Ante los ataques que el INE recibe del gobierno federal y su partido, Morena, debido a que estableció lineamientos para evitar la sobrerrepresentación legislativa y canceló candidaturas porque no entregaron gastos de precampaña, entre otras decisiones, el presidente del organismo, Lorenzo Córdova, hace un símil futbolístico y lanza: “El problema no es el árbitro, sino los jugadores que no son leales a las reglas del juego”. En entrevista con Proceso advierte que al Instituto se le intenta meter en una “lógica polarizante”, como si estuviera a favor o en contra de una opción política, y le causa extrañeza que se agreda al árbitro antes de que se inicie el partido; es decir, de que la elección suceda.
El sistema electoral está estresado. No vive una crisis, pero sí un momento definitorio: determinar hacia dónde debe encausarse la democracia en el país, considera el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello.
Desde que el 19 de marzo el INE estableció un mecanismo para evitar la sobrerrepresentación legislativa, su papel fue interpretado por la dirigencia de Morena como un freno a sus alcances. Y eso se agudizó, entre otras decisiones, con la cancelación del registro a 49 morenistas, destacadamente a los candidatos a las gobernaturas de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, y de Michoacán, Raúl Morón, reiterada el pasado 13 de abril.
Más allá de las polémicas vigentes –entre las que condena el lenguaje de odio y la falta de compromiso de varios actores con las reglas del juego–, Córdova identifica riesgos, defiende decisiones y se reivindica neutral.
En entrevista con Proceso la noche del jueves 15, Córdova Vianello evita personalizar en el presidente Andrés Manuel López Obrador cualquier señalamiento; inclusive evita identificar a Morena, optando por la expresión “el partido en el gobierno”; y en un balance sobre las polémicas de estas semanas considera que hubo saldos positivos del sistema electoral.
Sobre el retiro de las candidaturas, el consejero electoral pide no perder de vista que la decisión no fue por cuantía y sí por la imposibilidad de fiscalizar a estas alturas del calendario electoral. Inclusive, pone como ejemplo el caso de Luis Walton, precandidato también de Morena al gobierno de Guerrero, que al ser llamado por identificarle un gasto de 17 mil pesos, presentó erogaciones por medio millón sobre el que tampoco se podría tener certeza de que haya gastado esa cantidad.
En cualquier caso, la decisión motivó reclamos de Morena, la amenaza de Salgado Macedonio de impedir las elecciones en Guerrero si no le regresan la candidatura; la calificación del presidente López Obrador sobre el asunto como un “atentado a la democracia” y, aunque la decisión se mantiene, debe esperarse la resolución del Tribunal Electoral.
Desde el miércoles 14 Córdova anticipó que no se confrontará. En esa línea se mantiene y a pregunta expresa responde que el INE no tiene diferencias con nadie y, si acaso, son los actores los que tienen problemas con el árbitro por aplicar la ley. Ante la insistencia sobre los dichos presidenciales, responde: “Bueno, es uno de los actores, pero ese discurso está en el ambiente, es un discurso profundamente polarizado entre quienes respaldan al gobierno y quienes son antagonistas del gobierno; el árbitro inevitablemente está en medio. Hay quien ha hecho acusaciones directas al árbitro, es parte del rol arbitral”.
Lógica polarizante
Durante la entrevista, el presidente del INE cita reiteradamente el texto “El árbitro”, de Eduardo Galeano, para hacer una analogía con el organismo electoral.
“Está condenado a quedar mal con todos, a ser odiado por todos, porque quien gana siempre va a decir que ganó a pesar del árbitro y quien pierde siempre va a decir que pierde por culpa del árbitro. Eso es parte de lo que estamos viviendo…”, dice.
Luego hace una retrospectiva sobre decisiones que le generaron críticas al INE, por ser supuestamente condescendiente con López Obrador. Entre esas decisiones destaca la promoción personalizada en spots como dirigente de Morena de 2015 a 2017, y el llamado de atención a grandes empresarios por el envío de cartas a trabajadores para que evitaran votar por una “opción populista” en 2018.
Rememora el señalamiento de trabajar para darle el registro al partido de Felipe Calderón, México Libre, que una vez negado, motivó que sus partidarios lo acusaran de hacerle el trabajo al gobierno, mientras que en Morena celebraron la decisión.
Vuelve después a la inconformidad debido a decisiones recientes: “Eso me hace pensar que el problema no es el árbitro sino los propios jugadores, que no sé si son leales a las reglas del juego. Para que la democracia llegue a buen puerto los jugadores tienen que demostrar compromiso democrático, jugar conforme a las reglas que ellos mismos pusieron”.
De fondo, el problema que advierte es que en el contexto actual hay quienes tratan de colocar “una lógica polarizante, como si el INE estuviera a favor o en contra de una opción política”. Pero el INE, dice, “no está en la boleta, no va a competir, es el regulador y ese rol implica aplicar la ley”.
Luego desliza: “Quien quita, en una de esas, el intento de tratar de construir un discurso (contra el árbitro) es para el día después de las elecciones pero… al árbitro no le toca jugar ni especular”.
Y es que a Córdova le causa extrañeza que “los discursos en contra del árbitro” inicien antes que el partido, es decir, de que la elección suceda.
Intencionalidades
Más allá de las generalidades, los temas son concretos. López Obrador le ha señalado los altos salarios, reclamado la sobrerrepresentación y un atentado contra la democracia en la cancelación de registros. Esos asuntos, desde la dirigencia de Morena, se personalizan en el consejero Ciro Murayama y el propio entrevistado.
“Es que el hecho de personalizar lo que son decisiones de un órgano colegiado pone en evidencia la intencionalidad política de esas acusaciones”, dice.
Es el carácter colegiado de las decisiones donde se centra: se requiere mayoría en un consejo que ha sido integrado por miembros elegidos en tres diferentes legislaturas. Luego, acentúa el carácter plural, donde cuatro de los 11 consejeros fueron elegidos en la actual mayoría (es decir, la morenista).
La explicación es larga y enfatiza las tres vertientes de acción del INE: la organización de las elecciones, las funciones de fiscalización y las funciones arbitrales. Las dos últimas son más polémicas porque hay alguien que se siente perjudicado y ve al otro favorecido. En el contexto actual, ello deriva en “un discurso político, pero no veraz”, de aquel que se siente perjudicado.
Aterriza: “El INE no decidió que la sobrerrepresentación sea de 8% y no más. Eso lo dice la Constitución desde hace más de 25 años. Por eso no logro entender que un actor político diga que eso tiene un sesgo político, porque asumir eso significa que, quien hace coaliciones las hace para hacer un fraude a la Constitución y lo que el INE hizo es cumplir con el estado democrático de derecho, cumplir una regla que no puso, que la pusieron los partidos políticos”.
Recuerda que la regla para evitar la sobrerrepresentación fue impulsada en los noventa por las izquierdas y que inclusive fue Porfirio Muñoz Ledo uno de los negociadores. Muestra luego su extrañeza por los señalamientos que la izquierda actual hace al INE por los lineamientos que éste emitió en marzo.
–Menciona que hay intencionalidad política al centrar los señalamientos en su compañero Ciro Murayama y en usted. ¿Cuál es?
–No lo sé, no quiero especular, pero se me hace extraño que cuando las decisiones las tomamos nueve consejeros hablando de sobrerrepresentación –y por cierto, la propuesta que finalmente fue aprobada fue hecha por uno de los nuevos colegas (Uuc-Kin Espadas Ancona)– se diga que es una intencionalidad de dos consejeros.
–Eso pudiera interpretarse por sus posiciones públicas y el ensayo de Ciro Murayama que motivó la queja de Morena –se le comenta.
–Evidentemente, digámoslo así: nosotros somos los operadores electorales y hemos identificado problemas. Creo que nadie sensatamente puede negar que, cuando la Constitución dice una cosa y eso no está ocurriendo en la realidad, tenemos un problema. Una cosa es señalarlo y otra que haya una intencionalidad política en hacerlo.
Y rechaza la dedicatoria: “Hay quien dice que hay una intencionalidad política porque es contra un partido. Perdón, pero ¿contra cuál partido? ¿Alguien sabe cómo van a quedar los resultados en las elecciones del próximo 6 de junio? Yo no”.
Subraya que la decisión se tomó antes de que hubiera votos, antes inclusive de que hubiera candidatos. Asegura que lo anterior muestra que esa decisión se tomó con absoluta neutralidad.
Para él, la existencia de las coaliciones al momento de tomar la decisión es irrelevante: “Pues sí, ya había coaliciones y ¿eso qué? ¿A poco las coaliciones se hacen para burlar la Constitución? No lo creo. ¿Cuál es el problema? Si se trata de cumplir con lo que dice la Constitución, ¿hay alguien que no quiere? Es una pregunta que no me toca responder sino a quien plantee no cumplirla”.
En la semana, un intercambio con la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, versó sobre el papel discreto del árbitro, un perfil que se le cuestiona en la entrevista a propósito de las posiciones públicas previas al acuerdo de la sobrerrepresentación.
“Creo que la secretaria de Gobernación tiene razón. Nada más que le faltó algo, porque nada mas dijo la mitad de toda la idea. Dijo que el árbitro debe ser discreto y neutral. Coincido. Pero ser discreto no significa hacerse de la vista gorda cuando se violan las reglas, porque entonces el juego se echa a perder. No hay polémica, supongo que la secretaria no está en contra de eso”.
Los recursos, el costo, los sueldos
Entre las polémicas que se arrastran desde finales de 2018 hay una que surge con frecuencia: el INE cuesta mucho, los salarios son elevados y esos temas orbitan en los argumentos para plantear su renovación.
–¿El INE cuesta mucho? ¿Compartiría la idea del adelgazamiento? –se le pregunta.
–Respondo con un lugar común: costaría muchísimo más no tener un aparato que genera la confianza como lo genera ese instituto y ahí están las encuestas (se refiere a la encuesta del INEGI sobre cultura cívica que coloca al INE como la institución civil más confiable con 60% de aprobación). No es casual que hayamos construido un sistema que es referencia internacional.
Córdova se explaya en las misiones internacionales, la exportación de modelos como el de fiscalización, las buenas prácticas reconocidas y adoptadas para otros países bajo el cobijo de la ONU, la OEA y el Consejo de Europa.
Sigue: “Es un sistema electoral caro, sí. Pero es falso que sea el más caro del mundo. Eso es una falacia. Hay órganos electorales que reciben mucho más financiamiento”.
Ofrece un argumento adicional: el funcionamiento del INE respecto a otros órganos electorales: todos organizan elecciones, pero no todos imprimen boletas en papel seguridad ni implementan mecanismos infalsificables ni son responsables del padrón electoral y mucho menos de que éste sea la base del principal mecanismo de identidad, que es la credencial para votar; no todos son responsables de fiscalizar a los partidos y no todos tienen que monitorear los tiempos de radio y televisión.
“Se tienen que comparar peras con peras y manzanas con manzanas; se tiene que comparar lo que hace el INE y lo que hacen otros órganos electorales, antes de juzgar falazmente, ligeramente, si este es un órgano desproporcionadamente caro”.
Sobre los sueldos –la primera polémica que enfrentó el organismo con el gobierno de López Obrador–, prefiere referir a la posición de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la inconstitucionalidad de la norma, los pendientes de resolver en el ámbito judicial y la inmovilidad legislativa respecto al tema. En síntesis: “Es un debate abierto”.
No obstante, revira: los consejeros del INE no pueden tener ingresos privados y en el gobierno hay funcionarios públicos que reciben tantos ingresos privados que superan por mucho lo que gana el presidente, algo que siendo legal, dice, debería revisarse si es pertinente.
El estrés de la democracia
Córdova insiste en que no hay una crisis en el sistema electoral. Lo que identifica son “oleadas de descontento” con el funcionamiento de la democracia que generan “un caldo de cultivo lamentable, delicado e inclusive, peligroso” en el mundo y que, en el caso de México, se relaciona con tres factores: las deudas históricas como la pobreza, desigualdad, corrupción, impunidad e inseguridad; la desinformación potencializada por las redes sociales, entre estas las llamadas fake news, que erosionan la base de confianza en el sistema; y la polarización potenciada con la intolerancia que impide asumir que los contendientes tienen derecho a pensar diferente al otro y a buscar acceder al poder público.
Un factor adicional es la pandemia que estresa, dice, el funcionamiento de las democracias.
“Creo que el sistema político mexicano está sometido –como todas las democracias– a una situación de estrés y estamos viviendo fenómenos que son preocupantes, porque todos estos elementos están siendo potenciados. Nunca antes habíamos visto un discurso tan estridente y tan polarizante como el que se está planteando hoy”, considera.
La conversación vuelve sobre la coyuntura: dice que las palabras importan, que un demócrata debe jugar con las reglas del juego y procurar que el juego no se desborde, inclusive en el discurso político.
Luego de hacer una digresión sobre la democracia y la convivencia pacífica, la tolerancia y el pluralismo, expone: “Los tonos en el discurso evidentemente pueden provocar que los ánimos se desborden y si los ánimos se desbordan la democracia está claramente en riesgo. Y creo que aquí hay una responsabilidad de todos los actores políticos y sociales, e incluso, económicos, de moderar, sin que esto signifique una limitación a la libertad de expresión que nadie está diciendo que no se diga lo que se quiera… pero hay límites en lo que se puede decir”.
A continuación recuerda las posiciones del Sistema Interamericano de Derechos Humanos sobre le discurso de odio como algo antidemocrático: “Decir que alguien o algo debe morir, decir que algo debe ser erradicado, decir que algo tiene que ser exterminado evoca los peores discursos antidemocráticos de principios del siglo pasado”.
La alusión es clara: Mario Delgado, dirigente de Morena, dijo que el INE debería ser reformado o exterminado; el magnate Ricardo Salinas Pliego, que debe morir; Félix Salgado Macedonio llevó un ataúd a su plantón en la sede del organismo y amagó con ir a la casa de Lorenzo Córdova.
“Que se usen ataúdes en este contexto, me parece por decir lo menos de un pésimo gusto cuando en el último año hay más de 200 mil personas, compatriotas, que han fallecido por la pandemia. Yo creo que habría que cuidar más esas cosas. Y creo que el tono es importante en un ejercicio democrático”, dice.








