Acuatro décadas de haber dejado atrás el último de los cuatro grandes paradigmas pedagógicos mexicanos, dos eslóganes predominaron en el discurso de las administraciones gubernamentales: “Reforma educativa” y “La calidad educativa” como “prioridad” del régimen.
En dichos pregones subyacen los primeros mitos. ¿Por qué se postularon dichas reformas educativas? Los argumentos, que no fundamentos, argüían la necesidad impostergable y urgente de que nuestro modelo educativo fuera el factor detonante del desarrollo económico; fue entonces la economía de mercado, y no el desarrollo humano y social, el fin superior de la hegemonía; fue el primero y no el segundo, tan es así, y salvo prueba de lo contrario, que más de 50 millones de mexicanos se encuentran en condiciones de pobreza.
No en vano José Vasconcelos, para fundamentar su propuesta pedagógica y educativa, reveló una realidad mexicana de su tiempo (1920); cualquier coincidencia con nuestra actualidad es mera coincidencia: “Dos terceras partes de la población son indígenas mestizos que no saben leer ni escribir”.
Y además de no saber leer y escribir, ¿cuál era su situación social, económica y política?, ¿todos los indígenas de nuestro tiempo saben leer y escribir correctamente, ya poseen hogares, vestido, servicios médicos, medicamentos y alimentación dignos, ya ocupan cargos importantes en las iglesias, en la industria, en el comercio, en la milicia y en la administración pública?
La palabra calidad ha estado siendo utilizada no sólo con exceso, sino que en sus entrañas se encuentra un conjunto de intencionalidades que encubren intereses de muy dudosa honestidad porque usando apariencias engañan y en muchos casos ocasionan daño a las personas y a la sociedad; dichas intencionalidades se descubren cuando problematizamos la palabra: calidad: ¿Según quién?, ¿para quién?, ¿para qué? Ese daño ha estado presente en la educación durante los últimos 40 años.
Adoptar el uso del término excelencia educativa es un acierto de política educativa del presidente porque, en primer lugar, rompe el círculo vicioso de un lenguaje lesivo y, en segundo lugar, será mucho más difícil manipular su significado en razón y fundamento a que la excelencia no es otra cosa que el conjunto de cualidades sustentadas en los valores universales que todos quisiéramos que estén presentes en la educación de nuestros hijos, una educación que forme seres humanos con valores, con una vasta cultura y aptos en su vida cotidiana.
Para dimensionar el valor de la excelencia educativa para el presente y el futuro de la sociedad mexicana es preciso rescatar los principios universales de por qué la educación ha existido desde los tiempos más remotos. Todos los grupos humanos han necesitado transferir saberes y experiencias a sus descendientes, principalmente para:
1. Sobrevivir y conservar la integridad física a través de la salud. Hoy no basta sobrevivir, porque el ser humano tiene derecho y merece una vida digna.
2. Aprovechar los recursos de su entorno. Hoy no basta con aprovechar los recursos a nuestro alcance si lo estamos haciendo irracionalmente, poniendo en peligro de extinción a nuestra especie y al planeta, que es nuestro hogar.
3. Preservar la especie. Hoy no basta preservar la especie porque necesitamos saber convivir en armonía, en la interdependencia, en la justicia, en el respeto a los derechos de los demás.
Resolver el problema del cómo empieza por plantearnos: ¿cuáles son las alternativas factibles y cuál ha de ser la o las mejores?
Para saberlo, se hace necesario el análisis crítico y la reflexión:
1. ¿En qué consiste exactamente la excelencia educativa?
La excelencia educativa es el conjunto de cualidades del saber (conocimientos), del hacer (prácticas), de las actitudes (conductas), cualidades sustentadas en los valores universales que todos quisiéramos que estén presentes en la educación de nuestros hijos. Sin aprendizaje y conducta de excelencia no hay educación de excelencia.
2. ¿Cuáles son los componentes de la excelencia educativa?
La excelencia educativa está compuesta por los siguientes elementos: los protagonistas, los educandos y los educadores (por lo que saben y hacen), la teoría y la práctica, el aula y la escuela, la familia y la sociedad. En cada elemento hay cantidad y calidad, un conjunto de características y otros elementos colaterales que los complementan.
3. ¿Quiénes intervienen y a quién corresponde construirla?
Es el maestro, en primer término, el responsable de la calidad de la clase, pero la calidad de la clase no depende exclusivamente de él; depende, directa y proporcionalmente también de la calidad con la que lo formaron, de la calidad de quienes lo formaron, de la calidad con la que le enseñaron a enseñar, de la calidad del modelo curricular, pero sobre todo de la calidad científica, pedagógica, didáctica y lingüística de los textos de los contenidos de los programas de la asignaturas y de que le estén enseñando a enseñar con cada modelo curricular que se va implementando.
4. ¿En dónde se ubica el origen, en dónde empieza, en dónde y cuándo se produce la excelencia educativa?
El origen de la excelencia educativa está en la clase, en el grupo escolar; empieza en el aula. Es en la calidad de la clase y de sus componentes. Una clase con emotividad y calidad didáctica deja una huella más profunda e imborrable que un libro leído coercitivamente.
Las nuevas generaciones de mexicanos merecen que no se les oculten o disfracen las verdades científicas. Un hombre sabio dijo: “La verdad os hará libres”.
5. ¿Cuáles son las variables o factores que dificultan, distorsionan o impiden hacer realidad la excelencia educativa?
Los más altos funcionarios, responsables de la educación, oyen, pero parece que no escuchan, parece que no tienen interés ni sensibilidad, parece que tampoco hay voluntad política ni disposición para conocer la estrategia pedagógica “reaprender a enseñar”, que no es una propuesta de solución, sino una solución probada y comprobada por cientos de maestros.
Sólo se tardarían tres horas para conocerla. ¿No merecen tres horas los cientos de maestros que la construyeron?
6. ¿Con qué se implementa la excelencia educativa?
Con pedagogía mexicana y acciones pedagógicas, científicas y didácticas inmediatas. (Ya existen los materiales necesarios y suficientes, están a disposición de la autoridad educativa y de los maestros, sin costo):
a) Proporcionando a los maestros los conocimientos de la personalidad de los educandos mexicanos de acuerdo a sus contextos, de sus capacidades intelectuales para aprender, de las leyes universales que explican las motivaciones y los procesos a que está sujeto el aprendizaje, la conducta y cómo se construye el conocimiento científico; que sepan cómo es y cómo funciona el pensamiento de los niños y de los jóvenes mexicanos. (No continuar aprendiendo de memoria las teorías psicológicas).
b) Aportando a los maestros los elementos y características epistemológicas necesarias y suficientes que requiere todo conocimiento científico y los pasos exactos para construirlo.
c) Mostrarle a los maestros los métodos lógicos de enseñanza para conducir didácticamente cada una de las etapas del proceso de aprendizaje y demostrarles que, con ello, sí es posible lograr el aprendizaje de excelencia.
Atentamente,
Juan José Pérez Perusquía,
doctor en pedagogía








