Para conmemorar el centenario luctuoso del poeta Ramón López Velarde, el presidente Andrés Manuel López Obrador encabezó, el sábado 19 de junio, una ceremonia donde se evocó su figura y obra, por supuesto el celebérrimo poema La suave patria.
Desde Jerez, Zacatecas, que vio nacer el 15 de junio de 1888 a uno de los mayores poetas de la literatura mexicana, el ejecutivo habló de los intelectuales que, a juicio suyo, son conservadores. Pero esta vez refiriéndose a los contemporáneos de López Velarde, de quien –en cambio– dijo “es un grande, no sólo por su poesía, sino también porque en su escasa vida pública se adhirió con convicción y fervor al movimiento democrático encabezado por Francisco I. Madero, el apóstol de la democracia”.
En su repaso histórico, señaló que casi todos los escritores y poetas de entonces “eran porfiristas” e “incluso colaboraron con el siniestro general golpista Victoriano Huerta”. Citó para ello el libro Revolucionarios mexicanos, de Elena Garro, donde “reafirma que, a pesar de los crímenes, las adhesiones más calurosas de la intelectualidad mexicana le llovían al chacal”.
Mencionó a Miguel Othón de Mendizábal, Luis Castillo Ledón, Genaro Estrada, Miguel Lanz Duret, Luis Pérez Verdía, Carlos Pereira, Jesús Flores Magón (en realidad él fue desterrado y no volvió hasta que Huerta fue derrotado), Eduardo Ocaranza, Amado Nervo, Miguel Lerdo de Tejada, Manuel Gamio, Ezequiel Padilla y Enrique González Martínez, entre otros. Los señala Garro porque “aplaudían los epítetos de Juan José Tablada”, quien se refería a Huerta como una “venerable figura, arquetipo glorioso de lealtad…”.
Varios de ellos, sin embargo, tuvieron claroscuros y contribuyeron a la formación de la nación posrevolucionaria; algunas fuentes consignan, por ejemplo, que el antropólogo Othón de Mendizábal lo mismo se opuso a Díaz que a Madero y fue signatario del Plan de Ayala.
A Gamio se le reconoce como el iniciador de la antropología moderna de México por su libro Forjando patria. Pronacionalismo, y en estudios como La población del valle de Teotihuacán propuso políticas para mejorar la situación de los grupos indígenas del Estado de México. En tanto que Genaro Estrada fue artífice del conjunto de principios que rigen la diplomacia mexicana, cuyos orígenes son carrancistas, entre ellos la no intervención en asuntos internos de otros Estados, a los cuales alude constantemente el mandatario.
Para López Obrador un caso hasta vergonzoso fue el del poeta Salvador Díaz Mirón, quien “en el terreno político, moral, fue inconsecuente y acomodaticio”, pues como diputado apoyó la permanencia de Díaz en el poder: Por “su conducta abyecta hizo el ridículo en el terreno político”, pero el presidente juzgó también: “perdió su creatividad artística…”.
En su intervención, la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, reiteró su discurso de que la cultura “es un eje transformador” y “no accesorio”, y que se atiende primero a los pobres y los olvidados, porque hay más riqueza cultural donde hay más marginación y olvido. Y “gracias a la visión” del presidente, se trabaja “en un cambio profundo”. Inició con una reflexión “al pueblo de Jerez”:
“… si tuvieran acaso la memoria de un presidente honrando a un poeta. Yo no. Hoy se construye esa historia para México.”
El propio López Obrador homenajeó el 28 de mayo de 2018 al nayarita Amado Nervo en el centenario de su fallecimiento, en una sesión solemne en el Congreso de Nayarit, donde lo reconoció “como un gigante de la escritura”, aunque ahora lo denostó por su posición ante Huerta.
En vida y de manera póstuma, Octavio Paz, ganador del Premio Nóbel de Literatura en 1990, recibió el reconocimiento de distintos mandatarios: Luego del incendio en su departamento en la colonia Cuauhtémoc y la pérdida de buena parte de su biblioteca, Ernesto Zedillo le hizo entrega, personalmente, de la Casa de Alvarado en Coyoacán, donde vivió hasta sus últimos días. En el acto se estableció el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo, que el mismo Zedillo entregó por primera vez en 1988 al poeta chileno Gonzalo Rojas.
Cuando Paz falleció el 21 de abril de 1988, Zedillo fue quien dio la noticia. Luego, acompañado de la viuda del escritor Marie-José Tramini, encabezó en el Palacio de Bellas (PBA) el homenaje de cuerpo presente. En su discurso aludió al “valor y dignidad” del poeta y a su “defensa intransigente de las libertades, con su crítica al poder público y con su firmeza frente a cualquier forma de intolerancia y autoritarismo”.
En 2014 se conmemoró el centenario del natalicio del Nóbel. Y recibió nuevamente un homenaje nacional. El acto principal en la Biblioteca de México fue encabezado por Enrique Peña Nieto, quien lo calificó como “la mente mexicana más clara, plena y brillante del siglo XX”. Asistieron su viuda Tramini y Rafael Tovar, entonces titular por segunda ocasión del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), así como los también Premio Nobel Wole Soyinka, de Nigeria, y Jean-Marie Le Clézio, de Francia.
El acto grandilocuente en el patio de la biblioteca, con intelectuales y artistas, contrastó con los homenajes, el mismo año y también por sus centenarios de natalicio, de José Revueltas –realizado en la antigua cárcel de Lecumberri, donde el escritor fue preso político–, y del también crítico del poder Efraín Huerta, celebrado con una mesa entre escritores en el Palacio de Bellas Artes.
Durante el gobierno de Zedillo se cumplieron 300 años de la muerte de sor Juana Inés de la Cruz, el 14 de abril de 1995. A través del Conaculta, se organizó un magno homenaje con la colaboración de instituciones del Estado de México, entre ellas el Instituto Mexiquense de Cultura y la Universidad Autónoma de la entidad. Hubo mesas, encuentros, el coloquio internacional Sor Juana Inés de la Cruz y el pensamiento novohispano. Zedillo decretó que el nombre de la poeta se inscribiera con letras de oro en el Salón de Sesiones del Palacio Legislativo y declaró 1995 como el Año Sor Juana Inés de la Cruz.
Tan frecuentemente citado por López Obrador en tanto fue su maestro, al poeta tabasqueño Carlos Pellicer sed le inhumó en la entonces llamada Rotonda de los Hombres Ilustres inmediatamente después de su fallecimiento y homenaje en Bellas Artes, por decisión personal del presidente José López Portillo. Éste mismo encabezó uno nacional en el mismo recinto a Juan Rulfo en vida.
En el ámbito literario se puede recordar el homenaje de Peña Nieto, con el presidente colombiano Juan Manuel Santos en el PBA, en la muerte de Gabriel García Márquez, y el de Felipe Calderón en la de Carlos Fuentes, que contrastan con la ausencia de López Obrador en las exequias en el mismo recinto del historiador Miguel León-Portilla.








