A estas alturas, afortunadamente, ya no es tan cierto aquello de que “nadie es profeta en su tierra”, y por lo menos en la esfera de sus particulares quehaceres, la obra de los creativos destacados es no sólo conocida, sino reconocida, y en algunos casos hasta sumamente halagada y aplaudida. Qué bueno que así suceda, porque si algo es ingrato es el no reconocimiento a una labor creativa que a todos sirve o puede servir, y que de una u otra manera nos hace la vida más placentera.
Este es el caso del compositor mexicano Daniel Catán (1949-2011), a quien a través de su obra e intérpretes se está recordando gratamente a 10 años de su desaparición física, ocurrida el 9 de abril de 2011 en Estados Unidos, donde residía.
Importante compositor de óperas, Catán tuvo una producción corta, pero sus cinco creaciones líricas fueron suficientes para abrir un buen camino a las obras del género del siglo XX e incipiente XXI concebidas, escritas y cantadas en español en los teatros extranjeros, principalmente de los EUA. Baste recordar que fue el primer compositor mexicano al que una casa de ópera estadunidense le encargó una obra: Salsipuedes, que en 2004 le encomendó la Houston Grand Opera, varios años después estrenada en México.
En 2010 Los Angeles Opera le pidió Il Postino, escrita especialmente para Plácido Domingo en su calidad de barítono, cuestión muy digna de resaltar ya que, como todos sabemos, los grandes éxitos del cantante los obtuvo en su condición de tenor. Estaba basada en la novela del chileno Antonio Skármeta El cartero que, como película, fue un éxito internacional, cuyo libreto fue escrito por el propio Catán.
Características de sus óperas –que a mi juicio no han sido debidamente valoradas ni resaltadas– son su carácter poético, presente desde su primera obra, Encuentro en el ocaso que escribiera Carlos Montemayor, y su teatralidad, que las hace cómodas de montar y gratas de presenciar. Vino después La hija de Rappaccini, basada en la homónima y única obra de teatro de Octavio Paz y que el compositor declaró era un humilde homenaje al escritor a quien admiraba enormemente. El libreto es de Juan Tovar y sus orígenes se remontan hasta Nathaniel Hawthorne.
Otro grande, García Márquez, sirvió al músico para su Florencia en el Amazonas que escribió Marcela Fuentes Berain.
Pues bien, vivencias detenidas por algunos de los protagonistas de estas óperas, narradas por ellos mismos, lo que las convierte en documento para los anales, así como videos de las diferentes producciones, constituyen el recordatorio-homenaje a Daniel Catán que, a 10 años de su fallecimiento, organizó la soprano María Katzarava, en abierta complicidad con la viuda del compositor, la también música Andrea Puente. Ambas contaron con la entusiasta colaboración de, entre otros, la soprano chilena estrella del MET, Verónica Villaroel, la mezzosoprano española Nancy Rivera, los barítonos mexicanos Jesús Suaste y Luis Ledezma, y la también mexicana Encarnación Vázquez.
Este recordatorio-homenaje-charla-documento-reunión de cuates-testimonio –ligero, ilustrativo y agradable documento– puede encontrarse y disfrutarse en https://www.facebook.com/Katzarava/








