Autónoma de Querétaro, en el marco del centenario de dicha obra, fechada de puño y letra por el propio López Velarde el 24 de abril de 1921.
Relata que en 2013, en medio de la espiral de violencia del país, advirtió que, “con su aire amable e íntimo”, el poema reflexionaba sobre la historia cruenta del país y la Revolución. Comenzó a releerlo y a reunir opiniones diversas. Escribió El ángel que acompañó a Tobías para demostrar que, además de su belleza, la pieza velardiana entraña un carácter crítico que la mantiene vigente. Ahora lanza esta nueva edición en la cual señala:
“Con una efectividad verbal difícil de describir, el poeta jerezano transformó la suavidad en el duro método de una severa crítica literaria y social, y puso en duda, de un golpe, los ‘versos de cáscara’, así como el engaño y la violencia revolucionarias realizadas en nombre de la justicia sin ley. No es que López Velarde estuviera en contra del cambio social… Apoyó la transformación social siguiendo a Madero, a quien admiraba y había conocido en persona, y a quien después justificó, defendiéndolo, en sus prosas tan originales. Pero no compartía el gusto por la destrucción ni la exaltación de los héroes falsos, que en la práctica eran bribones o criminales…”
Rechazó la idea de “la bola”, que le parecía más bien bandas de ladrones con causa, “del pueblo ‘bueno’ con derecho a linchar y del discurso vicioso y moral de ‘los de abajo y los de arriba”, y mostró que la Patria era lo contrario al fandango feroz e, inevitablemente, íntima e imaginaria, un ‘volver a la patria lejana’, un ‘volver a la patria olvidada’, como diría años más tarde Xavier Villaurrutia, desarrollando el sentido profundo de una visión de la realidad y de la poesía”.¿Por qué se tiene la idea contraria del poema y se le cree una exaltación a la Patria diamantina? Según Mendiola, así se lo propuso el poeta. Y lo expresó a su amigo Enrique Fernández Ledezma, al señalarle:
“He de escribir un poema tan simple […] que los desconcertará […]. Nunca sabrán que en ese poema no les dejé ver sino lo que yo quise que vieran.”
López Velarde estuvo al tanto de la edición de su último poema con su amigo y editor Pedro de Alba. Cuando el poeta nacido en Jerez, Zacatecas, el 15 de junio de 1888, fallece el 19 de junio de 1921 a los 33 años, corrió la noticia de la obra. José Vasconcelos buscó al presidente Álvaro Obregón:
“Con gran sorpresa, el secretario de Educación Pública escuchó cómo el general Obregón decía unos versos del jerezano… De este encuentro salió la decisión y el beneplácito de honrar la memoria del escritor recién muerto, en la Rotonda de los Hombres Ilustres”.
Y narra Mendiola que fue el general sonorense quien transformó el poema en “retórica oficial”, al ensalzar a López Velarde en su festejo fúnebre como “el autor del poema de la nueva, de la pura, de la suave patria. De la patria de antes, estropeada por la injusticia, pero sobre todo, de la patria de ahora, reconquistada por los héroes…”.
Ni el propio escritor habría imaginado, dice, especialmente porque “tenía fuertes reservas hacia Obregón”, que sería “el poema amable, el poema soleado, el poema festivo, el poema del galán aldeano, el poema de los tesoros del país y, en una palabra, el poema nacional”.
El libro recuerda también la crítica que, indistintamente, hizo López Velarde al villismo y al zapatismo por sus actos de “pillaje, violaciones y asesinatos” a los que alude en varios poemas previos a “La suave Patria”, entre ellos “El retorno maléfico”:
Mejor será no regresar al pueblo,/
al edén subvertido que se calla/
en la mutilación de la metralla.
Fundador de la editorial El Tucán de Virginia, Mendiola establece en su lectura que el texto velardiano alcanza para la crítica al sistema actual, en el que López Obrador se concibe a sí mismo como el continuador de una serie de movimientos sociales históricos y, por tanto, una suerte de héroe vivo. A decir suyo, el poema sigue vigente precisamente porque representa un cuestionamiento del uso retórico de las guerras civiles de México.
Y lo es también “a la violencia actual, derivada del crimen organizado y de la desigualdad, pero también de la ausencia del respeto a la ley, tanto en la sociedad civil como en el gobierno”; a la “tentativa de ungir, de nueva cuenta, al presidente como una figura todopoderosa sin contrapesos institucionales”.
Hace ver el autor cómo los versos del final del primer acto se resignifican a la luz de la realidad actual:
Trueno del temporal oigo en tus quejas/
crujir los esqueletos en parejas,/
oigo lo que se fue, lo que aún no toco/
y la hora actual con su vientre de coco,/
y oigo en el brinco de tu ida y venida,/
oh trueno, la ruleta de mi vida.








