Anarcas y pañuelos verdes

En la Ciudad de México, una parte de la movilización feminista por el Día Mundial por un Aborto Legal y Seguro, celebrada el 28 septiembre, acabó en enfrentamiento con la policía y fue “encapsulada”. Al día siguiente los titulares de los diarios sacaron fotografías de algunas manifestantes, a las que calificaron de feministas, dijeron que esos “desmanes feministas” habían dejado un saldo de decenas de policías lesionadas y como nunca antes se empezó a criticar a “las feministas”. En paralelo, los otros contingentes que marcharon ese día no ameritaron ni una mención.  La violencia vende.

Como todo movimiento político, el feminismo tiene diversas tendencias y hay que tener cuidado cuando se generaliza y se dice que “las feministas estuvieron agresivas” o “las feministas son víctimas de la policía”. También al hablar de la Marea Verde, el movimiento latinoamericano por la despenalización del aborto, hay que introducir diferencias. En la Ciudad de México, por ejemplo, cuatro organizaciones feministas (Balance, Luchadoras, Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir y GIRE) optaron por celebrar con un despliegue de 5 mil pañuelos verdes en el Monumento a la Revolución. Para ello, con tiempo solicitaron permiso a las autoridades y la Sandía Digital filmó un corto de un minuto 18 segundos, que se ve en https://www.youtube.com/watch?v=GKzqnPZZz-s.

Este trabajo colectivo, realizado como MxMareaVerde, que implicó que un grupo de varias decenas de activistas se fueran de madrugada al monumento a colocar, a lo largo de varias horas, esos 5 mil pañuelos verdes en la explanada, pasó inadvertido. Esas activistas también son feministas, y es una pena que no se hable de esa iniciativa, lúdica y creativa.

MxMareaVerde es parte de ese movimiento que recorre toda América Latina. La celebración del 28 de septiembre como Día Mundial de Lucha por un Aborto Legal y Seguro se remonta a 1990, durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se llevó a cabo en esa ocasión en Argentina. En el Taller sobre Aborto organizado por la Comisión por el Derecho al Aborto de ese país y por las Católicas por el Derecho a Decidir de Uruguay, con la participación de feministas procedentes de Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay y Perú, se fijó el 28 de septiembre como “Día por el Derecho al Aborto de las Mujeres de América Latina y el Caribe”. Poco después, en la reunión promovida por la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSMLAC) y coordinada por Católicas por el Derecho a Decidir, fue creada la Coordinación Regional de la “Campaña 28 de septiembre por la despenalización del aborto en América Latina y el Caribe”.

Hace unos años otros países, como Mozambique, Tanzania y  República Democrática del Congo, se sumaron a esa campaña y se cambió el nombre a “Campaña mundial por un aborto legal y seguro”. El objetivo de la campaña es fortalecer la investigación, el análisis y el debate teórico acerca de las condiciones en que las mujeres se realizan abortos hoy, así como promover nuevas alianzas que sumen a la lucha contra los fundamentalismos religiosos. El encuadre plantea que hay intereses comunes en países latinoamericanos, africanos y asiáticos en los ámbitos de salud, institucionalidad democrática, laicidad, diversidad sexual y derechos humanos, y que es indispensable hacer más uso del litigio jurídico, basándose en la jurisprudencia, así como convocar a los medios de comunicación a que colaboren en el debate público y se hable de las razones por las que el aborto debe ser legal y ­gratuito.

En México, el llamado de la marcha del 28 demandaba el aborto legal y seguro para las 30 entidades federativas donde las mujeres siguen siendo criminalizadas (sólo en la CDMX y Oaxaca ya es legal), acabó en el explosivo desenlace. Que en la Ciudad de México la interrupción voluntaria del embarazo sea legal desde 2007 no impide que las chilangas estemos comprometidas a apoyar a nuestras congéneres de otros estados. La criminalización de las mujeres que buscan interrumpir un embarazo no deseado es un problema grave y nos compete a todas las personas feministas luchar por erradicarla.

Interrumpir un embarazo cuando éste no ha sido elegido, sino cuando es consecuencia de un descuido humano, una falla del anticonceptivo o incluso una violencia, es un reclamo que atañe a aspectos básicos de la libertad de las mujeres. Por un lado, implica liberarse de las inevitables restricciones y cargas de trabajo extra que conlleva cualquier maternidad, y que pesan mucho si el hecho de convertirse en madre no es verdaderamente una elección. Por el otro, interrumpir un embarazo no deseado es ejercer el derecho a decidir sobre el cuerpo y la vida, en un acto de autonomía personal, que tiene repercusiones estratégicas de largo plazo: permite tener mayor madurez para fundar una familia, desarrollar un proyecto de vida, terminar los estudios, etcétera. Las feministas, de todas las tendencias, seguiremos luchando para que interrumpir un embarazo no deseado sea un servicio legal y seguro. Ojalá y los medios de comunicación cubran todas las acciones de los distintos grupos feministas, y no sólo las que escandalizan por los enfrentamientos con la policía.