Señor director:
Le ruego la publicación de la siguiente queja, dirigida al licenciado Andrés Manuel López Obrador, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, y a los miles de lectores de su prestigiado semanario, en especial a quienes, como es mi caso, están en la tercera edad (tengo 84 años) y tengan o pretendan tener cuentas en el Banco Santander México, SA, ya que ahí quieren despojarme de la inversión que me dejó mi finada hermana, Graciela Alvarado y López, en la supercuenta con cheques 50054602286 sucursal Miramontes Espacio Select.
Usted, señor presidente, ha dicho en forma reiterada que la corrupción ya se acabó, que ya no existe, pero observe la realidad que estoy viviendo durante los últimos 16 meses: el 5 de agosto de 2016 mi hermana y yo nos presentamos a esa sucursal para registrar mi firma como “tercero autorizado”, la que quedó plasmada en el registro que el banco me entregó, catalogándola como firma “A” para hacer retiros de la cuenta de forma indistinta.
Desde el 11 de noviembre de 2019 me presenté a solicitar la devolución de la inversión más intereses. Desde entonces he sido sometido a la infamia, trayéndome de la “ceca a la Meca”, mendigando la entrega de ese dinero, violando así mis derechos humanos; por ello, el 13 de diciembre de 2020, en la edición 2302 de Proceso, le dirigí queja pública al señor Blas Grisi Checa, presidente y director general de Santander, la que no atendió, probablemente por tratarse (en mi caso) de un mestizo y no un criollo del país conquistado por sus antepasados y discriminándome por ello y por mi vejez manifiesta.
Por instrucciones de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), el 12 de agosto de 2020 presenté la queja para tratar de conciliar vía digital, pero la representante María de Lourdes López Aguilar la rechazó, so pretexto de que me identifiqué con el nombre de mi acta de nacimiento, Jaime Alvarado y López, y que en el testamento que dejó mi hermana aparezco como Jaime Alvarado López, lo que es una vil trampa, ya que entregué al banco mi testamento emitido por el notario 211 de la Ciudad de México en la que consta que Jaime Alvarado y López también acostumbra usar el nombre de Jaime Alvarado López.
Tras larga espera, logro cita en la Condusef para presentar mi reclamación formal, que entregué en 17 hojas y 16 anexos probatorios, las que no atendieron ni Condusef ni Santander (expediente 7021/090/2909). El 12 de marzo me presento a la audiencia, pero ahora pretexta el banco, sin aportar prueba alguna, que no estoy como beneficiario. Es vergonzoso tal vil engaño, puesto que la reclamación versa en mi calidad de tercero autorizado y no como beneficiario.
Lo que queda claro es que Olga Pérez Linares, de Santander, y María Esmeralda Elizondo Morales, junto con María Elena Valdez Facio, por la Condusef, podrían estar cometiendo diversos delitos del orden penal, como el de asociación delictuosa. En pleno siglo XXI la Condusef investida de Malinche a 500 años de la conquista española.
Por lo padecido, presumo que debe ser cierto lo que expresé a Grisi Checa en mi queja de 27 de abril último (prueba 9) en el sentido de que algunos buenos amigos que laboran en importantes instituciones de crédito me alertaron sobre el rumor de que en el banco Santander algunos de sus altos funcionarios acostumbran quedarse con el dinero que tienen en sus cuentas los llamados “viejitos”.
Así, señor López Obrador, mientras usted nos da una ayuda económica cada bimestre, los españoles dueños de Santander México pretenden robarme una suma mucho muy superior que sólo a mí me pertenece.
Los artículos 57 y 142 de la Ley de Instituciones de Crédito establecen todo lo relativo a los terceros autorizados. Por tanta ilegalidad y venalidad, invito a los señores Blas Grisi Checa y Óscar Rosado Jiménez para que, como máximos representantes del Banco Santander México, SA, y la Condusef, por este mismo conducto, señor presidente López Obrador y público en general, indiquen la parte en que me ostento como beneficiario y no como tercero autorizado en mi escrito de reclamación y anexos.
Agrego que el 16 de este mes me presenté a consulta ante el IMSS, como lo hago de rutina, y la doctora al tomarme la presión arterial se asustó de que estuviera como nunca, en 170/120, lo que dejo asentado por la responsabilidad de, en especial, el Banco Santander México, SA, de que si mi situación se agravara o yo pereciera, serán responsables por los daños materiales y morales que me vienen causando.
He hecho del conocimiento de mis familiares más cercanos y amigos –a fin de que procedan con la representación de un prestigiado despacho de abogados, especialistas en estos casos y que además no son venales– que la prescripción es de dos años a partir de que cesan los daños.
Atentamente,
Jaime Alvarado López








