Primera edición en México: La poeta Hadewijch, del siglo XIII

Han transcurrido ocho siglos para que ocurriera esto que Víctor Manuel Mendiola, editor de El Tucán de Virginia, llama “una revelación”. Con la edición de los “liederen” (canciones) de la poeta belga nacida en Amberes, además de atisbar uno de los surtidores de la poesía moderna, se exalta el espíritu femenino, pues esta creadora fue una “beguina”, o sea, miembro de un movimiento de mujeres laicas “que creaban comunidades donde vivir, tener una vida independiente y ayudar a la gente, y dedicarse a una vida espiritual”. Inevitable pensar en Juana Inés de la Cruz.

En su búsqueda por encontrar las fuentes de la poesía moderna, la editorial El Tucán de Virginia se dio a la tarea de publicar extensos poemas emblemáticos, como El cementerio marino, de Paul Valéry; Las Quimeras, de Gérard de Nerval; Prosa del Transiberiano, de Blaise Cendrars, y, “el único texto mexicano”, La suave patria, de Ramón López Velarde.

Su viaje hacia los orígenes ha debido remontarse a los siglos XVI y XVII, y su director y fundador, el poeta Víctor Manuel Mendiola, anuncia que en breve publicarán sendas antologías de la poesía inglesa y española de dichas centurias, en las cuales se incluirá, por ejemplo, Fábula de Polifemo y Galatea, de Luis de Góngora.

Fue así como, al ir encontrando “correspondencias”, apareció Hadewijch de Amberes, “una poeta medieval del siglo XIII que parece ser un caso muy excéntrico, pero no lo es tanto porque, en realidad, está en el inicio de muchas cosas. Para autores, especialistas en poesía occidental y en poesía mística, ella es la primera poeta mística, propiamente”.

Si bien como escritora se puede mencionar antes a Hildegarda von Bingen (1098-1179), aclara a Proceso que ella no fue poeta sino compositora, científica, mística –que tenía visiones–, entre otras facetas:

“Poeta es Hadewijch de Amberes, quien nació en 1200 y murió en 1248. Fue una beguina, o sea, perteneció a un movimiento de mujeres laicas que creaban comunidades donde vivir ellas, tener una vida independiente, y para ayudar a la gente y dedicarse a una vida espiritual.”

Nacida y fallecida en el antiguo ducado de Brabante, perteneciente entonces al Sacro Imperio Romano Germánico y que se ubicaría en la actualidad en la frontera entre Países Bajos y Bélgica, cuenta en su obra con cartas, visiones y los poemas: El conjunto de 45 canciones que ahora publica El Tucán de Virginia con traducción de Stefaan van den Bremt, prólogo de Blanca Garí, epílogo de Veerle Fraeters y Frank Willaert, una ilustración del artista visual Arturo Rivera, y la revisión rítmica y nota del propio Mendiola.

La obra bilingüe de 351 páginas, titulada Canciones. Hadewijch de Amberes, se edita con apoyo financiero de la Fundación Holandesa de Literatura, y de Flanders Literature. Destaca el editor que ésta es la primera edición mexicana, incluso latinoamericana, si bien la poeta no es totalmente desconocida en la región. En el ámbito de la lengua española existe una edición en España, “pero yo creo que la edición que hicimos compite muy bien con ella y viene a llenar un vacío entre los lectores mexicanos”.

A través de los diferentes textos de la edición de El Tucán, se establece una relación entre la poesía de Hadewijch con la de autores como Miguel de Guevara (“No me mueve, mi Dios, para quererte”), San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Beatriz de Nazareth. Y entre los mexicanos, López Velarde, Alfredo Placencia, Carlos Pellicer, Manuel Ponce y Javier Sicilia. Cita Mendiola a Octavio Paz sobre la relación entre la poesía y la mística:

“Religión y poesía tienden a la comunión, las dos parten de la soledad e intentan, mediante el alimento sagrado, romper la soledad y devolver al hombre su inocencia.”

Se hace notar que la autora escribió su obra en neerlandés medio, como lo hizo “por la misma época Beatrijs, priora del monasterio cisterciense de Nazareth; en bajoalemán medio escribió la beguina Mechthild von Magdeburg unas décadas más tarde, y en el siglo XIII –ya a caballo del XIV– se expresaba en dialecto picardo la ‘béguine clergesse’ Marguerite Porete que acabó sus días en la hoguera…”, señala en su prólogo Garí, quien alude asimismo a otras poetas que Hadewijch recoje en el conjunto de su obra, como “herencia del pasado” y parte de las “transformaciones de su tiempo”.

Mendiola también pone énfasis en la importancia de la autora dentro de la poesía medieval, mística y occidental y por haber sido una mujer que mantuvo su independencia en la Edad Media, con el colectivo de las beguinas. 

–Se menciona que la consideraron herética.

–Sí, muchas de las beguinas eran tratadas como tales, aunque en su tiempo lograron más o menos transitar sin problemas. Beatriz de Nazareth, que escribió Los siete modos del amor, no sufrió agresiones, pero no era beguina. En cambio, a Porete –por Le mirouer des simples ämes (El espejo de las almas simples)– ¡la quemaron! Entonces ya hacia finales del siglo XIII sí empieza a haber una reacción más violenta por parte de la Iglesia ante estos actos de independencia de mujeres, que además sostienen un discurso no ortodoxo y están desarrollando la poesía mística.

Explica que las beguinas formaban comunidades piadosas para ayudar a la gente. Muchas de sus integrantes eran de clase alta, y se cree que Hadewijch pudo pertenecer a la nobleza por el manejo del latín en sus canciones, aunque las escribiera en neerlandés medio (previo al moderno). Es también una novedad “porque es un movimiento en el cual la literatura abandona las formas del latín que habían utilizado, por ejemplo, los poetas goliardos. Y ella escribe en su lengua, en la lengua que hablaba la gente”.

El escritor encuentra en la beguina un “carácter contestatario tanto en términos religiosos como de independencia de la mujer”, algo de lo cual se sigue hablando en el mundo contemporáneo, por ello considera que será un personaje “muy interesante para las mujeres y la reflexión de lo que ocurre con el mundo femenino hoy”.

Y, desde luego, quienes se dedican y gustan de la literatura y la poesía, se darán cuenta de la enormidad de su obra, porque las 54 canciones “son en realidad notables literariamente”, por su calidad, altura, originalidad, porque “el mundo que está ahí, que se refleja en ella, es real, pero al mismo tiempo idealizado, místico”.

Sin embargo, apunta que el problema con Hadewijch es que, habiendo sido tan conocida durante el siglo XIII, luego desapareció:

“Se perdieron sus manuscritos, quedaron extraviados, y se empezó a recuperar hacia el siglo XIX, pero ha sido muy poco a poco. Yo creo que su comprensión cabal ha comenzado recientemente, y puedo decir que esta publicación en México es parte de ese resurgimiento que está en sus inicios.”

En el epílogo, Fraeters y Willaert explican a qué bibliotecas de la región flamenca en Países Bajos pertenecen los manuscritos de los cuales se rescata ahora la obra de la poeta.

Plenitud intelectual

El medioevo solía relacionarse con el oscurantismo, por ello se le pregunta a Mendiola cómo siendo mujer logró hacer sus canciones. Recuerda que aquel momento no fue tan “tenebroso como se ha pintado”, especialmente en el campo literario, aunque fue un mundo de guerras, enfrentamientos, mucha violencia, desigualdades, pobreza, pestes y “visiones apocalípticas”. Se dieron, dice, formas de convivencia intelectual importantes, hubo un espíritu de plenitud. Y Hadewijch tuvo una vida espiritual muy plena:

“No hizo una cancioncita o un texto, sino un corpus completo.”

Añade el conjunto de cartas, e incluso sus visiones, que son “un contrapunto fuerte con las de Hildegarda”. Anticipa entonces que en El Tucán se han propuesto publicar más adelante dichas visiones de la escritora de Amberes, pues además de su carácter religioso, poseen un potencial intelectual e imaginativo “totalmente literario”.

Elegidos al azar, se reproducen un par de fragmentos de la canción 44:

Cuando los frutos del año

a simple vista están cosechados

y ya no hay sobresaltos ni cuidados,

por lo que el mundo entero se pone
alegre,

se siente lleno de hambre y apenado

quien ansía amor y no lo tiene.

Cada uno busca tener lo que anhela, 

pero vivir sin amor es el peor castigo.

Se lo prevengo a todos mis semejantes, 

para que, cautos, lo tomen a pecho.

Poco importa cualquier otra congoja

ante anhelo de amor insatisfecho.

Aunque el lanzamiento de la obra se dio en marzo, relacionado ya con los movimientos feministas, Mendiola aclara que sus propósitos van más allá:

“Nosotros como Ediciones El Tucán de Virginia la consideramos como un paso en el conocimiento de la espiritualidad y de la poesía escrita por mujeres. Creemos que es muy importante, porque la lectura de Hade­wijch nos permite ver que en uno de los grandes comienzos de la literatura occidental está una gran poeta que es una mujer. Y, aunque de otra manera, de la envergadura de Sor Juana. Es decir, estamos hablando de una poesía que tiene verdadera singularidad. Entonces no solamente es un problema de corrección política, de publicarla porque es una mujer, se trata de una mujer que escribió una gran obra.”

–En el libro no se alude a Sor Juana, quizá porque son distintas y de diferentes épocas…

–Muy distintas. Claro, Sor Juana es del siglo XVII, y aunque tiene referencias religiosas en sus poemas, no es una poeta mística. Primero sueño, por ejemplo, es un poema filosófico, racional, en el mejor de los sentidos. Es un poema enorme, de una envergadura difícil de definir porque no es fácil hacer un poema como éste –comparable a De la naturaleza de las cosas, de Lucrecio–, estamos hablando de una obra inmensa.

El libro se encontrará en breve en librerías. La contingencia sanitaria no permite a los editores hacer presentaciones en vivo, pero planean una virtual o una lectura para más adelante. Mendiola afirma que pese a la pandemia, El Tucán de Virginia ha seguido adelante en su proceso de lectura y búsqueda:

“Sí tenemos preocupaciones económicas, y desde luego vivimos asediados por ellas, pero nuestra preocupación fundamental es la lectura, es ofrecerle al lector textos, libros y poesía que tengan, por un lado, la pertinencia de despertar la inteligencia, de descubrir la poesía y el mundo tan original de la poesía. Y por el otro, contribuir a la comprensión de nuestro mundo, porque la poesía es una representación de nuestro mundo y tiene la cualidad de que, cuando está marcada por condiciones históricas y naturales, cuando pasa el tiempo, un texto poético permite también entender tu tiempo.”

Es el caso, cita, de La Divina Comedia, el gran poema escrito por el florentino Dante Alighieri, entre 1304 y 1321, que “nos permite ir descubriendo estos textos que tienen esta capacidad múltiple, poliédrica, de lectura que permite entender un momento de la historia, que permite entender nuestro momento, y por otra parte entendernos en términos más íntimos y personales”.

Concluye entonces:

“Para nosotros, la publicación de Hadewijch es una revelación. En este momento en el cual el carácter fundamental de la vida intelectual de la mujer se está afirmando en nuestro mundo, traer a colación su figura tiene un valor esencial. Y en nuestra pequeña colección de poesía es ya el autor más viejo, más primitivo que hemos publicado, y está en el centro de las preocupaciones de El Tucán.”