… Ahora, a gobernar con la sombra del narco

Los analistas coinciden: los cárteles del narcotráfico participaron activamente en los actuales comicios para imponer o vetar candidatos a cargos estatales y municipales. Así, en vastas regiones del país las votaciones de este domingo 6 implican no sólo la reagrupación de fuerzas políticas, sino también criminales. En otros casos, las nuevas autoridades locales tendrán que lidiar –junto con la falta de recursos para ofrecer servicios, construir infraestructura o combatir la pobreza– con los chantajes, los intentos de cooptación y la violencia abierta del crimen organizado.

La presencia de los cárteles del narcotráfico en vastas regiones del país es tal que las nuevas autoridades estatales y municipales que surjan de las votaciones de este domingo 6 no podrán soslayar un hecho: la gobernabilidad en sus respectivos territorios transita por la criba del crimen organizado.

Así lo advierten analistas consultados por Proceso, algunos de los cuales van más allá: no sólo ven a estas organizaciones como un factor de poder, sino que consideran que algunas entidades –como Jalisco– son ya “narcoestados”.

Las cifras de los políticos asesinados son indicativas: 89, de los cuales 35 eran precandidatos o candidatos. De estos últimos, 30 aspiraban a algún cargo municipal, el primer eslabón donde el crimen organizado busca influir imponiendo directores de policía, de obras e infraestructura y de “alcoholes” (los que emiten registros para giros negros y casinos).

Los analistas consultados coinciden en que el primer desafío serán el tema de la seguridad y la presencia del crimen organizado en los 15 estados donde se renovaron las gubernaturas y 20 mil cargos locales, entre síndicos, presidentes municipales, regidores y diputados locales.

Los casos más impactantes de candidatos asesinados –pues se grabaron en el momento en que se cometía el crimen o cuando estaban cubiertos de sangre sobre el asfalto– fueron los de Alma Barragán, de Movimiento Ciudadano (MC) para la presidencia municipal de Moroleón, Guanajuato, zona controlada por el Cártel de Jalisco Nueva Generación; y el asesinato de Abel Murrieta, aspirante del mismo partido al gobierno de Cajeme, Sonora, área controlada por Los Salazar, brazo armado del Cártel de Sinaloa y de la rama lidereada por los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán.

El partido con más políticos muertos fue Morena, con 11; seguido por PAN, con seis; PRI, con cinco; MC, con cuatro; PRD, con tres; PVEM, con dos, y Fuerza por México y Redes Sociales Progresista, con uno cada uno, más otro independiente. 

Los estados con mayor número de candidatos asesinados fueron: Veracruz, ocho; Oaxaca, cuatro; Jalisco, Michoacán y Guanajuato, tres cada uno; Guerrero, Morelos y Quintana Roo, dos cada uno; mientras que Chiapas, Baja California, Sonora, Nuevo León, Tamaulipas, Querétaro, San Luis Potosí y Chihuahua registraron cada uno un deceso. 

La lucha entre los cárteles por el control de plazas y el intento de cooptación por parte del crimen organizado serán dos retos que enfrentarán las nuevas autoridades locales. No es casualidad que los 30 asesinatos se centraron en cargos del primer nivel de gobierno: el municipio.

En un recuento y análisis elaborado por los corresponsales de Proceso sobre la presencia de grupos criminales en los 15 estados donde se renovaron gubernaturas y ayuntamientos, los cárteles de mayor presencia son: Jalisco Nueva Generación (CJNG), Santa Rosa de Lima (SRL), Los Zetas y Cártel de Sinaloa; con menor influencia: el Cartel del Golfo (CDG). Además de varios grupos con presencia local, como Los Rojos en Morelos y Guerrero; o el grupo Sombra, una escisión del CDG en Veracruz; o el grupo del Bukanans, exjefe de la policía de Maltrata, Veracruz, quien se asentó en Puebla, en la llamada zona del Triángulo Rojo, lugar de intenso robo de combustible.

Esos grupos están registrados en reportes de agencias gubernamentales nacionales e internacionales; entre ellas, la DEA de Estados Unidos, la Agencia Estatal de Investigaciones de Nuevo León y la entidad privada de análisis Crisis Group. También en reportes de inteligencia del Ejército, de la Marina y del gobierno federal, entre éstos la Evaluación Nacional de Riesgos y la Estrategia de Combate al Lavado de Activos y Financiamiento al Terrorismo, que las autoridades federales presentaron en septiembre pasado.

“Narcodemocracia” 

En Nuevo León, según el gobierno estatal, los cárteles predominantes son el del Golfo y el del Noroeste, el cual forma parte de una división de Los Zetas. En el municipio de mayor ingreso económico, San Pedro Garza García, aún tienen presencia células del cártel de los Beltrán Leyva. Además, existen seis pandillas locales independientes que distribuyen droga sintética por todo el estado. 

Jalisco es la entidad donde surgió uno de los grupos delictivos más importante en años recientes: el CJNG, que ha permeado paulatinamente hacia otras zonas, traspasando fronteras estatales. Su líder, Nemesio Oceguera, El Mencho, hizo de los municipios El Grullo y Tlajomulco de Zúñiga sus zonas de operación en la entidad. De ahí se fue filtrando lentamente y adquiriendo poderío.

Hoy es el cártel con mayor presencia en el país, el más letal y el que más territorios disputa, ya sea bajo la dirección del Mencho o en asociación con otros grupos criminales. 

En esta elección, Jalisco no renovó su gubernatura, pero sí 125 ayuntamientos. Para el doctor en derecho e integrante del Observatorio de Seguridad y Justicia de la Universidad de Guadalajara, Francisco Jiménez Reynoso, los nuevos regidores, síndicos y presidentes municipales deberán enfrentar un “narcoestado” controlado mayormente por el CJNG.

“Ahora estamos en el apogeo de una ‘narcodemocracia’, porque la delincuencia organizada desde hace algunos años, en algunos municipios de Jalisco, está decidiendo quién va a gobernar”, lamenta.

El académico de la UdG asegura que la delincuencia organizada impone servidores públicos por designación directa o por exclusión. En la primera, busca al candidato, si quieren continuar los deberán obedecer durante sus tres años de gobierno; rechazar la propuesta es sinónimo de amenaza de muerte, y “les cumplen”.

La exclusión, explica, es cuando los candidatos no aceptan y deciden por sí solos retirarse de la elección. Un ejemplo de ello ocurrió en Jilotlán de los Dolores, donde sólo permaneció en la contienda la planilla de Morena. Los candidatos de los 12 partidos que pudieron participar declinaron tras recibir amenazas.

Jiménez explica que el crimen organizado toma “el control de las presidencias municipales, y si lo pierde, tiene el control de las policías municipales (…) y después se va por el director de obras públicas u otras direcciones”. 

El reto de las nuevas administraciones municipales es “muy grande, al tener que erradicar la delincuencia organizada que ya tiene el control de un gran número de municipios en Jalisco”. 

Y hace un vaticinio espeluznante: aumentarán las desapariciones y se recrudecerá la violencia.

Jiménez, al igual que el exconsejero de la Judicatura de Jalisco, Alfonso Partida Caballero, urge a la coordinación entre los tres niveles de gobierno.

En aras de expandir aún más su influencia, el CJNG mantiene una lucha en las fronteras del estado. Al sureste, colindando con Michoacán, disputa el territorio con los Caballeros Templarios y las autodefensas. Al noreste, con el SRL.

En Guanajuato el SRL domina la región Laja-Bajío, el suroeste y el noroeste. El CJNG domina la capital, León, San Francisco del Rincón, Doblado, el noreste y el noroeste, además del sur, donde está Moroleón. Ambos se disputan los municipios de Celaya, los Apaseos, Jerécuaro, Coroneo, Salvatierra, Acámbaro, San Miguel de Allende, Pénjamo y Valle de Santiago.

Además existen en esta entidad otros cárteles más pequeños, como Nueva Familia Michoacana, Cárteles Unidos, Cártel Nueva Plaza, Unión de León y el otrora poderoso CDG.

En sus acciones para asentarse en más plazas y controlar el trasiego de drogas, el CJNG ha penetrado ampliamente en Zacatecas, Aguascalientes y San Luis Potosí. 

En Zacatecas también tiene presencia el Cártel de Sinaloa, en especial en la zona limítrofe con Durango y Coahuila, con 12 municipios. Los informes de inteligencia ubican un campo de entrenamiento en los municipios de Mazapil y Concepción del Oro. Tanto el Cártel de Sinaloa como el CJNG se disputan las ciudades de Zacatecas, Guadalupe y sobre todo Fresnillo, donde también se encuentran el CDG y el Cártel del Noroeste (escisión de Los Zetas).

San Luis Potosí lo domina en 80% el CJNG, incluyendo la zona de la Huasteca, desde Ciudad Fernández hasta los límites con Veracruz y Tamaulipas. El otro 20% lo tiene el Cártel de Sinaloa, específicamente el sureste, y en los límites con Zacatecas operan cárteles locales, como Los Talibanes.

La capital de San Luis Potosí la domina el CJNG en alianza con el CDG y el grupo local La Línea.

Poderío del CJNG

El CJNG ha logrado expandirse a Veracruz, donde domina 70% del territorio colindante con el Golfo de México, además de los puertos de Veracruz, Coatzacoalcos y Tuxpan. Mantiene todo el corredor de la cuenca del Papaloapan y zona sur del estado.

La zona centro de Veracruz que colinda con Puebla y el Triángulo Rojo –zona de huachicoleo– es dominada por Sangre Nueva Grupo Zeta (una escisión de Los Zetas), liderado por Roberto de los Santos de Jesús, El Bukanans”. En la zona norte del estado que colinda con Tamaulipas predomina el llamado Grupo Sombra (división del CDG).

En Puebla, a pesar de la presencia de grupos locales, grandes cárteles han incursionado en la entidad. El norte, por ejemplo, se lo reparten el CJNG, los Zetas y los locales Los Valencia y Los Téllez. 

En la mixteca poblana están el CJNG, Los Rojos y Guerreros Unidos, estos últimos son los predominantes en Guerrero.

En la zona del Triángulo Rojo y Valles Centrales de Puebla está Sangre Nueva Grupo Zeta. En Tehuacán y Sierra Negra, el CJNG, Zetas y Sangre Nueva Grupo Zeta. Mientras que en la parte central, conocida como Angelópolis y en la que se encuentra la capital, tienen presencia el CJNG, el Cártel de Sinaloa y el de los Beltrán Leyva.

En Michoacán, el CJNG controla la zona de Tierra Caliente –franja que atraviesa de este a oeste la zona sur–. En el resto se encuentran Cárteles Unidos, integrado por células de La Familia Michoacana, Los Viagras, Troyanos Blancos y el Cártel de Tepalcatepec.

En Colima –donde se encuentra el estratégico puerto de Manzanillo– sucede algo similar: el CJNG domina. Le disputan el estado el Cártel de Sinaloa y los Troyanos Bancos. El CJNG también predomina en Nayarit, donde operan algunas células de los Beltrán Leyva.

El Cártel de Sinaloa está totalmente posicionado en el estado que lleva su nombre, aunque enfrenta una disputa interna entre Ismael El Mayo Zambada y Los Chapitos, hijos de Joaquín Guzmán Loera.

Disputas territoriales

Territorio del Cártel de Sinaloa, Sonora vive una escalada de violencia, primero por la presencia del CJNG y desde hace un año por la de Rafael Caro Quintero. Estos dos últimos grupos le pelean la plaza a Los Chapitos, quienes se han aliado con Los Salazar, los cuales tienen su bastión en Chihuahua. Fueron ellos quienes, según las autoridades, ordenaron la ejecución de la periodista Miroslava Breach.

Así, el Cartel de Sinaloa (Los Chapitos junto con los Salazar) domina desde el sur de Sonora hasta la ciudad de Hermosillo, y de la ciudad fronteriza de Agua Prieta a Bavispe, que colinda con Chihuahua, zona donde fueron asesinados tres niños y tres mujeres de la familia LeBarón.

Siguiendo toda la línea hacia el norte, desde la ciudad de Hermosillo hasta Nogales, el CJNG disputa el territorio a Los Chapitos y en Nogales los ayudan sus aliados Los Salazar. Nogales ha sido clave para el trasiego de droga: de 1990 a 2020 se han localizado 127 túneles.

De Hermosillo hacia el oeste del estado y llegando al noroeste, el Cártel de Sinaloa disputa la plaza con Rafael Caro Quintero.

A Baja California el CJNG llegó desde hace un quinquenio aproximadamente. Ahí se alió con una célula de los Arellano Félix. Pero también, desde hace más de una década, el Cártel de Sinaloa sentó sus reales, en especial en Mexicali y su valle que colinda con Sonora. Ahora las pugnas al interior de este cártel han convertido el Valle de Mexicali en un polvorín donde operadores del Mayo Zambada diputan el territorio a Los Chapitos.

En Chihuahua, además de Los Salazar, aliados del Cártel de Sinaloa, está el Cártel de Juárez, cuyo brazo armado, La Línea, mantiene el control en la región noroeste, mientras que el de Sinaloa lo mantiene en Parral, Guadalupe Calvo y la ciudad de Chihuahua.