Dos obras infantiles para entender la muerte y el luto

A la paulatina reapertura de espacios escénicos, el teatro de La Capilla y el foro Shakespeare se suman invitando a niños y niñas los sábados y domingos de mayo con dos obras mágicas, respectivamente: Un conejo para la Luna, estreno de la dramaturga mexiquense Andrómeda Mejía, y la reposición de Juan y La Muerte, del moreliano César Chagolla. Ambos montajes se relacionan con la enfermedad y los sentimientos a procesar por un infante y su familia cuando sufren la pérdida de algún ser muy querido.

Niños y niñas podrán regresar a la magia del teatro en vivo este mes de mayo con dos obras de sorprendente actualidad: Un conejo para la Luna, y Juan y La Muerte, montajes acerca de la muerte como continuidad de la vida y el proceso tan necesario de entender el luto por chicos o grandes.

La primera es un estreno de la actriz fundadora de la compañía Tres Pies del Gato, la directora escénica y dramaturga Andrómeda Mejía, nacida hace 33 años en Toluca, Estado de México. Serán cuatro representaciones con aforo de 22 personas los sábados 8, 10, 17 y 24 en el teatro La Capilla (Madrid 13, Coyoacán), a las 12:30 horas, en coproducción con Tejedora de Nubes; funciones que podrán seguirse por la plataforma Zoom del mismo teatro.

Un conejo para la Luna suscita reflexiones hacia una despedida digna. En el universo de Andrómeda Mejía surge esta historia: Ángel y Larissa han crecido entre los cuentos y el corazón de su abuelo, quien un día enferma. Sus vidas cambian al mirar cómo el dolor y los tratamientos médicos los acercan a su madre, con quien ambos sobrinos habrán de cuidar al anciano en el trance. Si la vida es plenitud, ¿por qué no puede serlo la muerte?

La segunda, Juan y La Muerte, fue escrita por César Chagolla, nacido hace 31 años en Morelia, Michoacán, quien se inspiró en un relato de tradición oral anglosajona y en las concepciones prehispánicas de los purépechas sobre el inframundo (el Lago de Pátzcuaro) y los arquetipos animales de La Muerte (el dios topo y el achoque o ajolote): la mamá de Juanito enferma; por el lago, La Muerte merodea(el actor Luis Miguel Moreno), y Juan (actuado por una actriz, Ivonne Márquez) idea engañarla encerrando en un frasco a su madre (la actriz Erandeni Durán),  pero este intento parece prolongar lo irremediable.

La luz blanca de la Luna

acaricia la marea,

pinta siluetas y sombras

  y a la fría agua platea…

Con este cántico materno de Miguel Jiménez, entonado por Erandeni Durán, comienza Juan y La Muerte, que ofrece el foro Shakespeare, ubicado en Zamora 7, colonia Condesa, los domingos de mayo y junio, a las 13 horas, conjuntamente a Cortejo Producciones hasta el 18 de julio. La obra estrenó en 2019, pasando aparte en la plataforma Teatrix por streaming.

“Esta obra surge –apunta Chagolla– de la necesidad de hablar de la muerte, porque es un proceso por el que todos vamos a pasar tarde o temprano en primera, segunda o tercera persona. Nos cuesta hablar de la muerte como adultos y más con los niños, siempre los hacemos a un lado si acaba de fallecer alguien en la familia. Y decimos: ‘Bueno, que la niña y el niño no se enteren, no van a ir al funeral, ya después les explicamos qué pasó’.

“Y las explicaciones se desarrollan en el ámbito de la fantasía o se vuelven ambiguas, en vez de hallar la explicación real y contundente. Decimos: ‘tu mamá o tu abuelito se fueron al cielo’, y los chicos: ‘bueno, si se fue al cielo, ¿por qué se fue sin avisarme?’.”

Afirma Erandeni (nombre purépecha que significa alborada):

Juan y La Muerte es una historia maravillosa que trata el tema de la muerte para los niños y las niñas, puede la muerte no ser bonita y sí dolorosa, pero es parte de la vida y es algo natural.”

Y coincidir…

Entre Andrómeda Mejía y César Chagolla existen similitudes no sólo generacionales, habiendo estudiado psicología (él se graduó en la Universidad de Morelia) y los dos egresaron de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT), del INBA.

“Para mí antes fue muy confortante –refiere Andrómeda– haber trabajado como docente en la Policía Judicial (hoy Instituto de Formación Profesional de la Policía), me asombraba mucho el nivel de compromiso que tenían las áreas de secuestro o delitos a menores de edad. La psicología me encanta; pero aquellas vivencias en la policía me hicieron repensar dónde estaba mi pasión, y renuncié para estudiar en la ENAT.”

Lleva tres años entrenando personas que sufren de discapacidad intelectual, con miras a integrar una compañía de teatro.

–Usted ha efectuado residencias de estudios en Uruguay (2017) y Argentina (2019). ¿También allá vio usted, como en México, un conejo en la Luna llena, o son latitudes diferentes?

–No, también hay un conejo en la Luna allá –responde riendo–, en mi mente existe como metáfora de la vida y de la muerte; pienso que en la Luna nos encontraremos todos. Tal y como son los ciclos, en espiral, en otras vidas, en otros tiempos…

Un conejo para la Luna habla justamente del duelo por enfermedad, de la muerte de un ser amado, así que es una obra teatral de esperanza porque nos volveremos a encontrar en otro espacio, en otro momento. Es muy doloroso este proceso de muerte tanto para los pacientes como para las familias; entonces yo apelo a que se acabe el dolor en este plano para poder mirarnos en la Luna de nuevo en la plenitud, en la felicidad, en la armonía.”

A finales de año trabajará en un programa de creadores escénicos con cáncer. Son los temas que la mueven a desafiar su probabilidad de plasmarlos. El arrojo es su apuesta principal.

“Me divierte el teatro, me angustia y me estresa, es parte de estar ligada a la vida.”

–Usted desarrolla asimismo el aspecto sonoro de la obra con Mini Salazar, asesora de baile en el montaje.

–Sí, es mi segunda puesta en escena donde el universo sonoro me aparece con mucha claridad (antes fue Ropa sucia); ahora quise tomarlo a mi cargo, como decir “pues si ya está en mi imaginario, ¿por qué no plasmarlo sonoramente?”. Es música, y ahora el diseño sonoro está basado en el rocanrol de los años sesenta justo para darle contexto al abuelo, el personaje principal, y el tiempo que él vivió cuando era joven.

A Un conejo para la Luna pueden asistir mayores de ocho años.

“Parte de la invitación es que asistan al teatro e ir abriendo estos espacios poco a poco a los niños, a la niñas, para volver a compartir con todas las medidas sanitarias. Y en relación a la historia, les parecerá divertida, pero también emotiva; yo creo que lo que más rescata es la pertinencia de hablar sobre los procesos de pérdida que muchos hemos tenido en pandemia a partir del covid. Empecemos a buscar esos espacios, encontrarlos para vernos reflejados y sacar esas emociones de dolor, de miedo, de tristeza, de enojo y de no entender la vida misma. Es hora de hablar por qué está muriendo tanta gente y perdemos a quienes amamos más, y sacar todas las emociones guardadas alrededor del sufrimiento.”

Además de actuar, Andrómeda Mejía participa con la dramaturgia en la “experiencia fragmentada” El pequeño resto de mi vida en mí, de Rocío Belmont, “investigación escénica e intermedial” en Whats App y vía streaming, con funciones hasta el 5 de junio que organiza La Corte de Los Milagros (informes www.lacortedelosmilagros.com).