Aun cuando a simple vista parece una obra frívola y humorísticamente retinal, la pieza es una excelente propuesta que confronta estereotipos pictóricos, artísticos y sociales.
Realizada por la pintora Rigel Herrera (Guadalajara, 1975) para la muestra Viceversa. Cómo te veo, cómo me ves, la pieza tergiversa valores estéticos confrontando el predominio que ha tenido la historia del arte en la construcción del modelo de belleza occidental.
Con base en que la belleza representada por el arte se concentra en el género femenino, la artista y también reconocida promotora –fundadora de la interesante y efímera galería de arte emergente La Masmédula– ha desarrollado, en los últimos años, un concepto pictórico que se basa en la intrusión simbólica y visual en la historia del arte.
Admiradora de la estética renacentista italiana, Herrera enfatiza sus poéticas, ornamentos y registros figurativos desequilibrando el orden de su narrativa historiográfica. ¿Por qué la belleza occidental está representada por Nefertiti y no por Tutankamón? ¿Por qué Venus, diosa de la belleza, es mujer?
Sin confrontar los inteligentes planteamientos que hizo el estudioso y crítico de arte británico John Berger (1926-2017) sobre la interpretación masculina de la corporeidad femenina –basada en un erotismo visual que requería observar el cuerpo desnudo de la mujer en posición frontal–, Herrera aborda el tema de la exposición construyendo una nueva mirada para la belleza masculina.
Centrada en el carácter protector y resiliente que pueden tener los hombres, la propuesta de la pintora se apropia de la imagen y personalidad del actor norteamericano Sylvester Stallone (1946) para establecer una paráfrasis con la conocida Venus que pintó el italiano Sandro Boticelli entre 1482 y 1485.
Pintor antes que actor, coleccionista de arte y, sobre todo, dañado físicamente durante su nacimiento, Stallone representa para la artista un referente masculino tosco, bello, sensible y afectivo.
Reinterpretado como un prototipo de belleza humanista –con base en las ideas de Marsillio Ficino–, el actor hollywoodense, en una postura corporal que recuerda al David de Miguel Ángel, se rodea de referencias simbólicas que sustituyen el estereotipo femenino por referencias fálicas: la flor de lis de exagerado pistilo que cae en el paisaje en lugar de las delicadas flores, y el pulpo que, a diferencia de una gran concha, contiene al personaje.
Irreverente, vulgar, desagradable y exageradamente kitsch, la imagen de Sylvester Stallone se fusiona con la perfección de una retinalidad pictórica que insolentemente vincula la belleza clásica con el gusto contemporáneo, popular, mediático y postmoderno. Un recurso poético que confronta las contradicciones de la construcción visual de la masculinidad, el machismo y la belleza.
Diseñada curatorialmente por la escultora francesa Claire Becker, la muestra, que se exhibe de manera presencial en el Museo de la Cancillería en la Ciudad de México –adscrito a la Secretaría de Relaciones Exteriores–, se basa en miradas intergenéricas que reinterpretan la identidad femenina y masculina al margen de conflictos de género.
Interesante por el concepto curatorial pero confusa y arbitraria por la selección de los artistas, la muestra no logra establecer una narrativa significativa sobre esas miradas que, al margen de los conflictos de género, constituyen la relación entre el hombre y la mujer en la contemporaneidad.
De manera virtual, la muestra puede visitarse en https://my.matterport.com/show/?m=uNzBPpb2KW9.








