Al principio de la pandemia de covid-19 los especialistas pensaban que el virus no atacaba a los infantes, pero pronto recularon. Incluso descubrieron que los menores contagiados padecían el fatídico Síndrome Agudo Post Covid (PACS), que ahora azota sobre todo a Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Y Mientras en países del Primer Mundo la mortalidad en menores a causa de esa enfermedad es de hasta 1%, en México es de 30%.
El corazón de Oliver Patterson, de seis años, dejó de funcionar correctamente, su presión sanguínea cayó, su frágil cuerpo peleaba con el Síndrome Inflamatorio Multisistémico Pediátrico (PIMS) causado por covid-19 en niños, similar a la enfermedad de Kawasaki.
El menor dio positivo al virus en marzo. Tres semanas después tenía dolor de estómago, estaba letárgico y dejó de comer. Fue llevado al hospital Darent Valley, en Inglaterra. Los doctores pensaron que tenía amigdalitis, pero un salpullido inundó su cuerpo, cara y ojos, que se inflamaron hasta impedirle ver.
Contrario al mensaje global, los menores infectados con el coronavirus sí pueden sufrir efectos persistentes semanas o meses después de ser contagiados por el virus, en lo que se conoce como Síndrome Agudo Post Covid (PACS), aun cuando el periodo de infección haya sido asintomático, leve o moderado.
En menor porcentaje, los infantes pueden padecer PIMS, una enfermedad grave que, si no se detecta a tiempo, los puede llevar a la muerte. El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, informó el pasado 27 de abril que hasta esa fecha 600 menores habían fallecido a causa del virus; sin embargo, los efectos a largo plazo y el PIMS ponen a los menores en mayor riesgo.
El PIMS, aun cuando no es frecuente, es considerado una enfermedad grave que puede afectar a uno de cada 5 mil niños en el mundo que padecen covid-19, de acuerdo con la Real Escuela de Pediatría y Salud Infantil del Reino Unido. Se comenzó a detectar durante los primeros meses de la pandemia.
Este síndrome causa complicaciones graves. Entre las señales de alerta los contagiados presentan fiebre prolongada de dos a tres días, salpullido, dolor de estómago intenso, diarrea, desorientación, ojos y lengua roja o azulada, manchas rojas en la piel, ganglios inflamados. Puede causar la inflamación de tejidos y órganos, como corazón, pulmones, riñones, cerebro, piel u ojos, como explica el portal de la Clínica Mayo dedicado al PIMS.
Oliver Patterson peleó por su vida. Después de diferentes medicamentos, un tratamiento con esteroides lo recuperó en 48 horas. Marley Hanley, de cinco años, no tuvo la misma suerte y casi termina en un coma inducido. Después de su tratamiento salió del peligro, pero aún tiene problemas para caminar.
En la mayoría de los países latinoamericanos, los menores tienen más de un año sin clases presenciales, con repercusiones psicológicas devastadoras, atrasos académicos, abusos, abandono en la educación, entre otras secuelas, pero las muertes en menores de 19 años son alarmantes.
En Brasil, 2 mil 200 menores de entre cinco y nueve años han muerto, incluidos mil 600 menores de un año; 600 en México; 440 en Perú; 200 en Colombia; 185 en Argentina y 297 en Estados Unidos, el país con más contagios en el mundo.
En los 22 países y territorios de la región de las Américas se han notificado 5 mil 555 casos confirmados acumulados de PIMS en niños y adolescentes, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, mientras que la OMS ha advertido que el PIMS aparece con mayor frecuencia en infantes que viven en países con elevados índices de casos con SARS-CoV-2.
“En Estados Unidos, de 2 mil 617 casos de PIMS hubo 33 muertes, 1.26%, mientras que en México la tasa de mortalidad es de hasta 30%”, indicó a la BBC el director de la Sociedad Chilena de Emergencia Pediátrica Javier Bravo.
En el Reino Unido al menos 600 menores han desarrollado PIMS, de acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística. Mientras que 110 mil profesores y personal educativo tienen efectos a largo plazo del virus. Hasta hoy es uno de los pocos países que ha registrado estadísticas de PACS en menores.
Una sintomatología compleja
Aun cuando se desconoce la causa en el aumento de muerte de menores en América Latina, hay un estudio que señala que los latinos y/o personas con ancestros africanos podrían estar relacionados con una mayor frecuencia de reinfecciones, pero se requiere una mayor investigación al respecto, indicó José Manuel Bautista, catedrático de bioquímica y biología molecular de la Universidad Complutense de Madrid.
Sin embargo, esos no son todos los síntomas que el SARS-CoV-2 puede causar en menores. Las autoridades de salud consideran 12 síntomas del covid-19 a largo plazo, pero de acuerdo con los científicos y padres de familia del Reino Unido con menores afectados, serían al menos 100 síntomas de PACS. Fatiga crónica, dolor de estómago, sensibilidad a la luz, náusea, dolor en los músculos, ojos rojos, sangrado de nariz, mareos, falta de aire, salpullido, insomnio, palpitaciones, dolor de pecho. Incluso síntomas neuropsiquiátricos, como convulsiones, lesiones en la piel y hasta daño en los órganos. También hay afectaciones a la salud mental, como falta de concentración, problemas en la memoria de corto plazo y depresión, entre otros.
La fundadora del grupo Efectos a Largo Plazo de Covid en Niños en el Reino Unido (longcovidkids.org) inició una larga batalla por advertir del problema y recibir tratamiento, Sammie McFarland describió cómo su hija de 14 años comenzó a sentirse débil e inconsciente después de enfermar de covid-19 en marzo de 2020.
“Hizo un poco de ejercicio suave en el jardín, pero después se quejó de dolor de corazón y apenas pudo regresar a la casa. Estuvo en cama siete meses”, relató durante una sesión informativa parlamentaria del Reino Unido el 26 de enero pasado.
“Nadie ha regresado a su condición previa de salud y la mayoría no puede hacer sus actividades normales”, señaló McFarland.
Charlie Mountford-Hill dijo al sitio Elsevier que sus cinco hijos han presentado efectos a largo plazo. “Tienen periodos malos y mejores, pero nunca están bien. El de cuatro años todavía tiene dolor de cuello, letargo, problemas de estómago y dolores de cabeza; el de 10, problemas gástricos y dolor alrededor del corazón”.
En el Reino Unido desde hace un año se crearon 83 clínicas para atender a pacientes con síntomas de covid a largo plazo, conocido ahora como PACS, que ahora han empezado a atender a los menores.
Discapacidad a largo plazo
La psiquiatra y líder médico del Centro Mental para Niños y Adolescentes, en Londres, Karrie Fehily, consideró que el covid a largo plazo debe ser considerada una discapacidad que puede durar meses e incluso más de un año.
Recomendó que a los menores no se les debe forzar a hacer ejercicio físico, ya que se ha notado que contribuye a recaídas; asimismo, los efectos pueden derivar en un atraso académico y en ausencias escolares. Insistió en mantener notas de síntomas y patrones para reportar a los médicos.
Los adolescentes también son afectados. Isabel Walton, de 10 años, pasó de ser una niña activa que practicaba gimnasia y artes marciales a sólo poder ir a la escuela media hora, debido a lo exhausta que queda cuando camina.
“Hemos tenido que usar una silla de ruedas para que salga a tomar aire fresco y a veces su padre la debe cargar para subir las escaleras de la casa”, señaló su madre Catherine al sitio Freepress.
Isabel, un año después de contraer el virus, tiene dolores de estómago que la mantienen despierta por la noche y cansancio absoluto. Después de ser atendida por una clínica especializada en niños le fue detectado daño pulmonar y fatiga crónica. Se desconoce cuándo podrá recuperarse por completo.
Estas historias se repiten no sólo en el Reino Unido, donde al principio se minimizaban los síntomas a menores por la falsa narrativa de que no tenían consecuencias graves. Ahora en países como España, Italia e Inglaterra se han creado grupos de análisis para estudiar los efectos de la pandemia en menores.
En un reporte científico preliminar sobre la existencia de PACS en menores, el primero en su tipo –aún sin publicarse, compartido en la plataforma medRxiv–, se encontraron diferencias inmunológicas significativas entre los niños que se recuperaron por completo de una infección aguda y los que tenían PACS, el primer signo objetivo de laboratorio de la existencia de PACS en niños.
“Se encontró que hay cambios inmunológicos agudos en niños con covid prolongado al persistir niveles bajos del virus después de una infección aguda en algunos menores, lo que causa síntomas de PACS o PIMS…
“El estudio actual puede contribuir a la evidencia de que la inflamación crónica y la activación inmune aberrante dan como resultado la aparición de PACS. Se requerirá más investigación para comprender el origen de esta condición”, señala el informe donde se analizó a 12 menores con PACS y 17 completamente recuperados.
El dilema del regreso a clases
En el Reino Unido, desde el lunes 17 se quitó la restricción para el uso de la mascarilla en estudiantes de secundaria, pese a la oposición de sindicatos y padres de familia, que junto a la variante india de covid han registrado un incremento de casos en las últimas semanas.
De acuerdo con el diario The Observer, “164 casos de la nueva variante fueron ligados a las escuelas hasta el miércoles 12. 7.7% de un total de 2 mil 111 casos. Desde entonces, el total de casos de la nueva variante se ha incrementado a 3 mil 424, un aumento de 62%”.
Sin embargo, hasta el momento se desconoce la relación entre el aumento de casos y las escuelas, debido a que el primer ministro del Reino Unido presuntamente “bloqueó” la publicación de las estadísticas relacionadas con la nueva variante en las escuelas, lo que ha generado la preocupación en las comunidades científica, de maestros y padres de familia.
El Grupo Asesor Científico para Emergencias en el Reino Unido ha advertido que la nueva variante es capaz de generar “una ola de infección más grande que las anteriores”. En Singapur se cerraron las escuelas desde el lunes 17 ante el riesgo de una mayor infección de niños con la variante india.
Los especialistas coinciden para la apertura de escuelas que la clave es mantener el lavado de manos, el uso de mascarilla, el distanciamiento social, mantener grupos pequeños que no se mezclen con los otros, mantener ventanas y puertas abiertas.
Aumentar el staff para la enseñanza, enseñar en espacios más grandes y abiertos, crear sistemas de tráfico de entradas y salidas, hacer exámenes constantes del virus, instalar monitores de dióxido de carbono para vigilar la calidad del aire, poner en cuarentena a las burbujas en casos de infecciones y la vacunación, entre otras medidas (https://osf.io/qg4bj/).
En Latinoamérica y México las posiciones son encontradas sobre el regreso a clases, pero en países como Reino Unido y Estados Unidos ha prevalecido la idea de, además de las medidas antes mencionadas, reducir el número de contagios para poder abrir los planteles.
Tras analizar los casos de contagios en México, Manuel Bautista considera que es posible la apertura de escuelas siempre y cuando se apliquen las medidas convenientes, como mascarilla, sana distancia, control de brotes y burbujas, monitoreo de CO2 en los salones; en caso de rebasarse los 500 casos por 100 mil habitantes deben cerrarse inmediatamente.
“La transmisión del virus en colegios aumenta cuando aumentan la incidencia general en la población y los menores en muchas ocasiones son asintomáticos. Es cierto que son pocos los casos clínicos de niños, pero se pueden producir casos graves y fallecer, por ello es importante continuar con las medidas apropiadas”, señaló el especialista español.
Lo más importante es vacunar a los niños lo más pronto posible con biológicos de segunda generación y esterilizantes que no permitan la reproducción del virus, afirmó.








