Señor director:
Apreciaría que publicara la siguiente carta, dirigida al secretario de Marina, almirante José Rafael Ojeda Durán:
Nuestro país vive días oscuros, inmerso en un divisionismo sin precedente. Desde la Federación y el Poder Legislativo se agreden actividades vitales para el buen funcionamiento y la concordia de la nación, lo que precisa un amplio análisis de su parte y una revisión de los límites que tiene la Secretaría de Marina en el ámbito civil.
Me refiero a la peligrosa configuración que están tomando, para su control, las actividades educativas vinculadas a la marina mercante, que, pese a lo que se diga, cada día tienden más hacia la militarización: el último golpe se lo dio una iniciativa de ley expedida en lo oscurito, según anuncia el boletín 6390 de la Cámara de Diputados, fechado el 26 de abril último, que señala en su encabezado: “La Comisión de Marina aprobó reformas a las leyes de educación naval y de recompensas de la Armada”, promovida en el seno de la Comisión de Marina.
Parece que nadie les dijo que apenas el 26 de enero pasado se publicó el Plan Fidena 2020-2024, que dice en su primera prelación: 1.1.1 Crear la Universidad Marítima y Portuaria de México.
El objetivo es claro: trasladar la educación náutica mercante a la Universidad Naval, que cada día demanda más innovación, tecnología y el desarrollo de nuevas carreras para administrar los puertos, y no doctrinas militares, pomposas marchas, juegos de guerra ni costosos uniformes, pues son actividades que no aportan absolutamente nada al desarrollo intelectutal de los futuros oficiales de la marina mercante, que son como cualquier profesionista civil.
¿Cómo cree usted que vamos a estar conformes con las prelaciones de la citada ley que anuncian todo lo contrario a lo que usted se comprometió? No se pueden fusionar bajo la misma óptica actividades civiles y militares sólo para el lucimiento ceremonial, pues se va a afectar el futuro marítimo del país, ya de por sí empobrecido ante el mísero presupuesto que se destina a la educación náutica y los bajos salarios que pagan a los maestros: en consecuencia, hay nula investigación y una sobrepoblación sin precedente, con un destino incierto ante la falta de impulso a la marina mercante, que es su verdadero pendiente, pues se carece de un plan para su desarrollo.
El mundo marítimo cambió a raíz del grave accidente en el Canal de Suez y la pandemia: los armadores se han dado cuenta de que las competencias de los marinos mercantes se han alejado de los problemas actuales. Hoy se requiere un marino multicultural, con mayor habilidad tecnológica, sin exponerlo a abrumadores exámenes que sólo tienden a la mecanización del conocimiento.
Se debe intensificar el uso de simuladores virtuales y evaluar con mayor precisión las competencias no técnicas, cuya carencia es causa de la mayor parte de los accidentes en el mar. Este reto precisa construir una entidad que se rija por su propia ley orgánica y no mezclar actividades incompatibles, como las mercantes y las navales.
Una universidad que englobe las capacidades para fomentar la investigacion y el trabajo en red con otras universidades del mundo. Basta de importar soluciones a problemas nacionales. ¡Es hora de trabajar juntos! Sí, pero cada quien en su área.
Además de que es un acto que puede ampliar más la brecha entre marinos mercantes y navales, pues incumple la promesa del hoy flamante subsecretario de Marina, almirante Jose Luis Arellano Ruiz, quien juraba y perjuraba en los días en que se realizó esa práctica inútil que se ha dado llamar Parlamento abierto, que supuestamente se iba a formar una universidad marítima, que la educación de los marinos mercantes iba a ser totalmente independiente al ámbito naval, que nosotros íbamos a designar a las autoridades que regirían la supuesta universidad, lo cual fue sólo una mentira.
Ya nos acostumbramos a bailar en un circo de dos pistas: se dice una cosa y se hace otra. Vivimos un tiempo en que hay que tener cuidado con las promesas.
Por un momento pensamos que honrarían la palabra que empeñaron en su nombre. Sólo esperemos que reflexione y busque la mejor fórmula para la convivencia. Con todo respeto, la educación náutica se orienta a formar técnicos, no soldados.
Atentamente,
Doctor Hugo Sergio Gómez Smith,
investigador del medio marítimo en México








