MUCA-Roma: 1999-2021

Abrirlo fue un acierto y cerrarlo también lo es.

Como todo proyecto de servicio público, el MUCA-Roma cumplió hace mucho tiempo su ciclo de resonancia social. La decisión de evaluar su pertinencia y atreverse a cerrarlo debería ser un ejemplo para el Instituto Nacional de Bellas Artes, que mantiene y asigna recursos a espacios que, desde hace años, carecen de un público significativo, como la Sala de Arte Público Siqueiros y el Museo José Luis Cuevas, ambos en la ciudad capital.

Dependiente de la Dirección General de Artes Visuales (DiGAV) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el MUCA-Roma, hasta el pasado 1 de julio, formaba parte, junto con el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) y el Museo Experimental El ECO, de los tres recintos a su cargo.

Creado en abril de 1999 por la entonces directora de la DiGAV, Sylvia Pandolfi, en la calle de Tabasco 73 (Colonia Roma de la CDMX), el MUCA-Roma fue mucho más que una sede del campus universitario en una zona urbana de alto dinamismo artístico. En sus primeros años, el MUCA-Roma se distinguió como un espacio de exploración curatorial en el que se equilibró el conocimiento, la autocrítica y la inclusión a propuestas con calidad.

En el origen del MUCA-Roma es justo recordar la trayectoria de Pandolfi. Interesada siempre en la promoción del arte emergente, durante su gestión como directora del Museo de Arte Carrillo Gil de 1984 a 1998, sobresalió por la vitalización que le dio al museo, tanto con exposiciones que revisaron prácticas no convencionales, como la muestra De los grupos los individuos: artistas plásticos de los grupos metropolitanos en 1985, como en la conversión del recinto en sede del Encuentro Nacional de Arte Joven.

Con estos antecedentes, cuando asumió en 1998 la dirección del emblemático MUCA que se encuentra en el centro del campus tradicional de Ciudad Universitaria, no sorprendió que impulsara la creación del MUCA-Roma como un espacio de experimentación para los nuevos discursos del arte contemporáneo, discursos que no se centraban en la creación artística, sino en la interpretación curatorial.

Sumamente estimulante entre 1999 y 2002, el MUCA-Roma, desde 2000 bajo la gestión de Lily Kassner como directora de la DiGAV, se caracterizó por el desarrollo de propuestas curatoriales que confrontaban los lineamientos del mainstream. Denominadas Rotaciones y clasificadas con números romanos, sus exposiciones incluían artistas tanto convencionales como conceptuales o postconceptuales de distintas generaciones, que se integraban con el único argumento de la calidad artística.

Emplazadas en un espacio atípico que consistía en ocho cuartos ubicados en un largo y estrecho corredor, las muestras incluían pintura, arte sonoro, objetos, videoinstalaciones y grabados de artistas, como Francisco Toledo –quien expuso ahí una selección de sus espléndidos Cuadernos de la Mierda–, el extinto grupo Semefo; los tridimensionalistas Kiyoto Ota, Héctor Velázquez, Yolanda Gutiérrez, César Martínez; el conceptualista Adolfo Patiño; el dibujante Daniel Guzmán; el postconceptualista Héctor Falcón; y los pintores Beatriz Zamora, Francisco Castro Leñero, Ulises García Ponce de León, Estrella Carmona, Gustavo Monroy y Fabián Ugalde, entre muchos otros.

Vital hasta aproximadamente 2003, el MUCA-Roma, aun antes de mudarse en 2006 a Tonalá 51, ya había perdido su identidad. Y si bien es acertado su cierre, también sería conveniente que la actual directora del DiGAV, Amanda de la Garza, organice una muestra que recuerde el protagonismo que algún día tuvo el museo de la UNAM.