CDMX: La escena del arte contemporáneo

Sin apoyos gubernamentales, la escena del arte contemporáneo en la Ciudad de México se impuso la última semana de abril por su creatividad, diversidad y capacidad de convocatoria.

A los recorridos de galerías que organizó la feria internacional de arte contemporáneo Zsonamaco y el proyecto Clavo –que aun cuando se autodefinió como movimiento artístico, funcionó más como una pequeña feria alternativa–, se sumó el domingo 2 de mayo una acción artivista (sic) que, con el título de La flota zapatista en el Zócalo, evidenció la riqueza artística y cultural que tiene la pluralidad creativa en nuestro país.

Realizado a partir de una propuesta de artistas que, desde los últimos años del siglo XX, han organizado o participado en acciones de arte público de contenido político –marchas, plantones, denuncias callejeras–, el evento La flota zapatista en el Zócalo tuvo como objetivo despedir a los siete integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que, en un viejo buque de pesca construido en Holanda en 1903 y reconstruido en Hamburgo en 2011, zarparon ese mismo domingo a Europa para encontrarse con activistas sociales de aproximadamente 20 países.

Integrado por 4 mujeres, 2 hombres y una persona que no se identifica con ningún género, el Escuadrón 4-2-1 y el buque en el que zarparon desde Isla Mujeres, Quintana Roo, fueron los protagonistas de la acción de arte público y relacional que concibieron los artistas visuales El Gritón, César Martínez, Demián Flores, Gabriel Macotela, Néstor Quiñones, Alfredo López Casanova y la bailarina Argelia Guerrero.

Diseñada como una experiencia colectiva, la acción inició en la segunda quincena de abril con una invitación difundida en redes: pintar en el Zócalo de la CDMX barcos armados con papel Kraft de 1.20m x 1.70m. Por su parte los artistas, además de armar aproximadamente 200 barcos para distribuir, produjeron un enorme buque con armazón de malla de gallinero  cubierta de tela que pintaron en colectividad el día del evento.

Realizados por jóvenes, niños y adultos de distintas procedencias culturales, los barcos fueron el pretexto para una acción creativa, artística y colectiva que mostró el impacto afectivo y emotivo que puede tener el arte. Así, los rostros esbozados, convertidos en la iconografía característica del EZLN, invadieron no sólo numerosos barcos, sino también las estrellas de la bandera de la Comunidad Europea que ondeaba en el gran buque.

Totalmente diferente pero no por eso mejor o peor, Zsonamaco y Clavo contaron también con un público cuantioso. Ambos fueron visitados por consumidores de distintas edades, y Clavo se distinguió por la presencia de emprendimientos emergentes que gestionan la promoción artística a través de plataformas digitales. Ubicado en una espléndida casona porfirista de la colonia Juárez, en Versalles 113, Clavo exhibió 31 proyectos en los que predominaron poéticas relacionadas con estéticas neopop e imaginarios populares-urbanos. Entre las más interesantes, las narrativas dibujísticas de temáticas feministas que exhibió Islera, un espacio que se ubica en la zona de La Merced.

Y por último Zsonamaco, convencional, sin medidas sanitarias rigurosas y con espléndidas propuestas de exhibición, incluyó propuestas que ratifican el conocimiento de algunas galerías sobre las tendencias del mercado global de alto nivel. Entre ellas, la inclusión de proyectos emergentes que, en la galería OMR, merecen una nueva ubicación denominada Air y, en la Kurimanzutto, la presencia en sus instalaciones de la plataforma Llano