Marco Antonio Cruz en Proceso (2006-2021)

Cuando se incorporó a la revista Proceso como coordinador de Fotografía en marzo de 2006, Marco Antonio Cruz ya contaba con un sólido prestigio como periodista gráfico.

Creador de una conmovedora poética visual que, con base en una fina expresividad, vincula información, narrativa y reflexión, Marco Antonio Cruz se caracterizó por registrar realidades sociales a partir de la fusión del entorno, la expresividad de los protagonistas y el dramatismo de discretas y a la vez potentes tonalidades blanco y negro. Construidas como una unidad entre el significado simbólico del espacio y la emotividad de los personajes, sus composiciones se imponen como retratos de circunstancias humanas que, paradójicamente, diluyen la particularidad de las personas representadas.

Altamente reconocido tanto en su gremio como en el escenario institucional, Marco Antonio Cruz destacó no sólo con trabajos como el reportaje sobre la vida cotidiana de invidentes y débiles visuales mexicanos de entornos socioeconómicos deprimidos –realizado entre 1987 y 2005, distinguido con el Grange Prize­ de Canadá en 2009, y publicado en 2011 bajo el título de Habitar la oscuridad por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta)–, sino con la creación de imágenes que se convirtieron en icónicas.

Entre ellas, la que registra el colapso del edificio Nuevo León, en Tlatelolco, durante el terremoto de 1985 en la Ciudad de México –en la que el derrumbe se convierte en una unidad con las numerosas personas que buscan sobrevivientes entre los escombros–, o el espléndido retrato de Andrea Islas García, invidente campesina que, entre nopales repletos de tunas y un cielo encapotado, cubre su rostro con unas manos tan trabajadas y expresivas que no necesita descubrir su fisonomía para mostrar su ser.

Y aun cuando pareciera que al incorporarse a Proceso no había más que desarrollar, Marco continuó su exploración creativa a través del retrato periodístico, la fotografía en color y la representación de la infancia.

Realizados en el contexto de entrevistas o eventos de interés público, sus retratos aíslan los rostros del entorno concentrándose en gestos y actitudes en los que predominan la expresión de los ojos y las manos.

Bajo su lente, el excelente dibujante y caricaturista Rogelio Naranjo se convierte en miradas que se asimilan a su obra: intensidad, agudeza y humor; el vigor del escritor José Emilio Pacheco es un vaivén entre manos y miradas que casi cubren su cara; la tensión de la gimnasta Marisela Arizmendi se percibe en la dificultad de encontrar un lugar para sus manos; el pintor Ricardo Martínez se convierte en el escorzo de su mano izquierda; Ramón Aupart, editor de la película El Grito, es mirada, mueca y sonrisa; el periodista Miguel Ángel Granados Chapa es muestrario de un discurso concentrado en sus largos dedos; y hasta la jornada electoral de 2007 en Michoacán se reduce a un robusto brazo femenino que introduce una boleta en la urna.

Para el reportaje previo a los Juegos Olímpicos que se realizaron en 2008 en China, Marco Antonio Cruz incursionó en la fotografía en color. Y si bien las obras no lograron la seducción de sus blancos y negros, sí evidenciaron su interés por una temática recurrente: la cotidianidad de niñas y niños. Representada desde los años setenta en distintos entornos y circunstancias que abarcan campo, pobreza, calle, deporte, ceguera, ritos religiosos y escenas familiares, la infancia es una constante que no ha sido todavía estudiada.

Amable y apasionado de andar en bicicleta, Marco Antonio Cruz nació en 1957 y falleció el pasado 2 de abril de un infarto, junto a su bicicleta.