Más allá del resultado de los comicios presidenciales de este domingo 11 en Ecuador, el exmandatario izquierdista Rafael Correa se reposiciona como el principal actor político del país: si su candidato, Andrés Arauz, triunfa, el expresidente tendría el control político; una victoria del banquero Guillermo Lasso lo volvería líder de la oposición. Sea como sea, no pierde.
BOGOTÁ.– El expresidente ecuatoriano Rafael Correa, a quien muchos dieron por acabado hace unos meses cuando fue sentenciado a ocho años de prisión por cohecho y a otros 25 de inhabilitación, está de vuelta como el actor principal de la política de Ecuador y es el protagonista central de una campaña electoral que encabezó desde Bélgica sin ser candidato.
Su delfín, Andrés Arauz, candidato presidencial de la izquierdista Unión por la Esperanza (Unes), se presenta a los comicios de este domingo 11 con la ventaja de haber encabezado la primera vuelta de febrero pasado, aunque todo anticipa una contienda cerrada.
Y aun cuando Arauz pierda en esta segunda vuelta ante el banquero conservador Guillermo Lasso, abanderado del Movimiento Creo, Correa quedaría como el líder de la oposición y de la bancada legislativa de Unes, que ganó un tercio de los escaños en febrero pasado y desde mayo será la primera mayoría en el Congreso Nacional.
Este entramado de ingeniería política fue construido por el expresidente izquierdista con una activa presencia en redes sociales, con el uso de su imagen en los mítines de Unes, con entrevistas en medios internacionales y con reuniones virtuales con sus bases desde Bruselas, donde reside, pues en Ecuador una orden de captura pesa sobre él.
La influencia de Correa en la vida política ecuatoriana es tanta, que toda la campaña presidencial giró en torno a él. Ambos candidatos apelaron día a día a los dos grandes bandos políticos de Ecuador: los correístas, representados por Arauz, y los anticorreístas, liderados por Lasso.
“Correa demostró que el correísmo es una identidad política en Ecuador, una organización política con presencia nacional y la primera fuerza electoral, a pesar de la persecución judicial, el acoso y el exilio que han vivido en estos años sus dirigentes, empezando por él”, dice a Proceso el sociólogo Franklin Ramírez.
Estos comicios se convirtieron, de hecho, en una suerte de referendo sobre el expresidente, quien gobernó Ecuador entre 2007 y 2017 con notables resultados económicos y sociales, pero también con un estilo confrontacional que lo enemistó con indígenas, sindicatos, empresarios y medios, lo que propició la polarización del país.
Aunque Correa no podrá regresar por ahora a Ecuador, una victoria de Arauz podría abrirle las puertas a una favorable revisión de su sentencia en un país donde la justicia suele ser sensible a las necesidades del poder político.
¿Asesor distante o cogobierno?
El doctor en ciencia política Santiago Basabe dice a Proceso que la principal demanda del correísmo es el retorno de Correa al país, “y seguramente, si gana Arauz, se van a tomar medias para que eso ocurra”.
En ese escenario, afirma el decano del departamento de Estudios Políticos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Ecuador, Correa no sólo sería una sombra para Arauz, sino que “va a gobernar” junto con él.
En América Latina hay referentes de movimientos políticos de izquierda que perdieron el poder hace unos años y lograron recuperarlo en elecciones recientes con líderes distintos a los que encabezaron los gobiernos.
En Argentina, el peronismo recuperó la Presidencia en los comicios de 2019 con Alberto Fernández, quien fue acompañado en la contienda por la exmandataria Cristina Fernández como fórmula vicepresidencial.
Correa intentó ser el candidato a la vicepresidencia con Arauz, pero la justicia se lo impidió por la sentencia en su contra; se le consideró culpable de financiar su movimiento político con sobornos de empresas como la constructora brasileña Odebrecht.
Otro regreso triunfante de la izquierda ocurrió en Bolivia en octubre pasado, cuando Luis Arce ganó los comicios presidenciales con el empuje del líder del Movimiento al Socialismo, Evo Morales, quien respaldó su campaña desde la vecina Argentina.
Tanto Fernández en Argentina como Arce en Bolivia han gobernado hasta ahora con autonomía y sin la tutela de sus antecesores.
Basabe cree que Arauz no podrá tener ese margen de acción porque, a diferencia de Fernández y Arce, que fueron ministros muy relevantes y son políticos con experiencia y trayectoria, el candidato de Unes fue un funcionario con “poca relevancia” en los gobiernos de Correa.
De acuerdo con el politólogo, “Arauz sabe que si llega a la Presidencia, 99% de las razones corresponden a Correa y no a él, y que no tiene capital político para tener autonomía”.
Franklin Ramírez, doctor en sociología política por la Universidad París, cree en cambio que Correa será un asesor “más bien distante” en un eventual gobierno de Arauz, quien “seguramente lo escuchará porque es el líder del movimiento político y porque es un economista con tesis claras sobre el desarrollo latinoamericano, pero no existen las condiciones políticas y económicas para algo más que eso”.
De acuerdo con Ramírez, el presidente ecuatoriano Lenín Moreno, un antiguo correísta que rompió con su mentor político cuando llegó al poder, se ha encargado de promover a muchos anticorreístas en los diferentes poderes del Estado.
“Hay una fragmentación política en los organismos de control institucional”, señala el académico, “y además, si gana Arauz va a tener un Parlamento fragmentado (su partido es primera mayoría, pero no tiene los votos para aprobar leyes por sí solo), lo que hace improbable una reedición de la hegemonía que llegó a tener Correa la década pasada”.
Un izquierdista ilustrado
Con sólo 36 años, Andrés Arauz es, como Correa, un izquierdista ilustrado que se educó en el exterior y un competente economista alejado de las ortodoxias marxista y neoliberal.
Él se define como “un economista social, solidario y postkeynesiano (partidario de incentivar el desarrollo vía gasto público, como hace Estados Unidos en épocas de recesión)”.
Tras cursar una licenciatura en economía y matemáticas en la Universidad de Michigan, el candidato de Unes ingresó al Banco Central de Ecuador, donde llamó la atención del reconocido economista Pedro Páez, quien lo nombró su jefe de asesores cuando asumió en 2007 como ministro de Política Económica en el gobierno de Correa.
Consultado por este semanario, Páez recuerda que Arauz, quien entonces tenía 22 años, destacaba por su “sofisticado manejo técnico, su talento y su entusiasmo por la informática, la tecnología y las matemáticas”. Y al mismo tiempo, señala, tenía “una fuerte vocación social”.
Páez, doctor en economía por la Universidad de Texas, dice que Ecuador logró reducir el pago de la deuda externa, privilegiar la deuda social, triplicar el presupuesto de salud y duplicar el presupuesto de educación, lo que fue determinante para lograr una efectiva redistribución del ingreso.
“Andrés, a sus 22 años, era uno de los asesores a quienes les tocaba elaborar los diseños técnicos de esas políticas y participaba en las negociaciones con los grandes banqueros y los grandes importadores, que estaban en una virtual guerra contra el gobierno”, señala Páez.
Considera que Arauz está preparado para ser presidente de Ecuador por sus habilidades profesionales, su sensibilidad política y social, su capacidad para afrontar grandes temas y su experiencia en negociaciones complejas.
En el gobierno de Correa, el candidato de Unes fue ministro de Conocimiento y Talento Humano. En 2018 viajó a México a cursar un doctorado en economía financiera en la UNAM.
El joven político, quien además es maestro en desarrollo económico por la Flacso-Ecuador y habla inglés, francés y ruso, además de español, fue proclamado el año pasado candidato presidencial de Unes en una asamblea que Correa presidió desde Bélgica y en la que lo llamó “líder histórico” del movimiento.
Dos modelos en disputa
Lasso siempre estuvo del otro lado de la mesa en las negociaciones con Arauz cuando éste era el jefe de asesores de Páez, en 2007.
Como presidente del Banco de Guayaquil, Lasso defendía la ortodoxia económica y consideraba que las políticas redistributivas eran “una irresponsabilidad”, recuerda Páez.
El debate sobre las políticas económicas neoliberales y la heterodoxia redistributiva se resolvió en esos años a favor del proyecto progresista de Correa, que trajo crecimiento, estabilidad y desarrollo social al país en un contexto en el que todos ganaron, hasta los banqueros.
Luego de que Correa terminó su mandato presidencial, en mayo de 2017, su sucesor, Lenín Moreno, cuya candidatura auspició, se alió con Lasso, quien había sido su contrincante en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de ese año.
Con el respaldo del partido de Lasso y de la derecha en el Congreso, Moreno inició un desmonte de los programas sociales de su antecesor, aduciendo una crisis fiscal; redujo el gasto público y acordó con el FMI un paquete de ajuste económico de corte neoliberal. El resultado fue un retroceso económico y social que, aunado al golpe de la pandemia del covid-19, llevó a Ecuador a la peor crisis de su historia.
Durante los gobiernos de Correa, entre 2007 y 2017, el país creció a una tasa promedio anual de 3.3% y la pobreza se redujo en 15 puntos, hasta ubicarse en 21.5%, según cifras del Banco Mundial.
De acuerdo con el organismo multilateral, el exmandatario también avanzó hacia un país más equitativo, pues sus políticas sociales permitieron elevar 38% la participación de los más pobres en el ingreso nacional, al tiempo que cayó 32% la participación de los más ricos.
En cambio, en los tres años de gestión de Moreno, Ecuador ha acumulado una caída económica de -5.5% y la pobreza llegó a 33.3%, lo que implica un aumento de casi 12 puntos. El país también ha retrocedido en equidad.
Todo esto en medio de escándalos por el acceso preferencial de funcionarios públicos y sus familiares a vacunas contra el covid-19 y de un deficiente manejo de la pandemia. Hasta el domingo 4, Ecuador había vacunado a 1.7% de la población, un porcentaje muy lejano al promedio de Sudamérica (10.14%).
En estas circunstancias, a nadie extraña que Moreno sea uno de los presidentes más impopulares que se recuerdan en el país, con 90% de rechazo a su gestión, según una encuesta de Perfiles de Opinión.
Basabe atribuye el desempeño del presidente a su “limitada capacidad para gobernar” y a su decisión de alinearse con la derecha y con Lasso. “Todo esto sumó a favor del correísmo en esta campaña”, asegura.
Lasso ha prometido que de llegar a la Presidencia creará 1 millón de empleos dando incentivos fiscales a las empresas; privatizará empresas públicas, como la estratégica Refinería Esmeralda; reducirá el gasto público y abrirá a los privados la administración de los hospitales públicos. “Es la receta neoliberal”, dice Páez.
La derecha binacional
Hace unos días, migrantes venezolanos radicados en Ecuador denunciaron que la campaña de Lasso pagaba 20 dólares a compatriotas suyos que caminaban por varias calles del país con letreros de cartón en los que llamaban a los ecuatorianos a no votar por el socialismo, es decir, a no votar por Arauz. “Vota bien para que no te pase lo que a mí con el socialismo”, señalaban los mensajes.
Y desde el exterior también llegó ayuda para Lasso. El fiscal colombiano Francisco Barbosa, acusado por la oposición de su país de favorecer las causas del ultraderechista partido de gobierno, el Centro Democrático (CD), entró al juego electoral ecuatoriano al afirmar en plena campaña que Arauz había recibido financiamiento de la guerrilla del ELN.
Barbosa viajó hasta Quito en febrero pasado para entregar “evidencias” –la computadora de un comandante de segunda línea del ELN, abatido en combate– a su colega ecuatoriana Diana Salazar, lo que fue calificado en ambas naciones como una “intromisión” de Colombia en la campaña presidencial.
El internacionalista y doctor en ciencia política de la Universidad de Toulouse, Mauricio Jaramillo, dice que las “evidencias” carecen de solidez y más bien considera que el gobierno colombiano y el líder del CD, el expresidente Álvaro Uribe, esperan un triunfo de Lasso para afianzar el bloque de gobiernos conservadores en la región.
Pero en caso de que el triunfador sea Arauz, indica el académico, Ecuador podría sumarse a países como Argentina, Bolivia y México para formar un bloque progresista más moderado y menos activo en el escenario regional que el impulsado hace 15 años por Hugo Chávez.
En contrapartida al bloque progresista, Colombia –donde Uribe, el hombre más poderos del país, sostiene que hay un plan “castrochavista” para implantar el comunismo en la región– mantiene estrechas alianzas con la derecha latinoamericana y hace lo que puede por brindarle ayuda.








