Desde la transmutación del muro de vallas metálicas en un conmovedor memorial, hasta la utilización de la fachada del Palacio Nacional como soporte de una intervención lumínica que recordaba la violencia política que existe en México contra las mujeres, la intervención expansiva que se realizó el pasado domingo 7 de marzo en el Zócalo de la Ciudad de México se impone como una acción tan acertada como espectacular de arte público contemporáneo.
Dividida en dos etapas que corresponden a la resignificación de las vallas y la apropiación simbólica del edificio, la intervención sin título ni autoría particular cimbró no sólo la autoridad política del presidente Andrés Manuel López Obrador, sino también la estructura convencional del ecosistema mexicano del arte contemporáneo.
Emplazadas en todo el perímetro de la plancha del Zócalo capitalino, las vallas de aproximadamente dos metros de altura que instaló desde el viernes 5 de marzo la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México –para proteger los inmuebles históricos de las agresiones que pudieran suscitarse el lunes 8 durante la marcha por el Día Internacional de la Mujer–, fueron intervenidas con los nombres de las mujeres y niñas desaparecidas en el país. Escritos a lo largo del domingo 7 por colectivas feministas y por ciudadanas y ciudadanos de distintas edades y grupos socioeconómicos, los nombres pintados en color blanco y rodeados de flores naturales se convirtieron en la imagen de una acción colectiva que destacó por la silenciosa emotividad de sus participantes. Cubiertas y cubiertos con cubrebocas, los y las participantes intervinieron también el piso del Zócalo escribiendo consignas que reproducían frases de la espléndida canción “Sin miedo” de la cantautora sonorense Vivir Quintana.
Y si ya de por sí el imponente muro, al convertirse en memorial, transformaba el autoritarismo simbólico de la gestión lópezobradorista en un evidente y afectivo empoderamiento ciudadano, la sorprendente intervención lumínica sobre Palacio Nacional, con sólo unas cuantas frases de muy corta duración, transfiguró a la Plaza de la Constitución en un poético escenario de denuncia social y política.
Sutil, profunda y exageradamente transgresora, la intervención lumínica de base lingüística sobre la fachada de Palacio Nacional se apropió simbólicamente del máximo poder político del país proyectando, fugazmente, textos como “México feminicida”, “Aborto legal ya” y “Un violador no será gobernador”. Este último en referencia desde luego a la candidatura de Félix Salgado Macedonio para gobernar el estado de Guerrero con el apoyo del presidente López Obrador, a pesar de las denuncias en su contra por violación.
Al margen del impacto estético-político de la intervención, en su creación y producción resalta la ausencia de referencias autorales. A diferencia de los convencionalismos institucionales que se limitan a enumerar y repetir el nombre de mujeres artistas sin cuestionar el valor de sus aportaciones creativas, la intervención sin título del 7 de marzo –un día antes de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer– destaca como una propuesta sumamente estética, artística y transgresora, que se distingue por el anonimato de una creación colectiva desarrollada al margen de la oficialidad.
Y aun cuando su identidad artística se basa en un protagonismo menos llamativo, la participación artística del 8M-2021 contó también con atractivas propuestas vinculadas con la ilustración y el arte callejero. Entre ellas, pegatinas de colectivas realizadas por Paste up morras y Marmarmaremoto, así como intervenciones pictóricas de divertidas referencias vaginales de la colectiva Tierra y Tinta.








